Esto no es un recorrido por los sesenta años de historia del sello independiente más resistente de la historia de la música norteamericana, sino una hagiografía de su mentor, Ahmet Ertegun (1923-2006), aquel turco hijo de diplomático que dedicó su vida al jazz, al rhythm’n’blues y a todo lo que vino luego. Siguiendo su rastro biográfico, nos hacemos una idea de cómo su tesón y su olfato le bastaron para tomar el pulso a la música popular.
El planteamiento del guión es simpático. Siendo Ertegun un pozo de anécdotas, se le ofreció reencontrarse con algunos de los artistas que fichó. Por el sofá desfilan RAY CHARLES, LED ZEPPELIN, MICK JAGGER, PHIL COLLINS... El ping-pong de elogios mutuos llega a ser agotador porque se intuye que lo que no cuentan sería más jugoso. Es el problema de los publirreportajes: aquí sólo se ensalza su energía, su intuición y su diplomacia como jefe; ni rastro de los encontronazos que debió de haber en sesenta años de negocios. Sólo se toca, y poco, la reivindicación de royalties impagados por parte de Ruth Brown y la tolerancia de su esposa ante la promiscua vida nocturna de Ertegun. Lo más interesante aquí es el recorrido por sus inicios: cómo partió de cero, hizo de todo (letras, coros...) y levantó el sello a pulso, tras elegir con gran habilidad a artistas (Ray Charles, ARETHA FRANKLIN...) y aliados (JERRY WEXLER, LEIBER & STOLLER...). La acumulación de documentos históricos de los años cuarenta y cincuenta ya justifica el visionado.
El destino ha querido que el documental (narrado por Bette Midler y con subtítulos en castellano) tenga un final más abrupto de lo previsto. Ertegun falleció en diciembre de 2006, así que no pudo verse en el televisor diciéndole al mediocre Kid Rock que sería más grande que Elvis Presley. En esa cruel (quizás involuntaria) escena se desvela que los días dorados de Atlantic quedan ya lejos. El cambio de rumbo tras la venta de la empresa a Warner (en 1967) y el consiguiente tránsito de sello de música negra a sello de rock para blancos explica cómo el hombre de negocios acabó engullendo al fan del jazz. ![]()























