En Occidente estamos acostumbrados a entender (casi) siempre la música como proyección del ego de un artista, pero en los últimos años han aparecido una serie de películas que nos muestran cómo en ciertas partes del mundo es imposible desligar la creación musical del entorno social y la represión política; son sitios en los que incluso una sencilla canción de amor es vista como un gesto de disidencia por las autoridades. A esta categoría pertenecen “Heavy Metal In Baghdad” (Suroosh Alvi y Eddy Moretti, 2007), “Nadie sabe nada de gatos persas” (Bahman Ghobadi, 2009) y el filme que nos ocupa; aunque fue un visionado de “Cruzando el puente. Los sonidos de Estambul” (Fatih Akin, 2005) lo que realmente inspiró a Fermin Muguruza para dirigir esta panorámica por el crisol musical de Palestina, con la ayuda de Antón Reixa en la producción y de Javier Corcuera en las tareas de realización.
El documental empieza con el entierro del poeta Mahmoud Darwish (1941-2008), a quien Muguruza tenía previsto entrevistar, pero su presencia sobrevuela todo el metraje como una figura inspiradora para todos aquellos que emplean guitarras, bases de hip hop o instrumentos tradicionales para transmitir la angustia de su día a día.
Y si bien podemos echar de menos una mayor gama de grises en su posicionamiento ideológico, “Checkpoint Rock” (2009) da la medida de su valor precisamente cuando pone frente a la cámara a personas que solo reclaman su derecho a ocupar, de una vez por todas, un lugar distinto a las páginas de política internacional. Anhelo que tiñe las bellas palabras de Darwish que ponen punto final a la película: “Los palestinos son seres humanos que viven, ríen e incluso tienen una muerte normal. No solo los matan”. ![]()
























