Un documental sobre un creador bien puede ser una recopilación de hechos y logros que jalonan una biografía trufada de testimonios u otra cosa. Wim Wenders recibió de Pina Bausch (1940-2009) el encargo de un documental y, tras su repentina muerte, opta por retratar las consecuencias del paso de la bailarina y coreógrafa por el mundo, hurgando en el "qué ha dejado esta persona a su paso". Así, “Pina” únicamente está compuesta por coreografías de la creadora escénica y los recuerdos, rodados en sobrios retratos de los integrantes de su compañía de danza, sita en el Tanztheater de Wuppertal, y acaso algún fragmento de metraje en 16 mm de ella ensayando.
La gran diferencia entre este tipo de ejercicio y, por ejemplo, los estilizados musicales de Carlos Saura es el propósito de conservar en la memoria la obra de una creadora y divulgadora emocionante, viva y popular, en el sentido de la palabra, que huye del elitismo de la alta cultura. Wenders hace un uso más allá de lo anecdótico del 3D. Si bien es una herramienta aún en pañales, su utilización en esta cinta cobra sentido al subrayar el uso de la profundidad de campo y las composiciones en perspectiva propias del director alemán, amén de los volúmenes de los bailarines en escena. Aun lejos de ser un Wenders mayor, le devuelve a su investigación de la creación –ya tocada con la figura de Yasujiro Ozu en "Tokyo-Ga" (1985) o de Yohji Yamamoto en "Notebook On Cities & Clothes" (1989)– de un modo menos polémico que en "Relámpago sobre el agua" (1980). ![]()


























