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(SMOG), Vuelve la gárgola

El hombre de un solo gesto.

Foto: Mark Nomura

 
 

PORTADA ROCKDELUX (RDL 210)

(SMOG) Vuelve la gárgola

Documento Rockdelux. Bill Callahan, el artista detrás de (Smog), convirtió la presentación de “Supper” (2003) en uno de los momentos más intensos de aquel año. Su potencia expresiva era entonces (y sigue siendo ahora) resultado de una trayectoria sólida y constante, sin apenas altibajos, capaz de tallar canciones inquietantes sobre granito de rock clásico. Algo más comunicativo que en anteriores encuentros con Rockdelux, el hombre de un solo gesto nos habló en aquella ocasión de su música, pero también de cine, colores, camisetas y la cábala. De “Rebelde sin causa” a la sonrisa de Bush, pasando por The Velvet Underground, Mark Rothko y Mark E. Smith. Víctor Lenore lo entrevistó y Joan Pons radiografió su trayectoria discográfica hasta “Supper” en este informe que fue motivo de portada en Rockdelux 210 (septiembre 2003).

Hablando con Bill Callahan, me viene a la cabeza ese artículo en que Rosa Montero comparaba a Lou Reed con una gárgola (a veces hasta la periodista más cursi puede clavar un símil). Una entrevista con míster Smog da una impresión parecida, la de hablar con un rostro de piedra, aunque esta tarde sea una piedra cansada.

Para mí es bastante fácil y natural llegar a ese sonido garage y poner una melodía encima. En cierta manera, es como el blues: todos los artistas usan los mismos acordes. Ésa es la principal similitud. Sin duda, The Velvet Underground es una influencia, pero una de muchas

Hace poco que aparcó la furgoneta en el centro de Madrid, tras ocho horas conduciendo (supongo que se turna con los miembros de su grupo) desde Barcelona (ver crítica del concierto en Rockdelux 208). Cuando acabemos de hablar, le tocará descargar el equipo para la actuación. Además de abatido, parece mayor, porque sus canas han aumentado bastante. Hay otros cambios perceptibles. Su tono de voz es más cálido, abierto y relajado. Como el de “Supper” (Drag City-Domino-Everlasting, 2003). Él mismo lo subraya en la entrevista. Poco antes de enviar el artículo, borrando archivos viejos en el ordenador, encontré la transcripción de la charla con Carla Bruni (ver Rockdelux 207), y en ella una frase que me hizo pensar en Callahan. La pregunta era: “¿Elegancia o glamour?”. Tras divagar un poco, la modelo puso un ejemplo de cine: “Me fascinó ‘In The Mood For Love (Deseando amar)’, de Wong Kar-Wai. Hay una seducción extrema en esos personajes; son prácticamente inmóviles, pero a poco que te fijas ves que encierran una pasión tremenda, muy por encima de lo normal”. Eso transmite Bill Callahan cara a cara y –más aun– encima de un escenario.

En tu anterior gira por aquí, hubo algo que me llamó la atención del puesto de merchandising: habías fabricado unas camisetas, en naranja chillón, con el dibujo de una mujer desnuda de rodillas. ¿Por qué esa imagen tan explícita, que no encaja del todo con las portadas de tus discos? Pasé una temporada, una de las más extrañas de mi vida, en que estaba obsesionado con los colores brillantes. Me di cuenta de que estaban ahí y que nunca les había prestado atención. Entonces, de repente, comenzó a sucederme todo lo contrario: fuese donde fuese, no podía ver otra cosa que los colores brillantes. En cierto modo, me excitaban, especialmente los rojos, naranjas y amarillos. Por eso, supongo, decidí unirlos a esa imagen, que es uno de mis dibujos. La verdad es que a la gente no le gustó demasiado. Aún me quedan algunas por vender.

En esa gira, la de “Rain On Lens” (Drag City, 2001), recibiste muy buenas críticas. Recuerdo que casi todas destacaban el influjo de Lou Reed y The Velvet Underground en tu sonido. ¿Estás de acuerdo? Supongo que ambos usamos los mismos acordes y progresiones. Para mí es bastante fácil y natural llegar a ese sonido garage y poner una melodía encima. En cierta manera, es como el blues: todos los artistas usan los mismos acordes. Esa es la principal similitud. Sin duda, The Velvet Underground es una influencia, pero una de muchas.

 
(SMOG), Vuelve la gárgola

Rockdelux 210 (Septiembre 2003)

Foto: Alicia Aguilera

Diseño: Nacho Antolín

 

¿Qué significa “Supper” para ti? Creo que es bonito. Lo escuchas y es bonito. Lo veo como una cena caliente. Es un disco abierto, sin tanta tensión como los anteriores. Es como invitar a cenar a alguien a tu casa y hablar tranquilamente. De ahí el título. Pero no sé si hay elementos totalmente nuevos. No muchos. De estas cosas que menciono, algunas estaban en “Red Apple Falls” (Drag City, 1997).

¿Cómo ves la trayectoria de (Smog)? ¿Como una escalera que subes peldaño a peldaño? ¿Como una búsqueda en zigzag? No creo que haya evolución. Cada disco es diferente. Cada vez es la primera vez que intento hacer ese disco. Si me preguntas por puntos de inflexión, te diré que por lo menos hay uno: mi tercer álbum“Julius Caesar” (Drag City, 1993)–. Ahí comencé a ser menos caótico en mi aproximación a las cosas. También encontré una forma de cantar que es la que llevo usando hasta ahora. En los dos primeros solo estaba probando todo lo que se me ocurría que podía funcionar.

“En principio, cada uno tiene su propia moralidad, pero, cuando te casas con alguien, puede haber momentos en que esa moralidad parezca usada en contra de la otra persona. Hay situaciones como la de la canción, en que el hecho de estar casado hace moralmente incorrecta una cosa que no lo sería si no existiese la esposa. Parece que sea la existencia de la esposa la que lo hace malo”

Hablemos de las canciones de “Supper”. Por ejemplo, “Morality”, que es una historia de un triángulo amoroso con solo dos personas (el chico se cuestiona la reacción de una hipótetica esposa ante su relación con otra mujer). Intenté hacer una especie de parábola. O sea: no explicar las cosas de manera directa, sino a través de una historia que encarnase el conflicto. Es una canción infravalorada. Yo la veo como una de las mejores del disco, y nadie está de acuerdo. Habla de esto: en principio, cada uno tiene su propia moralidad, pero, cuando te casas con alguien, puede haber momentos en que esa moralidad parezca usada en contra de la otra persona. Hay situaciones como la de la canción, en que el hecho de estar casado hace moralmente incorrecta una cosa que no lo sería si no existiese la esposa. Parece que sea la existencia de la esposa la que lo hace malo.

¿Te pasa a menudo que tu valoración de las canciones no coincide con la del público? Es difícil saber lo que piensa el público. Son demasiados y no todos me hablan. Pero sí hay comentarios frecuentes que me sorprenden. Por ejemplo, muchos consideran cruel la letra de “Dress Sexy At My Funeral” –de “Dongs Of Sevotion” (Drag City, 2000)–. Piensan que el marido está reprochando a la mujer que nunca se hubiese vestido sexy cuando estaba vivo. Para mí no trata de eso en absoluto. Es una canción de amor en que el marido dice “vístete sexy en mi funeral” porque el hecho de que él muera no significa que la vida de ella haya terminado. Debe divertirse y pasarlo bien. Bueno, se puede interpretar de las dos maneras, pero no creo que yo haga ese tipo de canciones vengativas.

¿Tienes un sentido del humor singular? No creo. Por ejemplo, anoche estaban pasando “Alta fidelidad” por la tele y recordé que Jack Black me hace mucha gracia. Es un cómico muy bueno y hace gracia a mucha gente. Otro artista, más minoritario, con quien me río siempre es Mark E. Smith (The Fall). Leo todas las entrevistas que caen en mis manos. ¿Alguna frase que recuerde? Pues una que le decía su padre: “Siempre que te sientas sexy, bebe un vaso de agua y corre por el jardín”. Gran consejo.

Vamos con otra canción de “Supper”:  “Feather By Feather”. Para mí es la que mejor resume el disco. Cumple su función de introducir al oyente con suavidad. Suena fácil. Va del silencio al sonido. Aunque pueda parecerlo, no trata de autodestrucción. Bueno, trata de una clase especial de autodestrucción, la derivada de construir una nueva personalidad. Es natural perder algo cada vez que avanzas. Como un pájaro que echa a volar y pierde unas pocas plumas. Al principio lamentas perderlas, pero luego ves que compensa. Es la guerra frente a uno mismo, la guerra de la acción contra la pasividad.

 
(SMOG), Vuelve la gárgola

¿Elegancia o glamour?

Foto: Mark Nomura

 

Otro corte que me intriga es “Vessel In Vain”. Suena muy romántico. Es un intento de explicar una vida dentro de un himno que no es un himno. Es una negación y una celebración. Es un cordial abrazo a la nada. Al infinito. También es una parodia de esas canciones, muy típicas del rock, en que el autor se retrata como un lobo solitario. Tras grabarla noté que es muy espiritual. El infinito, el espacio sin nombre. Leí fragmentos de la cábala tras escribirla y hay cosas que coinciden. Dios como algo sin fin. Sobre el romanticismo, me parece una palabra demasiado abierta, imposible de definir. Pero sí me identifico porque hago música basada en las emociones humanas. No es música funcional; no está pensada para bailar o para sonar de fondo. Es un intento de comunicación.

“La última vez que algo me impresionó de verdad fue una exposición de Mark Rothko. Yo nunca había entendido el arte abstracto, ni siquiera el arte moderno. Creí que era una etapa final, una fase académica, para quien ya domina todos los aspectos del dibujo. De repente lo entendí”

Un crítico te comparó hace poco con el director Aki Kaurismäki. No por afinidad estética, sino para ilustrar que, al igual que en el cine, en el rock también hay artistas de culto. ¿Te parece que escogió un buen ejemplo? Espero que no. He visto alguna de sus primeras películas y no me gustaron nada. Hace poco, en una etapa de ver mucho cine, sufrí varias veces el tráiler de su último film (“El hombre sin pasado”). Me resulta odioso. Sé que no hay que juzgar una película por el tráiler, pero no lo aguanto. Es un tipo muy inseguro, lleno de falsa modestia. Sus diálogos son pueriles. Pero me encanta el cine. Últimamente he estado obsesionado con “Rebelde sin causa”, viendo trozos cada noche antes de acostarme. Me fascinan los colores y encuadres. También me obsesiona “A Constant Forge” (documental sobre John Cassavetes dirigido por Charles Kiselyak en 2000). Lo encuentro tan excitante que tengo que apagar la tele y ponerme a hacer cosas.

¿Te ocurre eso a menudo con otros artistas? La última vez que algo me impresionó de verdad fue una exposición de Mark Rothko. Yo nunca había entendido el arte abstracto, ni siquiera el arte moderno. Creí que era una etapa final, una fase académica, para quien ya domina todos los aspectos del dibujo. De repente lo entendí. No podría explicarlo; no llegué a entenderlo de forma teórica, sino mirando sus cuadros. Vi el alma de Rothko y eso me cambió. En el principio, todo era abstracción. Luego, el ser humano renunció a la abstracción para poder comunicarse. Rothko tiene que ver con eso.

Bueno, ya que nos hemos salido de madre, ¿te consideras un artista de izquierdas? Nunca lo había pensado en esos términos. Es algo menos tajante. Creo que a la gente le gusta la música. Les hace sentir bien. Yo siento la obligación de componer y tocar algo bueno. La música es un organismo vivo que necesita ser alimentado para existir. No sé si mi trabajo es político, pero sé que tiene su valor. Es una buena opción vital. Respecto a la política, voto siempre que las elecciones me pillan en mi ciudad. Antes se decía que ganaba el candidato con la mejor sonrisa. George W. Bush ha demostrado que no. En las próximas elecciones votaré al candidato con la mejor sonrisa. Víctor Lenore

 

DISCOS EN LA NIEBLA

(SMOG), Vuelve la gárgola

“Sewn To The Sky”
(Disaster, 1990)

Si el ciclo natural de un disco para que termine siendo publicado es nacer en el dormitorio, crecer en el local de ensayo y darse por acabado en el estudio de grabación, “Sewn To The Sky” no sigue en absoluto este recorrido lógico. Y no lo sigue porque en realidad no es un disco: es la quinta maqueta que Bill Callahan grabó de forma absolutamente artesana como Smog entre 1988 y 1990 y editó en su propio sello, Disaster (Drag City decidió pasarla a formato CD en 1995). Sonando igual de impublicables como lo harían cuando vieron la luz en la alcoba de su autor, estos bosquejos de canción folk, instrumentales sonámbulos y collages noise apenas presagian el carrerón que vendría después.

(SMOG), Vuelve la gárgola

“Forgotten  Foundation”
(Drag City, 1992)

Aparte de ser el primer álbum con visado oficial de Smog, pocos cambios se aprecian entre “Forgotten Foundation” y las demos aparecidas hasta entonces. Acaso, desde la perspectiva que nos da el conocimiento de su obra posterior, podemos intuir (y es mucho intuir) al cínico prematuro en que se convertirá no mucho tiempo después. También desde un acercamiento voluntarioso se entrevé el tono entre enigmático y obsesivo que caracterizará varios episodios de su discografía. Y en un esfuerzo de contextualización, cabría hablar de Callahan como de un extremista defensor del concepto lo-fi que por aquel entonces estaban popularizando Sebadoh o Pavement.

 
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“Julius Caesar”
(Drag City, 1993)

Si nos ablandamos y consideramos que los dos primeros trabajos de Smog merecen un “no está mal” y un “tampoco está mal”, “Julius Caesar” ya se gana un “está bien”. Las canciones se empiezan a siluetear mejor y Callahan deja de comportarse como un artista-ostra invitando a Cynthia Dall y Jim O’Rourke (compinche habitual hasta “Knock Knock”). La todavía barata visión del rock de autor que tiene Callahan empieza a transpirar con la incorporación de banjos, chelos, violines y programaciones. También por las rendijas de este disco comienza a colarse el espinoso sentido del humor de Callahan, no solo en las letras: “I Am Star Wars!” samplea con mofa “Honky Tonk Women” de The Rolling Stones.

(SMOG), Vuelve la gárgola

“Burning Kingdom”
(Drag City, 1994)

El rock oscuro “My Shell (Electric Version)”, quicio de entrada a este EP de seis canciones, ya advierte que Callahan ha puesto otra velocidad. Por un lado explora una sonoridad y casi un género distinto para cada tema, y por el otro reconoce en los textos su condición de creador introspectivo. El bardo de Silver Springs comienza a encontrar el lenguaje ideal para expresar todo lo que le hierve y, encima, cada vez es más comprensible. Claro que lo que se entiende de un disco tan lúgubre como “Burning Kingdom” es que este tipo no está bien. Un simple vistazo a los títulos (“Renée Died 1:45”, “Not Lonely Anymore”) nos pone sobre aviso de que Callahan necesita más contar y cantar estas canciones que nosotros escucharlas.

 
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“Wild Love”
(Drag City, 1995)

En su día parecía el pico de la carrera de Smog; visto ahora, es solo el primer disco que permite pronosticar que Bill Callahan se iba a convertir en un grande. También se trata del primer álbum que consiguió que el nombre de Smog sonara en foros menos restringidos. Buena parte de la culpa de esta nueva resonancia fue “Batysphere”, clásico instantáneo de nuestro hombre burbuja que da el tono de extraña sofisticación, lamento solitario y autosuficiencia creativa de “Wild Love”. Los arreglos nebulosos que rodean el disco no esconden la autoridad como compositor que ya demuestra Callahan en “The Emperor”, “Prince Alone In The Studio” o “Goldfish Bowl”.

(SMOG), Vuelve la gárgola

“Kicking A Couple Around”
(Drag City, 1996)

Disco corto pero para nada leve. De hecho, este EP grabado en la madriguera de Steve Albini supone un giro importante en la manera de interpretar la música de Callahan y también en la manera de interpretarse como persona. Sin apenas aderezos, estas cuatro canciones revelan a un autor que da el peligroso paso de abismarse ante sí mismo. Descubre que es un frustrado, un fracasado, un misógino y un maniático. Y, para más inri, está solo. Quizá por eso este EP destinado a ser una sesión para la BBC suena tan desprotegido, como la obra de un cantautor que se deja llevar, en un estado casi de fuga mental, por el calmoso vaivén de un drone acústico. La antesala de “The Doctor Came At Dawn”.

 
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“The Doctor Came At Dawn”
(Drag City, 1996)

Callahan, a un paso del abismo. Y así es como, precisamente, conocimos en España al pobre cowboy Bill: como folk singer minimal, entrevistado autista y amigo cara-de-palo de Will Oldham, compañero de la primera gira de Smog por nuestras tierras y único artista de su generación que puede hablarle de tú en el plano creativo. De hecho, “The Doctor Came At Dawn” puede que sea el disco más Oldham de Callahan. Un quejido folk flotando en gravedad cero que puede parecer el disco más asceta de Smog. En realidad, es el más cercano. Aunque, de tan próximo, “The Doctor Came At Dawn” puede llegar a repeler.

(SMOG), Vuelve la gárgola

“Red Apple Falls”
(Drag City, 1997)

Si en el disco anterior Callahan acariciaba la plenitud, en “Red Apple Falls” alcanza un estado de gracia que ya no abandonará hasta hoy. De una complejidad musical y una madurez lírica a la altura de, pongamos, un Leonard Cohen, los temas de este álbum se empiezan a despegar de sus referentes (folk, country, canción, blues...) en pos de una manera absolutamente personal de entender la expresión intimista. Puede que Callahan pise campos magnéticos en “Ex-Con” (puro Stephin Merritt), pero son muchos más quienes van a querer caminar por territorio Smog, como Nacho Vegas, quien cita sin esconderse la sensacional “The Morning Paper” en “El callejón”, del álbum “Actos inexplicables” (2001).

 
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“Knock Knock”
(Drag City, 1999)

Recogiendo el testigo del último tema de “Red Apple Falls”, “Finer Days”, “Knock Knock” arranca con una perla, “Let’s Move To The Country”, que sin decir prácticamente nada lo dice todo: “Mudémonos al campo solos tú y yo”. Extraordinario principio para un disco variado, vivo y, a su manera, casi alegre y casi rock. Callahan cada vez comunica mejor, quizá por haber encontrado ya su propio estilo de hablar-cantar: voz baja, fraseo monocorde y giros dramáticos aprendidos, salta a la vista, de Lou Reed. The Velvet Underground es también el faro de uno de sus hits más radiables, “Cold Blooded Old Times”.

(SMOG), Vuelve la gárgola

“Dongs Of Sevotion”
(Drag City, 2000)

Si cada nueva entrega suma algo más a la anterior, “Dongs Of Sevotion” gana una interesante distancia autocrítica en los textos. Envenenándose con cinismo y humor negro (se ríe del desgraciado, del misógino y, prácticamente, del misántropo que es), aborda los grandes temas: amor, muerte, sexo, fracaso.... Y aunque podría derivar en un latazo trascendente, al final resulta uno de sus trabajos más accesibles. Conchabado con los Tortoise John McEntire y Jeff Parker, entrega un nuevo himno, “Dress Sexy At My Funeral”, y piezas tan destacadas como “Bloodflow” o “Justice Aversion”, una adaptación de las maneras de Arab Strap en la misma época en que Jason Molina (Songs: Ohia) también se sentó a escuchar a Aidan Moffat.

 
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“‘Neath The Puke Tree”
(Drag City, 2000)

Tres temas nuevos, “Coacheecayoo”, “Your Sweet Entrance” y “Orion Obscured By The Stars”, más dos versiones de temas propios forman este EP grabado en Australia. Y aunque el material reciente está a la altura de “Dongs Of Sevotion”, la revisión de su cancionero pasado certifica la innegable altura como intérprete a que ha llegado Callahan. Qué astuto y qué gran actor en piezas como “A Jar Of Sand” o “I Was A Stranger”, donde tuerce la neutralidad de su estilo vocal según le interese mostrarse más o menos afectivo.

(SMOG), Vuelve la gárgola

“Rain On Lens”
(Drag City, 2001)

Primera vez que el nombre de Smog aparece entre paréntesis, con todas las connotaciones que uno le quiera dar a esta decisión. Aunque, si la lectura es que Callahan cada vez le da menos importancia al hecho de conducir un grupo, “Rain On Lens” es curiosamente su disco más de banda. Es casi un álbum de género: de rock eléctrico, áspero e insistente. La perfecta sintonía entre el recitar monocromático de Bill y la instrumentación repetitiva hace pensar en un disco pensado en bloque, como una unidad indivisible. Y el título lo pone fácil para hablar de tormentas, borrascas, aguaceros y otras metáforas meteorológicas muy del gusto de Fernando Alfaro. Tremendo chaparrón, pues.

 
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“Accumulaton: None”
(Drag City, 2002)

Chico prolífico, Bill Callahan hace inventario y, casi en un gesto para fans, reúne una abundante colección de inéditas (o versiones distintas de temas ya conocidos) que había desperdigado en EPs y caras B varias. Prescindiendo del repertorio de los EPs “Burning Kingdom”, “Kicking A Couple Around” y “‘Neath The Puke Tree”, y añadiendo un tema nuevo, “White Ribbon”, que ya suena a “Supper” por los cuatro costados, la gema de “Accumulation: None” es “A Hit”: un maravilloso tema pop de la época de “Wild Love” con un curioso doble filo; se opone abiertamente al concepto hit y, sin embargo, tiene todos los números de la rifa para serlo.

(SMOG), Vuelve la gárgola

“Supper”
(Drag City, 2003)

Como puede parecer que llueve sobre mojado, es posible que “Supper” no destaque igual que otros trabajos de (Smog). Sin embargo, se trata de una de sus obras más completas. Hoy Callahan es un artista sabio, seguro de sí mismo y del manejo de todos sus recursos expresivos. Ya no va a sacar un mal disco. Ahora mismo, se antoja inimaginable. Y en este último álbum, además, la inspiración visita a Callahan bastante a menudo: “Feather By Feather”, “Truth Serum”, “Butterflies Drowned In Wine” o “Morality” son de lo mejorcito que ha salido de su pluma. Y, de momento, no parece que el grifo se vaya a cerrar. Joan Pons

 
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