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ALEX ROSS, La clásica como nunca la has leído

Música, alimento del alma.

 
 

ENTREVISTA (2010)

ALEX ROSS La clásica como nunca la has leído

Aunque algunos académicos quieran hacer pensar lo contrario (y a menudo lo consigan), la música clásica del siglo XX puede ser una materia absolutamente emocionante que dé ganas de conocer cada día algo mejor. Lo demuestra el crítico-literato Alex Ross en “El ruido eterno. Escuchar al siglo XX a través de su música” (en el original: “The Rest Is Noise. Listening To The Twentieth Century”, 2007), ensayo inclusivo y pasional sobre la música clásica del siglo pasado y el tiempo que la hizo así. Es la mejor introducción posible, una guía que revaloriza el papel del periodismo musical como vehículo inductor de conocimiento y sentimiento. Un Juan Manuel Freire encantado entrevistó a un didáctico Mr. Ross, crítico de ‘The New Yorker’.

Que nadie se asuste por el grosor –ochocientas páginas– de “El ruido eterno. Escuchar al siglo XX a través de su música” (Seix Barral, 2009): si algo no es este libro del crítico musical de ‘The New Yorker’ Alex Ross (Washington D.C., 1968) sobre la clásica del siglo XX es una enciclopedia, ni otro ensayo con más espacio en cada página para las notas al pie que para el texto principal. En realidad, es una especie de novela-río sobre el tema; no tanto un intento de palabra definitiva como una invitación al debate. “Quería comenzar una conversación sobre esta sorprendente y desconcertante época de la música”, confirma Alex Ross por correo electrónico desde Nueva York. “Era muy importante para mí hablar no solo sobre la música en sí misma, sino también sobre el paisaje circundante: otras corrientes culturales, la música popular, los cambios sociales, la agitación política, Hitler, Stalin y el resto. La idea es que casi puedes experimentar el siglo XX en sí mismo a través de esta música”.

“Me especialicé en literatura inglesa en la universidad, y estudié a Oscar Wilde, Yeats, Joyce; esos grandes escritores irlandeses que tenían un ritmo precioso en su escritura. El ritmo es muy importante para dar una carga emocional a la prosa, incluso en no ficción. La metáfora también es crucial. En lugar de una descripción técnica, uso la metáfora para expresar la textura y el sentimiento de la música. Y quienes escriben sobre música clásica no deberían tener miedo a mostrar algo de emoción en su trabajo”

Algunos eruditos han estudiado las dimensiones políticas y sociales de esta música, pero a menudo con referencia a compositores aislados o escenas geográficas particulares. Usted intenta juntar todas las piezas. Algunas historias previas enfatizaron a los grandes modernistas como Schoenberg, Stravinsky y Bartók en detrimento de Sibelius, Shostakovich, Britten y otros que no revolucionaron la música pero, sin embargo, fueron muy importantes.

Para disfrutar de la contemporánea parece necesario tener una completa perspectiva de sus mecanismos e historia, pero quizá tan solo sean prejuicios e inseguridades los que la hagan parecer opaca. Esta música no es meramente intelectual, como parece tan a menudo, sino también profundamente emocional. Creo que es útil darse cuenta de la clase de caos que reinaba en la vida de Schoenberg cuando inventó la atonalidad –su esposa estaba teniendo un affaire con un pintor que después se colgó en su estudio, enfrente de un espejo– o los horrores que compositores de vanguardia post Segunda Guerra Mundial como Ligeti, Stockhausen y Xenakis vieron en su juventud.

Escuchar música clásica del siglo XX es una actividad intelectual, pero también emocional. Usted aplica esta perspectiva a su estilo de escritura, que es entusiasta. ¿Cree que parte de la falta de conocimiento en cuanto a la composición moderna tiene que ver con una falta de autores que aborden la materia en un tipo de prosa no excesivamente intelectual? Posiblemente, sí. Hay algunos tratados muy espesos sobre el tema de la música clásica del siglo XX. Algunos de ellos ni siquiera los entiendo yo mismo; nunca estudié teoría combinatoria de conjuntos en la universidad. Pero también es un tema de exposición mediática. La música clásica es, a menudo, ignorada o tratada con condescendencia en la televisión o las revistas “mainstream”. Muchos compositores se replegaron en la academia como forma de ganarse la vida, y en el proceso adoptaron un poco de jerga técnica. Es importante separar la música del aparato intelectual.

¿Se siente más cerca de la literatura y la poesía? Me especialicé en literatura inglesa en la universidad, y estudié a Oscar Wilde, Yeats, Joyce; esos grandes escritores irlandeses que tenían un ritmo precioso en su escritura. El ritmo es muy importante para dar una carga emocional a la prosa, incluso en no ficción. La metáfora también es crucial. En lugar de una descripción técnica, uso la metáfora para expresar la textura y el sentimiento de la música. Y quienes escriben sobre música clásica no deberían tener miedo a mostrar algo de emoción en su trabajo. Demasiado a menudo se impone ese acercamiento tan oblicuo y reservado: “Uno casi se atrevería a decir hasta cierto punto que...”. ¡Ve al grano!

Me gusta la idea del complemento auditivo al libro. Aclara conceptos, ofrece la oportunidad de enlazar las ideas con los sonidos... ¿Ve un futuro con e-books sobre música con los sonidos ya incorporados u opción de escucharlos vía “streaming”? ¿Le gustaría eso? Sí, he hablado sobre esa posibilidad con un par de personas. Estoy seguro de que eso sucederá, antes o después. Es una posibilidad excitante, aunque también estoy muy entregado a la idea del libro de toda la vida y no puedo imaginarme vivir en un mundo sin libros impresos. Así que espero que los modos de lectura a la vieja usanza puedan coexistir con los nuevos.

 
ALEX ROSS, La clásica como nunca la has leído

Alex Ross, compresor de los sonidos del siglo XX.

 

Dicen que todo se ha hecho en cine, que se ha probado cada forma. ¿Diría lo mismo sobre la música? Al final del siglo XX, existía la idea de que la mayoría de los nuevos sonidos que podían ser inventados ya habían sido inventados, y que no había nada nuevo bajo el sol. Muchos compositores regresaron al pasado, o combinaron sonidos existentes de nuevas maneras. Ese era un proceso necesario, una especie de consolidación de descubrimientos, pero no creo en absoluto que la innovación se haya agotado. La siguiente “La consagración de la primavera” puede estar a la vuelta de la esquina. Espero estar ahí para oírlo.

¿Qué recomendaría a una persona joven, o no tan joven, que quiera iniciarse en el campo de la música clásica? Hay algunas obras que siempre parecen funcionar como grandes puntos de partida, o eso deduzco de hablar con amigos. Siempre puedes volver a las “Variaciones Goldberg” de Bach o la “Heroica” de Beethoven, o puedes empezar con el material moderno y moverte hacia atrás. Recomiendo “Música para 18 músicos” de Reich, “Tabula Rasa” de Arvo Pärt, “Atmósferas” de Ligeti, “Cuarteto para el fin de los tiempos” de Messiaen y “La consagración de la primavera” de Stravinsky. Ahora que es tan fácil encontrar música en internet, sugiero simplemente echar un vistazo hasta que algo te llame la atención.

“Hay algunas obras que siempre parecen funcionar como grandes puntos de partida, o eso deduzco de hablar con amigos. Siempre puedes volver a las ‘Variaciones Goldberg’ de Bach o la ‘Heroica’ de Beethoven, o puedes empezar con el material moderno y moverte hacia atrás. Recomiendo ‘Música para 18 músicos’ de Reich, ‘Tabula Rasa’ de Arvo Pärt, ‘Atmósferas’ de Ligeti, ‘Cuarteto para el fin de los tiempos’ de Messiaen y ‘La consagración de la primavera’ de Stravinsky”

Trabaja como crítico musical para ‘The New Yorker’, la mejor revista del mundo, según sus propias palabras. ¿Cómo ve la prensa musical hoy en día, y qué suele echar de menos cuando coge una de las pocas revistas sobre el tema que todavía siguen vivas? Es una situación bastante triste, especialmente en los Estados Unidos. Las revistas están cerrando por todas partes. Bastantes colegas míos acaban de perder sus trabajos. Me siento increíblemente afortunado por trabajar en ‘The New Yorker’, donde me permiten perseguir mis pasiones y no hacer frente a la presión de tener que sobrevivir y escribir sobre las cosas más obvias. Creo que el periodismo musical se encuentra en un estado bastante saludable, a pesar de la progresiva desaparición de lugares para escribir.

También mantiene un excelente blog. Por su experiencia, ¿qué es lo mejor y lo peor de los blogs? Los blogs permiten el comentario instantáneo, conversaciones en una y otra dirección, el uso de muestras de audio, digresiones sobre temas oscuros. Es sorprendente comprobar cómo hasta el tema más esotérico se cubre en algún sitio: ha sido increíble para el arte “underground”. La desventaja es que el debate en internet gira a menudo hacia la negatividad desagradable. A veces me deprimo realmente por el nivel de la discusión; si abres una sección de comentarios, antes o después alguien empezará a escupir basura antisemita o a involucrarse en ataques personales. Así que, como la misma raza humana, internet es un asunto heterogéneo.

“El ruido eterno” es celebrado con todo merecimiento como uno de los mejores libros sobre música de la historia. ¿Podría nombrar sus libros musicales favoritos? Pueden ser de no ficción, o de ficción que hable sobre nuestra relación con la música. Mis libros favoritos sobre música deben ser “Doctor Faustus” de Thomas Mann, la vida ficcional de un demente compositor modernista; el libro de ensayos de Morton Feldman “Give My Regards To Eighth Street”; “Silencio” de John Cage; el masivo estudio de Richard Taruskin sobre Stravinsky; “En busca del tiempo perdido” de Proust, por los pasajes sobre el compositor Vinteuil; “El tiempo de nuestras canciones” de Richard Powers; y las “Crónicas” de Bob Dylan.

Después de “El ruido eterno”, parece difícil que vaya a encontrar un argumento de semejante anchura y densidad. ¿Qué libros prepara? Estoy trabajando en dos nuevos. El primero será “Listen To This”, una colección de ensayos sobre pop y música clásica, con una gran pieza nueva llamada “Chacona, Lamento, Walking Blues”; una breve historia de la música contada a través de las líneas de bajo. Después de eso, escribiré un gran libro llamado “Wagnerism”. Hablará del efecto de Richard Wagner en todo lo imaginable, desde Joyce y Proust hasta Sergei Eisenstein y Rothko, pasando por “Apocalypse Now” y Bugs Bunny. ¡Puede llevarme algunos años!

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