Es un tópico pensar que la muerte de una persona joven es más dolorosa que la de otra mayor. Pero cuando hablamos de artistas con una brillante carrera por delante, la pérdida es doblemente dolorosa. Eso nos ocurre con Amy Winehouse: su repentina desaparición a los 27 años, por causas desconocidas hasta el momento, frustra todas las esperanzas de quienes veían en ella el verdadero presente y futuro del soul. Y, muy a su pesar, se ha convertido ya en un mito.
¿Y quién era Amy? Pues la hija de un taxista y una farmacéutica, criada en el norte de Londres, cuya carrera empezó con el álbum “Frank” (2003), aclamado por su mezcla de jazz y sonidos actuales, y que le valió que la describieran como un cruce entre Billie Holiday y Lauryn Hill. Pero tenía su lado oscuro, el que supuestamente ha acabado con su vida hoy, 23 de julio: era un personaje polémico, carne de los tabloides británicos por su conducta escandalosa, sus amoríos con hombres equivocados, su afición al alcohol y las drogas, sus trastornos alimenticios y su impresionante aspecto de Suicide Girl.
Polémicas al margen, lo que importa es su música, y con su segundo trabajo, “Back To Black” (2006), demostró que no tenía rival. En esta ocasión, Amy se inspiró en los girl groups, de las Supremes a las Shangri-Las. Si a su excelente voz, más madura de lo que correspondía a su edad, le unimos unas canciones épicas que parecían haber sido escritas en los sesenta, ya teníamos caballo ganador. Las grabaciones de la británica no tenían nada que ver con la patética escena de un R&B contemporáneo sin pasión ni desgarro emocional, ni con las divas prefabricadas. Nada de eso. Lo suyo era soul auténtico a la antigua usanza, con cuerdas y metales y arreglos majestuosos, con guiños al ska, a Phil Spector, Marvin Gaye y Billy Paul, y temazos para la historia como "Rehab", “Back To Black”, "Tears Dry On Their Own" o "Me & Mr Jones". Amy Winehouse era una Artista con mayúsculas que consiguió devolver la esperanza a la música negra (qué ironía, siendo una chiquilla de barrio blanca y londinense).
A la espera de la grabación de un nuevo disco que tal vez ya nunca verá la luz, recientemente Amy participó en “Q: Soul Bossa Nostra” (2010) de Quincy Jones, y en el disco de duetos de Tony Bennett “Duets II”, cuya edición está prevista para septiembre. El 18 de junio, cuando iniciaba su gira europea en Belgrado, fue abucheada tras aparecer tambaleante en el escenario, y poco después suspendió todas las fechas posteriores, entre ellas la que debía traerla al festival Bilbao BBK Live el 8 de julio, “para recobrar su mejor versión”, según se dijo en una nota de prensa. Lamentablemente, eso ya no ocurrirá.
Para sobrellevar la muerte de su hermano Stevie Ray, Jimmie Vaughan le dedicó una canción, “Six Strings Down”, donde leyendas de la guitarra como Jimi Hendrix, T-Bone Walker, Albert Collins y otros le daban la bienvenida y le invitaban a formar parte de su “banda celestial”. Puede parecer simplista, incluso infantil, pero la mejor manera de afrontar la prematura muerte de Amy Whinehouse es imaginarla en un coro junto a otros mártires del soul, como Marvin Gaye y Otis Redding. ![]()























