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ANDREW BIRD, Se pone serio

El nuevo vuelo del pájaro Andrew. Foto: Reuben Cox

 
 

ENTREVISTA (2016)

ANDREW BIRD Se pone serio

“Are You Serious” (sin interrogante), disco del sensitivo y revoltoso cantautor y multinstrumentista Andrew Bird, lució un título tan impactante como ambiguo. Con casi veinte años de carrera discográfica a sus espaldas, este álbum mostró cierta ruptura respecto a su obra anterior. Xavier Gaillard habló con él sobre la creación de este conjunto de temas y lo que representaron dentro de su trayectoria anímica y musical.






“No intento ser calculador, pero te frustras un poco cuando los ejercicios más acústicos no acaban de conectar. Quería conseguirlo sin comprometer mi integridad ni mis estándares artísticos. ¿Es más accesible? No sé, las canciones están compuestas de forma muy cuidada y las estudiamos mucho. Fue un proceso muy riguroso”

Aquellos que hayan estado al tanto de los últimos trabajos de Andrew Bird –su álbum de versiones de The Handsome Family, “Things Are Really Great Here, Sort Of...” (Wegawam, 2014), de marcado sabor folk y sonido destartalado, y el experimento instrumental grabado en un cañón de Utah, “Echolocations: Canyon” (Wegawam, 2015)– quizá no anticipen un affaire tan directo y marcadamente “ultraproducido” como su nuevo disco, “Are You Serious” (Loma Vista-Universal, 2016). Pero dentro de su orden mental, todo forma parte de una sucesión de intereses. “Esos álbumes son piezas intermedias dentro de mis ciclos habituales; los hice por amor a la música, interesado en conseguir un sonido deshilvanado, acústico, capturado en el momento, a pelo, una grabación honesta de cuatro personas tocando”. Después de semejante retahíla, su objetivo consciente era crear una obra de mayor contundencia y dirección emocional. “Supongo que el concepto sería ir a por la yugular... ¿Tiene sentido? Es normal que, tras una etapa así, me apetezca un antídoto. Algo distinto, donde mi esfuerzo se concentre en dar en el clavo, en producir material conmovedor”. La palabra “accesibilidad” le resulta más difícil de contrastar. “Ese disco de versiones era bien fácil de escuchar; pero con el nuevo la intención era ser más visceral, atrapar a la gente de forma menos pasiva, darles un golpecito en el estómago”.

La mayoría de canciones que pululan por “Are You Serious”, especialmente las que componen su primera mitad, son en comparación muchísimo más “digeribles” para el público en general. “Es comprensible querer buscar un poco de satisfacción, que el álbum pueda llegar a más gente, que sus temas no desaparezcan entre otros en la radio. No intento ser calculador, pero te frustras un poco cuando los ejercicios más acústicos no acaban de conectar. Quería conseguirlo sin comprometer mi integridad ni mis estándares artísticos. ¿Es más accesible? No sé, las canciones están compuestas de forma muy cuidada y las estudiamos mucho. Fue un proceso muy riguroso”.

Autoproclamado introvertido y notable preciosista, Bird experimentó durante la grabación de este álbum un proceso poco habitual en su carrera: fue un trabajo más grupal, capitaneado por la figura de un productor, Tony Berg (cuyo currículo incluye a Beck y Aimee Mann), con quien ya había colaborado durante la grabación de “Andrew Bird & The Mysterious Production Of Eggs” (Righteous Babe, 2005). Todo un cambio para alguien acostumbrado a producirse a sí mismo. “Reinventé algo que hasta entonces había sido un proceso interno, volcándolo hacia el exterior. Normalmente saco los temas con la guitarra o el violín en mi casa y en el estudio los toco con una banda. En este caso, planteé las composiciones y estas estuvieron sujetas a análisis y reflexión ajenas; antes de grabarlas, las revisaron otras voces”.

 
ANDREW BIRD, Se pone serio

“Cuanto más antiguas son las canciones, más conflicto y confusión presentan; las nuevas son más románticas y placientes”, confiesa Bird. Foto: Reuben Cox

 

Bird buscaba este tipo de experiencia, aunque la adaptación no fue del todo fácil. “La elaboración del disco fue un poco escabrosa, en parte por el hecho de tener que confiar en otra gente. Los novelistas cuentan con editores; hay artistas de otra índole que tienen escuelas u otros ámbitos comunes donde se reúnen para comentar su trabajo. ¿Por qué tendría la música que ser una creación tan reclusiva, tan personal? Quería modificar esa tendencia. Quería entablar diálogo con gente muy lista para que mejoraran las composiciones”. Normalmente Bird siempre había sentido que su música más especial había resultado de sesiones con poca gente. “Entré en esta grabación con bastante cautela... Dejé que me ayudaran, pero siempre sospeché de ellos ligeramente, aunque siempre desde una óptica sana”, añade, no sin cierta sorna.

“La elaboración del disco fue un poco escabrosa, en parte por el hecho de tener que confiar en otra gente. Los novelistas cuentan con editores; hay artistas de otra índole que tienen escuelas u otros ámbitos comunes donde se reúnen para comentar su trabajo. ¿Por qué tendría la música que ser una creación tan reclusiva, tan personal? Quería modificar esa tendencia. Quería entablar diálogo con gente muy lista para que mejoraran las composiciones”

Hasta qué punto esta novedad puede notarse al escuchar el disco ya es otra historia. Indudablemente, hay ciertas diferencias respecto a su obra anterior, aunque probablemente más por él que por ninguna influencia externa. “Capsized”, la pieza que abre el álbum, cuenta con una sección rítmica rígida y una lírica bastante decadente que contrasta con las siguientes canciones, mucho más animosas. “Si el oyente quiere observar el álbum autobiográficamente, algo razonable, puede escucharlo cronológicamente: ‘Capsized’ trata sobre una ruptura sentimental que sucedió hace tiempo. Es un tema relativamente oscuro: inspira cierto sentimiento de confort, pero es ese tipo de confort que acompaña a la muerte”. Canción a canción, comenta Bird, podemos identificar, más o menos, en qué momento de su historia personal se ubican. La apertura contrasta con “Roma Fade”, clásica revisión del flechazo, “ese momento en el que otra persona te atrapa”. En este sentido, a lo largo de “Are You Serious” constatamos el sosiego progresivo del autor. “Cuanto más antiguas son las canciones, más conflicto y confusión presentan; las nuevas son más románticas y placientes”.

Pero el cambio no solo lo encontramos en el tono de las canciones, sino también en su forma: el letrista abandona el cripticismo y la ambigüedad para centrarse en una escritura más directa, con la excepción de un par de pistas, en especial “Chemical Switches” (Bird añejo). “Ese es un tema que empezó como una melodía instrumental potente. Al buscarle palabras, mi única opción fue optar por el flujo de conciencia, muy a mi viejo estilo”. Admite que decidirse por un tipo de escritura menos abstracta le resulta más complicado. “Cuando las palabras vienen antes que la música es más fácil adoptar un rol explicativo, pero en general me es más difícil ser narrativo que poético”. El ejemplo más claro es la penúltima pista, “Valleys Of The Young”, que según Bird es la canción más “brutal” del álbum, junto a su dueto con Fiona Apple, “Left Handed Kisses”. La diferencia es que la primera resulta menos airosa y es, a nivel sónico, más pesada, con una capa de guitarreo sorprendentemente rotunda. “Pensé que era necesaria una música explosiva, más que típicamente adulta, para contar algo trascendente. La canción podría interpretarse como ‘Andrew Bird se hace mayor y reexamina sus años mozos’, pero no es eso. Mi intención era dirigirme a veinteañeros y decirles: ‘No miréis hacia otro lado... Creéis que la juventud es un drama, una congoja. Esperad... Esperad a envejecer. La vida no se vuelve más aburrida; al contrario, todo se intensifica’”.

El clip de “Capsized”, dirigido por Tyler Manson. “Me alegra que este sea el single porque sé que es una canción que no me va a cansar... A veces hay canciones nuevas que suscitan cierta expectativa y que ya en el estudio dan pereza. Con ‘Capsized’ tengo la impresión de que apenas tengo que defenderla”, dice Bird.

El álbum se cierra con “Bellevue” y una frase muy conclusiva y sentimental: “I think I found someone”. Aunque esta clausura parece muy estudiada, Bird asegura que fue bastante accidental. “Supuestamente tenía que ser un tema más completo, pero se quedó a medias porque no fui capaz de rematar las letras antes de entrar a grabar. Pero da igual: instrumentalmente es el equivalente a decir adiós con la mano desde el último vagón de un tren. Es un ejercicio que intento con todos mis discos: el emplazar al final la pieza de la despedida”. Esas letras finales tan específicas, acompañadas de unos sonidos ensoñadores, son todo un respiro después del forcejeo emocional del disco. “En el álbum la canción tiene un aire a lo ‘to be continued’. Lo interesante es que en directo le añado más estrofas y me gusta incluso más. Hay que ir al concierto para palparla en todo su esplendor”.

“Ahora mismo, tengo la sensación de estar tocando con los mejores músicos de los que me he rodeado. Recuerdo algunos bolos en solitario hace mil años en festivales tipo Lolapalooza en los que al acabar me sentía un poco aislado y desanimado, con la sensación de que no lo había ‘petado’. Esa es la intención con esta banda”

La producción del largo es muy precisa, con un excelente trabajo de arreglos. Bird reconoce que es un poco obsesivo con el sonido, aunque no en un sentido estricto. “No me obceco en conseguir que todo suene ideal, no hay un perfeccionismo para que todo esté en su sitio. A las cosas que están demasiado programadas les falta algo”. Hay excepciones, por supuesto: temas como “Saints Preservus” y “The New Saint Jude” son de estructura compleja y calculada. “Esas son canciones que están muy ‘compuestas’; cada compás tiene su razón de ser. No dejan de ser un poco anómalas, pero las incluí porque sentía que formaban parte de la historia del álbum”. Sin embargo, según Bird este ha sido su trabajo más cansado, aunque los quebraderos de cabeza llegaron luego. “La preproducción y la producción en sí, que nos tuvo siete días en Sound City, fueron divertidas; los siguientes ocho u nueve meses fueron de total agonía. Pasé mucho tiempo obsesionándome y rematando los detalles. No había trabajado tanto en algo desde ‘The Mysterious Production Of Eggs’, el disco de 2005”.

Bird se embarca en un largo tour de presentación acompañado de parte de la banda con la que grabó el disco: el bajista Alan Hampton y el batería Ted Poor. “Ahora mismo, tengo la sensación de estar tocando con los mejores músicos de los que me he rodeado. Recuerdo algunos bolos en solitario hace mil años en festivales tipo Lolapalooza en los que al acabar me sentía un poco aislado y desanimado, con la sensación de que no lo había ‘petado’. Esa es la intención con esta banda”. Según Bird, un músico tiene a su disposición varias formas de satisfacer sus querencias artísticas, y esta será su versión más contundente: “Me voy a proyectar con una banda sólida, en mi vertiente más extrovertida”.

 

La canción ¿realmente sigue siendo la misma?

El single del disco, “Capsized”, quizá no resulte tan nuevo a aquellos familiarizados con Andrew Bird. Por lo general, una canción suele tener más vida en directo después de grabarse, y luego el artista puede optar por modificarla y toquetearla en el escenario. “El proceso con este tema en concreto fue a la inversa de lo habitual. Llevo doce años tocándolo en los conciertos de varias maneras”.

Aunque en el disco presenta un ritmo funk muy a lo Meters, anteriormente ha sido interpretada de forma más sosegada, folclórica y minimalista. “Me alegra que este sea el single porque sé que es una canción que no me va a cansar; en algunas ocasiones, los temas que más disfruto tocando son los más simples, dos acordes y punto; su complejidad es distinta. A veces hay canciones nuevas que suscitan cierta expectativa y que ya en el estudio dan pereza. Con ‘Capsized’ tengo la impresión de que apenas tengo que defenderla”.

Y, por supuesto, la canción seguirá evolucionando, a saber de qué otras formas. “Me gusta que suene de cierta manera si me siento así o asá, y que pueda mutar. Es así como debería ser”. Los que no lo vean claro solo deben comparar dos interpretaciones recientes de la canción: la versión compacta, de entonación directa, que presentó con su banda en el programa de Conan O’Brien, y la que se marcó con Chris Thile y los Punch Brothers en el show radiofónico ‘A Prairie Home Companion’, mucho más laxa, de tono prácticamente ebrio.

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