“Me llamo Andy Moor. Nací en Londres en 1962. Llevo veintisiete años en la banda holandesa The Ex. Creo que lo que nos ha mantenido tanto tiempo juntos es nuestra fidelidad al ‘hazlo tú mismo’. Todo lo organizamos nosotros. Siempre nos movemos con presupuestos de bajo coste. Decidimos previamente cuántos conciertos vamos a tocar cada año. Suelen ser unos sesenta o setenta porque nadie en el grupo quiere pasar dos meses enteros en una furgoneta tocando cada noche las mismas canciones. Si me atreviera a dar un consejo a una banda que comienza, sería éste: no te quemes dando demasiados conciertos”.
“El problema de trabajar con una compañía multinacional es que el artista no sabe en qué se acaban gastando la mayoría del dinero que genera. Hay mucho despilfarro. Eso vuelve loco a cualquiera. Ademas, ellos te imponen su idea de éxito. Te sueltan una cifra de ventas y si no la cumples, no vales. Muchas bandas jóvenes con talento se sienten fracasadas sin serlo. Nosotros vendemos, como máximo, tres o cuatro mil copias de cada álbum. Es menos de lo que la gente imagina. Vivimos de los directos. No salimos de gira a promocionar un disco, sino a compartir nuestra música. Los compactos son para quien necesita llevarse algo extra a casa. Si este modelo se impusiera, las discográficas no durarían ni un año”.
“Normalmente, tardamos dos o tres meses en crear cada nuevo repertorio de
canciones. Luego necesitamos tocarlas en directo seis meses hasta que sentimos haber aprendido lo que hemos compuesto. En cada nuevo ensayo o concierto las ajustamos, aunque sea muy poco. También nos gusta encontrar el orden perfecto para los directos”.
“Una vez pasado esto, nos metemos con la siguiente colección de canciones. No es la situación ideal para nuestros seguidores porque abandonamos el repertorio justo cuando mejor lo interpretamos. Por eso, es muy raro que el público cante en un concierto de The Ex. No le damos tiempo. En la mayoría de los directos, tocamos material nuevo”.
“El último libro que me dio que pensar fue ‘Cassavetes por Cassavetes’. Es una recopilación de entrevistas con el director estadounidense. Le doy vueltas, por ejemplo, a estas frases: ‘La gente piensa que dejo hacer a cada actor lo que le da la gana. No es así. Uso un guión cuidadosamente escrito. Lo que se improvisa son las emociones. También las reacciones. Una vez que el guión está fijado, se puede improvisar con más libertad. La actuación es vital: a veces, el comportamiento de un actor me hace cambiar el guión para no aprisionar las emociones que ha expresado’. Intento imaginar cómo aplicar esto a un contexto musical. Sería genial no interpretar, sino sentir las emociones de cada pieza que tocas”. ![]()












