×

USO DE COOKIES

Este sitio web utiliza Cookies propias y de terceros, para recopilar información con la finalidad de mejorar nuestros servicios, para mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias, así como analizar sus hábitos de navegación. Si continua navegando, supone la aceptación de la instalación de las mismas. El usuario tiene la posibilidad de configurar su navegador pudiendo, si así lo desea, impedir que sean instaladas en su disco duro, aunque deberá tener en cuenta que dicha acción podrá ocasionar dificultades de navegación de la página web.

Aceptar Cómo configurar

Cargando...
ANGEL OLSEN, Yo no soy tu ángel

Vivir su vida.
Foto: Amanda Marsalis

 
 

ARTÍCULO (2016)

ANGEL OLSEN Yo no soy tu ángel

Con su cuarto álbum, “My Woman”, Angel Olsen consiguió ser habitante recurrente en las listas de lo mejor de 2016. Más allá de los típicos mitos sobre reinvenciones, en él intentó reflexionar sobre su identidad y sobre cómo controlar la percepción de los demás. Aquella cantautora de folk-rock cortavenas quería ser otra mujer. David Saavedra analizó en este artículo el presente y la trayectoria de una de las artistas del momento: sexto mejor álbum y quinta mejor canción del año en las listas del Rockdelux 357.

“Te reto a entender lo que me hace una mujer”, canta Angel Olsen en “Woman”, la penúltima canción de “My Woman” (Jagjaguwar-Popstock!, 2016). Es la frase más citada de un trabajo que ha consolidado a esta artista de 29 años como una de las voces más importantes del momento, y encierra todo un universo de significantes y significados, de intencionalidad y estrategia.

Si hay un tema predominante en las entrevistas que concedió antes de la salida del disco, claramente es la imagen que ella proyecta y cómo se interpreta desde el exterior. El control artístico total –de su obra, de su personaje, de su representación– se erige en arma utópica dentro de un entorno en que todo esto parece incontrolable. Por eso los periodistas somos los supervillanos de esta historia, como bien deja ver en la canción de apertura, “Intern”: “No me importa lo que los periódicos digan / solo es otro becario con un currículo”, canta autoengañándose ante lo mucho que eso le importa. Ha criticado frases de la hoja promocional distribuida por su compañía y en sus entrevistas se ha mostrado muy beligerante cada vez que surgía una pregunta inadecuada. Claro está que hablamos de una persona que, ya durante la promoción de su anterior álbum, “Burn Your Fire For No Witness” (Jagjaguwar, 2014), en un programa de radio en directo mandó a su entrevistador a la mierda por decir que sonaba como si estuviera en el fondo de un pozo oscuro.


Aquella chica no es esta mujer

“En el título del álbum abordo el hecho de que no me avergüenza ser una mujer. Decir ‘mi mujer’ en un disco no debería ser algo sucio. Soy yo viviendo mi vida y haciendo arte sin que eso tenga que ser un problema serio, pero ¿es este el tema principal? No, hay otro más profundo con el que tenemos que tratar: con la guerra, con el dinero, con la política. El tema, para mí, es la conexión humana. Ver y valorar la perspectiva del otro, no importa quién sea o en lo que crea, y compartir eso”

Desde su presente, Olsen parece desestimar sus discos anteriores... o la imagen que en ellos proyectaba: típica chica indie folk cantando sus penas de modo introspectivo y a la que siempre intentaban fotografiar rodeada de árboles. Ella lo ha definido como el producto de una adolescente que había leído demasiado a Dostoyevski. La cosa, opina, se le fue de las manos más de lo que ella deseaba: el adentrarse en zonas tan profundas en sus composiciones la llevó a convertirse en un imán para raritos o para fans intensos que, en su admiración, le decían que sus canciones les habían salvado la vida mientras ella se preguntaba quién iba a salvar la suya propia, darle un abrazo, evitar que acudiese a terapia. La crisis fue de tal calado que llegó a replantearse si quería seguir grabando discos y de esta manera.

“Solo quiero estar viva / Hacer algo real”, canta también en “Intern”, dejando entrever el conflicto central en este momento de su trayectoria: permitir que las cosas fluyan con naturalidad, componer su música y aceptar que los demás la hagan suya sin miedo, o hipercontrolarlo todo hasta la obsesión. Pese al altísimo consenso que han cosechado los elogios a su trabajo, a ella no le vale: quiere tener también el control del relato en torno al mismo. En el aspecto musical, la mirada del otro es retada de un modo juguetón: cada frase desafía al oyente, parece destinada a enfrentarle a sus propias preconcepciones y a sugerirle que quizá pueda estar equivocado. Estilísticamente, lo deja bien claro desde el comienzo con la propia “Intern”, un ejercicio de pop con sintetizadores que abre el disco aposta para que la gente piense que ella se ha reinventado y que el resto del álbum va a ser así, o dejando las canciones más accesibles en la cara A para meterse en terrenos más farragosos en la B. Recurrió como productor a su amigo Justin Raisen (en su currículo: Charli XCX, Sky Ferreira, Kylie Minogue, Ariel Pink), pero dejándole claro que no iba a cambiar una coma en su sonido, que simplemente estaba allí para hacer lo que ella le dijera. Igualmente relevante en su relato ha sido la decisión de dirigir todos los videoclips, y de presentarse (al menos en los de “Intern” y “Shut Up Kiss Me”) con una peluca plateada para construirse un personaje que, de nuevo, desafiase expectativas e introdujese algo de humor y frivolidad. Romper con su imagen de persona taciturna. En el de “Sister”, incluso, tras mostrar unas amargas lágrimas, acaba saliendo de una piscina con una enorme sonrisa.

Pero, al final, aunque parezca que todo su discurso gira en torno al yo, un aspecto importante que ella también se ha empeñado en recalcar es que su mensaje recae en aspectos más colectivos y universales. “En el título del álbum abordo el hecho de que no me avergüenza ser una mujer. Decir ‘mi mujer’ en un disco no debería ser algo sucio. Soy yo viviendo mi vida y haciendo arte sin que eso tenga que ser un problema serio, pero ¿es este el tema principal? No, hay otro más profundo con el que tenemos que tratar: con la guerra, con el dinero, con la política. El tema, para mí, es la conexión humana. Ver y valorar la perspectiva del otro, no importa quién sea o en lo que crea, y compartir eso”, explicaba a Amy Rose Spiegel en una entrevista para ‘The Fader’.

El clip de “Sister”, dirigido por la propia Angel Olsen junto con Conor Hagen. Tras unas amargas lágrimas, acaba saliendo de una piscina con una enorme sonrisa: ¿rompiendo con su imagen de persona taciturna?

Lo que me define es lo que no fui

“De acuerdo, aquí está el trato: no soy indie, no soy punk, no soy grunge, no soy emo. La única etiqueta que arrastro es mi nombre, que resulta que es Angel, a pesar de que no tiene ningún sentido cuando lo comparas con mi carácter”. Así se presentaba la artista en la web STLPunk.com en 2003. Esto es, cuando tenía 16 años y mientras empezaba a foguearse en el circuito de clubes de San Luis (Misuri). Ya por aquel entonces, quien la vio tocar alababa su voz y un talento fuera de lo común. A los 3 años, Angel fue adoptada por una familia en la que era la pequeña de ocho hermanos. Algunos de ellos tendrían, en realidad, la edad de sus padres y estos la de sus abuelos. En ese extraño entorno asegura que adoptó la personalidad de una vieja prematura, obsesionada con la cultura de los años treinta, cuarenta y cincuenta, y poco satisfecha a la hora de encontrar su voz. “Deseaba poder cantar como si fuese lo último que iba a sucederme antes de morir, cantar con todo mi cuerpo como las intérpretes de soul en las iglesias baptistas, que cantan a gritos con pasión por algo más grande que ellas mismas. Pero yo solo era un cuerpo menudo con muy poca experiencia en la vida”, confesaba recientemente en ‘The Guardian’. No fue hasta los años en el instituto cuando empezó a actuar en público tras aprender a tocar la guitarra y el piano.

“De acuerdo, aquí está el trato: no soy indie, no soy punk, no soy grunge, no soy emo. La única etiqueta que arrastro es mi nombre, que resulta que es Angel, a pesar de que no tiene ningún sentido cuando lo comparas con mi carácter”

A los 20 tomó su gran decisión vital: marchar a Chicago. Allí aprendió a vivir, hizo sus primeros contactos, y de la mano de uno de ellos, Emmett Kelly, pasó a formar parte de The Cairo Gang, la banda que acompañó a Bonnie “Prince” Billy en 2011 y 2012. Pese a lo que se diga por ahí, Will Oldham no fue su mentor ni nada parecido. Ella reconoce que aprendió muchas cosas de la experiencia a nivel profesional, pero que nunca tuvo un trato personal medianamente cercano con el enigmático músico. De hecho, un año antes de aquello, en 2010, la artista ya había publicado dos casetes: “Strange Cacti” –que se reeditaría en 12" en Bathetic Records en 2011–, y “Lady Of The Waterpark”. En 2012, también en Bathetic, llegó su primer largo, “Half Way Home”, justo antes de que Jagjaguwar le echase el guante y la llevase al ojo público. Ya por entonces, popes de la escena indie habían alertado sobre su valía: el propio Oldham había destacado la mezcla de aprensión y satisfacción que mostraba en sus canciones, y Carrie Brownstein (Sleater-Kinney), su cualidad viscosa, sexy, melancólica, arenosa. Ella era alguien que podía contar una historia entera con el sonido de su voz. O, como la propia Angel resalta, con la búsqueda de una pluralidad de voces aunque todas parezcan la misma.

Dice la artista que abandonar The Cairo Gang fue una liberación para ella. Se marchó de Chicago y se fue a Asheville, una localidad de Carolina del Norte, donde todavía reside. Allí gestó “Burn Your Fire For No Witness”, el que considera su primer álbum de verdad, en el que empezó a tomar las riendas de su carrera. Y eso nos lleva, de nuevo, al punto de partida. “Te reto a entender...”.

 

Heroínas (y héroes)

Un referente sobre el que Angel Olsen no deja de hablar, sobre todo como inspiración de sus vídeos, es la cineasta Agnès Varda. En concreto, cita su película “Cleo de 5 a 7” (1962) como influencia en los clips de “Intern” y “Shut Up Kiss Me”, y “Sin techo ni ley” (1985) en el de “Sister”. También hay mucho de David Bowie en su voluntad de transformarse en personaje en los dos primeros. De hecho, la idea surgió después de un homenaje en una pista de patinaje al que asistió tras su muerte, en el que había que ir disfrazado.

De cara al contenido del disco, reconoce el impacto que le causó una vieja entrevista televisiva de la periodista Barbara Walters a Dolly Parton donde se cuestionaba el giro al pop de la cantante y ella lo justificaba aduciendo que no quería limitar su potencial de conexión con el público y, para ello, debía hacerlo de un modo divertido. Al tiempo, ha citado a la escritora italiana Elena Ferrante, y la neutralidad de su tono narrativo, que la ha ayudado mucho a no ahogarse en sus propias emociones. En su entrevista con ‘The Fader’ mostraba también su admiración por la periodista de la MTV Meredith Graves, la actriz Susan Sarandon y el cómico Louis C.K., mientras que en una playlist para el ‘NME’ seleccionaba a sus cantantes favoritas: Tina Turner, Stevie Nicks, Mariah Carey, Skeeter Davis, Candi Staton, Lauryn Hill y, de nuevo, Dolly Parton.

Última historia: tras conocer a Ana da Silva durante un viaje a Portugal, se gestó una colaboración con The Raincoats. La artista y el legendario grupo post-punk británico se subirán el 3 de noviembre juntas al escenario del Islington Assembly Hall de Londres como parte del 40º aniversario de Rough Trade y no solo interpretarán repertorios de ambas: prometen sorprender con material inédito conjunto.

KANYE WEST, El hombre que quiere (y puede) reinar
Por Ruben Pujol
DERRIBOS ARIAS, Licencia para irritar
Por Jaime Gonzalo
MORRISSEY, Primero como tragedia, después como farsa
Por Fruela Fernández
SONIC YOUTH, Teenage film stars

ARTÍCULO (1993)

SONIC YOUTH

Teenage film stars

Por Juan Cervera
ERYKAH BADU, Más allá del fantasma de Billie H.
Por Miquel Botella
LABORDETA, La voz de tierra adentro
Por Jordi Bianciotto
THE ROOTS, El desierto de lo real
Por Luis Lles
DEF CON DOS, La victoria de la resistencia
Por F-Mhop
MADELEINE PEYROUX, La dama canta blues
Por Peter Doggett
FRANK OCEAN, Striptease emocional
Por Luis Lles
THE STONE ROSES, Un solo dios, un solo amor... y una sola piedra
Por Jorge Albi, Ramón Noguera y Ximo Bonet
MICHAEL JACKSON, Amado monstruo

ARTÍCULO (2009)

MICHAEL JACKSON

Amado monstruo

Por Luis Lles
PACO DE LUCÍA, El genio “especial”
Por Silvia Cruz Lapeña
HÉCTOR LAVOE, El hombre que respiraba bajo el agua
Por Ragnampiza
BUDDY HOLLY, Solo para gafosos

ARTÍCULO (1986)

BUDDY HOLLY

Solo para gafosos

Por Diego A. Manrique
AMY WINEHOUSE, Killing Me Softly

ARTÍCULO (2008)

AMY WINEHOUSE

Killing Me Softly

Por Paul Elliott
WILLIAM S. BURROUGHS, Opiáceos y rock’n’roll
Por Ignacio Julià
BOB DYLAN, La cicatriz ha cambiado de sitio
Por Miguel Martínez
PEDRO SAN MARTÍN, Imposible aburrirse con él
Por Víctor Lenore
MARIO PACHECO, Enamorado de la vida (aunque a veces duele)
Por Carlos Fuentes
PHILIP GLASS, La vida en tres actos
Por César Estabiel
GIL SCOTT-HERON, Limbo, purgatorio, altares
Por Ramón Fernández Escobar
LOS MODELOS, Lágrimas sobre un grupo muerto
Por Diego A. Manrique
Arriba