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ANTÒNIA FONT, Islas Baleares

Guillem Gisbert (Manel), en el centro, indagando sobre el mundo Antònia Font. Foto: Óscar García

 
 

FIRMA INVITADA (2011)

ANTÒNIA FONT Islas Baleares

Documento Rockdelux (ya) histórico: Guillem Gisbert (Manel) vs. Antònia Font, pieza que se perpetuará en la historia como homenaje a los mallorquines, que dijeron adiós a finales de 2012. Y es que Antònia Font empezaron con la ambición de tocar en fiestas mayores y terminaron creando un repertorio que nos activó rincones de sensibilidad que ni siquiera sabíamos que existían. Siempre huyeron de la autocomplacencia y, tras cinco años sin grabar canciones nuevas, volvieron en 2011 con “Lamparetes”, un disco sobre la cara buena del progreso en el que se dedicaron a explorar otras estructuras y sonoridades. Entonces, como ahora, los echábamos de menos como siglos de glaciares solitarios deslizándose milímetros hacia los océanos. Quizá por eso Guillem Gisbert, periodista antes que cantante de Manel, se atrevió a entrevistarlos. Lo hizo un día antes de que el disco se editase en todo el mundo (Mallorca aparte). Adjuntamos el divertido clip animado de “Calgary 88”, una bonita historia de amor propia de los mundos imaginados por Joan Miquel Oliver.

Lo que significó la primera etapa de Antònia Font, la que cerraron con “Batiscafo Katiuskas” (Blau-Discmedi, 2006), para la música popular y, particularmente, para la música popular cantada en catalán, algún día se estudiará como es debido. De momento, veinticuatro horas antes de que su nuevo disco “Lamparetes” (Robot Innocent-Discmedi, 2011) salga a la venta oficialmente –“hoy ha salido en Mallorca; mañana en todo el mundo”, bromean–, Joan Miquel Oliver y Pau Debon llegan a la entrevista habiendo sorteado un bosque espeso de preguntas sobre su papel de padres de una supuesta escena musical en Cataluña. No tienen ni idea sobre el tema ni parece importarles. Si consiguieron algo analizable, digamos, a nivel sociológico –yo intuyo que sí–, fue del modo en que se consiguen estas cosas, sin quererlo y a golpe de canciones. Sociólogos, apunten, por favor: ocurrió que eran mallorquines, pero, lo que realmente eran, eran buenos. “Lamparetes” viene a sumarse a una obra inquieta y divertida, a una celebración de la creatividad que disco a disco muta y fuerza al cerebro a absorber nuevas maneras de entender qué puede ser una canción, cómo debe sonar, o a qué emociones puede apelar. Antònia Font, cuya formación se completa con Jaume Manresa, Joan Roca y Pere Manel Debon, han conseguido que al ponerse uno “Lamparetes”, cuando de repente aparece un tío gritando “¡turbina!” y justo después añade “¡biquini!”, tengas, por extraño que parezca, la sensación de haber vuelto a casa. Y la imaginación de Joan Miquel Oliver brinda otros placeres raros, como el de empezar una entrevista con los rostros de los rusos Sergei Grinkov y Ekaterina Gordeeva en la pantalla del móvil...

¿Os suenan? (Oliver y Debon): Mmmm, ¿no?

“No nos documentamos para escribir la canción. Hoy también nos han dicho que la historia que cuenta ‘Calgary 88’ sucedió de verdad en unos Juegos Olímpicos de Invierno, que unos patinadores se prometieron. Y nos hemos enterado de que mañana se cumplirán cincuenta años del primer viaje espacial de Yuri Gagarin. Es perfecto, ‘Lamparetes’ va de pioneros, de gente solitaria que explora nuevos mundos”
(Joan Miquel Oliver)

 

Son la pareja que realmente fueron oro en Calgary 88. Lo ganaron todo, se casaron, él murió de un infarto mientras patinaban... Pensé que os habían inspirado. (Oliver): Pues no, no nos documentamos para escribir la canción. Hoy también nos han dicho que la historia que cuenta “Calgary 88” sucedió de verdad en unos Juegos Olímpicos de Invierno, que unos patinadores se prometieron. Y nos hemos enterado de que mañana se cumplirán cincuenta años del primer viaje espacial de Yuri Gagarin. Es perfecto, “Lamparetes” va de pioneros, de gente solitaria que explora nuevos mundos.

Siempre me he preguntado si esto del disco conceptual no provoca que muchas ideas se queden por el camino por no adecuarse al tema. (Oliver): Es muy sencillo... Toco la guitarra, busco letras, hasta que se me ocurre hacer un disco de Antònia Font sobre un tema. Y pienso: “¿Qué me falta por explicar? Buf, mil cosas”. Y explico algo. Y después pienso: “Hostia, no lo he conseguido, he fracasado. Esa canción está allí, pero le falta esto, esto y esto”. Y escribo otra. Y siempre ataco la misma idea, siempre voy a hacer la misma canción.

Os he oído declarar en la tele que cada disco de Antònia Font es diferente. Cuando Joan Miquel os enseñó las maquetas nuevas, ¿pensasteis que estaba haciendo cosas distintas? (Debon): Bueno, es que en este disco el proceso ha sido más lento. Joan Miquel tenía tres o cuatro canciones cuando nos presentó la idea. “Clint Eastwood” fue la primera y a nosotros nos entusiasmó la canción y el camino que abría. Teníamos tiempo y ensayamos, para ver qué tal. Y a medida que tocamos, claro, las canciones cambiaron mucho. “Islas Baleares” no tenía nada que ver. (Oliver): ¡Parecía Extremoduro! Entonces Jaume le dijo a Pere: “¿Sabes tocar calipso?”. Y respondió: “No, pero me puedo documentar”... Hemos hecho el disco por trocitos y yo, según lo que quedaba, me ponía a escribir para ir compensándolo todo.

¿Pero lo del acento inglés en el estribillo de “Islas Baleares” estuvo siempre? (Oliver): Esto es una tradición mallorquina. Los músicos de hotel, cuando cantan una canción en castellano, pon, no sé, “Si tú me dices ven”, lo hacen con este acento para crear empatía con los guiris; dicen “Si chu me disses veeeen, lo deho chodo...”. Es como un subidioma. (Debon): Y con la “reverb” a tope.

¿Y para buscar esa compensación, piensas en el orden de las canciones mientras escribes? (Oliver): Claro, el orden es importantísimo, voy equilibrando el disco. Este podía tener diez canciones o catorce, pero no doce, porque se hubiese desnivelado. No sé si me explico. Pongo cada canción en el momento en que creo que es exacto. Y un orden ya puede ser perfecto, pero si una canción no te cuadra, lo tienes que cambiar todo. Podíamos empezar con “Clint Eastwood”, pero ¿dónde pones “Me sobren paraules”? O la ponías la primera o la sacabas.

“Calgary 88” fue el segundo single de “Lamparetes” (2011) tras “Clint Eastwood”. Estrenado en febrero de 2012, este es el vídeo de la canción, dirigido por Antonio Lara e ilustrado por Rafa Adrover. Es la reprodución animada de la historia de amor entre dos patinadores en los JJ. OO. de Invierno de 1988. David Rodríguez (La Estrella de David) y Ana Fernández-Villaverde (La Bien Querida) son los protagonistas.

También habéis dicho que en “Lamparetes” habéis acentuado la narración en las letras. (Oliver): Me han dicho muchas veces: “Tus letras me encantan, pero no las entiendo”. Ahora he querido hacerme entender, utilizar más narración y he hecho postalitas que eran necesarias para contar lo que quería contar.

Más que narraciones, “Abraham Lincoln”, “Pioners” y “Boreal” me parecen descripciones casi paisajistas de un instante. ¿Sois conscientes de que en estas canciones aparece la palabra “llum” en el primer o el segundo verso? (Oliver): En “Lamparetes” he repetido muchas cosas, he redundado con sinónimos. Por ejemplo, en “Icebergs i guèisers” decimos: “Som davant ses portes de l’infern, rodejat de flamerades molt amunt a dins ses ombres” (“estoy ante las puertas del infierno, rodeado de llamaradas muy encima dentro de las sombras”). En otra parte, en lugar de “ombres” (“sombras”) aparecerá, por ejemplo, “fosca” (“oscuridad”), o “penombra” (“penumbra”). La intención es que las imágenes se vayan completando las unas a las otras, también de canción a canción, hasta que te formes completamente la película. Hay muchas correspondencias entre canciones: “Boreal” y “Pioners” son la misma canción convertida en dos; la primera sucede en el interior de un bar de pescadores; la segunda explica lo que sucede fuera. “Es far de Ses Salines”’ y “Sospitosos” hablan del mismo faro. En la segunda ha pasado el tiempo y un tío ha montado un bar.

“Me han dicho muchas veces: ‘Tus letras me encantan, pero no las entiendo’. Ahora he querido hacerme entender, utilizar más narración y he hecho postalitas que eran necesarias para contar lo que quería contar”
(Joan Miquel Oliver)

A nivel de estructura también me han sorprendido las letras cortas de estas canciones que, al terminar, dejan paso al clímax musical. (Oliver): A medida que escribes canciones, arreglas problemas de discos anteriores. Y nos habíamos dado cuenta de que en “Robot”, por ejemplo, cuando se acaba la letra, putupum, se acaba la canción. ¡Hostia, tío! Yo quiero que escuchar un disco sea como ir al cine, condicionar el ritmo...

¿Así que se va aprendiendo a escribir canciones? (Oliver): En este disco creo que he escrito mis mejores canciones. Con “Abraham Lincoln”, a nivel de letra he llegado a una satisfacción personal del cien por cien: “El sol ixent” (“el sol naciente”)... Esto ya suena... Imagina que no sabes catalán... “com un fil de caliu” (“como un hilo de brasas”), con dos íes... y mmm, ¿qué viene? (Debon): “Crema un full de paper” (“quema una hoja de papel”). (Oliver): “Crema un full de paper, i escampa una taca” (“quema una hoja de papel y esparce una mancha”), dos as, “de llum” (“de luz”), una u, “que filtra es paisatge” (“que filtra el paisaje”)... No sé, es que veo toda la letra con un equilibrio de las vocales, dosificadas, y las consonantes allí cortando...

Y esto del fonema justo en una letra ya de por sí muy narrativa como “Calgary 88”, ¿lo tuviste que plantear de otra manera para que la acción avanzara? (Oliver): Siempre pensaba que se debía elegir entre narración o lo otro. Unir las dos cosas lo veía imposible, pero no lo es, solo pide treinta veces más trabajo. Narrar y mantener la sonoridad es lo más complicado que he hecho en mi vida. No creo que lo vuelva a hacer (ríe). En “Calgary 88” hice una cosa que no había probado nunca: plantearme una historia antes de escribirla. Durante una cena en la que recité a los del grupo “Clint Eastwood” les dije que haría una canción sobre dos patinadores, que pasaría esto y aquello y que al final se casarían y tal y cual. Después tardé medio año en hacerla. Explicar todo lo que tienes que explicar, que todo suene bien, que ni falte ni sobre nada...

En las canciones con letras largas, la melodía tiene muchos rincones. ¿Cómo trabajáis entre los dos? Hay momentos muy expresivos: en el “desenfunda” de “Clint Eastwood”, el narrador está desenfundando. (Debon): Es mucho trabajo. En el estudio, ¿cuántas tomas hicimos del “Do you know? Maybe” de “Clint Eastwood”? (Oliver): No lo sé, muchas... Si Pau canta como yo lo imaginaba, o de otra manera que me gusta, no digo nada; si falla algo, le damos muchas vueltas. Y a veces no lo consigues y lo das por perdido. Nos pasó con “Astronauta rimador” –de “Taxi” (Blau-Discmedi, 2004)–: no nos gustaba, pero después de probar mucho pensamos: “Esto es lo que hemos podido hacer”. (Debon): Creo que aprendimos mucho con el anterior“Coser i cantar” (Blau-Discmedi, 2007)–. Lo grabé muy rápido porque tenía muy interiorizadas las canciones y sabía lo que no me gustaba de las grabaciones de los discos. Ahora hemos intentado llegar al estudio con las canciones muy pasadas. Muchas las canté sin leer la letra, y se nota. Si tienes interiorizada una canción puedes fijarte en otros aspectos.

 
ANTÒNIA FONT, Islas Baleares

Joan Roca, Pau Debon, Joan Miquel Oliver, Pere Debon y Jaume Manresa: Islas Baleares. Foto: Óscar García

 

Y en las canciones inventario, “Me sobren paraules” y “Coses modernes”, ¿se tiene sensación de palabra perfecta? ¿Tenía que ser “cadàver pitufo”? (Oliver): Sí, “cadàver pitufo”. Y más fea que “nyu” (“ñu”) no hay otra. ¿Tú sabes alguna? (Debon): Por cierto, la palabra larga, “esternoclestmastoideu”, no existe. (Oliver): Le pedí a un profesor de catalán de la Universidad que se mirara las letras y cuando me las devolvió, “esternoclestmastoideu” estaba en rojo. Y yo, cuando veo mucho rojo lo selecciono todo y, ¡ping!, se acaban mis problemas con la policía lingüística (ríe).

La estructura de “Icebergs i guèisers” me recuerda más a discos anteriores. Esa repetición de la letra en la estrofa estaba mucho en “A Rússia” (Música Global, 2001) y “Alegria” (Drac-Virgin, 2002). O quizá relaciono el paisaje de petroleros con “Portaavions”. (Oliver): La repetición en las estrofas me gusta, me gusta la sensación de que después del estribillo la canción vuelva a empezar. Lo de los petroleros, la cita que sale en el libreto, es de un vecino mío que es marino.

¿Pero suena a frase de libro, no? “Por la noche, ahí en medio, en el barco rodeado de pozos de petróleo, solo se ven las llamaradas y pienso, joder, estoy en las puertas del infierno”. (Oliver): Si lo lees así, rollo Miguel Hernández, parece poesía... Pero este tío curra en Camerún, en una especie de golondrina que navega alrededor de pozos de petróleo para evacuar a los trabajadores si enferman. Me lo contó y me pareció buenísimo. Él y su mujer pasaron meses sin verse. Por eso lo de “Jo l’enyor com segles de glaceres solitàries davallant mil·límetres cap as oceans” (“yo la añoro como siglos de glaciares solitarios deslizándose milímetros hacia los océanos”). No se puede echar más de menos a alguien.

“Este tío curra en Camerún, en una especie de golondrina que navega alrededor de pozos de petróleo para evacuar a los trabajadores si enferman. Me lo contó y me pareció buenísimo. Él y su mujer pasaron meses sin verse. Por eso lo de ‘Yo la añoro como siglos de glaciares solitarios deslizándose milímetros hacia los océanos’. No se puede echar más de menos a alguien”
(Joan Miquel Oliver)

 

¿Cómo surgieron el piano de esta canción, la orquesta de “Pioners” o el solo de batería de “Es far de Ses Salines”? (Oliver): El piano fue cosa de Jaume y va con la canción, es un tío que está desesperado... En “Pioners” la orquesta son los “bramuls” con los que acaba la letra. Una trompa los anticipa y al final aparece la orquesta que... Son unos recortes de las grabaciones de Bratislava para “Coser i cantar”.

¡No me jodas! (Oliver): No, no... (ríe). Mira, tengo un sinte, y me compré una tarjetita que tiene todos los sonidos de orquesta de toda la historia de Roland. Jugando, encontré el sonido que aparece en la canción, creo que se llama “Dramatic ending”... Tuvimos que cambiar los acordes en este trocito porque el sonido solo tenía acordes menores (ríe). Somos muy cutres, tío.

Pues parece “Sgt. Pepper’s”, es muy real. (Oliver): Está desafinado y todo. El tío que creó el sonido quería que colase, que la gente se lo creyera. Ahora que te lo he contado ya no se lo va a creer nadie... El solo de batería de “Es far de Ses Salines” duraba el doble y cuando lo intentamos mezclar pensamos: “Esto parece Camel, o Yes, o King Crimsom”. Decidimos cortarlo, pero tampoco nos gustaba. Al final se nos ocurrió distorsionarlo todo y que diese la impresión de que el batería se había vuelto loco. (Debon): Joan Miquel le decía a Toni Pastor: “Que quede sucio, que quede muy fuera”. Y Toni subía solo un poquito la distorsión y Joan Miquel: “No, no, más sucio”. (Oliver): Y al final le dije: “Déjame, déjame”. Me fui al ordenador e hice ¡ras!

Imagino que estaréis trabajando en pasar esto al directo. El final de “Islas Baleares”, con esa letra al revés, ¿lo estás memorizando? (Debon): Me lo estoy aprendiendo. En realidad, no lo he acabado ni de escribir al revés, porque nos tienen muy ocupados con la promo. Solo he apuntado el principio...

Cuando se publique esta entrevista, la promoción de “Lamparetes” habrá terminado, se cumplirán cincuenta años del viaje de Gagarin alrededor del mundo publicitando su hazaña espacial, Pau Debon habrá tenido tiempo para ensayar y Antònia Font habrán vuelto a los escenarios... De momento, Debon saca un papel del bolsillo de los tejanos, lo desdobla y, medio leyendo su propia letra, cumple con sus compromisos con los medios y declara: “Saaalsi haey ho seeeraelab saalsi”.

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