Lejos quedan ya los tiempos en que para el gran público El Pescaílla era sólo un guitarrista casado con Lola Flores. Sobre todo, desde el fallecimiento de ésta y de su hijo, Antonio Flores, hace casi cinco años, el arte de Antonio González, El Pescaílla es unánimemente reconocido como avanzadilla del pop flamenco y, para muchos, creador de la rumba gitana. Aunque difícilmente pueda adjudicarse a nadie la paternidad sobre ningún estilo, su legado musical es un eje esencial de esa rueda llamada rumba, a la que, afortunadamente, todavía le queda mucho por recorrer.
Se adelantó en tender otra vez la mano a América con versiones de canciones como “Sabor a ti”, “Noche de ronda” o “Extraños en la noche”; se atrevió a cantar en “inglés inventado” en los cincuenta y sesenta, y hasta grabó la traducción inglesa de algún tema de Jobim. Su discografía es corta pero totalmente vigente, piedra angular de la rumba catalana, y una vez abandonado el primer plano contribuyó en gran medida a que su esposa mantuviera su esplendor acercándola a tan frenético compás.
Un mal año para la rumba: Bambino nos dejaba en mayo y Antonio González el pasado 12 de noviembre en Madrid. Había nacido en Barcelona. ![]()























