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ARCÁNGEL, De Huelva a la heterodoxia

No hay más que escuchar sus cantes para entender que él lleva puesto el traje de la tradición. Foto: Óscar García

 
 

ENTREVISTA (2016)

ARCÁNGEL De Huelva a la heterodoxia

Con “Tablao” (2015), su quinto disco, el cantaor onubense volvió a las actuaciones de pequeño formato para homenajear unos espacios que han sido clave en la historia del flamenco. Arcángel le aseguró a Silvia Cruz Lapeña que necesitaba recuperar la cercanía con el público, algo casi imposible en los grandes teatros que llena desde hace años un artista a quien tanto la crítica como los aficionados ya llaman maestro.

Francisco José Arcángel siguió el curso natural de los flamencos: concursó y ganó certámenes de fandangos siendo niño, cantó por las peñas, aprendió a acompañar el baile, y así, poco a poco, llegó el primer álbum, “Arcángel” (Virgin, 2001). “Tablao” (Universal, 2015) es el quinto y el último título, un disco grabado en lugares emblemáticos para lo jondo como el Corral de la Morería en Madrid, Los Gallos en Sevilla o El Cordobés en Barcelona. La idea era echar la vista atrás y recuperar la cercanía con el público. “En un teatro, pasada la segunda fila, no ves a nadie. Necesitaba esa intimidad que solo te da un tablao y ver cómo me afectaba la reacción del aficionado”.

“Veo que la gente, cuando empieza a tener cierto reconocimiento individual, se olvida de sus influencias. No es mi caso. No me avergüenza decir de quiénes he aprendido, sea Morente o un aficionado al que escuché en una juerga”

Arcángel es de Huelva, patria de Toronjo y del fandango, y aunque empezó su carrera de un modo clásico, ha ido construyendo su senda. En ese camino tuvo un peso enorme Enrique Morente. “Me abrió un camino artístico, espiritual, un mundo sonoro y también personal”. Lo dice con la boca llena, y lo repite. Quiere que quede claro. “Veo que la gente, cuando empieza a tener cierto reconocimiento individual, se olvida de sus influencias. No es mi caso. No me avergüenza decir de quiénes he aprendido, sea Morente o un aficionado al que escuché en una juerga”.

Asegura que lo más difícil de ser artista es gestionar la frustración. “Me siento legitimado para hablar de eso porque no me ha faltado el trabajo; no estoy amargado, pero tampoco estoy en un lugar tan alto que no me permita tener perspectiva”. Para Arcángel el éxito no es lo que quiere la familia para uno, ni lo que los demás entienden por triunfo. “Conseguir objetivos paulatinamente, sin agobiarse. Eso entiendo por éxito”. Ante la pregunta de si ha aprendido esas cosas o siempre las tuvo claras, lanza un suspiro. “Más bien se va convenciendo uno”, dice, y añade que tan importante es ensayar las cualidades, artísticas y personales, como limar los defectos.

Este cantaor tiene una virtud, mezcla de generosidad e inteligencia: su buen gusto eligiendo músicos. Se acompaña siempre de dos bestias de la guitarra, Miguel Ángel Cortés y Dani de Morón. También va con él Agustín Diassera, posiblemente el mejor percusionista flamenco del momento. 
“Me encanta que se destaque su trabajo porque son músicos enormes. Yo siempre digo que todo lo que no me invite y me fuerce a cantar mejor no me sirve. Y ellos lo hacen”.

 
ARCÁNGEL, De Huelva a la heterodoxia

“Soy bastante revolucionario y muy crítico cuando veo que se falta a la verdad”.

Foto: Óscar García

 

No le importa colocar a gente dispar como Cortés y De Morón sobre el escenario porque dice que es un reto que “le pone”. Tampoco tiene miedo a probar cosas, porque cree que el flamenco tiene que ir superando manías y adaptarse a los tiempos. “Aún conviven generaciones muy confrontadas: unos son muy aperturistas y otros aún se rigen por las coordenadas de hace treinta años”. No hay más que escuchar sus cantes para entender que él lleva puesto el traje de la tradición. Eso sí, no permite que le apriete. “No se puede usar como arpón para atacar la creación. Yo ahí me desligo de esos que se convierten en albaceas de lo que es y no es flamenco”.

“Mientras tengamos la tonta idea de que cuando se abre a más gente pierde su esencia... ¡Aclarémonos! El flamenco no tiene esencia, la tiene quien lo hace y es capaz de emocionar al público o llevarlo a su mundo”

Él, siguiendo la senda de Morente, se ha atrevido también a actuar con un coro de voces búlgaras y ha dado un paso osado: cantar en una ópera. Fue en “El público”, obra de Federico García Lorca dirigida por Mauricio Sotelo para el Teatro Real de Madrid en 2015. Este cantaor, que al contrario de muchos colegas no aprendió el flamenco en casa, cree que lo jondo conseguirá expandirse. “Pero no mientras tengamos la tonta idea de que cuando se abre a más gente pierde su esencia. ¡Aclarémonos! El flamenco no tiene esencia, la tiene quien lo hace y es capaz de emocionar al público o llevarlo a su mundo”.

Arcángel habla con pausa. Charlando saca una voz más ronca que la laína que utiliza para cantar. Cuando va entrando en conversación, se le robustece el tono y también le sale el carácter. “Soy bastante revolucionario y muy crítico cuando veo que se falta a la verdad”. Lo dice porque, antes de la entrevista, Estrella Morente, su comadre, protagonizó una regañina a los políticos durante los actos de conmemoración del día de la Comunidad de Madrid. Arcángel comparte su gesto, aunque él, a pesar de haber soltado en diversas ocasiones “alguna perla”, ha tenido más enfrentamientos con políticos, críticos y promotores cara a cara que en público.

Este flamenco sin familia de sangre jonda, que aprendió por su cuenta cuando a los 9 años participó en su primer concurso de fandangos, está de gira con espectáculos de pequeño formato para presentar “Tablao”. Antes de irse, le pedimos que cite un par de artistas emergentes que le encanten. “Una es La Fabi, que tiene una voz increíble. El otro, Kiki Morente, el hijo de Enrique, que ha crecido mucho artísticamente”. Cita a Enrique hijo y lo hace convencido, pero algo parecido al pudor le asoma a la cara. Es algo normal cuando se elogia a un hermano.

Etiquetas: 2010s, 2015, 2016, flamenco, Huelva
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