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BARBARA, La última dama

La gran señora.
Foto: Nico van der Stam

 
 

REVISIÓN (2017)

BARBARA La última dama

“Chanteuse de minuit”, “Longue dame brune”, “L’aigle noir de la chanson”... Chándal negro aterciopelado, cabello corto lampiño, fascinante rostro aguileño, pocas entrevistas y una frugal puesta en escena nutrían un aura de misterio que permanecerá sellada para siempre como una bella tumba ignota. ¡Oh, Barbara!

La historia de Barbara (nacida Monique Andrée Serf), poco conocida en España, coincide con el resurgir, conformación y superación de la llamada chanson à texte tal como la conocemos. La imagen peculiar de esta artista total, sus amores, sus manías, su compromiso profesional –también el humano, como no podría ser de otra forma–, además de definir un estilo único, aún servirían para rellenar páginas enteras en las revistas del corazón. Algo esto último de lo que siempre huyó. En cualquier caso, el objetivo de este artículo es repasar los momentos más importantes de su vida artística, intentando obviar los más prosaicos. Si es que esto último pudiera predicarse de la última gran dama de la canción francesa.

La Francia ocupada supuso una época terrible, dentro y fuera del hogar, para Monique y su familia judía. De todo ello habla con crudeza en unas memorias, “Il était un piano noir...”, publicadas en 1998: interrumpidas por su propio fallecimiento en 1997, en ellas cuenta que al finalizar la Segunda Guerra Mundial, de vuelta en París, decide cumplir su gran sueño: aprender canto y piano. Para ello se inscribe en el conservatorio de la calle de Madrid y en la academia de Madame Dusséqué. Gracias a esta persona excepcional conoce el arte de Édith Piaf. El flechazo por la chanson y el music-hall es inmediato. Con 17 años, el Teatro Mogador la contrata como corista en la opereta “Violettes impériales”, no sin enseñar antes las piernas en una primera audición para la que se había preparado a conciencia una pieza de Beethoven. La apodan “Bambi”.

Entre 1950 y 1955 aprende el duro oficio de cantante entre Bruselas, Charleroi y París. Antros asfixiantes y ruidosos acogen un primer repertorio compuesto por temas de Piaf, Brassens, el gran Fragson (a quien dedicará en 1981 una emotiva composición), Aristide Bruant y Pierre Mac Orlan. Firma sus primeras canciones con el seudónimo de Andrée Olga. Su debut discográfico se produce en 1955 con el 45 rpm “Mon pote le gitan”, tema popularizado por Yves Montand, cuya vena humorística combinaría en adelante con temas dramáticos de gran carga autobiográfica. Ese mismo año se instala definitivamente en París, aunque tardaría más de cuatro en registrar su primer 10”, “Barbara à L’Écluse” (1959).

Entre 1960 y 1961 dedica dos álbumes, también de 10” (o 25 cm), a las canciones de Jacques Brel y de un engagé Georges Brassens bastante reticente. No es hasta 1962, gracias en buena medida a las delicadas orquestaciones de François Rauber, comilitón de pillastres como Brel, Boris Vian o Serge Gainsbourg, cuando Barbara obtiene su primer éxito discográfico. Se trata de un sencillo de cuatro piezas con clásicos como “Le temps du lilas” y “Dis, quand reviendras-tu?”, ambos escritos enteramente por la futura diva. Por su álbum “Barbara chante Barbara” (1964), primero para el prestigioso sello holandés Philips, donde permanecería hasta el final de su carrera, recibió en 1965 el Premio de la Academia Charles-Cros. Reduce el diploma a jirones durante la ceremonia de entrega como gesto de gratitud hacia sus colaboradores. En 1967 publica su primer álbum de 30 cm (los de ahora), arreglado esta vez por el gran Michel Colombier. Un trabajo sin título específico, algo muy común en la época, que contiene “Ma plus belle histoire d’amour”, canción superlativa dedicada enteramente a su público.

Poco pródiga en el cine o el teatro, en 1970 participa en una comedia musical, la barroca “Madame”, también publicada como LP ese mismo año. De ella proviene su peculiar costumbre de usar mecedora sobre el escenario. En 1971 acepta un papel en “Franz”, primera película dirigida por un belga sudoroso y ligeramente enamorado de apellido Brel. Barbara abriría sus directos durante un tiempo con el tema principal, "Franz valse", como recuerdo a su amigo desaparecido en 1978. En la película “L’oiseau rare” (Jean-Claude Brialy, 1973), da vida a un personaje inspirado en Maria Callas. Con ella compartía apego a la soledad y un extraordinario parecido físico. El mismo que Jeanne Balibar, exmujer de Mathieu Amalric y protagonista de “Barbara”, un antibiopic musical estrenado este mismo año en el festival de Cannes.

“L’aigle noir” (1970), “La fleur d’amour” (1972), “Amours incestueuses” (1972) y “La louve” (1973) completan una discografía impecable en estudio que culminaría, con la voz muy tocada tras quince años de silencio, con el crepuscular “Barbara” (1996).

 Vídeo de "Le soleil noir", tema titular del álbum de 1968.

CRONOLOGÍA

1930. Monique Andrée Serf nace el 9 de junio en el Distrito 17 de París, de madre moldava y padre alsaciano.

1964. Se consagra en el teatro Bobino de Montparnasse como telonera de su admirado Brassens.

1974. Tras una despedida a lo Brel en la prestigiosa sala Olympia de París en 1969, retorna a los escenarios iniciando una segunda etapa de éxito masivo en los países francófonos, así como también en Japón e Israel.

1982.Recibe el premio nacional de la canción francesa.

1986. Baryshnikov la invita a la Ópera Metropolitana de Nueva York por el bicentenario de la Estatua de la Libertad. Interpreta tres canciones. Ese mismo año estrena el musical “Lily Passion” con Gérard Depardieu.

1989. Se hace instalar en su casa de Précy-sur-Marne una línea telefónica especial para los enfermos de sida.

1994. Última aparición pública en la ciudad de Tours.

1997. Aunque padecía problemas pulmonares, fallece oficialmente por una “intoxicación alimentaria” el 24 de noviembre a los 67 años. Yace en el cementerio de Bagneux, en la orilla izquierda del Sena.

2012. Edición de la caja integral “Une femme qui chante”.

2017. Depardieu y Juliette Binoche le rinden homenaje con respectivos disco y actuaciones. El pianista Alexandre Tharaud publica el recopilatorio-homenaje “Barbara”, con Luz Casal en “Attendez que ma joie revienne”.

 

TRES DISCOS RECOMENDADOS...

BARBARA, La última dama

“Le soileil noir”
(Philips, 1968)

Este álbum no es una elección evidente, pero contiene suficientes gemas para considerarlo una obra maestra. Porque la coherencia estética está presente en todos sus discos. Aquí, en el vals-pianola de “Gueule de nuit”, irresistible tonada parisina escrita pensando en la castiza Régine; en la emocionante “Tu sais”, o en esa trinidad inmaculada formada por “Mes hommes” (dedicada a su sufrido equipo), “Mon enfance”, digna contendiente del tema homónimo de Brel, y la ligereza encantadora de “Du bout des lèvres”. “Le soleil noir” no abusa de dramatismo a pesar de su título, pero goza de la sinuosidad vocal de una Barbara en la cúspide de su talento compositivo, esculpido para la ocasión por un minimalista Michel Colombier.

BARBARA, La última dama

“Amours incestueuses”
(Philips, 1972)

Al archiconocido “L’aigle noir” (1970) se le hacía complicado competir con “Amours incestueuses”, un trabajo que destaca por sus orquestaciones suntuosas y un título solo factible en la Francia de aquella época. Todavía más insólito si consideramos la ficha personal de su autora, quien para este disco cambia de aires en los arreglos contratando a Jean Musy, pero sin prescindir del sempiterno Roland Romanelli al acordeón. Contiene clásicos como “La ligne droite”, a dúo con Georges Moustaki, repitiendo la experiencia de “La dame brune”; “Perlimpinpin”, sobre la violencia infantil, o “Printemps”, con letra de Paul Éluard. Marc Almond rescató el bellísimo tema principal para su álbum francés de 1993. La belleza nos salvará.

 
BARBARA, La última dama

“La louve”
(Philips, 1973)

Este atrevido álbum cierra un ciclo especialmente prolífico para la artista parisina. Marcado por la presencia del joven François Wertheimer, su nuevo compañero sentimental (a quien dedicó en otro lado “L’homme en habit rouge”), que la introduce en la electricidad de Hendrix y Joplin. Pero Barbara no es Johnny Hallyday y el resultado más llamativo, “L’enfant laboureur”, cae derrotado por el poder evocador de la chanson. Ecos disonantes a lo Scott Walker resuenan en cortes como “Les hautes mers” y “La louve”. Un nuevo himno a la desaparición (“Là-bas”) o la portentosa “Marienbad”, inspirada en el filme de Alain Resnais, completan el último gran disco de Barbara, con permiso de “Seule” en 1981.

... Y SU MEJOR CANCIÓN:
“L’aigle noir” (1970)

“El águila negra” supuso el éxito discográfico y radiofónico más rotundo de Barbara. Una canción-denuncia que servía religiosamente, aunque de forma críptica, a la clausura de los “inocentes” años sesenta. En ella rememora poéticamente los abusos sexuales que le infligió su padre antes de abandonar el hogar familiar en 1949. Ominosa figura paterna ya protagonista de canciones como “Au cœur de la nuit” (“he guardado el secreto de esa larga noche sin luna”) o la lóbrega “Nantes”. Hicieron falta solo tres intentos en aquel estudio de París para que tomara forma definitiva este sueño catártico y angustioso donde una águila negra representaba en realidad algo mucho más tenebroso que un simple animal mitológico. Maria del Mar Bonet se atrevió con ella en 1971.

 
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