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BEACH HOUSE, Mirar atrás, mirar adelante

Lo amargo de la depresión y la dulzura de la cereza, juntas para una obra dominada por el amor y la pérdida. Foto: Shawn Brackbill

 
 

ENTREVISTA (2015)

BEACH HOUSE Mirar atrás, mirar adelante

Después de revalidar en 2012 las cotas de “Teen Dream” con el enorme pero menos inmediato “Bloom”, el dúo de Baltimore recuperó el sonido frugal de sus inicios para su quinta entrega. El amor, la pérdida y cómo desdramatizarla, incluso en caso de muerte, convirtieron “Depression Cherry” en una celebración vitalista. Ya lo dijo la escritora Banana Yoshimoto, una de sus influencias: “El flujo del tiempo es algo que no puedo detener”. Ramón Fernández Escobar entrevistó al dúo en Madrid.

Victoria Legrand y Alex Scally, tres años después. Esta vez la visita es en un hotel de la Gran Vía madrileña, marco terrenal que contrasta con el sacrosanto espacio adonde parece transportarse el dúo sobre los escenarios. No importa el tamaño, el recogido del Neu! en un Primavera Club, por ejemplo, o la amplitud de La Riviera a la que regresarán en noviembre, dos días después de actuar en la barcelonesa sala Apolo.

“Siempre buscamos esa especie de trance, aunque no lo logremos cada vez”, se arranca Alex. El guitarrista ejerce de extrovertido, frente a una Victoria más fría de primeras pero también partícipe: “Para los seres humanos existe la mística del escenario. Pones a cualquiera sobre él y la genta mira. Tenemos mucho amor y respeto por el directo y su energía, que es diferente de la que necesitas para coger el bus a la oficina”. “Y, en nuestro caso, no se basa en la agresividad, como ocurre con muchas bandas, sino que se mueve hacia adentro”, apostilla el guitarrista. Antes de insistir en la liberación sobre las tablas: “Se trata de abandonar la realidad y sentirte en otro universo distinto por completo. El mismo lugar sagrado donde se escribe la música”.

“Siempre buscamos esa especie de trance, aunque no lo logremos cada vez... Para los seres humanos existe la mística del escenario. Pones a cualquiera sobre él y la genta mira. Tenemos mucho amor y respeto por el directo y su energía, que es diferente de la que necesitas para coger el bus a la oficina... Y, en nuestro caso, no se basa en la agresividad, como ocurre con muchas bandas, sino que se mueve hacia adentro... Se trata de abandonar la realidad y sentirte en otro universo distinto por completo. El mismo lugar sagrado donde se escribe la música”

Hasta ahí la geografía espiritual. Porque las canciones del quinto álbum de estudio de Beach House, “Depression Cherry” (Sub Pop-Bella Union-[PIAS] Iberia & Latin America, 2015), se han escrito en Baltimore, como de costumbre. La ciudad donde residen (“después de vivir largo tiempo en Filadelfia o Francia, ya no soy de ningún sitio”, aclara Victoria) y a cuyas convulsiones dedicamos capítulo desgajado. “Es un sitio con lo que yo llamaría personalidad”. La definición de Baltimore de la vocalista coincide, de forma no sorprendente, con el enfoque idiosincrático de Beach House a la hora de componer o grabar. “Nuestro local de ensayo es como el estudio para un artista plástico. Y cuando componemos no pensamos ni en el pasado ni en el futuro. Supone, de algún modo, comenzar de cero, aunque sigamos siendo nosotros. Ahora estábamos deseando hacerlo otra vez y, como siempre, ser nosotros mismos”. Y lo que les ha salido es “un retorno a la sencillez, con las canciones estructuradas alrededor de una melodía y menos instrumentos”. Un abandono de la grandeur de “Teen Dream” (Sub Pop-Bella Union, 2010) y “Bloom” (Sub Pop-Bella Union, 2012) que les ha llevado un año más de los dos habituales, en su caso, entre disco y disco. “Nada que ver con el marketing, ha sido una cuestión de ritmo natural”. Les creemos, visto cómo filtran sus préstamos publicitarios: a una firma automovilística le negaron en su día el uso de “Take Care”.

Para chulo, mi sonido. Que se lo digan a Victoria: “El de Beach House es nuestro, de Alex y mío; a diferencia de muchas bandas, hemos logrado uno propio. Por eso no es una contradicción, pese a esta vuelta al minimalismo, que el coproductor de ‘Depression Cherry’ sea Chris Coady –igual que en “Teen Dream” y “Bloom”–. Es de Baltimore, lo conocimos en uno de nuestros shows y resulta excelente desde el punto de vista tecnológico”. Alex lo detalla: “Pongamos que tenemos un órgano, y Chris dice que va a emplear cierto micrófono y una determinada ecualización. Y entonces nosotros probamos y decimos: ‘Este es el sonido’ o ‘No nos vale, tiene que ser más cálido y difuminado’. No admitimos consejos ni recomendaciones desde el punto de vista musical. Cuando entramos en el estudio llevamos los arreglos y los instrumentos planeados”.

En la concepción del disco ya se había fomentado la renuencia de Beach House a la agresión sonora: “Pusimos símbolos por todas partes del tipo ‘shhh’, y acabamos no escribiendo nada que llevara batería. Prácticamente desaparece, en comparación con su papel considerable en ‘Bloom’”. Aquel trabajo previo se grabó en Sonic Ranch, impresionante complejo en la ciudad texana de Tornillo (sí, saben lo que significa en castellano), frontera con México, muy cerca tanto de Ciudad Juárez como de El Paso. Esta vez, han optado por el Studio In The Country, en Bogalusa, Luisiana. “Otra instalación increíble en una localidad muy pequeña. En Tornillo, interactuamos más con el exterior y palpamos la gran ciudad en El Paso. En medio de la nada donde está Bogalusa –zona de industria maderera y papelera; significa “agua oscura” en americano nativo–, nos mantuvimos mucho más concentrados en el estudio”, relata Victoria.

Y es momento de desmenuzar ese título agridulce del que ella presume, como letrista de la banda: “Nunca nadie había unido ambas palabras”. Lo amargo de la depresión y la dulzura de la cereza, juntas para una obra dominada por el amor y la pérdida, en diferentes variantes, sin que la Legrand sea partidaria de dar detalles contra la libre imaginación del oyente. Las pistas llegan por vía melómana y literaria.

 
BEACH HOUSE, Mirar atrás, mirar adelante

Entre tinieblas. Foto: Liz Flyntz

 

Capítulo Van The Man. Victoria ríe cuando oye el sobado (no tanto para ella, parece) apodo de Morrison por parte del periodista. Pero es Alex el que se explaya sobre el norirlandés y su “Into The Mystic”: “Nos enamoramos de esa canción –pertenece a “Moondance” (1970)– durante la mezcla de nuestro disco. Vi en ella algo muy próximo a lo que estábamos haciendo y se estableció una profunda conexión personal”. “When the fog horn blows, I want to hear it / I don’t have to fear it”, reza la letra morrisoniana, y Alex la disecciona: “Transmite una especie de celebración. Cualquiera que sea la llamada –ese cuerno de la niebla que suena–, por mucho que signifique algo muy malo, incluso la muerte, no hay que temerla. Van no quiere tener miedo al hecho de que seamos moléculas que van y vienen hasta convertirse en polvo. Ahí reside para mí una gran parte del sentimiento de ‘Depression Cherry’”.

Se lo pregunta Beach House en uno de los nuevos temas, “Space Song”: “When it falls apart, / what makes this fragile world go round?”. Victoria responde al porqué del mundo rodando aun cuando se desmorona: “Tienes una sola vida y no sabes qué va a ocurrir. Así que no queda otra que vivir el momento”. Interviene Scally: “Existe una cultura de la muerte muy aburrida, sobre todo en Estados Unidos. La gente no quiere ni oír hablar ni pensar en ella; hasta esconden a los ancianos con ese fin”. Y matiza Legrand: “Tampoco queremos que esto se perciba como una obsesión por la muerte. La clave de todo es la vida, afrontar lo bueno y lo malo. Y la música, no importa de qué tipo, celebra dicha experiencia de vivir”.

Igual que una de las acepciones de mystic en inglés habla de lo oculto, Beach House aprecia el misterio. Legrand a la palabra: “Algo difícil de fabricar, lo veo más bien como un arte en peligro de extinción, y casi un lujo en nuestra era”. Ellos no se exponen en exceso en las redes: “Lo ordinario lo mata todo; no quiero conocer el día a día ni de mis amigos”, sentencia Alex. Los dos admiran a artistas misteriosos como Dylan, cuyo “Mr. Tambourine Man”, sin saberlo, verbalizó el feeling del que querían empapar “Bloom”: aquel “bailar bajo el cielo diamantino / agitando libremente la mano”.

“Tienes una sola vida y no sabes qué va a ocurrir. Así que no queda otra que vivir el momento... Existe una cultura de la muerte muy aburrida, sobre todo en Estados Unidos. La gente no quiere ni oír hablar ni pensar en ella; hasta esconden a los ancianos con ese fin... Tampoco queremos que esto se perciba como una obsesión por la muerte. La clave de todo es la vida, afrontar lo bueno y lo malo. Y la música, no importa de qué tipo, celebra dicha experiencia de vivir”

Dylan cuenta con compañía en el santoral de compositores clásicos del dúo de Baltimore. “Somos grandes amantes de la composición tradicional, en la que la canción es el centro. Aunque ya no padezco mi miedo de hace tres años: gustar a muchos solo por el sonido y que ni escuchen las canciones. Lo dije como respuesta a cierta tendencia en el mundillo musical. Ahora no lo veo como algo tan malo”, confiesa Alex. Victoria le releva: “Con los años te vuelves más profundo y percibes realmente lo difícil de comunicar el universo como hacen Dylan o Morrison. Mentes maestras, casi figuras religiosas”.

La cofradía de idolatrados incluye también fenecidos tiempo ha. Para muestra, la mención a John Lennon por parte del dúo en el anuncio oficial de “Depression Cherry”. A él, a Roy Orbison y a sus respectivos óbitos: las fechas de sus muertes están encuadradas en el período de grabación del álbum. “Aislados en el estudio, conversamos mucho sobre la forma de cantar y sentir de ambos, de su enorme influencia. Y alguien dijo: ‘¿Sabéis que hoy justo se cumplen años de la muerte de John?’”.

El fallecimiento de Lennon inspiró el hit de Mike Oldfield “Moonlight Shadow”. Y este, la novela homónima de 1986 de la escritora japonesa Banana Yoshimoto sobre una chica cuyo novio fallece. Otro de sus libros, “Kitchen” (1988), figura entre las influencias de Beach House para su nueva entrega. La trama gira alrededor de la muerte de la abuela de la protagonista: espejos extra de amor y pérdida para “Depression Cherry”. Así como otros cortes del disco parecen hablar de la necesidad de sobreponerse a la ruptura de relaciones sentimentales, “Days Of Candy”, con sus recuerdos de infancia, sus sones de réquiem y líneas como “I know it comes too soon / the universe is riding off with you”, se antoja de trasfondo mortuorio. “Cada ser humano experimenta eso en algún punto. Los dos leímos ‘Kitchen’ el año pasado. Nos encanta su humor: no hay ningún párrafo devastador pese a lo terrible del asunto”.

Los influjos aventados de antemano por Beach House a propósito de “Depression Cherry” incluyen lecturas filosóficas e, incluso, científicas. Schopenhauer es el filósofo en cuestión, vía “Parerga y Paralipómena”(1851), su última obra publicada y artífice de que por fin alcanzara la fama en el tramo postrero de su vida. Entre los apartados del libro figuran los “Aforismos para la sabiduría vital”. Y Victoria y Alex se fijaron en uno que decía esto: “Mayormente, es la pérdida la que nos enseña el verdadero valor de las cosas”. Lo aseveró el pensador alemán y ahora, aunque no escarmentemos, parece obvio. En otra letra del álbum, la de “Bluebird”, se intuye un ejemplo de alguien que cae tarde en la cuenta, después de haber sido quizá demasiado posesivo: “I would not ever try to capture you / Bluebird / Where you gonna go now”. U otro sobre apreciar lo que queda tras la marcha: “What’s left you make something of it”, canta Legrand en “Wildflower”.

La flecha del tiempo. Un concepto acuñado en 1927 por el astrónomo británico Arthur Eddington sobre la dirección irreversible del mismo. Beach House citan un libro reciente donde se intentaba popularizar el asunto: “The Arrow Of Time. The Quest To Solve Science’s Greatest Mistery” (Peter Coveney y Roger Highfield, 1991). “Invitamos a la gente a pensar un poco sobre otras cosas, no nos gusta lo superficial que se ha vuelto buena parte del pop. La música nos toca muy dentro y creemos en su poder”.

Tanto convencerse para saber mirar adelante tras derrotas, desgracias y contratiempos aboca a una pregunta in extremis: ¿qué pasaría si alguna vez los actualmente aclamados Beach House perdieran el favor de la crítica? La sobrina de Michel Legrand, la que reconoce su amor por Serge Gainsbourg (el spoken word de “PPP” suena a él), lo resume: “Si ocurre lo de dejar de ser ‘critics’ darlings’, ocurre. C’est la vie”.

 

La llama de Baltimore

El cuartel general de Beach House radica en la ciudad más populosa del estado de Maryland. De Baltimore sabíamos, desde un punto de vista satírico, por las locas comedias de John Waters. “En verdad, hay un cierto vínculo con lo que él exagera: Baltimore es ‘a crazy city’, con mucho fuego interior en su carácter”.

Victoria no pretende cultivar el humor negro en absoluto. Pese a que Baltimore, cuna de Alex, acababa de ser actualidad en el momento de esta entrevista por los disturbios tras la muerte de un detenido por la policía, Freddie Gray. Al revés: “Los medios solo han querido amarillear los sucesos”, asegura. Alex recoge la antorcha: “La cosa ya está tranquila, pero era algo absolutamente necesario: que la gente sin representación hiciera oír su voz. Lo opuesto sería dejarse pisotear. La prensa solo quiere mostrar afroamericanos violentos, no la verdad y complejidad del problema: cómo toda una generación entra a la vez en declive mientras los puestos de trabajo se van, por ejemplo, a China. Las autoridades no quieren saber nada de ciertas partes de la ciudad”. Turno para Legrand: “La serie ‘The Corner’, de David Simon, es un magnífico ejemplo para conocer esa realidad”. Alex va más allá: “Leí a los 18 el excelente libro de Simon en el que se basa. Combina un relato histórico y socioeconómico sobre Baltimore y la era posindustrial, a la vez que se narra la existencia de familias reales con las que el autor estuvo conviviendo dos años”. Para Simon, después de dicha serie, llegaría la excelencia con “The Wire”

 
BEACH HOUSE, Mirar atrás, mirar adelante

Amigos de las versiones...
¿Sí o no?

 

 Beach House y las canciones ajenas

Tony, Caro & John: “The Snowdon Song”.

No parecen Beach House demasiado proclives a las versiones. ¿O sí? La sorpresa irrumpió a toro pasado de su primer álbum, “Beach House” (Carpark, 2006): el disco incluía un cover sin declarar. Lo que habían llamado “Lovelier Girl” era, en realidad, “The Snowdon Song”, de Tony, Caro & John, trío folk-rock británico de los primeros setenta que se miraba en el ejemplo de The Incredible String Band. Ambas partes arreglaron pronto un acuerdo.

Daniel Johnston: “Some Things Last A Long Time”.

En “Devotion” (Carpark, 2008), su segunda entrega, La Casa de la Playa registró una aproximación a Daniel Johnston. El tema pertenece a Johnston y a Jad Fair, el de Half Japanese, y figura en un álbum del primero de 1988, “1990”. “Daniel adora a los clásicos”, se justifica sin necesidad Scally, en referencia a la legendaria fijación de aquel por los Beatles.

Queen: “Play The Game”.

El glorioso y pantagruélico álbum colectivo “Dark Was The Night” (2009), vigésimo de Red Hot Organization en su batalla contra el sida, contaba con un corte solo para iTunes: la versión de “Play The Game” por parte de Beach House. “Me alegro de haber versionado a Queen”, quiere dejar claro Legrand. Aunque la risa de Scally parezca admitir que la banda de Mercury y compañía no goza de tanto prestigio como las vacas sagradas que admiran.

Grizzly Bear: “Slow Life”.

En la banda sonora del filme “La saga Crepúsculo: Luna nueva” (Chris Weltz, 2009), se recoge un tema que ambientaba cierta escena acuática. “Slow Life” se llama, lo escribió Grizzly Bear y la banda contó con Victoria Legrand para cantarlo a medias. Y, puestos a hablar de presencias parciales de Beach House en temas ajenos, The Weeknd sampleó dos canciones de Beach House (“Master Of None” y “Gila”) en su mixtape de 2011, “House Of Balloons”

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