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BEN FROST, Cazafantasmas

La música de Frost no es el resultado de un juego de pautas estéticas, sino el fruto de un impulso puramente visceral.

Foto: Bjarni Gríms

 
 

ENTREVISTA (2010)

BEN FROST Cazafantasmas

En ocasiones extraordinarias, las afirmaciones más superlativas no alcanzan a capturar la esencia de una obra. “Necesitamos un léxico mejor para describir la música”, opinó en esta entrevista de Ruben Pujol el responsable de “By The Throat” (2009), un disco de belleza perturbadora, entre el noise homicida y un expresionismo contemporáneo. Cuando las palabras fallan, cuando las ideas escapan a las categorías, la música solo puede definirse por negación. Escuchen a Ben Frost.

1. Ben Frost no es un músico. Ni siquiera es un compositor experimental en la acepción más radical y desafiante, ya sea en el ámbito de la música contemporánea, el doom o la electrónica. Su relación con la música podría explicarse como una aproximación renacentista, un artista total que más que emociones busca crear experiencias de carácter existencial. Instruido en el piano clásico, agitador de la escena post-punk de Melbourne –su composición “Music For Six Guitars” está estrechamente vinculada con la obra de Glenn Branca–, descubridor tardío de Swans y Big Black y amigo del death metal, Frost se trasladó en 2004 a Islandia para formar parte de la pequeña comuna musical organizada alrededor del estudio Greenhouse que Valgeir Sigurdsson dirige en Reikiavik. En ese entorno cuasi hermético, su obra creció desde un ambient más o menos convencional en la línea de artistas de lo atmosférico como Fennesz –“Steel Wound” (Room40, 2003) es su primer trabajo largo en solitario, todavía en su etapa australiana– hasta cristalizar en “Theory Of Machines” (Bedroom Community, 2007), una obra mayor inspirada en el amor destructivo de Michael Gira, ruido blanco de guitarras y drones cegadores subrayados por ritmo industrial y un piano que anuncia la inminencia de algo terrible. Ese algo tendría ojos de lobo y se llamaría “By The Throat” (Bedroom Community-Popstock!, 2009).

“‘By The Throat’ es una celebración del placer nocturno y carnívoro. Es algo que proviene de fuerzas primarias, elementales. Mi intención no era centrarme en la música en sí misma, sino en el drama que tiene lugar en su interior”

“El sonido de ‘Theory Of Machines’ es mucho más frío. Se trata de un trabajo más clínico, casi quirúrgico, cuya intención era revelar la estructura mecánica interna de un objeto sónico. ‘By The Throat’, en cambio, es una celebración del placer nocturno y carnívoro. Es algo que proviene de fuerzas primarias, elementales. Mi intención no era centrarme en la música en sí misma, sino en el drama que tiene lugar en su interior. No quería construir una narrativa o reflexionar sobre espacios preexistentes; mi voluntad era crear nuevas realidades, un espacio tridimensional donde colocar al público y mantenerlo ahí hasta el final”, explica.

2. Ben Frost no es un científico. Si bien su método de investigación y composición toma procesos y técnicas de los laboratorios de ideas de la tradición contemporánea –la arquitectura minimalista de Philip Glass, la experimentación calculada de John Cage o las grabaciones de campo de la música concreta–, la música de Frost no es el resultado de un juego de pautas estéticas, sino el fruto de un impulso puramente visceral: “No establezco reglas antes de empezar. Me lleva mucho tiempo hacer discos, y seguramente por ello me interesa el arte que no es cíclico, que centra su interés en distintos aspectos o temas y no se repite. Entre un disco y otro leo cosas distintas, veo cosas nuevas, absorbo nuevas experiencias, y en última instancia todas esas cosas acaban filtrándose en la música”.

Así, de acuerdo con su concepción del arte como un proceso orgánico, el nuevo disco de Frost, si bien mantiene los niveles asesinos de intensidad, introduce una paleta más rica de recursos: “Cuando acabé ‘Theory Of Machines’ sentí de nuevo un interés por volver hacia la instrumentación acústica, pero no fue una decisión consciente. El resultado final no proviene de un plan preestablecido, sino que viene determinado por pequeñas tomas de decisiones en muchos y muy diversos aspectos que finalmente en conjunto hacen un disco diferente. Puede depender simplemente de escoger un piano de roble, que suena más oscuro, más germánico, en lugar de uno con un sonido más brillante, más escandinavo. O en el hecho de elegir un micrófono con un sonido más limpio y no otro con un sonido más turbio y viejo. Ese tipo de decisiones acaban determinando el resultado final aunque no sean decisiones absolutas”.

 
BEN FROST, Cazafantasmas

“Hacer música para los demás es diseño. Yo hago música para mí mismo”. Foto: Bjarni Gríms

 

3. Ben Frost no es fácil. Es un artista exigente y determinado, un hombre con una misión personal: “Hacer música para los demás es diseño. Yo hago música para mí mismo”. Y para escribir su particular tratado sobre el lobo estepario que es él mismo, Frost ha encontrado en Islandia el ambiente aislacionista ideal que encaja con su carácter: “Apenas escucho música. Creo que puede ser perjudicial para mi trabajo. Supongo que si mi música es difícil de clasificar se debe a esa desconexión con lo que está pasando en el resto del mundo. Y supongo que el hecho de vivir en Islandia también influye. La música moderna me aburre mortalmente. En la electrónica actual solo oigo máquinas haciendo exactamente lo que han sido diseñadas para hacer. Me interesa mucho más la música que sangra”.

“By The Throat” no es, por tanto, solo un disco; es un espacio físico de angustia ontológica, una tundra psíquica oscura y desolada, cubierta por una manta de frío donde la amenaza se materializa con feroz intensidad a través de una gran diversidad de elementos –los aullidos de una manada de lobos o un clavicordio, la llamada de las ballenas asesinas, el cuarteto de cuerda Amiina o el sonido de la respiración artificial– supeditados a un expresionismo global como único objetivo: “No me interesa hacer canciones, me interesa hacer álbumes. Todos mis discos son trabajos conceptuales, y eso va más allá de la música. Sónicamente, como en casi todos los ámbitos de la vida, la verdad es más extraña y cautivadora que la ficción. El tono del rugido de un león es mucho más poderoso y verdadero que el mismo tono producido por un sintetizador. Necesito sentir una conexión física con la música, y si bien creo que mi trabajo está profundamente enraizado en la melodía y en la armonía, la manera en que se expresa me trae sin cuidado”.

“La mayor parte de la gente destaca de mi música lo oscura y lo intensa que es. Y lo comprendo, pero creo que lo que mucha gente tal vez no percibe es la capacidad que tienen esos conceptos para expresar sentimientos de felicidad; un tipo diferente de felicidad, como la que se puede sentir corriendo en la nieve entre lobos”

4. Ben Frost no es malvado. Aunque sin duda su música coloque al oyente en una situación inquietante, su voluntad es casi pedagógica: desafiar las construcciones morales y mostrar la belleza que yace en el reino de lo oscuro y de lo paranormal: “La mayor parte de la gente destaca de mi música lo oscura y lo intensa que es. Y lo comprendo, pero creo que lo que mucha gente tal vez no percibe es la capacidad que tienen esos conceptos para expresar sentimientos de felicidad; un tipo diferente de felicidad, como la que se puede sentir corriendo en la nieve entre lobos. No hago este tipo de música porque sea una persona maníaco-depresiva o un hombre perpetuamente instalado en el odio. Disfruto con la música, siento placer con ella. Sé que es música ‘oscura’ y ‘agresiva’, sea lo que sea lo que eso signifique, pero con el tiempo me he dado cuenta de que lo interesante es ser capaz de controlar esas emociones, en lugar de que ellas te controlen a ti”.

Así, durante la hora que dura “By The Throat”, el oyente se convierte en paciente para exponerse a un enfrentamiento entre la soledad metafísica del hombre y la crueldad salvaje de la naturaleza en el escenario de un angustioso paisaje sónico entre la agresión noise y la electroacústica. Frost quiere ponernos cara a cara con nuestros miedos. En ese contexto, el extraño contrapunto de la referencia pop que realiza a la película “Los cazafantasmas” (Ivan Reitman, 1984) en dos de los pasajes más violentos del disco, las canciones “Peter Venkman Pt I” y “Peter Venkman Pt II”, debe entenderse como una provocación para una sutil reflexión cultural sobre el uso del miedo en la sociedad moderna: “Con esta referencia al personaje de ‘Los cazafantasmas’ –el más irreverente de los tres, interpretado por Bill Murray– pretendía subrayar una especie de giro fundamental en la manera en cómo la gente experimenta el mal que se ha producido en algún momento de la última década, la manera en que el drama se transmite mediáticamente, especialmente en el cine. Desde mediados de los noventa, las películas que tienen que ver con amenazas a la especie humana, ya sean aliens, fantasmas o el Armagedón, están basadas en infundir el miedo. Por el contrario, en los ochenta, películas como esta, ‘Gremlins’ o ‘E.T.’ trataban esos mismos temas con humor y cierto placer en el caos, y ese personaje creo que resume muy bien la idea principal del disco, que es que la oscuridad también puede ser disfrutable”.

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