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BENJAMIN CLEMENTINE, Buena historia, buen músico

Una historia verdadera.
Foto: Micky Clement

 
 

ENTREVISTA (2015)

BENJAMIN CLEMENTINE Buena historia, buen músico

Autodidacta. Homeless durante un tiempo. Aficionado a tocar el piano de cola con los pies descalzos. Benjamin Clementine parece un personaje interesante con una gran historia, pero, además de eso, es un músico e intérprete a considerar, en algún lugar (de difícil descripción) entre Nina Simone y el Léo Ferré en modo spoken word. Juan Manuel Freire habló con esta revelación de la música inglesa meses antes de que le fuese concedido el Mercury Prize 2015.

En ocasiones, una buena historia parece imponerse a una buena música. Adquiere tanto protagonismo que, al final, las canciones parecen lo de menos, y lo importante es el personaje que las toca. Cuando se habla del músico inglés Benjamin Clementine, se habla, sobre todo, de su historia: cómo dejó la escuela a los 16, tuvo un encontronazo con su familia y escapó de Edmonton para acabar homeless en Candem; cómo dos años después, ya en París, siguió durmiendo en las calles, antes de vivir en un hostal.

“Puedes vivir sin casi nada. Y puedes tener fe, aunque no tengas nada. Al final siempre habrá un mañana. No es algo que le desee a nadie, pero es una de las razones por las que mi música es como es”

Por mucho que le disguste que solo le pregunten sobre ello, Clementine admite la importancia de esa experiencia, la de vivir en la calle, en su música y, sobre todo, su forma de cantar, en la que aún resuena la desesperación de aquellos días. “Esa clase de vida formó mi espíritu”, explica. “Es algo que ha influido en mi forma de ver la vida y el mundo. ¿Sabes? Puedes vivir sin casi nada. Y puedes tener fe, aunque no tengas nada. Al final siempre habrá un mañana. No es algo que le desee a nadie, pero es una de las razones por las que mi música es como es”.

Durante un tiempo, Clementine cantó versiones a cambio de alguna moneda suelta en la estación de metro de Place de Clichy. “Era una forma de ganarse la vida. Yo solo quería un mañana. Si no haces nada, empiezas a pensar en la muerte como una opción”. Fue en el metro donde lo descubrió un amigo de Matthieu Gazier, cofundador del sello Behind, primer mánager de Clementine.

Con buen olfato, Gazier no dejó escapar a un artista del que se ha llegado a decir que es una versión masculina de Nina Simone, suma sacerdotisa del soul. Pero en su debut largo –“At Least For Now” (Behind-Barclay-Universal, 2015)– también hay un alto componente de clásica, la clásica que pudo aprender a solas, como Satie, a base de la escucha infinita de Classic FM. Suele actuar, descalzo, armado de un piano de cola. También están el jazz, el folk... “Al final es todo emoción. Para mí, lo mejor es ser abierto de mente. Si la música viene de un buen lugar, la gente la abraza”.

Llamando a las puertas de Londres desde el cielo de París con la voz de esta especie de Nina Simone resucitada en hombre: Benjamin Clementine, dirigido por Colin Solal Cardo, en el vídeo de “London”.

Para él todo o casi todo es el directo. ¿Qué aprende cuando está en contacto con el público? “Para mí, la música es una forma de tener esperanza, de tener buenos sentimientos sobre uno mismo. Y soy consciente de cuánto necesita eso la gente. El amor y la confianza son las cosas más importantes. Solo estoy haciendo esto porque la gente debe tener esperanza”. Clementine puede, a veces, no contestar exactamente lo que le pregunto. Y otras veces tengo la sensación de que preferiría estar en cualquier otro lado antes que pegado al teléfono, hablando conmigo. Pero sus respuestas vienen de un buen lugar, así que las abrazo.

“Para mí, la música es una forma de tener esperanza, de tener buenos sentimientos sobre uno mismo. Y soy consciente de cuánto necesita eso la gente. El amor y la confianza son las cosas más importantes. Solo estoy haciendo esto porque la gente debe tener esperanza”

Entre sus influencias no figura, según cuenta, la música africana, aunque sus padres sean de ascendencia ghanesa. “Son británicos, al fin y al cabo; igual que mi abuela. No es que pusieran música africana en casa. De hecho, yo descubrí a Fela Kuti en París”. Sus padres no estaban entusiasmados con la idea de Clementine de dedicarse a la música: “Querían que fuese abogado y que me ganase la vida como una persona normal”. Estudió Derecho durante un año antes de dejar el hogar. “Pero prefiero no hablar de todo eso”.

El cantautor no quiere exhibir su historia personal y que esta, como decíamos, se imponga a la música, pero las letras del disco son muy autobiográficas. “Totalmente”, me confirma. Ya solo en muchos títulos hay referencias directas a lugares que han marcado su lucha vital: “Edmonton” en el EP “Glorious You” (Behind, 2014); “London” y “St-Clementine-On-Tea-And-Croissants” en el álbum... Dice en la ya emblemática “Cornerstone”: “Estoy solo, solo en una caja de piedra / Decían que me querían, pero todos mentían / Estoy solo, solo en una caja mía / Y este es el lugar al que ahora pertenezco”.

Él quita algo de peso a esos versos, aunque parezcan bastante transparentes. “Juego con las palabras. Me encanta la literatura”, dice Clementine, quien asegura sentirse más cerca de la música francesa que de la inglesa por “su atención al detalle en las letras”. Dos favoritos: Jacques Brel y Léo Ferré. Del segundo puede haber heredado el interés por el spoken word: a veces, difumina las melodías para dar rienda suelta a las palabras.

Clementine estará este verano en el Vida Festival de Vilanova i la Geltrú –ya se le pudo ver el año pasado en La Mar de Músicas de Cartagena– para contar, a través de la música, por supuesto, su historia. Que solo acaba de empezar. Él quiere llegar lejos y quiere hacerlo para salvarnos. “Es todo por el ser humano”, afirma. “Estoy muy emocionado. Tengo canciones, tengo ideas. Quiero sonar más rock. Quiero ser sincero. Y no quedarme en un solo género. Tampoco insistir con mi historia, porque todo el mundo tiene la suya”.

Canta en “The People And I”: “Y escribo para la gente y yo / Hablo para la gente y yo”. No quiere dejarnos solos en el viaje. 

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