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BERT JANSCH, Vivir

Cuarenta años desde Pentangle.

 
 

ENTREVISTA (2006)

BERT JANSCH Vivir

En 2005 ingresó en el hospital para someterse a una grave operación de corazón. A su salida se topó con que Beth Orton y una nueva legión de fans proveniente del corrillo de Devendra Banhart se daban de tortas por colaborar en “The Black Swan” (2006). Teniendo en cuenta que desde 1965 Bert Jansch (1943-2011) nunca había dejado de grabar, era absurdo hablar de regreso, pero las características de esa nueva entrega invitaban a considerarla un renacimiento en términos artísticos y comerciales. Fue su último disco. El último de una leyenda del folk británico que paseó su magisterio por Pentangle entre 1967 y 1973. En esta entrevista con Ferran Llauradó, hecha a propósito de “The Black Swan”, Jansch se mostraba optimista con el renacer de un espíritu folk que lo situaba de nuevo en el candelero.

No es la primera vez que el escocés Bert Jansch (Glasgow, 1943) vuelve de entre los muertos, ni tampoco la primera que se deja acoger por manos caritativas. Ya en sus inicios, cuando la escena folk apenas empezaba a despuntar en Edimburgo a principios de los sesenta, Jansch daba la imagen de un tipo tímido y desvalido a quien había que alimentar, acoger o prestarle una guitarra. Algunos de sus correligionarios, figuras hoy olvidadas como Steve Benbow, Alex Campbell o Wizz Jones, recuerdan incluso que, como los viejos bluesmen, Jansch despertaba un irresistible instinto maternal en las mujeres. Las cosas fueron bien hasta 1973, cuando, tras la disolución de Pentangle, el supergrupo de fusión folk-blues-jazz que había formado en 1968 junto a John Renbourn (guitarra), Jacqui McShee (voz), Danny Thompson (contrabajo) y Terry Cox (percusión), su carrera empezó a tomar un rumbo errático, marcado por proyectos desconcertantes de poca fortuna y un cada vez más preocupante alcoholismo. En 1976, sin ir más lejos, durante una desastrosa gira australiana, Bert Jansch y John Martyn, otro alcohólico eminente del folk británico, se liaron a mamporros en un avión en pleno vuelo. A pesar de que Jansch siempre mantenía más o menos el tipo y era capaz de beber ininterrumpidamente sin que se le notara, sus actuaciones empezaban a resentirse y, con la excepción de “Avocet” (Charisma, 1978), sus discos tenían poco de la inspiración de antaño.

“Bebía tanto que ni siquiera podía sostener un vaso. Tenía que quedarme mirándolo fijamente durante un buen rato antes de intentarlo. Y no podía hablar con nadie si antes no me había tomado una copa”

Finalmente, Jansch pasó la década de los ochenta como pudo, girando por Alemania junto a diversas reformaciones desganadas de Pentangle. En 1985, el guitarrista escocés confesó que “bebía tanto que ni siquiera podía sostener un vaso. Tenía que quedarme mirándolo fijamente durante un buen rato antes de intentarlo. Y no podía hablar con nadie si antes no me había tomado una copa”. Primero le afectó el páncreas y luego las arterias: hasta 1989 Jansch continuó tonteando con la muerte. En los años siguientes, ha ido recuperando el pulso vital a pesar de los obstáculos (principalmente, seguir obcecado con reunir periódicamente a Pentangle), lo cual ha coincidido con la recuperación histórica de Nick Drake y una coyuntura cada vez más favorable a la exhumación del folk como género contemporáneo. “En los últimos cinco años me han ido muy bien las cosas –afirma con voz pausada desde el otro lado del teléfono–, aparte del año pasado, en que tuve graves problemas médicos. Pero desde entonces he estado tocando mucho e incluso hace poco la revista ‘Mojo’ me dio un premio por mi carrera, el Mojo Merit Award”.

Primero fueron Johnny Marr y Bernard Butler y más tarde Hope Sandoval (Mazzy Star) quienes se apuntaron a la grabación de los discos “Crimson Moon” (When!, 2000) y “Edge Of A Dream” (Sanctuary, 2002), respectivamente. Ahora son multitud: a “The Black Swan” (Sanctuary-[PIAS] Spain, 2006) se ha sumado la artillería pesada del nuevo folk. Por el disco desfilan Devendra Banhart, Otto Hauser (Espers, Vetiver), Kevin Barker (Currutick Co.), Helena Espvall (Espers) y un inspirado Noah Georgeson, quien se encarga de la producción (ha trabajado junto a Devendra Banhart y Joanna Newsom). Según explica Jansch, fue Georgeson quien inició el tumulto: “Antes de la operación yo ya tenía escrita la mayor parte del disco, que después completé en unas sesiones en Londres junto a David Roback, de Mazzy Star. Fue entonces cuando decidimos buscar a un productor. Pensamos en Jeff Travers, de Rough Trade, pero él nos recomendó a Noah Georgeson, quien toca en el grupo de Devendra Banhart. Fuimos a verlo en concierto al Astoria de Londres, y fue fantástico”.

 
BERT JANSCH, Vivir

“Yo siempre he procurado que las letras estuvieran a la altura, que no desmerecieran las expectativas de quien quiere oír un disco de folk y no solo el trabajo de un buen guitarrista”.

 

A partir de entonces, casi todas las sesiones tuvieron lugar a distancia mediante un intercambio frenético de MP3 que coordinaba Noah Georgeson. Curiosamente, el influjo de Devendra Banhart parece haberle hecho retomar la confianza en el sonido característico que inventó en los sesenta en álbumes como “Jack Orion” (Transatlantic, 1966) o “Birthday Blues” (Transatlantic, 1969). “El resultado es muy similar –dice Jansch– porque estos músicos están haciendo cosas muy parecidas a las que hacíamos nosotros en los sesenta. Devendra, en particular... A veces me parece oír detalles en su música que podría haber compuesto yo mismo. Imagino que no es algo consciente, pero está presente en su música. Es extraño, porque su principal fuente es la música sudamericana”.

Sin embargo, la presencia más refrescante ha sido la de Beth Orton, quien ha permitido a Jansch aunar en un mismo disco el habitual timbre sombrío de su producción en solitario con la luminosidad femenina de Pentangle. “Nos conocimos hace dos años, en el festival Homefires de Londres, y me pidió que le diese clases de guitarra. Le dije que sí y nos hicimos amigos enseguida; de hecho, viene a mi casa muy a menudo. Pero no es cierto que necesite clases; toca bastante bien”.

“Estos músicos están haciendo cosas muy parecidas a las que hacíamos nosotros en los sesenta. Devendra Banhart, en particular... A veces me parece oír detalles en su música que podría haber compuesto yo mismo. Imagino que no es algo consciente, pero está presente”

Precisamente la voz de Orton en “When The Sun Comes Up” y “Katie Cruel” (popularizada por Karen Dalton) es la que cambia el rumbo de un álbum que empieza con los tintes fúnebres de la canción titular y de la elegíaca “High Days”. “En mi imaginación –explica Jansch–, ‘The Black Swan’ es una nave espacial que viaja a través del universo describiendo una circunferencia de la que nunca se desvía. Nunca se detiene. Sigue girando y lo único que puedes hacer es subirte en un punto y bajarte en otro. Pero nada la detiene, la nave sigue girando. En cierto sentido, esto es exactamente lo que ocurre con la vida: naces, te montas en la vida y cuando te mueres te bajas de ella, pero el resto sigue girando. Este es el tema principal del disco”. Es imposible no detectar en esta descripción una cierta torpeza al abordar temas espesos y metafísicos.

Por el contrario, la mayoría de las grandes composiciones de Jansch, desde “Needle Of Death” hasta “A Woman Like You” (que recupera en “The Black Swan”), han destacado por una búsqueda de la simplicidad expresiva que contraste con el embrujo de sus arabescos guitarrísticos. “Todo esto parece muy profundo, pero mi carácter es mucho más sencillo –asegura Jansch–. La mayoría de las veces, lo que me inspira a escribir está relacionado con lo que ocurre a mi alrededor, y es posible que últimamente haya tenido que enfrentarme a situaciones muy dramáticas y duras. Pero mucha gente me ve más como guitarrista que como cantante de folk. Y la verdad es que siempre he interpretado mis propias canciones, desde el principio, pero por algún motivo a muchos les parece que la guitarra, el relleno y el fondo de la canción son más importantes que la melodía y la letra. Siempre me he esforzado en hacer que la guitarra sonara lo más sencilla posible, que los arreglos dieran color a la canción, pero que no la devoraran por completo. Aunque a muchos les parece que mi música solo es interesante por la guitarra, yo siempre he procurado que las letras estuvieran a la altura, que no desmerecieran las expectativas de quien quiere oír un disco de folk y no solo el trabajo de un buen guitarrista”.

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