Marley se identificaba cada vez más con el rastafarismo, y ello le sirvió de plataforma para su misión artística y le metió de lleno en la onda de los nuevos tiempos. Diez años antes, había dejado su huella entre la juventud descastada en los teatros y las calles del centro de Kingston. Sin embargo, en los años setenta los rude boys (los jóvenes de pandillas callejeras) podían dejar de pelearse entre ellos y dirigir su rabia contra las autoridades competentes. Marley estaba en condiciones de representarlos, y así de bien lo hizo en los discos “Burnin’” (Tuff Gong-Island, 1973) y “Natty Dread”.
Además, Jamaica se estaba preparando para vender su imagen al extranjero. En 1972, “Caiga quien caiga” (“The Harder They Come”), la película dirigida por Perry Henzell que catapultó la carrera de Jimmy Cliff, alcanzó un gran éxito y sirvió para presentar la realidad jamaicana en medio mundo. La imagen que proyectaba vendía sufrimiento (“sufferation”, una de las palabras favoritas del argot jamaicano) y gangsterismo adornados con una pátina de glamour cinematográfico. De repente, daba la impresión de que la isla rebosaba de iconos musicales con potencial internacional. Dennis Brown, Big Youth y Max Romeo eran guapos y llevaban dreadlocks, tenían el dogma y el carisma, mientras que Jimmy Cliff gozaba de reconocimiento mundial. Pero Marley era el único que combinaba a la perfección la sensibilidad jamaicana con las ambiciones de internacionalidad.
Marley siempre fue jamaicano hasta la médula. El día después de su boda, en 1966, se marchó del país para reunirse con su madre en Wilmington (Estados Unidos), dejando a Rita Marley sola en la isla. Pero regresó tan solo ocho meses después. Marley era un trotamundos, algo inusual entre sus compatriotas, y no tenía más remedio que absorber las influencias cosmopolitas que recibía.
Durante el invierno y la primavera de 1970, residió en Suecia junto al cantante estadounidense Johnny Nash y su mánager Danny Sims. Este último y el también estadounidense Arthur Jenkins formaron el primer equipo de management y publishing de los Wailers. Luego, cuando Sims y Nash dejaron a los Wailers tirados y prácticamente en la indigencia durante los últimos cuatro meses de 1971 en una casa del norte de Londres (los habían llevado allí para grabar y hacer una gira, pero Sims y Jenkins se largaron a Estados Unidos para promocionar un disco de Johhny Nash), fue Marley quien se esforzó por integrarse en la comunidad negra de la zona. Engendró al menos un hijo en este período.
De vuelta en Jamaica, Marley se rodeó de un círculo de amigos muy concienciados con la causa jamaicana, pero que a su vez tenían mucho mundo. Neville Garrick, por ejemplo, era un rastafari devoto que se había licenciado en UCLA en diseño gráfico y había regresado a la isla cuando Manley subió al poder. Alan “Skill” Cole había estudiado con Garrick en Kingston a principios de los años sesenta, y posteriormente se había convertido en la estrella de la selección jamaicana de fútbol, lo cual le había permitido viajar por todo el mundo. Don Taylor, quien en 1974 reemplazaría a Sims en las funciones de mánager, era un jamaicano avispado que había logrado hacerse camino en Estados Unidos trabajando como mánager de artistas de soul como Little Anthony & The Imperials, Martha Reeves, Chuck Jackson y The Stylistics.