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BOB STANLEY, Saint Etienne

“Ya sé que mucha gente me considera un gourmet del pop. Lo que pasa es que los artistas que me parecen importantes de los últimos quince años no han tenido mucha suerte con las ventas”.

 
 

ENTREVISTA (2008)

BOB STANLEY Saint Etienne

Aunque con su grupo Saint Etienne ha publicado fastuosa música pop, sus canciones también se han caracterizado por aplicar factores de corrección conceptuales a la esencia de ese clasicismo pop tan presente en su obra. En esta entrevista de Víctor Lenore hecha para la antigua sección de Rockdelux Truco o Trato, Bob Stanley aceptó confesarse.

Mi nombre artístico es Bob Stanley, pero me llamo Robert Andrew Shukman. Nací en la Navidad de 1964 en Horsham (Inglaterra). Cuando viajo a Estados Unidos en mi visado pone ‘entretenedor’, pero me siento raro cuando leo esa palabra. Tampoco me considero un artista, sino más bien una persona que escribe. Pete Wiggs, Sarah Cracknell y yo formamos Saint Etienne. Lo que me gusta es contar historias, por eso también me interesa hacer documentales. Ya he participado en algunos, aunque no creo que tengan interés más allá de Londres. Mi próximo proyecto es más universal: intentaré explicar por qué la arquitectura británica se ha vuelto tan blanda. Es parte de un proceso cultural que afecta también a la música. En la época en que vivimos hay una lógica que lleva a que todo se reduzca a un nivel de expresión bastante cutre”.

“Ya, ya sé que mucha gente me considera un gourmet del pop. Lo que pasa es que los artistas que me parecen importantes de los últimos quince años no han tenido mucha suerte con las ventas. Me desarma sobre todo la mala suerte de Broadcast: creo que lo tienen todo para atrapar a un sector amplio del público que compra discos. No doy crédito a que haya imitadores que vendan más que ellos, por ejemplo The Shortwave Set. Estos no

me desagradan, pero siguen siendo una pálida copia. En Estados Unidos han entendido más a Broadcast, al menos tocan en salas del mismo tamaño que nosotros, si a eso se le puede llamar éxito. Posiblemente, son el grupo más infravalorado del pop actual. En menor medida, es algo que también le ha ocurrido a British Sea Power”.

“La última canción que me ha enganchado es ‘Is This Love?’, un single de pop psicodélico de 1967 de un grupo llamado Jon. La melodía es realmente melancólica. Me gusta el barroquismo y las orquestaciones que se usaban entonces en Inglaterra. Ahora escucho muchos más discos viejos que nuevos. Me encantaría ser como John Peel, que compró discos nuevos todas las semanas hasta los setenta años. Lo intento, pero no soy capaz. Escucho algo como The View y el entusiasmo se me evapora. Ya debe de ser la quinta generación que copia de Oasis, que tampoco es que sean muy originales. Ahora estoy bastante metido en los musicales ingleses de comienzos del siglo XX. Es una especie de vodevil británico. Si a alguien le seduce, recomiendo fervientemente la caja ‘Round The Town: Following Grandfather’s Footsteps: A Night At The London Music Halls’ (2000).

 
 
BOB STANLEY, Saint Etienne

“En los primeros noventa se volvió todo muy excitante. Nacían tres o cuatro nuevos estilos o subestilos al año. Para mí, esa explosión es la última escena musical verdaderamente nueva que hemos vivido. Fue brutal la aparición del drum’n’bass. Era una cultura con mucha sustancia”.

 

Antes de empezar tengo que decirte que disfruto mucho con tus artículos en el diario ‘The Guardian’. Me encantó el último: hablabas del suicidio comercial que cometieron OMD con el disco “Dazzle Ships” (1983). Me preguntaba si Saint Etienne habéis tenido algún momento parecido de desconexión total con vuestro público. Puede que sí. “Tiger Bay” (1994) nos hizo perder a todos nuestros fans en Inglaterra. Creo que si después de “So Tough” (1993) hubiéramos sacado algo más pop, tipo “Good Humor” (1998), nuestra carrera habría sido muy distinta. En esa época hacer un disco de folk, aunque tuviera ambientación electrónica, no interesaba a nadie. Fue un movimiento extraño, aunque no tanto como el “Dazzle Ships” de OMD.

Ellos compusieron un álbum basado en su visión de la geopolítica mundial. No sé si te tienta algo así. En alguna entrevista has defendido a Hugo Chávez, pero no me imagino una canción de Saint Etienne en la que se le mencione. Hace poco nos metimos en un programa público de intercambio artístico Londres-Caracas. Algún músico venezolano tocó aquí, pero cuando llegó nuestro turno el programa se evaporó. Es una pena, porque se suponía que íbamos a actuar allí con Pet Shop Boys y habría sido genial. Pero, bueno, no mencionaría a Chávez en una letra porque no creo que funcionara. Las canciones políticas salen mejor cuando estás enfadado por algo, no cuando simplemente crees que las medidas de cierto dirigente pueden significar un cambio a mejor. He tenido mis momentos de enfado. Con la guerra de Irak vimos una apatía muy grande en la sociedad británica. Pasábamos un momento cultural muy chungo con el éxito de Travis y otras bandas que no decían absolutamente nada en sus letras. Creo que Saint Etienne hicimos algunas canciones bastante políticas, como “Amateur” o “Finisterre”. Siempre he creído que no hace falta mencionar la palabra socialismo en una canción para que sea política. Esa es más la idea de Billy Bragg o Paul Weller. También muestras tu visión del mundo en otras cosas, como por ejemplo tratando bien a tus fans.

Siempre has sido un devoto del sello Motown y del pop negro en general. Por eso me interesa saber cuál es tu opinión sobre las divas actuales del R&B. Me gusta mucho el sonido Filadelfia de los setenta y también la energía del comienzo del rap. Creo que nuestros dos primeros álbumes están bastante influidos por la cultura hip hop. Se basan en ‘samples’ y ‘loops’. Cuando empezamos en el pop nadie componía así. Les robamos esa idea básica, pero cantamos en vez de rapear. Nos gustan mucho De La Soul y Digital Underground, entre otros. El soul se hundió totalmente en los ochenta, hay muy poco que rescatar de esa época, de hecho no se me ocurre nada. De las divas del R&B me gustan mucho TLC y las primeras Destiny’s Child, antes de que se volvieran tan exageradas. El problema del R&B es que todo se acaba convirtiendo en acrobacias. Pierde toda la emoción para volverse puro exhibicionismo. Hace poco estuve de jurado en un casting para un grupo de chicas. Todas las aspirantes cantaban exactamente igual, con los mismos gorgoritos y las mismas inflexiones. No eran unas cuantas, sino cientos de chicas. El secreto del éxito comercial de Duffy es que sus asesores le han prohibido cantar en ese estilo circense. Su compacto está pensado hasta el último detalle. Han tardado cuatro años en hacerlo. Le pusieron muchos discos de Dusty Springfield para explicarle lo que buscaban.

Al principio, en vuestra carrera mezclabais tradición pop y elementos de la escena electrónica. ¿Sigues saliendo a bailar? En los ochenta no iba a clubes porque me intimidaban. No estoy seguro de si el problema era mío. En los primeros noventa se volvió todo muy excitante. Nacían tres o cuatro nuevos estilos o subestilos al año. Seguramente, dejé de ir porque me sentí desbordado e incapaz de seguirlos todos. Creo que paré en 1994 o así. Para mí, esa explosión es la última escena musical verdaderamente nueva que hemos vivido. Fue brutal la aparición del drum’n’bass. Era una cultura con mucha sustancia. Tengo un buen recuerdo de los noventa, sobre todo porque de golpe se juntó mucha gente distinta: convivían artistas, ‘hooligans’ de fútbol y personas con trabajos de lo más normal. Se contagiaba la sensación de que era posible cualquier cosa que quisieras hacer con la música, cualquier sitio al que quisieras llevarla. Supongo que tiene que ver con el éxtasis, pero nunca he encontrado una atmósfera tan positiva y relajada. Porque aunque suene extraño, era todo muy tranquilo.

Vuestro próximo lanzamiento es un recopilatorio. ¿De qué estás más orgulloso de vuestra discografía y qué crees que se podría mejorar? Como trabajo de periodista musical, sé que los artistas no son los mejores jueces de su propia obra. Tiendes a mezclar lo musical con lo emocional. Te diría que me encanta “Good Humor”, pero seguramente es porque es la grabación en que mejor me lo pasé. Nos fuimos a Malmö, en Suecia. Vivíamos todos en el mismo apartamento alquilado. No habíamos hecho un disco en cuatro años y sentí que de nuevo volvíamos a ser un grupo. Y Tore Johansson, el productor, era muy excéntrico. Fue divertido, como tu año favorito en el colegio. Musicalmente, creo que vamos a más: “Finisterre” (2002) y “Tales From Turnpike House” (2005) son los que tienen las canciones de las que me siento más orgulloso. En el otro lado, “Sound Of Water” (2000) podría haber quedado mucho más vivo. “Tiger Bay” también podría mejorarlo. Lo que me hace más gracia es que cuando escucho en algún sitio “Foxbase Alpha” (1991) sé que ahora nunca lo publicaríamos. Suena a maqueta y las canciones parecen inacabadas.

A veces una canción sin acabar te llega más que una acabada. Por eso puede ser que sea el disco preferido de muchos de nuestros fans.

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