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BOBBY WOMACK, Fénix de alma digitalizada

El soul de un superviviente.

 
 

ENTREVISTA (2012)

BOBBY WOMACK Fénix de alma digitalizada

Patinazos, adicciones y tragedias familiares no pudieron con el zurdo de Ohio. Su prestigio como cantante, compositor, guitarrista y productor se mantuvo firme. Tampoco piensa dejar ahora que su maltrecha salud le chafe una reaparición a lo grande con “The Bravest Man In The Universe” (2012), soul de aura electrónica impulsado por Damon Albarn y Richard Russell. “Quizá lo mejor esté aún por llegar”, proclama.

Vía crucis de un superviviente: “En marzo tenía dos fechas consecutivas en Houston. Toqué en una, pero no pude cumplir con la otra por una neumonía. Era la segunda que me detectaban en seis meses de muerte: cáncer de próstata, también de colon, un colapso total de los pulmones y diez días en coma conectado a una máquina”. Bobby Womack detalla su trance hospitalario hasta que un amago de visita le ayuda a recobrar el aliento: “Era mi médico, volverá más tarde”. La leyenda del soul confirma su vuelta al directo, librado ya del reciente tumor en el colon: “Comparto cartel este sábado en Detroit con The Isley Brothers. Estoy deseando ver a esos locos. Trabajé con ellos en sus tiempos de Motown”. Y desde su casa en Los Ángeles, el músico de Cleveland derrocha pundonor: “Lo primero que quise tras el alta fue recuperar aquel compromiso de Houston. Mi exmujer, Regina, que sigue siendo mi mánager, no entendía tanta prisa. ¡He estado sobre el escenario toda mi vida y la espera me enfermaba aún más!”.

“Los fondos electrónicos del álbum fueron idea exclusiva de Damon. Yo era remiso, pero a la vez estaba muy intrigado por cómo sonaría así, en los huesos: lo más importante eran mi guitarra acústica, mis letras y mi voz, sin apenas arreglos, porque lo sencillo, sostenía él, nunca engaña. Me relajó escuchar el ruido de mis propias monedas, y ellos consiguieron que me abriera”

 

Los cincuenta años de carrera de Womack pasan por una revitalización gracias a “The Bravest Man In The Universe” (XL-¡Pop Stock!, 2012), el álbum que le han coproducido Damon Albarn y el factótum de XL Records, Richard Russell. Se registró casi entero justo antes de la plaga bíblica contra la salud del soulman: “Tenía que hacerlo, para bien o para mal. Y me enorgullece realmente el disco porque dice mucho de Bobby”. Sin ir más lejos, expone las contradicciones de un músico, además de con gusto por hablar en tercera persona, oscilante entre la old school (“el soul está en regresión, un concierto mío es como ir a misa”) y la apertura de miras: “Los fondos electrónicos del álbum fueron idea exclusiva de Damon. Yo era remiso, pero a la vez estaba muy intrigado por cómo sonaría así, en los huesos: lo más importante eran mi guitarra acústica, mis letras y mi voz, sin apenas arreglos, porque lo sencillo, sostenía él, nunca engaña. Me relajó escuchar el ruido de mis propias monedas, y ellos consiguieron que me abriera”.

Reticente ya se había mostrado Womack cuando le llegó en 2009 la oferta de Albarn para colaborar con Gorillaz. “No me sonaba la banda; mi hija fue la que se entusiasmó”. A la postre, Bobby cantó en dos largos del combo y entre medias participó en su gira mundial: “Me desplomé en la primera sesión por mi diabetes; se me había olvidado comer. Al recuperarme, por supuesto, me ofrecieron un plátano”, bromea siempre al respecto. Womack siente devoción por el ubicuo británico: “No ya por la propuesta de ir al cincuenta por ciento conmigo y Richard en el nuevo proyecto, sino por la confianza que Damon me ha dado. En este negocio todo se mueve muy rápido y cuesta reengancharse tras un tiempo fuera de él”.

Y todo eso pese a los métodos opuestos para concebir los temas en el estudio, donde partieron de cero: “Mientras que yo soy partidario de hacer varias versiones de cada canción y escoger, Damon cree que se debe plasmar espontáneamente lo que pase por tu cabeza. Así que procedimos a su manera”. ¿Más pruebas de la fe de Albarn? “Afortunadamente, me convenció para aplazar un álbum de duetos que tenía ya terminado y que espero sacar pronto, ‘The Best Is Yet To Come’. Cantan conmigo Stevie Wonder, Rod Stewart, Ronnie Isley, Snoop Dogg, la fallecida Teena Marie... Un cúmulo de talentos. Me argumentó que, aunque le complacía, solo reflejaba mi vertiente como vocalista, y que yo tenía otras que era preferible no olvidar”. Como resultado, el primer trabajo de temas originales de Womack en dieciocho años. “¡Quién me iba a decir hace cincuenta que mi regreso se produciría de la mano de un tipo llamado Damon!” (suena como “demonio” en inglés). El humor religioso de Bobby apunta a sus raíces musicales y familiares, al gospel inculcado por su padre: “Trabajaba en una fundición y cortaba el pelo los fines de semana para añadir algún ingreso. Alguien le prometió una guitarra por dos meses gratis de peluquería. Con ella me inicié a los 7 u 8 años. Mis hermanos y yo poníamos la radio y tocábamos a la vez. Si fallabas una nota, debías pasarle la guitarra al siguiente”.

 
BOBBY WOMACK, Fénix de alma digitalizada

“Que haya una parte que la gente cante contigo sintiendo que cualquiera puede ser Sam Cooke o Bobby Womack”.

 

La reconciliación con el pasado juvenil, ya obvia en su disco de gospel “Back To My Roots” (Capitol, 1999), se extiende ahora a la presencia de dos espirituales en el álbum: “Deep River” y el menos conocido “Jubilee (Don’t Let Nobody Turn You Around)”. Su padre murió sin llegar a verla. Había echado a los hermanos Womack de casa cuando se pasaron a lo secular reconvirtiéndose en The Valentinos. Y el inductor de entonces, Sam Cooke, lleva criando malvas desde 1964, asesinado a tiros en un motel con 33 años. Sin embargo, su voz abre el single que canta Bobby con Lana del Rey, “Dayglo Reflection”, dedicado a su madre, fallecida durante la grabación. Cooke subraya cómo la edad aporta sabiduría al escritor de canciones: “Es un pequeño extracto de una entrevista que le hizo Dick Clark”. Aplicable a un Womack camino de cumplir 69 y que en las nuevas letras exuda madurez, arrepentimientos y perdones varios. De hecho, el hombre valiente del título y del tema homónimo es el primero en disculparse, según el texto: una idea de su viejo colaborador y cuarto hombre en los fogones, Harold Payne. “Casi un hermano, aunque me costó convencerlo para el proyecto de cocinar el álbum entre los cuatro”.

“Mientras que yo soy partidario de hacer varias versiones de cada canción y escoger, Damon cree que se debe plasmar espontáneamente lo que pase por tu cabeza. Así que procedimos a su manera... ¡Quién me iba a decir hace cincuenta que mi regreso se produciría de la mano de un tipo llamado Damon!”

Cooke, como mentor, le cargó de consejos: leer, comprarse un buen anillo y un buen reloj para empeñarlos en caso de tener que salir corriendo antes de cobrar, más su clave para componer: “Que haya una parte que la gente cante contigo sintiendo que cualquiera puede ser Sam Cooke o Bobby Womack”. Y el maestro (Bobby tocaba en su grupo y The Valentinos grababan con su sello) lo convenció para que permitiera a The Rolling Stones versionar “It’s All Over Now”, primer número uno (1964) de estos en el Reino Unido. “El tema original del grupo negro solía desaparecer de las emisoras. Yo me enfadé, no entendía nada del negocio entonces. Hasta que llegó el primer sobre por los derechos de autor”. El caso es que el Stone con el que más migas acabó haciendo, Ron Wood (Bobby le produjo en 1975 su segundo disco solista, “Now Look”), aún no militaba en la banda.

Womack tardó en triunfar en solitario porque sufrió un boicot por su matrimonio con la viuda de Cooke, Barbara, solo tres meses después de su muerte (luego se separarían cuando esta descubrió un romance entre su hija Linda y Bobby). Y ejerció un lustro como secundario: miembro de la banda de Ray Charles (terminaron discutiendo) y sesionero en el American Sound Studio de Chips Moman en Memphis. Tocó allí para artistas como Joe Tex, The Box Tops, Aretha Franklin y Elvis Presley (“Suspicious Minds”): “Elvis no era ‘Memphis school’; lo mejor que hizo fue contratarme”, apostilla con desdén. Le suele tildar de ladrón de la música negra, empezando por el célebre ajetreo de pelvis, desde su perspectiva una copia de los bailes en los bares del compositor Robert Blackwell.

El esplendor de Bobby Womack vino de la mano del sello United Artists: grandes discos y muchas tensiones: “Querían que fuera comercial y yo luchaba contra ello. Además, había conocido a Sly Stone –tocó en “There’s A Riot Goin’ On” en 1971–: él predicaba ser sincero al escribir e insistía en que nunca me dejara quitar mi libertad”. A Sly se lo presentó el cantautor Jim Ford, firmante con Womack del “Whatever Happened To The Times” que recupera el nuevo álbum en versión electrónica. Alrededor de Stone había un mundo de adicciones no muy distintas de las que logró superar Bobby, pero no, por ejemplo, Gil Scott-Heron. Su presencia póstuma en el disco (un minimonólogo) resulta agridulce: “En el álbum que le grabó Richard Russell en 2010“I’m New Here”asoma a menudo la muerte. Lo suyo fue algo que conocí: vivir por y para el público”.

 

 

CUATRO PERLAS DE SU LEGADO

BOBBY WOMACK, Fénix de alma digitalizada

“Fly Me To The Moon” (Minit, 1968)

Notable estreno en largo tras unos años como subalterno de otros artistas. Lo produjo Chips Moman en Memphis. Con siete originales y una maravillosa versión del “California Dreamin’” de The Mamas & The Papas, incluía coletazos de los temas de Bobby para Wilson Pickett. “También Janis Joplin grabó mi ‘Trust Me’ e improvisó el día antes de morir ‘Mercedes Benz’ en mi coche, un modelo 600 azul metálico”, apostilla Womack ahora.

BOBBY WOMACK, Fénix de alma digitalizada

“Understanding” (United Artists, 1972)

Algo superior al espléndido “Communication” (United Artists, 1971), donde lucían “That’s The Way I Feel About Cha” y folk y pop llevados a su terreno –“Fire And Rain”, “(They Long To Be) Close To You”–. En este, dos pilares: “Woman’s Gotta Have It” (Bobby desestimó una oferta de un rapero para versionarla como “Bitch’s Gotta Have It”) y “Harry Hippie” (su hermano, asesinado poco después). El niño de la portada, su hijo, se suicidó a los 21 años.

 
BOBBY WOMACK, Fénix de alma digitalizada

“Facts Of Life” (United Artists, 1973)

Tras el soundtrack del blaxploitation “Across 110th Street” (United Artists, 1972) y su temazo principal, reivindicado por Tarantino en “Jackie Brown” (1997), otro gran álbum. Womack se declara “muy orgulloso” de su apropiación del “Nobody Wants You When You’re Down And Out” y transforma en “Natural Man” el “Natural Woman” de Aretha Franklin (tocó en su disco “Lady Soul” de 1968). “Hace poco me vi en un vídeo acompañándola con 19 años”.

BOBBY WOMACK, Fénix de alma digitalizada

“The Poet” (Beverly Glen, 1981)

Bobby dejó United Artists con un flojo disco de country & western, todo un desafío a estereotipos raciales (“siempre he luchado, nací en el gueto”). Años de excesos y la muerte de otro hijo precedieron al milagro de “The Poet”, lleno de suavidad jazz y, como el inferior “The Poet II” (Berverly Glen, 1984), de temas firmados con Jim Ford. El derrumbe del sello lo reviviría con la bancarrota del de Ron Wood nada más publicarle “Resurrection” (Continuum, 1994).

 
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