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BONNIE PRINCE BILLY, El cantante

¿Will Oldham o Bonnie Billy? Sencillamente, el cantante.

 
 

ENTREVISTA (2009)

BONNIE PRINCE BILLY El cantante

Juan Monge entrevistó al gran Will Oldham cuando editó “Beware” (2009), un disco que era el reverso a la mirada hacia el calor de la familia y la intimidad de “Lie Down In The Light” (2008), el anterior, y que daba una proporción desconocida a la voz del cantante de Louisville. Porque así es como quiere definirse el hombre conocido como Bonnie Prince Billy: como un cantante.

Entre coros con apariencia gospel y arreglos de cuerda y viento, Will Oldham ha dejado que su voz gane la altura que ya rozaron discos como “Ease Down The Road” (Palace-Domino, 2001), “The Letting Go” (Drag City-Domino, 2006) o “Lie Down In The Light” (Drag City-Domino, 2008). A partir de un armazón instrumental salvaje, casi autónomo –tocado junto a gente como Josh Abrams (de Town And Country), Michael Zerang y Rob Mazurek (Exploding Star Orchestra, Chicago Underground, Isotope 217)–, pero siempre al servicio de la canción, Oldham explora las posibilidades expresivas de sus letras al cantarlas, filtrando el sentido del humor o la impaciencia en cada nota. Merodea. Husmea. Se esconde. Hace que pistas de una intención concreta (la de contar una historia) parezcan coincidencias.

Entre mis preguntas no hay rastro de su breve papel en la última película de Kelly Reichardt, “Wendy And Lucy” (2008), y apenas hablamos del resto de su discografía. “Beware” (Drag City-Domino-[PIAS] Spain, 2009) centra una conversación por teléfono de apenas un cuarto de hora entre Madrid y Hawái.

“No escribí estas canciones como parte de una misma idea. Si esa historia surgió fue de una forma inesperada y porque era la mejor manera de expresar lo que las canciones necesitaban. Quizá esa relación acaba en la soledad del cantante. Con él conduciendo de noche, dispuesto a creer que sus malas acciones son en realidad buenas, sin saber que hay cosas que es mejor no hacer”
(Will Oldham)

Hay algo en “Beware” que lo convierte en el más certero de todos tus discos. Me refiero a que describe una historia cerrada, que gana significado con cada canción. Es una narración que incluso marca un diálogo interno, que disecciona una ruptura de la que se dan avisos, de la que se enseña un pasado y pistas de un futuro. La acción es anónima pero palpable. Es casi la crónica de una relación enferma, fallida. ¿Cómo pensaste en abordar una historia así y cómo tomó forma al escribir cada canción, conectando sus partes? No puedo explicar algo así, pero creo que entiendo lo que quieres decir. No escribí estas canciones como parte de una misma idea. Si esa historia surgió fue de una forma inesperada y porque era la mejor manera de expresar lo que las canciones necesitaban. No sería capaz de escribir una canción de otra manera. Eso no quiere decir que no las haya pensado o que no me haya preocupado por trabajar en la forma de hacer que encajaran juntas. No puedo tener esa idea sobre estas canciones, no puedo decirte lo que veo en ellas. Pero no niego lo que estás diciendo. Quizá esa relación acaba en la soledad del cantante. Con él conduciendo de noche, dispuesto a creer que sus malas acciones son en realidad buenas, sin saber que hay cosas que es mejor no hacer.

No sé si este disco es lo mejor que has grabado, pero creo que tus canciones nunca habían estado tan bien escritas, tan bien construidas. Puede que sea así, no lo sé, pero eso no deja de ser algo que has dicho tú. ¿Qué te hace pensar así?

Supongo que la forma en que cada canción da continuidad a la anterior y cómo ese recorrido en el álbum separa la posibilidad de una ruptura, su amenaza, y una ruptura real, que llega con “There Is Something I Have To Say”, al aceptarla. “There Is Something I Have To Say” es una pregunta después de otra. Eso la convierte en una canción abierta, indeterminada. Son preguntas que esperan una respuesta.

Los tres cortes que siguen a esa canción y que cierran el disco tienen un aire de celebración distinto al del resto del álbum, puede que tocado por la libertad que da romper con alguien o con algo. “I Am Goodbye” y “Without Work, You Have Nothing” me parecen festivas, pero no “Afraid Ain’t Me”. Esa canción suena más precaria en mi cabeza, aunque tenga todos esos arreglos. Pero no siento que necesariamente sea yo quien deba tener la habilidad de darle un significado u otro a las canciones; creo que ese privilegio es de los demás.

Sin embargo, hay canciones que encierran sentimientos tangibles, comunes, que no están tan sujetos a la subjetividad de cada uno. Creo que “Afraid Ain’t Me” es una de ellas. Es el testimonio claro, reconocible, de alguien que ha aprendido a estar solo. Que sabe que para vivir con otras personas primero debe aprender a vivir consigo mismo. Sí, eso es verdad. La soledad de la persona que vive dentro de “Afraid Ain’t Me” es un sentimiento universal, pero eso no tiene por qué convertirlo en algo posible o real. La voz del cantante en esa canción plantea una soledad de algún tipo, pero, al mismo tiempo, esa persona se ve rodeada de flautas, trompas, tambores y coros, como una oleada de voces. De algún modo, es una completa contradicción, porque todos esos sonidos que escuchas en la canción niegan totalmente la soledad que vive el cantante.

 
BONNIE PRINCE BILLY, El cantante

“Estas canciones me dan mucho placer, y no serían placenteras para mí si las experimentara como cualquier otra persona, desde otra perspectiva. Si las mirara como los demás lo hacen, destripándolas, rompiéndolas en pedazos, no sería capaz de obtener ese placer”.

 

Hablas de los instrumentos, de los elementos dentro de la música, como si cada uno de ellos fuera la voz de un personaje distinto. ¿Es eso lo que representan? Bueno, averiguar eso es parte de tu trabajo (ríe y los dos esperamos para hablar; empieza él). Tengo que mantenerme al margen. Es lo mejor para mí. Es bueno que el sentido de esas cosas tome forma gradualmente con los meses y los años, es bonito. Es así como puedo aprender más de las decisiones que tomé en la intensidad de la época de escribir, grabar o mezclar una canción. En esos momentos no hay tiempo para pensar o deducir, y lo único que puedo hacer es utilizar todos los recursos que he sido capaz de reunir para tomar esas decisiones. La información llega más tarde. Podría hablar en esos términos de los discos que grabé hace años, pero no de algo tan reciente.

Al pensar en otro de tus discos más arreglados, “The Letting Go”, “Beware” da una sensación de amplitud incluso mayor que la de aquel álbum. La música no abraza tu voz para ensalzarla, sino que la amplifica desde lo más profundo de cada canción, haciendo que la voz gane más espacio. Los arreglos surgieron de la cercanía entre los músicos al tocar y crecieron con la comunicación entre nosotros. Las canciones ya habían sido escritas previamente y luego fueron lanzadas a esta especie de laboratorio en el que atacamos cada canción. Poner en común una canción, ensayarla por primera vez, es algo que te exprime. Toda esa concentración en solo tres o cinco segundos de música es algo muy potente. Los arreglos salen del instinto y de los cerebros de los músicos implicados. No son algo premeditado. Nadie dice “esa parte de corneta debe ir ahí”. Ni siquiera lo pensamos.

“Dudo que ninguna de las imágenes o interpretaciones que puedas sacar en claro de las canciones tenga mucho que ver con la vida emocional de la persona con la que estás hablando ahora mismo. Esa vida no tiene tanto que ver con las canciones. La realidad es distinta”
(Will Oldham)

Decidiste escribir tus canciones como Bonnie Prince Billy en un vuelo de vuelta de una gira por Australia en 1998. En una entrevista para ‘The New Yorker’ el año pasado, declaraste que lo hiciste para borrar la persona que había detrás de las canciones, para centrar la atención del oyente en la música. Pero cada disco que grabas bajo ese nombre revela una presencia humana, real, cada vez más fuerte. ¿Es posible que esa transición entre Bonnie Prince Billy y Will Oldham haya dado lugar a una misma voz en la que jamás habíais estado tan cerca el uno del otro? Puede que lo que se supone que debería pasar es que la voz de Bonnie Prince Billy permitiera dar una visión de la realidad emocional del cantante, pero dudo que ninguna de las imágenes o interpretaciones que puedas sacar en claro de las canciones tenga mucho que ver con la vida emocional de la persona con la que estás hablando ahora mismo. Esa vida no tiene tanto que ver con las canciones. La realidad es distinta.

¿Es algo parecido a interpretar un papel, a actuar como un personaje y llenar esa identidad con tus propias emociones, utilizándolas? No, es como cantar canciones. Es como cantar canciones y vivir una existencia paralela a través de ellas. Solo se trata de comunicar.

¿Y esa comunicación vuelve de alguna forma a ti, como una reacción o una respuesta? Lo hace todo el tiempo. La comunicación crece, se agranda. Las canciones revelan más cosas con el paso del tiempo, sobre todo cuando las interpretas una y otra vez.

¿Sueles pensar en lo que una canción revelará en el futuro antes de haberla terminado, mientras la escribes? Probablemente lo haga a un nivel subconsciente, pero definitivamente no en uno consciente.

¿Y crees que hay pistas de ese subconsciente en tus canciones? A estas alturas, sé que para que una canción crezca y funcione necesita tener una vida por debajo de la superficie, así que creo que la forma de saber que eso ocurre es sentir que ese otro nivel está activo. Es en ese momento cuando la canción se convierte en un logro. Pero la prueba de ello permanece en ese nivel, inexplicable, por debajo. Estas canciones me dan mucho placer, y no serían placenteras para mí si las experimentara como cualquier otra persona, desde otra perspectiva. Si las mirara como los demás lo hacen, destripándolas, rompiéndolas en pedazos, no sería capaz de obtener ese placer.

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