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BRADIEN, Un idioma propio

Balbini, Rossi y Ribas.

Foto: Inma Varandela

 
 

ENTREVISTA (2010)

BRADIEN Un idioma propio

Cuando Bradien encontraron a John Giorno para que el poeta de la generación beat diera una pincelada a su disco “Linden” (2009), fue cuando Ruben Pujol entrevistó a Bradien, célula creativa que pivota alrededor de Matías Rossi y que crea un paisajismo instrumental donde la poesía electrónica da alas a un pop selecto de fina orfebrería. 

“No es una decisión política”, asegura Matías Rossi (guitarra, teclados, percusión, glockenspiel y ordenador). En cualquier caso, montar un grupo de pop –en su acepción más amplia, sin entrar en distinciones taxonómicas–, prescindir del uso de la voz y hacer de “Linden” (spa.RK, 2009) un preciocista ejercicio de indietrónica cinemática, uno de los discos nacionales del año (ver Rockdelux 280), sin recurrir al efectismo del post-rock ni a fútiles demostraciones de habilidad técnica, es, sin duda, una decisión valiente. Aunque no totalmente irrevocable: “Desde el principio tuve muy claro que no lo haríamos. Aunque si mañana viene Morrissey...”.

“Giorno tiene un discurso más aguerrido que Bradien, pero es un poeta que ha ido mucho más allá del movimiento beat. Su poesía es mucho más cercana que la de Allen Ginsberg o los textos de William S. Burroughs, y al mismo tiempo le da al disco un elemento que le faltaba”
(Matías Rossi)

¿He dicho que Bradien prescinden de la voz? Error de fundamento, seguramente derivado de una concepción reduccionista de ese artefacto conocido como canción. Bradien sí utilizan la voz, solo que no para cantar y ajustarse al canon pop, sino como un elemento nuevo que debe aportar verdadero sentido a la pieza. “Para mí, muchos grupos la cagan al cantar –opina Rossi–. Puede ser que no tengan muchas cosas que decir, pero como la estructura normal les obliga a cantar, lo hacen. Cuando introducimos la poesía o el ‘spoken word’, como cuando trabajamos con Eduard Escoffet, es porque nos interesa cómo lo dice pero también qué dice”.

“La voz genera un espacio nuevo que nos permite, y también nos obliga, a trabajar de una manera diferente”, abunda Pablo Ribas (trompeta, bajo, xilofón, melódica y glockenspiel), quien junto a Matías y Balbini (bajo, guitarra, percusión, teclados y glockenspiel) forma el núcleo base de Bradien. Desde sus inicios en 2005 el grupo ha tenido diversas formaciones y ha funcionado como un centro de creación –siempre en torno a Rossi– que se amplía con un buena cantera de colaboradores tanto en las grabaciones como en los conciertos, donde pueden llegar a ser hasta siete músicos sobre el escenario: “Nos gusta que la cosa se líe”, concluye Matías.

De momento, aunque las colaboraciones con Escoffet, poeta y agitador cultural barcelonés, se reducen a actuaciones en directo y performances ad hoc, la voz que sí ha llegado hasta “Linden” –su primer elepé oficial tras un split compartido con los escoceses Dosimat y un miniálbum titulado “Minoi Tiare” (autoeditado, 2006)– es la de John Giorno, poeta y artista de performance que formó parte de la generación beat, y que con su particular dicción aporta un contrapunto intervencionista al sonido del grupo en la canción titulada “N In S”: “Giorno tiene un discurso más aguerrido que Bradien, pero es un poeta que ha ido mucho más allá del movimiento beat. Su poesía es mucho más cercana que la de Allen Ginsberg o los textos de William S. Burroughs, y al mismo tiempo le da al disco un elemento que le faltaba”.

 
BRADIEN, Un idioma propio

“Somos mucho más de trance que de catarsis. Lo que perseguimos con Bradien no es una música que te suba y te baje en picado; nos interesa más el trayecto”. Foto: Inma Varandela

 

Para Pablo, la aproximación experimental y formalista a la poesía y a la literatura de estos autores, como la técnica del cut-up, presenta una equivalencia con la manera de trabajar el lenguaje musical de Bradien: “Aunque no conceptualmente, los métodos de trabajo de Burroughs son cercanos a cómo construimos la música en Bradien, a menudo a partir de una semilla de sonido, sea un ‘loop’ o un fragmento de melodía que va creciendo”. En definitiva, si no encuentras las herramientas con que elaborar tu expresión, lo mejor es crearlas. Una máxima que Bradien lleva a la práctica incluso para nombrarse a sí mismos y a su trabajo. “Nuestro nombre y los títulos de las canciones tienen significado para nosotros, pero es muy particular”, señala Matías. “Es algo que tiene bastante que ver con el hecho de no estar en mi país –Matías nació en Argentina pero lleva más de diez años en Barcelona–. Al no dominar del todo el castellano que se habla aquí, siento que no puedo manejar el peso de las palabras como lo hacía allá, de manera que se pierden posibilidades de expresión, como la ironía. Tampoco quería utilizar el inglés, así que trato todo el tiempo de encontrar palabras que sean equidistantes aunque pueda resultar hermético”.

“Que no nos parezcamos puntualmente a nada es una especie de milagro que debemos cuidar. Es algo que tiene que ver bastante con el error”
(Matías Rossi)

Con todo, y siendo un grupo fundamentalmente instrumental, el fenómeno de autoinvención más relevante de Bradien ocurre en el plano musical, donde han conseguido esquivar la fiebre etiquetadora posmoderna y crear un lenguaje que se apoya en la estructura de la música popular pero se aleja de cualquier intento de ubicación geográfica o estilística: “No hay una intención de eludir parecidos. Que no nos parezcamos puntualmente a nada es una especie de milagro que debemos cuidar. Es algo que tiene que ver bastante con el error, con intentar hacer algo y no conseguirlo y acabar llegando a un sitio que no esperabas”.

Aunque inédito, el lenguaje de Bradien es limpio y sugerente desde su primera escucha, pero mucho más complejo y con muchas más lecturas que su evidente espíritu luminoso –“sí, es optimista, pero no es pretendidamente light”–, alimentado en la cultura lounge y exótica de grandes compositores de la música ambiental de los cincuenta como Arthur Lyman, Gene Rains o Juan García Esquivel –aunque su tendencia al histrionismo suscita alguna diferencia de opinión entre Matías y Pablo– o el pop aparentemente naíf de Maher Shalal Hash Baz. Un idioma propio más interesado en crear un agradable viaje que sensaciones de consumo rápido: “Somos mucho más de trance que de catarsis. Lo que perseguimos con Bradien no es una música que te suba y te baje en picado; nos interesa más el trayecto”. 

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