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BRUCE SPRINGSTEEN, Malas tierras

“No me considero un músico político. Simplemente intento explicar mi experiencia, la de mi juventud”. Foto: Joel Bernstein

 
 

ENTREVISTA (1981)

BRUCE SPRINGSTEEN Malas tierras

Documento histórico: Bruce Springsteen entrevistado en 1981 en Barcelona tras su legendario primer concierto en España. Ignacio Julià y Jordi Beltran se ganaron a Jon Landau, el mánager y coproductor que empezó como periodista, tras hacer guardia en el hotel, y pudieron así hablar con Springsteen tras su espectacular show. Ambos explicaron en la revista ‘Vibraciones’ sus puntos de vista sobre ellos antes de presentar ambas conversaciones, en las cuales surgieron temas como la forma de trabajar del Boss; la posibilidad de que el siguiente trabajo a “The River” fuese un cambio radical (como así fue finalmente: “Nebraska”); las diferencias con los icónicos “Born To Run” y “Darkness On The Edge Of Town”; sobre principios, liderazgo, John Ford, Martin Scorsese, el atentado a Ronald Reagan... Declaraciones imprescindibles para cualquier fan de Bruce Springsteen.


A QUEMARROPA

Desde tres días antes del encuentro había estado enganchado totalmente a “Be True”, la cara B del segundo single extraído de “The River” (1980). Incluso llegué a grabarla en casete para tenerla más a mano. Se trata de una pieza inédita, de las muchas que quedaron fuera del álbum, y es una típica canción de Bruce Springsteen sobre la sinceridad y la importancia de ser auténtico con los demás. Esa fue precisamente la melodía que rondaba por mi cabeza cuando entramos en el Hotel Princesa Sofía, un enorme edificio a la americana que acostumbra a ser residencia habitual de rockstars de primera que pasan por Barcelona.




“Él es, indudablemente, un hombre de genio, pero tan solo necesita a alguien que le asista, que le ayude de muy diversas formas en la dirección de lo que está llevando a cabo. Pero Bruce toma cada decisión por sí mismo; cuando está haciendo un disco, él toma absolutamente todas las decisiones”
(Jon Landau)

Nuestras primeras pesquisas nos llevaron hasta Jon Landau, que muy amablemente nos hizo saber que Bruce, algunas veces, habla con los periodistas, pero que todo depende del momento. Y, en todo caso, la entrevista solo iba a ser posible después del show. No nos dimos por vencidos y nos aposentamos cerca de las puertas de un ascensor mientras distraíamos nuestro ocio con un juego que consistió en descubrir, entre las gordas turistas alemanas y los pequeños financieros japoneses, a miembros de la E Street Band. No habían pasado ni diez minutos cuando se me ocurrió afirmar en voz alta que, de un momento a otro, la puerta de un ascensor podría abrirse y aparecer por ella la maravilla de New Jersey en persona. No había terminado con mis suposiciones cuando, en efecto, se abrió la puerta de uno de los ascensores y entró en nuestro campo visual una figura de estatura medianamente baja y patillas de camionero. Era Bruce Springsteen –lo adivinaste–, que acompañado de una amiga íntima se dirigía a por una hamburguesa y un par de Pepsi-Colas –eso es todo lo que come–. Le seguimos y nos entrometimos en su cena para presentarnos. Ya sabíamos todo lo que se debe saber sobre este individuo, pero todavía nos asombramos ante la ingenuidad y sencillez de alguien que podría pasar por su propio roadie. Comentarios apresurados y estúpidas comparaciones sobre Barcelona y New Jersey, como las grises zonas industriales del futuro, nos llevaron directamente hasta un apretón de manos y una corta despedida. Deberíamos esperar hasta el día siguiente: nuestra única oportunidad se presentaría después del show. Y eso hicimos.

Pero no tuvimos tiempo de aburrirnos. Por el hotel circulaba todo el séquito de la E Street Band, unas sesenta personas entre roadies, músicos, mánagers y novias; todo controlado por Landau, que se pasea por el mundo como un turista más, rodeado por su familia. En ningún momento observamos el brillo vicioso y rockero característica de esta clase de expediciones. Aquello era como una gran familia americana, con niños y todo, que acompañaba a tío Bruce en su gira por Europa. Lo que sí podía respirarse era un serio ambiente de trabajo. Todo, antes y después del concierto, fue superprofesional. Bruce ha conseguido no laborar en una fábrica, como sus antecesores, pero se toma muy en serio su trabajo, hasta el último detalle.

Como persona, y a pesar de su sencillez, Springsteen posee el carisma de los elegidos. La fuerza está con él, más dentro del escenario que fuera de este, donde se comporta como un simpático pueblerino con una inmensa voluntad por aprender y extraer provecho de todo lo que vive. De todas las horas que pasé cerca de él, lo que mejor le define no es la energía feroz con que interpretó “Backstreets”, ni el arte y el sentimiento que puso en “Point Blank”, sino una anécdota, que a muchos les parecerá idiota, pero que le retrata a la perfección. Cuando a las cuatro de la madrugada terminó la entrevista, Bruce se despidió dándome un fuerte abrazo, y su gesto desbordó honestidad y simpatía, no tuvo nada de hipócrita. Muchos lo han intentado, pero él ha sido el único en convencerme –con su música y su persona– de que las cosas están muy mal, pero, ¡qué demonios!, saldremos adelante. Ahora o nunca. Ignacio Julià

 
BRUCE SPRINGSTEEN, Malas tierras

“Fui un estudiante raro, siempre era el marginado de la clase. ¿Puedes creer que me echaron de la universidad a los seis meses por ‘mentalmente inepto’?”. 

Foto: Joel Bernstein

 

DOBLE RETRATO

¡Maravilloso! Llegar a un hotel cinco estrellas el día anterior al concierto. Cierta tranquilidad, no hay demasiados fans caza-autógrafos. Después de ver llegar a Clarence Clemons, Garry Tallent y Danny Federici, desciende de un ascensor un hombre con una prominente calva, lo más parecido a un ingeniero de la ITT o un ejecutivo agresivo de la General Motors, lo que se diría todo un middle class man.

En cierto modo, Jon Landau es todo un ejemplo para muchos periodistas del rock. Porque pocos han conseguido, como él lo ha hecho, llegar al mundo del negocio discográfico con tanta elegancia y honestidad. Acercarse a Jon es fácil, pese a que el hombre intenta asegurarse de que no le tomen el pelo, cosa que no parece tan difícil en el caso de un yanqui fuera de su ambiente.




“Crecí en un pequeño pueblo de unas 10.000 personas, y a medida que me hacía mayor empecé a mirar hacia atrás y me di cuenta de que mi padre había trabajado toda su vida en una fábrica, y de que mi abuelo también había estado toda su vida atado a una fábrica, y que las cosas no iban a ser muy diferentes para mí a no ser que hiciera algo al respecto. Así que intenté aprender cosas sobre mí mismo, de dónde venía, cómo había sido mi gente...”
(Bruce Springsteen)

Tímido, pulcro, con ganas de demostrar que es tan honesto como Bruce; Jon es como el asesor intelectual del “enano de New Jersey”, un admirador que resuelve las dudas del músico en los momentos de mayor vacilación. Él parece imponer la tranquilidad que permite la constancia en el trabajo, la ponderación que, más tarde, produce la satisfacción de una tarea completa hecha en equipo y con una gran profesionalidad. El metodismo aflora por su vista pasado por el filtro de sus gafas, otro de los elementos que condiciona la personalidad de un hombre que se da cuenta de su papel en cada momento. Le gusta controlarlo todo, es casi como el amortiguador de las tensiones que conlleva una gira mundial de un grupo de amigos que van cada uno por su lado, haciendo lo que más les apetece y prescindiendo de la imagen de grupo conjunto. Jon se encarga de que todo vaya tal como debe ir y quizá por ello parece el más cansado después de un concierto, aunque el cansancio quede compensado por la inmensa satisfacción de un show perfecto en el que Landau es el protagonista escondido.

Periodista y productor, amigo y cuidador del mayor creador de energía que tiene hoy el rock americano. Y ese es el punto, el de la amistad que le une a Bruce. Esa es la mejor cualidad que puede vincular a un intelectual con el más intuitivo de los artistas.

Curiosamente, lo que más espera un  periodista de un músico-artista como Bruce Springsteen es que este responda, aunque sea en el nivel más mínimo, a la imagen que el que escribe se ha forjado con anterioridad al primer encuentro. A veces lo que ocurre es que esa preimagen se ve superada, pero solo en ocasiones contadísimas.

No se trata de una apreciación quinceañera, ni de una ceguera temporal ante un personaje muchas veces admirado. La verdad es que “el enano de New Jersey” da una primera impresión de hombre fácilmente abordable, sencillo en la vestimenta y sincero en la expresión; él es el primero en deshacerse del engreimiento típico de muchas “estrellitas” del mundo del espectáculo. A él le interesa conocer a la gente de la calle, al público potencial de un concierto; es una forma de sentirse libre, aunque en el marco profesional resulte mucho más difícil acceder a él, por el tinglado de mánagers y representantes.

Su mirada da a conocer una personalidad llena de dudas y contradicciones que se descargan constantemente sobre la mentalidad de un espíritu soñador, un poco infantil, rural, modesto y humilde, pero con una enorme ansiedad por aprender, por encontrar salidas a la duda constante. Para conseguir sus objetivos intenta equilibrar sus dos aspectos más destacados: la sencillez y la capacidad de comprensión.

En algún momento de la entrevista contagió la duda a los que estábamos presentes. En otros parecía como estar vacilando con nosotros, sobre todo cuando alguien intentaba agudizar, más de la cuenta, alguna pregunta de “nivel superior”. Sí, también es un gran vacilón, utiliza la ironía y la sonrisa un poco en broma para contraatacar cuando alguien se quiere pasar de listo.

Bruce parece un cabezota que no ceja en el esfuerzo hasta que consigue expresar lo que quiere decir, para eso le sirven perfectamente el escenario y la vitalidad del rock; eso, Springsteen es vitalidad y tozudez que no desaparecen hasta que consigue lo que quiere, tal y como él lo siente y desea. Al final, creo que todavía conservo la duda acerca de la posibilidad de que el artista lo sea tanto que pueda vendernos su arte tal cual es. Me parece que Springsteen sabe hacerlo y, además, es bueno. Hasta otra. Jordi Beltran

 
BRUCE SPRINGSTEEN, Malas tierras

Bruce Springsteen y Jon Landau, trabajando juntos por la causa.

 

EL PERIODISTA AMIGO

Jon Landau encontró a Bruce Springsteen en un momento en que necesitaba dar un cambio en su vida: acababa de divorciarse y recién salía del hospital después de una operación de estómago que le dejó fuera de circulación durante algún tiempo. Es un intelectual metido en el negocio del rock: excrítico musical de revistas como ‘Rolling Stone’, productor de discos clave para artistas tan distintos como MC5 o Jackson Browne, y ahora coproductor, mánager y amigo de Bruce. Hablamos con él en la sala de recepción del hotel, y no tuvo ningún inconveniente en explicar algunas cosas que aclaran en cierta manera el método de trabajo con que Bruce construye sus discos.

¿Todavía trabajas como periodista? No, no he escrito nada en los últimos cinco años. Cuando empecé a colaborar con Bruce, me aparté de mi actividad como periodista.

Parece como si Bruce fuera una persona de inmenso talento que necesitase a alguien que le dijera cuál es el límite de lo que está haciendo, como si la intensidad con la que lo hace le impidiera verlo por sí mismo… Él es, indudablemente, un hombre de genio, pero tan solo necesita a alguien que le asista, que le ayude de muy diversas formas en la dirección de lo que está llevando a cabo. Pero Bruce toma cada decisión por sí mismo; cuando está haciendo un disco, él toma absolutamente todas las decisiones.

Pero tomar esas decisiones le cuesta años. ¿Por qué? Eso es parte de su manera de trabajar. Lo hace muy lentamente, porque para él hacer un disco no es reunir una colección de canciones, es crear una obra única, como quien escribe una novela. Un disco es para Bruce una sola cosa, una sola idea. Para “The River” grabamos unas cincuenta canciones y de entre todas ellas escogió las veinte que encajaban en su idea, en su historia…

Así que no escoge las mejores, sino las que mejor continuidad tienen en la historia que está contando… Bueno, aunque suene divertido, no nos preocupamos de cuáles son las mejores. Hay canciones excelentes que no llegaron al disco, de hecho todas las canciones sobrantes son buenísimas, como “Be True”, la cara B del segundo single extraído del álbum (“Fade Away”). Pero no tenía un lugar en el disco.



“Durante esos dos años no tuvimos tiempo para nada que no fuera el disco. Pero ese trabajo tiene grandes momentos, como el día en que Bruce apareció por el estudio y tocó por primera vez ‘The River’. Hacía un mes que habíamos empezado con la grabación y en ese instante todos nos dimos cuenta de que por fin estábamos yendo hacia alguna parte. Bruce acababa de escribir la canción que daría un tema al álbum, un objetivo claro”
(Jon Landau)

Ese lento proceso creativo, ¿es doloroso? Sí, eso es cierto. Es un proceso muy serio en el que todos trabajamos muchísimo: Bruce, Steve (Van Zaudt) y el resto de la banda. Es una verdadera concentración de energía, no tenemos tiempo para nada más. Trabajamos muchas horas diarias con absoluta regularidad, de las siete de la tarde a las cinco de la madrugada. Y cuando terminanos, Bruce se retira al hotel y escucha los casetes de lo que hemos grabado ese día, escribe nuevos textos y cambia cosas. Lo estudia a fondo… Durante esos dos años no tuvimos tiempo para nada que no fuera el disco. Pero ese trabajo tiene grandes momentos, como el día en que Bruce apareció por el estudio y tocó por primera vez “The River”. Hacía un mes que habíamos empezado con la grabación y en ese instante todos nos dimos cuenta de que por fin estábamos yendo hacia alguna parte. Bruce acababa de escribir la canción que daría un tema al álbum, un objetivo claro.

Entonces, ¿cuál es el secreto para que una grabación tan trabajada suene tan fresca y natural? Esa es una buena pregunta. Veamos… Todos los miembros de la banda tocan a la vez, como en directo, y no grabamos las canciones muchas veces. La mayoría de las versiones del disco son primeras tomas. Lo que nos ocupa tanto tiempo es el enorme trabajo mental. Cuando finalmente grabamos, todos hemos aprendido algo y Bruce sabe exactamente cómo cantar cada canción. Os daré un ejemplo: “Point Blank”, que ya interpretaba en la gira americana de 1978 y la registramos al principio de la grabación del álbum. Después Bruce perdió interés por el tema, le parecía que no encajaba en el contexto, pero le seguía gustando. Así que encontró nuevos arreglos para la canción y grabamos diferentes versiones para, finalmente, dejarla de lado. Y cuando estábamos mezclando en Los Ángeles, Bruce me pidió en el último momento que telefoneara a Nueva York para que enviaran la cinta con la primera versión. Cambió partes del texto y la incluyó en el álbum tal y como le había salido la primera vez. Habían pasado tres años y muchas versiones de una misma canción, todas muy buenas, pero Bruce no las veía completas, y no quedan completas hasta que él las ve completas. Muchas veces, como coproductor, me he encontrado diciéndole a Bruce que una canción es perfecta, que no la cambie, que se olvide; pero él dice que sí, que bueno, y al día siguiente graba una nueva toma. Y escuchamos todas las versiones y Bruce piensa, las estudia detenidamente. Cuando se canta no se puede pensar, cuando las escuchas es cuando realmente puedes profundizar en ellas.

¿Cuántas veces grabasteis “Drive All Night”? Cuando en 1977 empezamos la grabación de “Darkness On The Edge Of Town”, llegamos a los estudios y montamos el equipo; el primer día lo empleamos para acostumbrarnos al estudio y probarlo. Pues bien, Bruce tenía en mente esa pequeña melodía y la tocaron. La grabamos, simplemente como una maqueta, y esa es la versión que está en el disco. No la metimos en “Darkness…” porque era demasiado larga para un solo disco.

¿Has escrito alguna vez textos para canciones? No, ni hablar. No tengo talento para eso. Ni tampoco he intentado escribir una novela. Bruce sí podría, podría escribir una novela fantástica. Es la persona de mayor talento que he conocido nunca.

¿Es difícil para Bruce trabajar en la era de Reagan? Creo que esta época hace precisamente su trabajo más importante. En Estados Unidos tenemos actualmente una fuerte oposición política, pero también tenemos conservadurismo y racismo. Bruce habla en sus canciones sobre la importancia y la dignidad de cada individuo. Y es muy importante que estas cosas se escuchen actualmente en Norteamérica.

Pero Bruce no está interesado en ser un líder político… Eso también es cierto. Pero sí está interesado artísticamente; Bruce no es un líder, pero el contenido de sus canciones tiene una fuerte relación con la gente de la calle. Su música expresa ciertos valores humanos, porque los valores humanos deben ser reafirmados siempre, especialmente hoy en día. Seguramente él os contestaría algo diferente.

Volviendo a su forma de trabajar, este último disco no repite los trucos de estudio de obras anteriores, nos referimos al ambiente casi Spector de “Born To Run” o las voces dobladas de “Darkness…” ¿Por qué? Bruce está cada vez más interesado en que la música suene real y auténtica, con menos “producción”. Las dobles voces de “Darkness…” funcionaban muy bien con esas canciones; les daban un aspecto más introspectivo. En cuanto a “Born To Run”, es un disco muy estilizado, trabajado muy meticulosamente; ahora le interesan las cosas más naturales, más verdaderas.

¿Cómo será el próximo disco de Bruce Springsteen? Me parece que ni él lo sabe todavía. Yo tampoco puedo imaginármelo. Lo que sí puedo decir es que “The River” dio fin a una serie de cosas que Bruce ha estado haciendo en los últimos tres discos, así que pienso que el próximo será algo totalmente distinto, un cambio radical con respecto a su obra anterior. Pero la verdad es que con Bruce nunca se sabe.

 
BRUCE SPRINGSTEEN, Malas tierras

Esta fue la gran noche de que te hablaron, la del 21 de abril de 1981. Foto: Francesc Fàbregas

 

BRUCE, HECHO A SÍ MISMO

Después de largas horas de espera, conseguimos el privilegio de entrar en el camerino de Bruce Springsteen. Son las dos y media de la madrugada, estaremos ahí hasta las cuatro. Nada de fotografías, nada de minicasetes; CBS cuida muy bien a su cachorro predilecto. Bruce nos está esperando. El hombre que horas antes se ha metido en el bolsillo a ocho mil españoles es más bien bajito y muy diferente a la imagen que de él reproducen el escenario y las fotografías. Se le ve contento, infinitamente feliz, metido en ropa limpia, abrigado y recién salido de la ducha. Huele a esos esprays que usan los deportistas después de un partido duro y doloroso. Irradia sencillez, modestia y humildad. Es amable y habla lentamente, con grandes silencios, esforzándose en centrar un cerebro que ha estado dando brincos durante tres horas de apasionante espectáculo rockero. Provinciano y poca cosa, parece tenerlo todo mucho más claro que nosotros, pobres cínicos urbanos que, tocados en el corazón, nos sentamos a su lado dispuestos a escucharle.

¿Cómo puedes hacer un show como el que acabamos de presenciar y seguir vivo? (Sonríe). Me lo han preguntado muchas veces… Existe una energía dentro de cada persona que aparece en el momento en que el cansancio parece estar acabando contigo. Esa energía llega en el mismo momento en que tu resistencia termina, pero tú sigues adelante, casi sin sentir tu propio cuerpo.

“A veces vuelvo a leer mis libros de la escuela y me doy cuenta de que no tienen ningún contacto con la vida real, no enseñan nada de lo que vas a necesitar en la vida. A los ocho años, cuando escuché por primera vez a los Drifters por la radio, descubrí que había más verdad y realidad en una sola canción que en todo lo que me habían enseñado en la escuela. Eso es lo que estoy intentando decirle a la gente, que busquen sus propias raíces y se hagan responsables de sus vidas”
(Bruce Springsteen)

Tus dos últimos discos contienen comentarios sobre la Norteamérica de hoy en día, y sabemos que no te hizo demasiada gracia la elección de Ronald Reagan como presidente. ¿Te consideras un músico con posible poder político? No, en absoluto, no me considero un músico político. Simplemente intento explicar mi experiencia, la de mi juventud. Crecí en un pequeño pueblo de New Jersey, de unas 10.000 personas, y a medida que me hacía mayor veía a la gente que me rodeaba, y parecía como si nadie fuese a ninguna parte. Empecé a mirar hacia atrás y me di cuenta de que mi padre había trabajado toda su vida en una fábrica, y de que mi abuelo también había estado toda su vida atado a una fábrica, y que las cosas no iban a ser muy diferentes para mí a no ser que hiciera algo al respecto. Así que intenté aprender cosas sobre mí mismo, de dónde venía, cómo había sido mi gente… En la escuela parece como si nunca enseñaran las cosas que necesitas saber. Volví a coger mis libros de texto y leí la “Historia de los Estados Unidos”, y aprendí de dónde venía, quién era yo y de qué manera no iba a terminar siendo una víctima, como lo fueron mi padre y mi abuelo. Y, bueno, no es tan difícil…

Entonces simplemente quieres advertir a la gente joven sobre los peligros que la vida les depara… Algo así… Mira, yo nunca vi sonreir a mi padre, nunca. Puedes imaginarte lo que significó esto para mí. Nunca nos entendimos, pero ahora sé que había grandes cosas dentro de él, es solo que no supo comunicármelas, como yo no supe comunicarle las mías. Recientemente, una tía mía me regaló una fotografía de cuando mi padre era joven: está increíble, sonriente, lleno de fuerza; hasta se parece a John Garfield. La gente fracasa y culpa siempre a las circunstancias, se excusa diciendo que todo le ha salido mal por culpa de esto, aquello o lo de más allá. He vuelto a veces a mi pueblo y he encontrado a gente que conocí en mi juventud, personas con una gran belleza interior, llenas de vida, que ahora no parecen seres humanos, están completamente alienados por la fábrica, la mujer, los hijos… A veces vuelvo a leer mis libros de la escuela y me doy cuenta de que no tienen ningún contacto con la vida real, no enseñan nada de lo que vas a necesitar en la vida. A los ocho años, cuando escuché por primera vez a los Drifters por la radio, descubrí que había más verdad y realidad en una sola canción que en todo lo que me habían enseñado en la escuela. Eso es lo que estoy intentando decirle a la gente, que busquen sus propias raíces y se hagan responsables de sus vidas.

¿Quieres convertirte en un líder? ¡Oh, no!, en absoluto. No quiero ser el héroe de nadie. Quiero que cada persona sea su propio héroe.

En tu show la respuesta del público es importante… Claro, es tan importante lo que el público nos da como lo que nosotros le damos. Ese intercambio es una experiencia increíble y enriquecedora, por lo menos para mí.

Háblanos de tus principios. Fui un estudiante raro, siempre era el marginado de la clase. ¿Puedes creer que me echaron de la universidad a los seis meses por “mentalmente inepto”?... Mi vida fuera de la música fue muy vulgar hasta que un día alguien me recomendó “Las uvas de la ira”, una película de John Ford que pasaban aquella noche por la tele. En Norteamérica, cuando pasan por la tele películas en blanco y negro, todo el mundo cambia automáticamente de canal. Yo mismo había cambiado de canal varias veces al principio de “Las uvas de la ira”, pero aquella noche la vi. Y esa película despertó mi curiosidad por enterarme de las cosas, por leer libros, ver películas. Comencé a ver todas los filmes de John Ford que pude, los westerns y todo eso, y me enseñaron mucho más sobre la historia de mi país que todos mis años de escuela juntos.

 
BRUCE SPRINGSTEEN, Malas tierras

“Los americanos no debemos olvidar los problemas que afectan a nuestro país, y el racismo es uno de los más graves”. 

Foto: Joel Bernstein

 

Hablando de cine, ¿te gusta Martin Scorsese? Sí, claro. Una de mis películas favoritas es “Malas calles”. Cuando finalizó “Taxi Driver”, Martin me invitó a verla en privado y me propuso un papel en su próxima producción. Bobby De Niro está increíble en esa película, pero yo no me veo como actor de cine.

¿Qué tipo de música escuchas? Escucho toda clase de música, no me reservo únicamente para el rock & roll. Nunca he intentado dar una definición del rock, ya que para mí el rock es la vida misma. Mi música tiene todo tipo de influencias: rock, soul, folk… Ahora mismo escucho mucho a Hank Williams; me gusta la música country.

Dinos una canción, de cualquier artista, que te haya gustado recientemente. Bueno, me hace mucha gracia “Happy Birthday” de Stevie Wonder. Pienso que es muy importante que alguien en Estados Unidos le cante a Martin Luther King, porque los americanos no debemos olvidar los problemas que afectan a nuestro país, y el racismo es uno de los más graves.

Aunque debes estar harto de comparaciones infundadas, ¿qué te parece Bob Dylan? Me gusta, incluso ahora. Es alguien que siempre ha buscado sus propias respuestas y nunca se ha dejado llevar por la comercialidad.

“En la vida hay momentos tristes y momentos de reflexión, pero también hay momentos de alegría; y, bueno, está muy bien eso de salir el sábado por la tarde con los amigos y entrar en un bar con ganas de juerga. Creo que uno de los puntos más importantes de la música pop es que ha sido capaz de producir, en el mismo momento, cosas como ‘Like A Rolling Stone’ de Bob Dylan y ‘What’s Going On’ de Marvin Gaye. Por eso en mi disco hay piezas festivas como ‘Sherry Darling’ y ‘Hungry Heart’, y temas de reflexión como ‘Point Blank’. Eso le da diferentes puntos de vista a ‘The River’, y pienso que eso es positivo”
(Bruce Springsteen)

¿Y Lou Red? Me gusta lo que hace. Y estoy en uno de sus discos, en “Street Hassle”. Estaba grabando en los mismos estudios que Lou, en los Record Plant de Nueva York. Lou tenía problemas con ese trozo hablado de la canción, así que me llamó, y subí a su piso; lo grabé y en quince minutos ya estaba de vuelta. Lo leí de un papel que él había escrito y la primera toma sirvió. Eso es todo.

¿Qué nos dices de los Clash? Que están muy bien.

Hablando de tus discos, ¿por qué “The River” es mucho más intrascendente y comercial que “Darkness…”? “Darkness…” es un disco con un único punto de vista y con “The River” quise conseguir algo más parecido a la realidad, a la vida misma. En la vida hay momentos tristes y momentos de reflexión, pero también hay momentos de alegría; y, bueno, está muy bien eso de salir el sábado por la tarde con los amigos y entrar en un bar con ganas de juerga. Creo que uno de los puntos más importantes de la música pop es que ha sido capaz de producir, en el mismo momento, cosas como “Like A Rolling Stone” de Bob Dylan y “What’s Going On” de Marvin Gaye. Por eso en mi disco hay piezas festivas como “Sherry Darling” y “Hungry Heart”, y temas de reflexión como “Point Blank”. Eso le da diferentes puntos de vista a “The River”, y pienso que eso es positivo.

¿Por qué tardas tanto tiempo en grabar tus discos? La industria discográfica ha estado bombardeando al público en los últimos tiempos con verdadera basura, la música pop ha sido desprestigiada. Para mí hacer un disco es una cuestión de vida o muerte. Y por eso estoy tanto tiempo haciéndolos. Uno de mis discos puede gustar a la gente o no gustarle, pero escucharlo nunca será para ellos una pérdida de tiempo.

¿Cómo vives? Tengo una casa cerca de donde nací, no me gusta vivir en la ciudad. Estados Unidos es, salvo Nueva York o Los Ángeles, un país muy provinciano. Y a mí me interesa retratar ese país en mi música, y la mejor forma de conocerlo es vivir en él. En cuanto a mis aficiones, bueno, me gusta mucho conducir. Siempre que tengo tiempo libre, cojo el coche y salgo a la carretera.

Entonces, tus canciones tienen mucho de autobiográficas… No, no demasiado. No creo que se deba haber experimentado lo que se esta escribiendo. Los Beach Boys hicieron la mejor música surf y nunca lo practicaron. Chuck Berry compuso las mejores canciones de highschool y nunca fue a la escuela. Se puede ser un buen escritor sin salir de casa.

¿Qué te pareció el atentado contra Reagan? Estaba en casa y alguien llamó por teléfono para explicármelo. Puse la tele y me senté a ver lo que había pasado. Me pareció algo horrible, sobre todo porque no tuvo fines políticos. El muchacho que le disparó no lo hizo por política. Eso explica la locura y la alienación a que puede llegar un joven norteamericano después de tantas horas de televisión. Y eso es muy grave.

¿De dónde crees que vienen los problemas de tu país y del mundo en general? Pienso que provienen de una importante falta de información. La gente de la calle no está suficientemente informada. También es culpa del cinismo que hoy domina nuestro mundo, que es algo de lo que estoy totalmente en contra. El cinismo es negativo y destruye la belleza de las cosas.

¿Para cuándo ese prometido disco en directo? Bueno, yo soy el primero que estoy interesado en grabar un disco en vivo, porque creo que mis canciones suenan mucho mejor en directo que en estudio. Pero ahora mismo estoy de gira y ya empiezo a tener ideas nuevas, y me muero por volver a casa para encerrarme en unos estudios y empezar a trabajarlas. Pero supongo que un disco en vivo saldrá algún día.

Publicado en Vibraciones 81 (Junio 1981)
Etiquetas: 1980s, 1981, Estados Unidos, rock
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