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BUDDY HOLLY, Solo para gafosos

Ilustración: Gallardo

 
 

ARTÍCULO (1986)

BUDDY HOLLY Solo para gafosos

Documento Rockdelux 1986: artículo de Diego A. Manique sobre Buddy Holly (1936-1959) escrito para Obsesión, antigua sección de la revista donde se recuperaban viejas glorias musicales. A 27 años de la muerte de Holly, todavía se seguía hablando de él: Charles Hardin Holley, el Buddy Holly de la leyenda, el rocanrolero tierno y por-delante-de-su-tiempo. Y es que el tipo tenía (y sigue teniendo) muchos adeptos. Generalmente, chicos con gafas. Como Elvis Costello. Como Paul McCartney (en su casa); propietario de los derechos de sus éxitos, montaba anualmente la Semana de Buddy Holly. Como Ramón de España o el dibujante Gallardo (que ilustró a su ídolo para este texto) o el propio Manrique. O como Michel Aphesbéro.

Michel Aphesbéro todavía era menor de edad cuando organizó el Fan Club de Buddy Holly en Francia. Y no ha renunciado a esta pasión adolescente. Ha viajado a Texas y ha visto desvelar la estatua que Lubbock ha dedicado a su más famoso hijo, en pleno Civic Center. Ha entrevistado a Bruno Of Hollywood, autor de las mejores fotos del cantante, y ha conversado con María Elena Holly, la viuda.


Intimidades

Ella dice que Holly quería ser actor, “como James Dean o Anthony Perkins”. Que visitaba el Village Vanguard, antro de jazz moderno, y escuchaba discos de Charlie Parker y Miles Davis. Que deseaba grabar en español y que, casi una década antes que Apple Records, fundó su propia discográfica, Prism Records, para dar salida a su deseo de producir/descubrir a nueva gente. Que no le gustaba que lo maquillaran (“a mí no me pone nadie nada en la cara”). Que perdía las gafas y estaba planeando ponerse lentillas. Que…

Datos triviales, supongo. Para los no adictos, tonterías. Para los hollyanos, pepitas de oro, piezas para completar el rompecabezas del personaje. Y es que la leyenda tejana está envuelta en enigmas. El más discutido, su reblandecimiento en los últimos meses de actividad, cuando graba “It Doesn’t Matter Anymore” con la orquesta aviolinada de Dick Jacobs. ¿Iba para crooner meloso, como luego haría Paul Anka, o mantendría el tipo? María Elena lo presenta como oyente curioso en busca de nuevas sensaciones (no, no era normal que un ídolo del rock’n’roll se dedicara a oír jazz en aquellos tiempos) y confirma el dato de su deseo de grabar un LP con Ray Charles y su gente. Ahí es nada: el alfeñique de Lubbock con el negrazo de Georgia. Obviamente, había mucha música en germinación dentro de la cabeza de Holly. Nuevamente, cabe elevar una protesta a los Poderes Superiores por lo prematuro de su muerte: todas las grabaciones memorables de Holly se hicieron en apenas DOS AÑOS. Gloria breve. Frustración en grado máximo.

 
BUDDY HOLLY, Solo para gafosos

Holly quería ser actor, “como James Dean o Anthony Perkins”.

 

Saltos

Dos años de grabaciones y giras como estrella. El 25 de febrero de 1957, cuando Holly se presentó en los estudios de Norman Petty en Clovis (Nuevo México), acompañado por sus primeros Crickets, era un cantante de rockabilly de sangre caliente. Como todos, se había iniciado en el country; como todos, el descomunal impacto de Elvis le hizo dar un volantazo. En los meses siguientes, Buddy sienta las bases del Sonido de los Sesenta: la formación clásica (dos guitarras, bajo y batería), una Fender estridente, grabaciones pulcras, coexistencia entre bellas baladas y temas frenéticos.

Y este pardillo, esquelético y gafoso, se escapó del Sur. Irritó a su familia (protestantes) al casarse con una chica puertorriqueña (católica). Rompió con los Crickets y su mánager-productor Norman Petty. No tenía complejos de color: tocó con el saxofonista King Curtis, hizo versiones de Chuck Berry y Bo Diddley, y, si hemos de creer la biografía de Little Richard, tampoco ponía objeciones a la carne (femenina) negra. Hace unos meses, TVE emitió el documental “Cuando muere la música” y, mira qué cosas, salió el bocazas de James Brown diciendo que el rap de ahora eran chicos imitando a James Brown (naturalmente) y a… Buddy Holly. Guau, James, a ver si me lo explicas.


Descendientes

Otra injusticia histórica: aparte de “That’ll Be The Day” y “Peggy Sue”, Holly no tuvo grandes impactos en las listas norteamericanas durante su vida. Luego, “It Doesn’t Matter Anymore” fue un éxito póstumo… pero le olvidaron rápidamente, aparte de algunos tejanos como Bobby Fuller. No ocurrió así en Inglaterra: allí fue asiduo en las listas hasta 1963. De paso, dejó su marca en cien mil grupos de la época. Así, unos críos de Mánchester se bautizaron como The Hollies; dicen que lo de Beatles (beetle = escarabajo) era una referencia a los Crickets (= saltamontes). Los mismos chavales de Liverpool hicieron varias canciones de Holly, aprendiendo de paso algunas lecciones sobre cómo construir pop memorable que no sonara blando.

En Inglaterra, Holly se agigantó. Todavía te puedes encontrar con ex teddy boys que recuerdan su visita de 1958: “Qué ruido tío. Tenía unos amplis diminutos, pero aquello ATRONABA, ningún músico inglés se atrevía a usar ese volumen”. Canciones suyas bautizaron programas de televisión (“Oh Boy”) y películas nostálgicas (“That’ll Be The Day”). Hace unos meses, cuando los conservadores consiguieron desmembrar el ayuntamiento de Londres (por izquierdista), los laboristas hicieron una campaña publicitaria bajo el lema “That’ll Be The Day”. Poco importa que Holly lo aprendiera de una película de John Wayne-John Ford: es otro síntoma del poder de fascinación del chico de Lubbock.

 
BUDDY HOLLY, Solo para gafosos

El poder de fascinación del chico de Lubbock.

 

Lamentos

Ah, sigo con la historia del principio. Michel Aphesbéro vive últimamente por Madrid, donde va a publicar una nueva edición de su revista internacional, ‘4 Taxis’. En las paredes de su apartamento madrileño, Holly nos observa con aspecto de chico bueno y aplicado. Comentamos las últimas noticias, que si ha muerto su padre, que si conoce ese LP holandés de canciones de Holly hecho por diferentes artistas. Y la historia de las gafas que Holly llevaba cuando se estrelló su avioneta, que han aparecido recientemente en una dependencia judicial. Ahí es nada: las gafas de Buddy. Un suspiro (doble).

 

PLÁSTICOS. Casi todas sus grabaciones están disponibles en una embriagadora caja de seis LPs, “The Complete Buddy Holly” (Coral, 1979), que se complementa con “For The First Time Anywhere” (MCA, 1983), que presenta una colección de maquetas. Cualquiera de las abundantes antologías sirven de introducción al personaje: con un poco de suerte, en tu tienda favorita…

LIBROS. Dave Laing, “Buddy Holly” (November Books, 1971); John Goldrosen, “The Buddy Holly Story” (Quick Fox, 1979); Alan Clark “Buddy Holly & The Crickets” (Alan Clark Productions, 1979); John Tobler, “The Buddy Holly Story” (Plexus, 1979).

UNA PELÍCULA. “The Buddy Holly Story” (Steve Rash, 1978) es muy entretenida pero ligera de cascos respecto a la verdadera historia.

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