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CABOSANROQUE, Mecánica intrusa

CaboSanRoque o cómo fabricar nuevos y más perfectos autómatas. Foto: Óscar García

 
 

ENTREVISTA (2014)

CABOSANROQUE Mecánica intrusa

Ingenieros y lutiers, músicos e intérpretes, la banda barcelonesa adelgazó su estructura, pero no aligeró su discurso. Mientras continuaban con su laboratorio de investigación sonora, fabricando instrumentos con vida propia, decidieron hacer del escenario un ring. Allí donde antes asistíamos a un juego de insinuaciones, se libró un combate de rock. Ruben Pujol los entrevistó cuando publicaron “12 Rounds”.

“No te enamores de la máquina”, le advirtió Laia Torrents a su productor. Pero es fácil que se le vaya a uno la mirada al Tres Tristos Trons, el complejo armatoste percutivo, una especie de tríptico pretecnológico con todo tipo de morralla, engranajes y hasta un trozo de cráneo que ha construido CaboSanRoque para convertirse en un power trio en “12 Rounds” (Chesapik, 2014). Pero la mecánica, por muy espectacular y reveladora que pueda resultar, no es el fin de este transatlántico, que ha ido perdiendo marineros en cada uno de sus periplos –fueron nueve en sus inicios; “la increíble orquesta menguante”, como los llamó Nando Cruz en un artículo con motivo de su colaboración con Carles Santos– durante sus más de diez años de existencia, (re)construyéndose en cada proyecto, haciendo crecer la tripulación a base de fabricarse nuevos y más perfectos autómatas, desechando otros en algún puerto, quién sabe si los volverán a ver.

“Esta forma de trabajar nos proporciona la capacidad de fabricar músicos, que, como cualquier músico, tienen sus virtudes y sus defectos. Pero eso no lo descubres hasta que llevas unas cuantas horas tocando con ellos. Por mucho que tú lo hayas construido con una intención previa. Pero esa sorpresa es algo muy gratificante. No nos interesa que la máquina cumpla el papel de un humano. Son cosas que se pueden solapar en algún punto, pero lo que nos interesa es la capacidad de expresión de la máquina”
(Roger Aixut)

Parece cruel, pero no es nada personal. “No queríamos que condicionara las mezclas”, explica Roger Aixut sobre su monstruo percutivo. En cada nuevo proyecto, CaboSanRoque conciben un plan de acción que los lleva irremediablemente a pisar fronteras y esquivar etiquetas, pero con su sexto disco quieren hacer, ante todo, un álbum de rock.

¿Qué es CaboSanRoque, si es que es alguna cosa que se pueda explicar? (Laia): Comenzamos como un grupo de música. Es cierto que trabajamos otras disciplinas como las artes escénicas, pero las separamos mucho, y diría que el público aún las separa más. Para mucha gente de las artes escénicas somos músicos, y para muchos músicos lo que hacemos no es música. Somos bichos raros. (Roger): Una prueba irrefutable es que “Maquinofòbiapianolera”, que era un concierto teatralizado, tuvo un público totalmente diferente cuando lo hicimos en el Mercat de les Flors o en el Auditori. Y hablamos de una misma ciudad, Barcelona. Estamos ya no entre dos aguas, sino entre varias aguas. Siempre somos intrusos.

Cada uno de vuestros proyectos está asociado a una máquina o serie de máquinas que vosotros mismos fabricáis. ¿Hasta qué punto esas máquinas condicionan la música? ¿Y qué ocurre con ellas cuando pasáis a un nuevo proyecto? ¿Adónde van? (Roger): La máquina, como los instrumentos tradicionales, nos condiciona absolutamente. Pero es una herramienta. Es como hacer un dibujo a Rotring o a carboncillo. Por otro lado, hay máquinas que están mucho más asociadas al guion de un espectáculo, como la Orquestra Mecànica de la França Xica, y otras las hemos construido con una idea de versatilidad, como las de Bestiari, que hemos continuado usando. Son como músicos amigos que en un determinado momento abandonas y, al cabo del tiempo, te reencuentras con ellos y tienes esa satisfacción de volver a tocar juntos. Pero luego vuelves a los vicios y defectos y recuerdas por qué los dejaste en primera instancia.

Es como si jugarais a ser Dios y a crear vuestra propia orquesta de músicos. (Laia): En cierta forma, sí. Hacemos de redentores. Redentores de objetos que han tenido una vida, y a los que nosotros les damos una nueva. Gastan poco, no se quejan y cuando te cansas, bueno, pues ya nos veremos. (Roger): Esta forma de trabajar nos proporciona la capacidad de fabricar músicos, que, como cualquier músico, tienen sus virtudes y sus defectos. Pero eso no lo descubres hasta que llevas unas cuantas horas tocando con ellos. Por mucho que tú lo hayas construido con una intención previa. Pero esa sorpresa es algo muy gratificante. No nos interesa que la máquina cumpla el papel de un humano. Son cosas que se pueden solapar en algún punto, pero lo que nos interesa es la capacidad de expresión de la máquina. (Laia): Puedes intuir qué harán, pero hasta que no están acabadas no sabes cuál será el resultado. Al principio hacíamos los instrumentos imaginándonos lo que queríamos que hicieran. Con el tiempo hemos aprendido que primero los pensamos, los construimos, y luego vemos qué nos dan, qué prestaciones tienen, y a partir de ahí comenzamos a componer. Porque si lo haces al revés, si compones y luego los construyes, siempre te decepcionan. En cambio, normalmente descubres que hacen cosas que no te esperabas y son mucho mejores.

 
CABOSANROQUE, Mecánica intrusa

Roger, Laia y La Máquina: tres de un par perfecto.

Foto: Óscar García

 

Esta filosofía de trabajo de fabricaros vuestros propios instrumentos, ¿tiene algo que ver con la sostenibilidad? (Laia): Se trata más de ser autosuficientes. Uno de nuestros instrumentos, el Sputnik, tiene una caja de resonancia que es un bombo de lavadora. Este bombo tiene una resonancia que no hemos encontrado en ninguna otra lavadora, y eso que hemos desmontado no sé cuántas. Pero solo la hemos hallado en esta, que no nos acordamos ni de qué marca era. (Roger): Tomamos un objeto y buscamos su capacidad sonora, ya sea como resonador, como elemento vibrante, como amplificador... Al final es mucho más una cuestión de física del sonido que una cuestión de romanticismo. También liga con la patafísica, que dice que todo son excepciones y que es imposible que un objeto sea igual que otro. Y cada vez que hacemos un instrumento nos encontramos con este problema.

“Este disco es lo más cercano al rock’n’roll que hemos hecho. Es un ‘power trio’: guitarra, teclados y la percusión, que es el Tres Tristos Trons. El anterior trabajo discográfico, en el que colaboramos con Carles Santos, estaba más cerca de la música contemporánea. Era un proyecto donde intentábamos aproximar dos mundos: la academia y la música clásica con la música experimental”
(Laia Torrents)

¿Cuál es el planteamiento de partida de “12 Rounds”? (Laia): Este disco es lo más cercano al rock’n’roll que hemos hecho. Es un “power trio”: guitarra, teclados y la percusión, que es el Tres Tristos Trons. El anterior trabajo discográfico, en el que colaboramos con Carles Santos, estaba más cerca de la música contemporánea. Era un proyecto donde intentábamos aproximar dos mundos: la academia y la música clásica con la música experimental. Este nuevo disco a nosotros nos parece cero experimental. Eso sí, seguimos buscando sonidos nuevos, estructuras diferentes.

¿Os gustaría incluso que, de alguna manera, se obviara esa faceta vuestra de lutiers y se escuchara el disco sin tener en cuenta las máquinas que habéis fabricado? (Laia): Sería genial. Nuestra intención no es darnos a conocer porque somos unos frikis que hacen sus propios instrumentos, o porque hacemos una instalación más o menos compleja. Lo que queremos es que guste la música. (Roger): A nosotros lo que nos interesa es buscar unos sonidos concretos. Aquí, por ejemplo, hemos trabajado mucho con muelles, motores, planchas y sonidos metálicos. Pero lo que hacemos con las máquinas es poner en evidencia cómo se produce este sonido sobre elementos y lógicas muy cotidianas y muy inmediatas. Está claro que en el directo es importante cómo haces el efecto sonoro, pero en formato disco, sin que el oyente pueda ver cómo se produce y, aunque es cierto que pueda perderse información, también dejando la puerta abierta a muchas más interpretaciones. Otros discos han venido como foto final de un espectáculo. Como manera de archivar un espectáculo. En este nos hemos esforzado mucho para que la música fuera autosuficiente y funcionara en un concierto. (Laia): Se nos ha hecho siempre muy difícil compartir espacio con otros grupos. Hemos estado en muchos festivales, pero siempre debíamos tener un escenario reservado porque necesitábamos no sé cuántas horas de montaje. El Tres Tristos Trons es tan fácil de montar como una batería. Ese era el formato que buscábamos. Reivindicamos ser normales.

¿Y en qué medida influyen en vuestra música cuestiones exteriores o incluso cuestiones sociales o políticas? (Roger): A mí me cuesta relacionarlo con la situación de la calle, que está claro que es una puta mierda. No veo que la música instrumental funcione como respuesta a las carencias sociales. (Laia): Yo sí siento que es un momento menos amable. No sé si llamarlo rabia, pero sí tenía ganas de sacar de las entrañas una cosa un poco menos pensada, más visceral.

¿De ahí viene lo de los doce asaltos, este aire combativo y tan físico del disco? (Roger): El boxeo tiene que ver con nuestra manera de escuchar la música. Los boxeadores acaban neurológicamente tocados. Cada uno escucha la música de formas diferentes, pero nosotros tratamos de que pase algo, que se produzca un conflicto. No hacemos música para que esté en armonía con tu espacio. Buscamos esa sacudida en la cabeza que sufre el boxeador cuando le dan un buen golpe.

 

LA PARTE QUE FLOTA: TRES MUESTRAS

CABOSANROQUE, Mecánica intrusa

CaboSanRoque se han aproximado al hecho creativo de una forma especial y única. La suya es una “música para bailar sin ser música de baile. Música evocadora sin ser paisajística. Toda una rave concebida en un taller con tornillos y planchas metálicas cayendo al suelo”; así la definió Abraham Boba en la hoja promocional de su último disco. En su haber, además, sus colaboraciones con Carles Santos, Pascal Comelade, Pierre Bastien, Joan Saura o Vinicio Capossela, una fuente de enriquecimiento lúdico y experimental que han sabido llevar a su terreno.

CABOSANROQUE, Mecánica intrusa

“Ball de pistons”
(Autoeditado, 2010)

Los discos siempre han sido un retrato imperfecto e incompleto de lo que tienen por ofrecer CaboSanRoque, pero en su tercer álbum empiezan a trascender limitaciones y a facturar una suerte de post-rock mediterráneo. El oído atento apreciará un catálogo único de sonidos y una paleta de estilos que invitan a imaginar que, es cierto, algo más se esconde, pero la música de CaboSanRoque es perfectamente autónoma.

 
CABOSANROQUE, Mecánica intrusa

“Maquinofòbiapianolera”
(K Industria, 2013)

Grabado en directo, este concierto para piano y orquesta acaba en un delicioso choque de trenes. Es el resultado de dos aproximaciones aparentemente antagónicas: Carles Santos deslizándose por el free jazz y la música contemporánea, y la impresionante Orquestra Mecánica de la França Xica, con instrumentos de viento, percusión, cuerda y hasta agua, construida tras el desmantelamiento de una fábrica de galletas.

CABOSANROQUE, Mecánica intrusa

“12 Rounds”
(Chesapik, 2014)

Reducido a dúo –o, como dicen ellos, power trio con su nuevo autómata–, se retan a un combate de boxeo que retumba metálico y áspero. Hay juego de pies, fintas y contundencia, y más electricidad que nunca en un ambiente de rock casi blues donde a las influencias confesas de Einstürzende Neubauten, Throbbing Gristle, Stravinski, Erik Satie y Pascal Comelade hay que sumar las de Tom Waits, The Birthday Party y PJ Harvey sin Polly.

 
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