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CANCER MOON, Demasiado, y demasiado pronto

Josetxo Anitua, en primer plano; Jon Zamarripa, detrás. Cancer Moon: la gran referencia de la escena anterior al indie.

Foto: Javier Izquierdo

 
 

REVISIÓN (2008)

CANCER MOON Demasiado, y demasiado pronto

Uno de los mejores grupos, a pesar de las pérdidas y la mala suerte. En 2008 murió Josetxo Anitua, el emblema de Cancer Moon, banda que el paso del tiempo ha convertido en leyenda. Con únicamente tres discos, formaron parte de la generación previa a la eclosión del indie y se establecieron como una de las grandes referencias de esa escena, pero nunca tuvieron fortuna comercial. En esta Revisión, Eduardo Guillot recordó el poder de Cancer Moon, ejemplo del mejor rock estatal en la década de los noventa, y revisó su legado, que se inició en 1990 con “Hunted By The Snake” y concluyó en 1994 con “Moor Room”.

Enero de 1995. Roberto Herreros entrevista a Josetxo Anitua (1964-2008) en Rockdelux. “Creo que nuestros discos requieren repetidas escuchas para apreciarlos en toda su complejidad”, comenta el cantante. Tras el año de gracia de 1992, la escena indie estatal empieza a consolidarse a nivel industrial y artístico. El relevo generacional es un hecho. En verano de 1995, el Festival de Benicàssim comienza su andadura. Y solo unos meses después de la entrevista citada, Cancer Moon tiran la toalla. Al parecer, nadie ha tenido tiempo de dedicarles las escuchas necesarias y, hartos de ser ignorados por el público y maltratados por las discográficas, salen de plano. Ya entonces, como ahora, la complejidad no era lo que más se llevaba.

Resulta imposible saber qué habría sido de Cancer Moon si hubieran seguido en activo. Hasta se podría pensar que les faltó paciencia. Total, habían debutado en 1990. Pero las cosas no son tan sencillas. Jon Zamarripa y Josetxo Anitua unieron fuerzas en 1988, sí, pero ambos habían recorrido un largo camino previo que les permitió afrontar su proyecto conjunto con un background inusual en las bandas españolas de la época. Y lo que debería haber sido una ventaja se convirtió en su mayor obstáculo, porque mientras la reproducción mimética de los clichés del indie rock anglosajón era bendecida con toda suerte de parabienes, su propuesta musical, personal y con fundamento, cimentada en el conocimiento de la tradición rock que había dado lugar al panorama alternativo internacional del momento, era relegada a la marginalidad.

Ambos estaban acostumbrados a funcionar por libre. En 1983, cuando Alaska debutaba con Dinarama y Gabinete Caligari publicaban “Que Dios reparta suerte”, es decir, cuando comenzaba a gestarse la edad de oro del pop masivo español, el bilbaíno Yon Zamarripa tocaba la guitarra en Primitivos, una formación de rock’n’roll con vocación punk (o viceversa). Dos años después, fundaría Los Extraños, que se reconvertirían en Los Raros. The Velvet Underground, The Troggs o The Lyres eran algunos de sus grupos de referencia en una época en que, obvio es decirlo, no corrían buenos tiempos para reivindicarlos.

 
CANCER MOON, Demasiado, y demasiado pronto

Josetxo y Jon, en la época de “Flock, Colibrí, Oil”, en 1992.

Foto: Javier Izquierdo

 

Tampoco estaba de moda la no wave neoyorquina, de la que Josetxo Anitua era devoto. La Logia y La Tercera En Discordia fueron las bandas en que comenzó a ganarse una merecida reputación como vocalista, en algún caso versionando a The Velvet Underground, un interés común con Zamarripa que, previa escala de Josetxo en Jugos de Otros, cristalizaría en Cancer Moon.

A finales de 1988 comienzan a ensayar. Para entonces, el panorama pop estatal ha cambiado radicalmente: las prometedoras bandas de principios de la década se están convirtiendo en vulgares sustitutas de las orquestas de verbena, pero la situación tampoco es propicia para que se produzca un recambio en el que tenga cabida la propuesta de Cancer Moon, y la prueba más concluyente es su fichaje por Polar Records, subsello de Max Music, una compañía barcelonesa especializada en megamixes que tiene la insensata idea de lanzarse a la piscina rock. Como era de esperar, una vez edita “Hunted By The Snake” (1990), el debut del dúo vasco, se pregunta qué hacer con él.

Y lo peor está por llegar: impago de royalties, cancelación de contrato, demanda judicial... Un vía crucis que tiene al grupo un año y medio en el dique seco y que diluye el efecto que el disco habría causado de haber caído en manos más hábiles. Ya se les nota que han pasado años escuchando a The Stooges, Spacemen 3 y Sonic Youth, que los han entendido y que los toman como punto de partida, nunca como modelos a imitar, pero su voz clama solitaria en el desierto.

La luz al final del túnel comienza a distinguirse cuando se incorporan a Munster, un sello que había asistido como participante activo a la transición entre la independencia de los ochenta, ya seducida por los modos de la gran industria, y el incipiente nuevo panorama discográfico. Pero las cosas tampoco funcionan. Graban deprisa y corriendo su segundo disco, “Flock, Colibrí, Oil” (1992), que permanece congelado durante meses hasta que se edita discretamente, casi sin promoción. Y vuelven a surgir tensiones entre el grupo, que ha ampliado su paleta estilística, y el sello, que se desentiende de ellos. Esta vez, la sangre no llega al río y las relaciones entre ambas partes se acaban reconduciendo, pero queda claro que Anitua y Zamarripa deben buscar nuevo cobijo.

Su llegada a Radiation coincide con el boom indie estatal, ante el que se sienten perplejos: “Hay una gran avalancha de grupos y el público está volcado con ellos. Para mí, lo que le falta a esas bandas es el sentido de saber por qué hacen lo que hacen. Yo creo que no lo saben, ¿no? Los grupos de fuera tienen un montón de referencias anteriores que esta gente, simplemente, desprecia”, se lamentaba Josetxo Anitua. “Moor Room” (1994), su tercer álbum, demostraba de nuevo que ellos sabían el porqué y el cómo, pero ya era tarde. Parafraseando a New York Dolls, Cancer Moon ofrecieron demasiado, y demasiado pronto. La escena aún no estaba preparada para ellos, y se cansaron de esperar.

En el programa ‘Plastic’ de TVE-2, en 1990: “Voice Of The Sax”, del primer álbum, “Hunted By The Snake”, disco que los situó a la vanguardia de la precaria escena estatal de su tiempo.

CRONOLOGÍA

1988. En octubre, Josetxo Anitua y Jon Zamarripa coinciden en un concierto de Sonic Youth en Vitoria y deciden poner en funcionamiento un grupo. Toman el nombre de la canción del grupo de California Quicksilver Messenger Service “Maiden Of The Cancer Moon”.

1989. Ponen en circulación la demo “12 Stereo Surgery Mistakes”, con Josetxo a la voz, Yon al bajo y las guitarras y Jesús Suinaga (ex miembro de La Tercera En Discordia) a la batería. Dos discográficas, Imposible Records (Madrid) y Polar Records (Barcelona), pujan por hacerse con los servicios del grupo.

1990. En febrero se publica “Hunted By The Snake”, con Eduardo Bazterra al bajo. A causa de las escasas ventas,  la discográfica Polar interrumpe la distribución y se niega a cumplir el contrato firmado con el grupo, que incluía la grabación de otro LP.

1992. Reducidos al núcleo básico Zamarripa-Anitua, editan “Flock, Colibrí, Oil”. El disco se graba y mezcla en solo cuatro días con la ayuda de Álvaro Irízar (bajo) y Arturo García (batería). Munster también distribuye copias de la maqueta “TV Tapes”.

1993. Las relaciones con Munster se enfrían. En diciembre aportan el tema “Zurker” al recopilatorio colectivo “Navidades furiosas”, editado por La Fábrica Magnética.

1994. Aparece “Moor Room”, grabado con Arturo García y Charlie Solano (bajo). El sello Radiation también anuncia la edición en disco compacto de “TV Tapes”, hecho que no llega a concretarse.

1995. El grupo decide definitivamente tirar la toalla y anuncia la separación ante la indiferencia general y la falta de perspectivas discográficas. 

 

 

TRES DISCOS RECOMENDADOS...

CANCER MOON, Demasiado, y demasiado pronto

“Hunted By The Snake”
(Polar, 1990)

Un debut (excepcional) que no lo parece. Un furioso magma eléctrico en el que convergen felizmente las numerosas experiencias previas de Josetxo Anitua y Jon Zamarripa, que saben destilar con inteligencia y sin miedos su afilada concepción de un rock infeccioso y visceral, macerado en el alcohol del noise rock, el garage punk, la psicodelia bastarda y el blues abisal. Casi veinte años después, “Hunted By The Snake” suena vivo y palpitante. Aunque el dúo se quejó de la producción del periodista Jaime Gonzalo (‘Ruta 66’), la crudeza resultante de su labor mantiene una vigencia incontestable. Y canciones como “Jimi Jimi”, “Call It Fear” (un claro homenaje a The Jesus & Mary Chain) o “Cruella Devil” lo sitúan a la vanguardia de la precaria escena estatal de su tiempo. La edición CD incluyó una versión de “I Need Somebody” (Iggy & The Stooges).

CANCER MOON, Demasiado, y demasiado pronto

“Flock, Colibrí, Oil” 
(Munster, 1992)

Ya se sabe que las prisas son malas consejeras, y cuatro días no parece tiempo suficiente para registrar un disco. “Podría haber sido mucho mejor. La producción es prácticamente inexistente. El sonido no es malo, sino poco uniforme”, reconocía Josetxo. La calidad de las canciones, no obstante, se impone a cualquier otra consideración. Repartidas en dos caras con distinto nombre (“Welfare Recording” y “War Against Smoke”), algunas toman como punto de partida planteamientos similares a los del primer LP, como “Solution (Mooncycle)” o “Have You Seen It?”, pero pronto es evidente que el dúo no se va a limitar a ofrecer una simple secuela, y el trabajo de las guitarras en “Folks” y “White Sky” denota una inmersión en terrenos que basculan entre el noise, el space rock y, aunque todavía no acuñado el término, el post-rock.

 
CANCER MOON, Demasiado, y demasiado pronto

“Moor Room”
(Radiation, 1994)

Elegido por Rockdelux como disco del año 1994 (ex aequo con “Un soplo en el corazón” de Family), el epitafio definitivo de Cancer Moon es también su trabajo más completo, producto de la madurez que el dúo ha alcanzado con el paso de los años. El rock melódico y directo de “Girls Hangin’ Round” armoniza con el mantra espacial de “Blue Sky”, el ímpetu stooge de “In A Hurry” y el galope semiacústico de “Caster” para completar un álbum inagotable, repleto de matices, que responde, en palabras del grupo, a la búsqueda de un espacio sonoro “de connotaciones extrañas, musgoso y un poco sucio”. Curiosamente, y aunque las guitarras eléctricas mantienen un protagonismo feroz en muchas de las canciones, se trata de su disco más limpio y abierto, una obra total que auguraba un brillante futuro que, por desgracia, no pudo ser.

... Y SU MEJOR CANCIÓN:
“Stone Of Head”
(1994)

Es casi inevitable pensar en Cancer Moon e imaginar una guitarra con distorsión. Sin embargo, no hay cólera rock en “Stone Of Head”, que Anitua definía como “una canción que no se parece a ningún otro grupo y que abre una nueva puerta a nuestro sonido”. Su voz se desliza sinuosa por un colchón líquido de etérea percusión electrónica y de discretas guitarras con slide y trémolo que arropan la enigmática letra (“Acostumbrado a un amigo / Un hombro en mi mano / Bébeme también y despídete”). Incluida en el disco “Moor Room” y definida por Xavier Cervantes (en “Los mejores 200 CDs de los 90”, especial editado por Rockdelux en 2000) como “una canción de pura emoción”, marcaba, efectivamente, una senda que, de haber tenido continuidad, sin duda hubiera deparado otros grandes momentos de sublime belleza sonora.

 
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