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CANCER MOON, Veneno en la piel

Josetxo Anitua, el mundo interior de Cancer Moon.

Foto: Joseba Moso

 
 

ENTREVISTA (1995)

CANCER MOON Veneno en la piel

Con la reciente muerte de Jon Zamarripa (ver aquí) se oficializa definitivamente la instauración del mito que siempre sobrevoló Cancer Moon: ¿malditismo? Y es que la historia de la música ofrece muy pocas oportunidades de conocer y valorar –en el momento adecuado– a grupos imprescindibles, antes de que el paso del tiempo los consuman. “Moor Room” (1994) fue la tercera demostración de un dúo que, entonces, parecía resistirse a la erosión; pero todo fue puro espejismo: al año renunciaron a seguir. Recuperamos esta entrevista de Roberto Herreros con Josetxo Anitua cuando ese tercer LP del dúo fue escogido mejor disco del año en Rockdelux. Blas Fernández repasó sus tres álbumes.

“No, yo no me siento pionero de nada. Siempre he hecho lo que tenía que hacer; lo que me gustaba hacer. Que hayamos sido los primeros o los segundos me da igual, lo que realmente me importa es hacer lo que siento”.

Con estas palabras responde Josetxo Anitua al exponerle la importancia que Cancer Moon ha tenido para la nueva generación noise que hoy día florece en cada rincón de la península. Y es que es bien cierto que, años atrás, cuando el solo hecho de imaginar un germen de escena independiente resultaba algo lejano y ficticio, grupos como Los Bichos, La Secta o Cancer Moon confirmaron las credenciales de una identidad ruidosa autóctona e independiente; un nuevo pozo de ideas del que más tarde muchos se aprovecharían, pero que no ha supuesto reconocimiento alguno –por parte del público, que a fin de cuentas es el que manda– para sus creadores. ¿Injusto? Josetxo tiene su propia teoría. “De lo que se trata es de, siempre que puedas, dar con el mismo clavo en la misma pared. Así, si sigues y sigues y sigues, lo conseguirás. Siempre he creído en eso. Pienso que ofrecemos calidad y, a la larga, la calidad funciona. Igual ‘Moor Room’ de primeras no vende mucho, pero llegará a vender, porque creo que es muy buen disco”. Toda una lección de principios y perseverancia. No en vano, si hay algo de lo que Cancer Moon puede presumir es de ser uno de los pocos grupos estatales que permanece en constante ebullición de ideas y, lo más importante, con una serie de referencias más o menos intuibles que les permiten elaborar una obra que coge de todos y no debe nada a nadie. Posiblemente esa sea su mayor –y no única– baza: ser poseedores de un sonido único, brillante… Propio. ¿No es precisamente eso lo que falta en la independencia española? Personalidad, ideas… CANCIONES, en todo el sentido de la palabra. Josetxo no se muerde la lengua a la hora de cuestionarse ante tanto barullo y tan pocos resultados tangibles. “Hay una avalancha enorme de grupos y el público está volcado con ellos. Para mí, lo que les falta a todas estas bandas es sentido; el sentido de saber por qué están haciendo lo que están haciendo. Yo creo que no lo saben, ¿no? Hay muchos grupos que están haciendo lo mismo fuera, pero tienen un montón de referencias anteriores que esta gente simplemente desprecia. Eso no se puede hacer; la esencia de todo está ahí. Tú le puedes dar tu punto de vista, incluso sacar algo nuevo, pero tienes que apoyarte en algo previo sobre lo que trabajar, si no…” . Y duda un momento para, al rato, sentenciar: “Hay gente que tiene tanto o más veneno que Sonic Youth, y lo que echo en falta en estos grupos nuevos es veneno”. Punto. Era pertinente –y necesario– que Cancer Moon se explayara sobre un asunto que les ha perjudicado más de lo que se puede suponer. La necesaria reválida al público supuestamente indie. Ese que rebosa en un concierto de The Breeders en The Revolver Club y, al mes siguiente, apenas deja con veinte personas a Cancer Moon en la sala El Sol de Madrid.

“Hay una avalancha enorme de grupos y el público está volcado con ellos. Para mí, lo que les falta a todas estas bandas es sentido; el sentido de saber por qué están haciendo lo que están haciendo. Yo creo que no lo saben, ¿no? Hay muchos grupos que están haciendo lo mismo fuera, pero tienen un montón de referencias anteriores que esta gente simplemente desprecia. Eso no se puede hacer; la esencia de todo está ahí”
(Josetxo Anitua)

Partamos de un principio. Tras los numerosos proyectos del dúo vasco por separado (Primitivos, Los Raros, Jugos de Otros…) e incluso alguna pequeña incursión en el hardcore americano (La Tercera en Discordia), Jon Zamarripa y Josetxo Anitua unen sus fuerzas para formar Cancer Moon, creando así una complicidad que permanecerá inquebrantable hasta la fecha. “Hunted By The Snake” (1990) es el primer álbum del grupo, publicado por el polémico subsello Polar. Sí, ese que perteneciendo a una discográfica llena de éxitos dejó prácticamente en paños menores a Vancouvers, The Del Hoyo y, claro está, a Cancer Moon. Demasiadas expectativas de ventas con un grupo “difícil” de vender. “Una compañía que factura con los ‘Max Mix’, discos de platino, etc., al ver que no funcionan las ventas, se echa atrás. Se habían creado demasiadas expectativas con el subsello y, además, este tampoco funcionó muy bien; hubo problemas con la gente que lo dirigía… Aquello se quedó un poco descabezado. Nosotros lo sufrimos porque no solo se negaron a grabarnos el segundo disco como constaba en el acuerdo, sino que encima no nos dieron la carta de libertad y querían vender nuestro contrato”. Por estos motivos, Cancer Moon ha decidido llevar a Polar a los tribunales, a los que se tienen que presentar al día siguiente de hacer esta entrevista. “Es que encima no nos pagaron ‘royalties’, excepto los del primer trimestre. Entonces ya es cuando decidimos llevarlos a juicio. Además, nos perjudicó muchísimo el hecho de estar año y medio parados”. Dejando a un lado problemas legales, “Hunted By The Snake” resultó ser el oasis que muchos estaban esperando, vista la sequía que asolaba el panorama musical español de entonces. Un álbum imaginativo, peligroso y arriesgado a manos llenas. ¿La preera del spanish noise? ¿El año 0 de la cruzada ruidista que más tarde invadiría el país? Ante todo, una nueva etapa dentro del estado del rock patrio y uno de los pocos discos exportables facturados aquí en su día. “El primer álbum está bien. Veo que le faltan cosas, pero tiene… tiene mucha garra, es muy mordaz, y me sigue gustando”.

Lección aprendida y un nuevo paso. Munster es la discográfica que los acoge para lanzar su segundo LP, “Flock, Colibrí, Oil” (1992). Un álbum distinto que despista en cuanto a la concepción que todos teníamos de Cancer Moon. “El segundo disco también está bien, pero podría haber sido mucho mejor. Las canciones son buenas, pero la producción es prácticamente inexistente. Tuvimos poquísimo tiempo para grabarlo; cuatro días entre grabación y mezclas. Una pequeña locura. Casi nos volvemos locos nosotros y también el técnico. No es que no estemos contentos; el sonido no es malo, sino un poco uniforme, y en cuanto a las guitarras, en principio tendrían que haber sido mucho más variadas. Hubieran realzado las canciones. Lo que pasa es que si el disco ha funcionado y a la gente le ha gustado es porque las canciones están bien”. De acuerdo, pero “bien” no es el adjetivo correcto.

 
CANCER MOON, Veneno en la piel

Jon Zamarripa ejemplifica con la música de Cancer Moon lo difícil que puede resultar casar calidad y reconocimiento popular.

Foto: Joseba Moso

 

“Flock, Colibrí, Oil” es ese segundo disco que esperas como una digna continuación del anterior, quizá con alguna sorpresa o algún pequeño cambio de justifique su razón de ser, pero siempre acorde a los postulados sembrados por su predecesor. Nada más lejos de la realidad. Si bien se establece una línea de similitud con la construcción de algunos de los temas de “Hunted By The Snake”, el resto escapa de obviedades para toparnos con un trabajo mucho más variado: rico en matices, generoso en arreglos y sobrado de (enormes) canciones. Certeros cortes rock de efecto inmediato como “Solution (Mooncycle)”, atmósferas cuidadosamente tejidas (“White Sky”), la agilidad rítmica de “Smokers” y la enervante intensidad de “Stocks” son méritos más que suficientes para que “Flock, Colibrí, Oil” se convierta en uno de los discos claves de ese año repleto de discos claves que resultó ser 1992.

Las relaciones con Munster comienzan a flojear. Finalmente perecen ante la supuesta indiferencia del sello. “Empezamos a tener problemas con ellos. Hubo ya un momento en el que Munster, sin ni siquiera hablar con nosotros, dijo por ahí que ya no estábamos en el sello”. Pero, por suerte, la sangre no ha llegado al río y las cosas empiezan a estabilizarse. “Hemos vuelto a entablar relaciones con ellos y, bueno, parece que por fin las cosas se van solucionando”.

“Siempre que actúo intento llegar al corazón de las canciones, venga la gente que venga. Lo único que necesito es estar a gusto en el escenario. Me es indiferente que tenga un equipo estéreo maravilloso o un simple juego de voces. Si quieren venir a vernos, bienvenidos sean; pero, por favor, que no hagan ‘stage-diving’”
(Josetxo Anitua)

Radiation es la encargada de publicar su tercer disco y ¿decisivo? tercer álbum. “Moor Room” (1994) es el presente de Cancer Moon y su realidad más reciente. Una impecable producción, cuidada hasta el más mínimo detalle, envuelve los contenidos de un disco para escuchar, para sentir, para desguazar canción por canción, para llorar y también para reír. Su umbral sonoro cada vez es más inmenso, su capacidad de subyugarte, enorme, y las sensaciones que te transmite, infinitas. Consiguen aunar en un mismo soporte sensibilidad e intensidad, y, sobre todo, los temas de “Moor Room”, ya sean ruidosos, frágiles, violentos o hipnóticos, desembocan en un punto en común: visceralidad. Canciones como “I’m Head Down”, “Wolf Of Cool”, la inaudita lucidez de “Stone Of Head” (“es una canción que no se parece a ningún otro grupo y que abre una nueva puerta a nuestro sonido”), “Risin’” o “Blue Sky” son la confirmación de Cancer Moon como la propuesta más seria dentro de nuestras fronteras, con la suficiente credibilidad y talento para salir fuera de ellas. ¿El disco de –odiosa palabreja– madurez o simplemente una vuelta de tuerca más a su evolución? “Yo creo que es una vuelta de tuerca más, o sea, no sé si yo maduraré algún día (risas). Yo creo que este disco cierra una etapa… y abre otra distinta”. Todo esto se complementa con una intrigante (y preciosa) portada. “Viene a título del disco. Queríamos algo que tuviera esa connotación de un espacio un poco extraño, un poco musgoso y un poco… sucio, de alguna manera”. La música de Cancer Moon también es así: extraña, musgosa, sucia… ¿oscura? “Hay de todo; hay oscuridad y hay luz, unas veces intensidad, otras veces laxitud, anticlímax…”. Quizá sea eso lo que les impide llegar a un público más amplio: la densidad de unos temas que, a oídos no acostumbrados, pueden resultar pesados. “Desde luego nuestras canciones son para que gusten. Y no una vez, sino muchas. Hay discos que me gustan mucho en una primera escucha y que luego van perdiendo su interés. Lo que es evidente en un principio, luego pierde todo su misterio. Creo que todos nuestros discos requieren repetidas escuchas para apreciarlos en toda su complejidad”.

Hablar con Josetxo es un ejercicio agradable y placentero. Se muestra nervioso, intranquilo, como si tuviera prisa, pero a la vez procura mantenerse elocuente y sincero. A veces parece inseguro; sin embargo, no teme contestar a ninguna pregunta y, cuando crees que está acorralado y atisbas cierta ansiedad en sus gestos, responde, escueto, sonríe y parece confiar en que lo que ha dicho ha sido lo suficientemente convincente para no tener que volver a repetirlo.

Él y Jon forman equipo desde hace más de media década y la compenetración es total. Un tándem al que ya es muy difícil que alguien llegue a acceder. “Empezamos nosotros solos y cualquier persona que se quiera integrar tiene en contra seis años de trabajo. Una serie de puntos en común que ya son tácitos”. Respecto a los músicos que van y vienen, “las canciones cambian en función de con quién las hagamos. Al meter más gente siempre van a dar su punto de vista. Si vemos a alguien armónico a nuestro proyecto, le dejamos vía libre, pero es muy difícil encontrar gente armónica. De todas maneras, es un proyecto abierto; abierto a colaboraciones”. Lo próximo que van a hacer es editar un compacto en Radiation con el contenido de las cintas “TV Tape”, que salieron a la venta, hace escasos dos años, vía Munster. “Esas cintas son cosas hechas en casa, en cuatro pistas. En un estudio es muy difícil conseguir el ‘feeling’ que puedes pillar en casa y, sobre todo, el ‘feeling’ que puedes pillar en un momento determinado; el momento en que las cosas son puras y las ideas realmente acaban de salir. Es cuando tienen su mayor sentido”.

A raíz del concierto en El Sol, y a modo de curiosidad personal, Josetxo opina que “fue falta de promoción más que otra cosa. De todas formas, peor para ellos. Siempre que actúo intento llegar al corazón de las canciones, venga la gente que venga. Lo único que necesito es estar a gusto en el escenario. Me es indiferente que tenga un equipo estéreo maravilloso o un simple juego de voces. Si quieren venir a vernos, bienvenidos sean; pero, por favor, que no hagan ‘stage-diving’”. Roberto Herreros


CARCINOMAS SONOROS

 
CANCER MOON, Veneno en la piel
 

“Hunted By The Snake”
(Polar, 1990)

Recuerdo que lo pensé entonces. Y hoy, casi cinco años después, sigo opinando lo mismo: “Hunted By The Snake” fue el punto de fuga del rock nacional; la confirmación de que se abría una nueva etapa; la certeza de que había grupos en nuestro underground que podían medirse con los de fuera y salir airosos. Hubo precedentes que nos pusieron sobre aviso –The Pantano Boas, Los Bichos–, pero con el por entonces trío bilbaíno la cuestión quedaba definitivamente clara. De “Ramblin’” al surco sin fin de “Voice Of The Sax” –al “I Need Somebody” de Iggy Pop en la versión CD–, Josetxo Anitua, Jon Zamarripa y Jesús Suinaga facturaban un disco arrebatador, preñado de electricidad, melodía y canciones mayúsculas. Desavenencias posteriores con el productor, Jaime Gonzalo, los llevaron a declarar que no estaban muy de acuerdo con el sonido; yo ahora no puedo imaginármelo de otra manera. Noise, psicodelia, garage, blues terminal y textos herméticos… Esta serpiente acababa devorándote sin remedio (y con gusto enorme).

 
CANCER MOON, Veneno en la piel
 

“Flock, Colibrí, Oil”
(Munster, 1992)

Tras no pocos, y serios, problemas con su anterior discográfica y apareciendo ya como dúo con músicos de apoyo, Jon y Josetxo desembarcan en Munster. “Flock, Colibrí, Oil” reparte nueve canciones entre la “Welfare Recording Side” y la “War Against Smoke Side”. La primera la abre “Solution (Mooncycle)”, una pieza robusta cuyo estribillo cae como aceite hirviendo y en cuyo esquema, rápido y contundente, entran también “Have You Seen It?” y “Whole World” (puro hardcore en descomposición). En “Ink” y “Folks”, Zamarripa teje densas y diversas capas de guitarra sobre las que Anitua, del susurro al grito, impone la melodía. “Indians” es el corte que remite a sus excitantes experimentos con el cuatro pistas; “Folks y “White Sky”, temas de largo desarrollo con verdaderas tormentas creciendo y estallando en su interior. Hermoso, magistral e imprescindible, el segundo de la “luna en cáncer” no solo confirma expectativas: las colma y además nos predispone con inquietud a su continuación.

 
CANCER MOON, Veneno en la piel
 

“Moor Room”
(Radiaton, 1994)

Van por el tercero y no hacen sino superarse. El dúo carcinoma hace fácil lo difícil: conseguir con “Moor Room” ir todavía un paso más allá. Las canciones de su hasta ahora última entrega –confío en no tener que esperar un par de años hasta la próxima– equilibran experiencia y una inspiración a prueba de baches. Siguen haciendo uso lúcido de la distorsión, pero limpian su sonido. Abren varios frentes y en todos salen victoriosos: el sonido líquido de “Stone Of Head”; las descargas rápidas y precisas de “Girls Hangin’ Round”, “Sweet, Sweet Cake”, “Stupid Pumpgirl” e “In A Hurry”; la herencia experimetal en “Risin’”; esas canciones absolutas que son “I’m Head Down”, “Caster” o “Lie”… “Moor Room” resulta un disco brillante, en el que el concepto “madurez” cobra su verdadero significado y sitúa a Cancer Moon muy muy por encima de la media. Ajenos a etiquetas y “movidillas” bobaliconas, Jon Zamarripa y Josetxo Anitua cierran con este trabajo una trilogía de LPs que, por derecho propio y no por hipervaloraciones de ingenuos entusiastas, tarde o temprano figurarán como algunos de los mejores discos en la historia del rock español. Y que sigan así por muchos años. Blas Fernández

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