En realidad, Chan Marshall ha acabado siendo Cat Power más por accidente que por decisión propia. Ella no quería ser cantante. Ni siquiera en el coro de la iglesia; dice que abría la boca y gesticulaba para disimular, pero que nunca cantaba. Sin embargo, hace ya más de once años que grabó sus primeras sesiones en Nueva York. Convencida por sus amigos de Atlanta, empezó susurrándole canciones por teléfono a Steve Shelley (batería de Sonic Youth y su principal mentor) y, caprichos del destino, ha acabado cantando “Hanging On The Telephone” en un anuncio de telefonía móvil. Vale la pena verlo.
En “Dear Sir” y “Myra Lee” (Smells Like Records, 1995), Chan Marshall sonaba como una desequilibrada chiquilla abandonada en la puerta de un orfanato. “Lo último que recuerdo es alguien riéndose en mi oreja; lo último que recuerdo es: ‘Eh, los faros se están acercando demasiado a mí’”, balbucea en “Headlights”. Tim Foljahn (Two Dollar Guitar) y Steve Shelley (Sonic Youth) la acogieron sin intención de desinfectar su talento. Se limitaban a dejarla desahogarse. Ella expulsaba alaridos y susurros, salvajes y a veces inconexos, y ellos la asistían sin llegar a comprender todo lo que escondían sus poéticas alucinaciones. Hechicera, cegadora y gélida fue su aparición. “Soy la nieve, soy la nieve, soy la nieve”, cantaba en “Great Expectations”. “Vivo en el desierto y dejo que el viento me haga el amor”.
Al lado de esas descarnadas grabaciones tan al borde del delirio, todo lo que ha editado después casi suena meditado y consistente. Porque, pese a su caótico talante, la perspectiva del tiempo permite entrever una dirección artística, una determinación, tal vez difusa en su día. Si al principio sonaba como una rama seca, en “What Would The Community Think” (Matador, 1996) –aún con Shelley y Foljahn; en los créditos les agradece su “mucha paciencia”– y “Moon Pix” (Matador, 1998) –grabado en Australia con Dirty Three– las canciones tienen una forma más precisa y las instrumentaciones han polinizado su voz, que ya suena menos agreste, más civilizada. ¿Entrando en razón? Eso nunca.
Impulsiva y terca, Chan Marshall paró en seco la gestación de su siguiente disco porque notó un no-sé-qué en el estómago y se enfrascó en “The Covers Record” (Matador, 2000), el primer álbum de versiones donde conviven Bob Dylan (aún recuerda cómo le marcó verle en directo cuando ella tenía 15 años) y Smog (durante una época fue novia de Bill Callahan; “su Tom Waits”). Cuando retomó su propio cancionero, buscó un ingeniero de sonido profesional. El elegido fue Adam Kasper, productor de Pearl Jam, Foo Fighters y Queens Of The Stone Age. ¿Su salto al mainstream? No: escondió las colaboraciones de Eddie Vedder (Pearl Jam) y Dave Grohl (Foo Fighters) en los créditos de “You Are Free” (Matador, 2003) e invitó a cantar a dos niñas que había conocido en una tienda de discos. El resultado es Cat Power en total libertad, en absoluta plenitud, en flor.
El método, la perfección y la previsibilidad nunca han tenido espacio en su música. Ella siempre busca músicos acostumbrados a improvisar, músicos que no intenten robarle las canciones. “No quería ensayar porque me intimidaba tocar con otra gente”, ha reconocido. Desconfiada como una leona herida, protege sus canciones de músicos, productores e ingenieros de sonido. En su mente son manos sucias que ha de mantener alejadas de sus criaturas. Mientras no demuestren lo contrario, son enemigos. Tal vez por ello se fue al campo a parir el DVD en directo “Speaking For Trees” (Matador, 2004). Pero aun así, un buen día de 2005 llegó a su discográfica con su más insólito deseo: grabar un disco con los músicos de Al Green. Y se lo han concedido.