Café, copa y cigarrillo tras cigarrillo (“el alcohol y el tabaco ayudan a que mis cuerdas vocales modulen en el tono adecuado”), nos habló de las pocas cosas que cambiaron para ella con la llegada de la independencia, la democracia y el socialismo a las islas de Cabo Verde –situadas a 500 kilómetros de las costas de Senegal–. “A mí nunca me ayudaron, ni el gobierno ni nadie. Solo después de que contara a la prensa que los socialistas no me habían pagado, entonces me recibió el primer ministro”. Sin embargo, y casi por casualidad, en 1985, tras diez años de inactividad profesional, sucedió algo que modificaría totalmente su situación, la de los suyos y, posiblemente, la de la música de su país en general. “En 1965 grabé un disco, pero no ocurrió nada, y fue por eso que al cabo de diez años decidí dejar de cantar. Pero diez años más tarde una asociación de mujeres caboverdianas me propuso grabar en Lisboa un disco junto a cuatro cantantes más; entonces pensé que las cosas podían ir por mejor camino; además, se me presentaba la oportunidad de dejar por primera vez las islas”.
Dos años más tarde grabará un disco distribuido únicamente en Portugal –titulado “Cesaria” y hoy descatalogado– y conocerá a José da Silva, su mánager a partir de entonces y el principal responsable de tan popular aceptación: afianzará posiciones en Boston (donde se encuentra la mayor comunidad caboverdiana del mundo) y dirigirá su modesto lanzamiento al público francés. Ya en el sello galo Lusafrica (marca que editará todos sus discos) grabará “La diva aux pieds nus” (1988) y “Distinto di Belita” (1990), dos trabajos muy similares, hermosos aunque lastrados por una instrumentación electrónica de circunstancias. “No había dinero para hacer algo acústico en buenas condiciones; era la única salida y nos sirvió para seguir adelante”.
Ya entrados los noventa, con “Mar azul” (1991) se producirá el milagro. El marco perfecto para dar a conocer una voz única que invita a todo tipo de poéticas descripciones, pero no se ajusta a ninguna de ellas: una voz que se ha de oír o, mejor dicho –y aprovechando lecturas–, sentir para apreciar en toda su magnitud.
A principios de 1992 se editará “Miss Perfumado”, y con él comenzará a desatarse la fiebre caboverdiana. Mes tras mes irá haciéndose hueco entre los discos de más de cien mil franceses, llenará dos noches consecutivas el Olympia de París y, en junio de este mismo año, protagonizará la portada de la revista ‘Actuel’. Toda la belleza de “Mar azul” cristaliza en este “Miss Perfumado”; obra maestra de la que en gran parte es responsable su compatriota Paulino Vieira, reputado músico con el que ya colaborase en anteriores trabajos y que aquí se encarga de la producción y la mayoría de los instrumentos (y con el que ya ha grabado un nuevo disco del que no nos quiso adelantar gran cosa, salvo que, como los anteriores, estará compuesto de temas nuevos y de clásicos –que son lo que Cesária prefiere– y que no aparecerá hasta mayo o junio, fechas en las que posiblemente vuelva a actuar en nuestro país, donde lleva vendidos ya casi 10.000 discos).