En verano se agotó su voz trémula, y al final del otoño su dueña dice adiós. Cesária Évora, la cantante que puso al archipiélago africano de Cabo Verde en el mapamundi de las músicas étnicas, ha fallecido hoy, sábado, en un hospital de São Vicente, su isla natal. Allí había nacido hace setenta años, y de allí partió para mostrar al mundo qué es la morna. Pocos artistas han hecho tanto por la visibilidad de lo africano como esta mujer de vida espinada y éxito postrero.
Cesária Évora aparece a hurtadillas en un universo masculino. En los años cincuenta, la música de Cabo Verde está tutelada por hombres. El poeta nacional Eugénio Tavares había muerto, pero su amigo Francisco Xavier da Cruz “B. Leza” fulge como autor nacional y, en casa, el padre toca violín y cavaquinho. Su hermano Lela, al saxo, es su primera compañía. De los días de plazas y esquinas, Cesária pasa a la noche, a los bares. Tabernas de marineros varados en tierra, vertederos de amor. Cize, como la llaman, se convierte en reina de la morna, esa melancólica canción marinera de Cabo Verde macerada entre lamentos sordos y tragos de aguardiente barato. En míseros palacios nocturnos de hombres pobres como el Café Royal, cuando hay suerte, por un puñado de escudos portugueses.
A mediados de los años setenta, Cesária Évora ya es popular entre su gente… y conocida entre los camareros. Bebe mucho, canta menos y, en 1975, el año de la independencia, ella, amargada y triste, se retira a la vida familiar. Empiezan diez años de silencio, a los que luego se referirá como “años negros”. En 1985 el cantante Bana logra su regreso como invitada en un restaurante de Lisboa, ciudad donde graba algunas canciones. Pero su descubrimiento llega de lejos: en París, las mornas envolventes de esta mujer enjuta que acostumbra cantar descalza, a fumar y beber en el escenario, retratan la saudade por el siglo que casi se va. Dos discos, “Mar azul”, de 1991, y “Miss Perfumado”, del año siguiente, ponen a Mindelo, su pueblo, y a sus diez islas de Cabo Verde en el atlas musical del primer mundo. Canciones suyas como “Sodade” o “Ausencia” suenan en clubes, teatros, radios y películas. De Londres a Bucarest, de Sídney a Nueva York…























