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COLA JET SET, ¿Apocalipsis pop?

“Con la formación actual el público se echa a bailar masivamente, y hay una retroalimentación poderosa entre eso y nuestra soltura. Sudamos mucho más que antes”.

Foto: Òscar Giralt

 
 

ENTREVISTA (2016)

COLA JET SET ¿Apocalipsis pop?

Tras rememorar a Los Canguros y reactivar a Los Fresones Rebeldes, al universo Fresón solo le faltaba la vuelta de Cola Jet Set. Deseo concedido: “El fin del mundo” (2015) nos trajo a una banda renovada, pero inmune a cualquier tipo de cambio o espera prolongada. Felipe y Alicia le hablaron a Marcos Gendre de todo ese proceso y, de paso, nos recordaron que, si asoma la arruga, la van a seguir estirando con brío pop.

En los seis años transcurridos entre “Guitarras y tambores” (Elefant, 2009) y “El fin del mundo” (Elefant, 2015), las piezas que forman Cola Jet Set han ido rotando de forma continua: Alicia por Ana, Toni por Joan, la entrada de Matt. Cualquier otra formación hubiera sucumbido ante semejante desfile de cromos. Pero, claro, estamos hablando de Cola Jet Set, más un concepto de exaltación pop en sí mismo que un grupo al uso. Los cambios son habituales, y también necesarios, para reoxigenar los pulmones. “Con Alicia, que simplemente ha pasado de segunda voz a primera, y Toni no ha bajado el nivel: son tan genuinos y competentes como sus ilustres antecesores. La entrada de Matt nos aporta experiencia, organización y un sonido más robusto por su forma de tocar”, comenta Felipe.

“Tras dos LPs deliberadamente limpios, nos apetecía subir la intensidad y permitir aflorar la influencia de grupos que siempre nos han gustado, como Breeders, Ride, My Bloody Valentine, Hüsker Dü, Sugar, incluso nuestros paisanos Childhood, con una doble acción vocal interesantísima”
(Felipe)

Pero aquí no termina el lavado de cara. Tal como explica Alicia, “con la marcha de Joan perdimos ese punto transgresor y pícaro en los directos. Pero Toni aporta precisión y fuerza en la batería, que, junto a las líneas de bajo –a cargo de Dani, que sustituyó a Cristina después de “Guitarras y tambores”–, da mucha potencia al grupo”. Ruth es otra de las nuevas componentes: “No participó en la anterior grabación, pero entró de manera permanente con la megaformación Super Cola Jet Set. Además de añadir color a la dimensión vocal, ha aportado el lado más artístico con sus ilustraciones” –todas los dibujos de Cola Jet Set son suyos–. Y, por último, Manel, “que también ha estado desde hace bastantes años –ya sea en la producción, ya sea con ayudas puntuales– y contribuye muchísimo a los teclados. Es un crack y, sin demasiado esfuerzo, te saca unas melodías espectaculares”, concluye Alicia, para añadir que “en mi caso, que llevo desde 2005 en el grupo, ya estaba bastante rodada. Aunque sí es cierto que mi paso a voz principal ha provocado un cambio en las canciones, que quizá antes –con la voz de Ana– podían ser más ‘dulces’ o ‘naíf’, y, ahora, con mi voz, pueden parecer más ‘sobrias’ o ‘maduras’. Hay opiniones para todo: hay a quien le gusta y hay quien echa de menos a Ana. La vida da muchas vueltas, y quién sabe... ¡La formación está en constante evolución!”.

Ni más ni menos, “El fin del mundo” provoca la misma sensación que la carrera de The Fall: para que las cosas sigan igual, todo tiene que cambiar. Así, la entrada de Matt ha ocasionado una reelectrificación del revestimiento sónico, lo que también ha incidido en la puesta en escena, para la que Felipe se siente más respaldado. “Ya llevamos una media docena de conciertos de presentación y, desde nuestro punto de vista, tenemos un sonido muy consistente que, a la vez, nos hace tocar más sueltos y confiados. Hemos trabajado bastante para que las tres guitarras sumen sin molestarse. Las canciones más ‘crispadas’ ya estaban hechas así antes de su incorporación. Tras dos LPs deliberadamente limpios, nos apetecía subir la intensidad y permitir aflorar la influencia de grupos que siempre nos han gustado, como Breeders, Ride, My Bloody Valentine, Hüsker Dü, Sugar, incluso nuestros paisanos Childhood, con una doble acción vocal interesantísima. Gracias a Matt, podemos trasladar al directo esa intensidad. También estoy observando que con la formación actual el público se echa a bailar masivamente, y hay una retroalimentación poderosa entre eso y nuestra soltura. Sudamos mucho más que antes, y eso que es invierno”.

 
COLA JET SET, ¿Apocalipsis pop?

Ruth, Matt, Toni, Felipe, Daniel, Manel y Alicia: fin del mundo con pop. Foto: Òscar Giralt

 

Entre cambio y cambio, Felipe ha llegado a expresar que cada vez le cuesta más componer porque no quiere repetirse. Esta necesidad se ha traducido en el disco más caleidoscópico del grupo. De su renovado interés por el prerrevivalismo neopsicodélico indie –como en el riff edificado en “Me levantaré”– al guiño indisimulado a Astrud Gilberto en “No te enamores de mí”, el campo de cultivo se ha ensanchado de forma transcendental, algo también motivado por los tres años de proceso invertidos para captar la photo finish de su reciente trabajo. Así es como lo ha vivido el “master” Fresón: “En un primer momento, era necesario contar con todos los compositores del grupo para tener canciones suficientes donde elegir. Eso ya le ha dado algo de variedad al disco. Luego, no hemos reprimido ninguna posible influencia, y además hemos tenido mucho tiempo para grabar, mezclar y probar cosas diversas. Creo que hay un equilibrio entre ‘más de lo mismo’ y ‘algo diferente’”.

“Es que algunos ignoran u olvidan que el indie español de los noventa era, en parte, una huida de la concepción sindicalista de la música que tenían los rockeros de toda la vida, que decían que solo tenían derecho a tocar los de clase trabajadora y que tuvieran cierta pericia técnica. Anda que no oí chorradas en esa época con Los Fresones, incluso si teníamos derecho a existir. Ya padecimos entonces su hostilidad y tendencia al choriceo. Por el contrario, la cooperación entre los grupos de nuestra generación era proverbial”
(Felipe)

Desde otra perspectiva, Alicia cree “que el objetivo no era abrir el abanico. Felipe tiene referentes muy distintos –su cultura musical es descomunal– y en este disco lo ha reflejado así, sin ningún corsé ni prejuicio. Al final, ¿por qué cerrarse a hacer copias de ti mismo o ceñirte a lo que está de moda? En Cola Jet Set siempre hemos hecho lo que más nos ha apetecido –gracias al apoyo incondicional de Elefant–, y esta vez han sido canciones que nos evocaban a nuestros referentes”. Entre cada pliegue hilvanado, las palabras se alimentan de una progresión conceptual, ideada por Felipe como la mejor muestra autobiográfica posible, “que comienza con ‘Sábado’, sigue con ‘Nada, nada, nada’, cambia en ‘Me levantaré’, se resuelve en ‘Lo mejor está por llegar’ y vuelve a un nuevo punto de partida con ‘Ahora te quiero más’. ‘No te enamores de mí’ es una posible explicación a mi amplia colección de rechazos amorosos: está más basada en mi vida pasada, por lo que estaría fuera de ese ciclo”.El ciclo humano... imposible vivir en permanente felicidad...”, apostilla Alicia.

A un nivel más profundo de significación, la tristeza que destilan canciones como “Nada, nada, nada” y “No te enamores de mí” está proyectada desde el extremo más antagónico posible: un crisol pop tremendamente vitalista. Más que una contradicción, suena a lucha interna dentro de cada corte. Según Felipe, “sí, la música despista: es como con tantas letras de La Casa Azul, que son de odio y venganza; o ‘Bola de cristal’ de Los Fresones, sobre deseos suicidas. Supongo que en la letra está lo que pasa y en la música las ganas de superarlo”.

De esta pelea como generador melódico se establecen las intenciones de “El fin del mundo”: connotaciones positivas aplicadas al día a día, de aprovecharlo como si fuera el último. Felipe recuerda el origen de esta idea “como una broma sobre aquel 2012 maya, en el que íbamos a perecer todos, y al final tuvo algo de fin del mundo personal en mi caso y de fin de la formación de entonces, hecho del que estamos totalmente recuperados. Barajamos titularlo ‘Renacimiento’ o ‘Un mundo nuevo’. Ejercer el carpe diem es bueno en sí mismo y ayuda a no añorar el pasado si también lo disfrutaste mientras sucedía”. En esta lucha eterna contra la nostalgia, también hay un rinconcito para que Alicia haya podido abrir su álbum de fotos, del que ha salido “Canadá”, su emocionado homenaje a Pedro San Martín: “Pedro San Martín y La Buena Vida son un referente para muchos. Con Pedro y su pareja de entonces, Rosa Mari, compartimos algunos momentos. Los típicos de los festivales, entre copas, hablando de música, de músicos e incluso tarareando solos de violines. A Dani y a mí se nos quedaron grabados bonitos recuerdos y tras su muerte se nos ocurrió componer algo, pensando en lo que se había ido con él. La canción quedó allí hasta que se empezó a preparar el álbum. Al final, pretende ser un pequeño homenaje al sonido Donosti. Espero haberlo conseguido. Sin embargo, en la canción también puedes encontrar guiños –muy sutiles– a Camera Obscura o a The Divine Comedy”.

Mientras “El fin del mundo” realza la sensación en replay de que cada nuevo disco salido de la factoría Fresón siempre es el mejor, la caja de las sorpresas sigue cargadita, como la presencia del hijo mayor de Felipe en su pasado concierto en Barcelona, “que se ha revelado como un portentoso intérprete de viola: ¡Chúpate esa, John Cale!”.

 

Contra el revisionismo marxista

En estos últimos tiempos se están reconsiderando continuamente los valores del indie estatal gestado en los noventa. No ha sido poca la polémica. De entre todas las ramificaciones enjuiciadas, la calificada tan despectivamente como “tonti pop” ha sido una de las más atacadas. La coincidencia de la vuelta de Vacaciones con la publicación del nuevo LP de Cola Jet Set ha forjado una resistencia pasiva, que se expresa por sí sola: nada ha cambiado con respecto a aquel sonido de hace dos décadas. ¿Para qué?

Felipe lo tiene muy claro: “Es que algunos ignoran u olvidan que el indie español de los noventa era, en parte, una huida de la concepción sindicalista de la música que tenían los rockeros de toda la vida, que decían que solo tenían derecho a tocar los de clase trabajadora y que tuvieran cierta pericia técnica. Anda que no oí chorradas en esa época con Los Fresones, incluso si teníamos derecho a existir. Ya padecimos entonces su hostilidad y tendencia al choriceo. Por el contrario, la cooperación entre los grupos de nuestra generación era proverbial. Conservo casi todas mis amistades de entonces. En los últimos años, ha habido un cierto revisionismo marxista de esa época, erróneo en mi opinión. El libro de Víctor Lenore me pareció muy divertido, aunque no esté de acuerdo en casi nada. El de Nando Cruz, pese a que, en parte, no comparta el análisis, me parece un formidable y ameno trabajo de documentación en el que, al tratarse de testimonios directos, cada uno puede sacar sus conclusiones. Si hay algo poco cuantificable y menos previsible es la música pop y su eventual éxito. Nosotros, y estoy seguro de que también Vacaciones, seguimos como entonces, haciendo lo que nos apetece sin pensar si vamos con la corriente o en contra”.

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