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COWBOY JUNKIES, Todas las cenas de Nochebuena

Peter, Margo y Michael Timmins + Alan Anton: familia unida.

 
 

ENTREVISTA (2011)

COWBOY JUNKIES Todas las cenas de Nochebuena

Referencia obligada para todos los amantes del rock con aderezos folk y country, el sigilo de Cowboy Junkies ha sido tal que cumplieron veinticinco años en activo y casi no nos dimos cuenta. Lejos quedan los días de silencioso éxito internacional. Hoy los canadienses se mueven en la autonomía más absoluta. “Cuando logramos quitarnos de encima a nuestros hijos y nos metemos en el estudio, aún lo pasamos en grande. Y salir de gira es una aventura aún mayor a los 50 años”, le aseguró la cantante Margo Timmins a Nando Cruz en esta entrevista hecha justo a la mitad de su proyecto “The Nomad Series”: cuatro discos publicados entre 2010 y 2012.

Hace un cuarto de siglo, cuando el término “americana” ni siquiera existía, cuatro amigos canadienses (tres de ellos, los hermanos Michael, Margo y Peter Timmins, junto a Alan Anton) grabaron “Whites Off Earth Now!!” (Latent, 1986), un disco con versiones de Robert Johnson, John Lee Hooker y Lightnin’ Hopkins, entre otros. Un día de noviembre de 1987 se encerraron en una iglesia de Toronto y alumbraron el solemne y etéreo “The Trinity Session” (Latent, 1988), donde seguían escarbando en la música de raíz americana. A finales de los años ochenta, Cowboy Junkies era un grupo inconfundible: sigiloso hasta lo narcótico, de sensualidad casi espiritual. Disco a disco, aumentarían su caudal eléctrico, asumiendo mínimos riesgos al tener la voz de nuestra interlocutora Margo Timmins como dulce ancla sonora, al tiempo que perderían público y ventas irremisiblemente. Su obstinada discreción les ha permitido publicar más de veinte referencias y, aunque muchos ya se hayan olvidado de ellos, siguen en activo con la misma intención y alineación.

“Cuando empezamos a firmar contratos ya decidimos que solo seríamos los cuatro. Hay muchas decisiones sobre cómo repartir el dinero, en qué gastarlo, cómo pagar las deudas... Todo eso lo decidimos al principio y sumar gente al grupo podría complicarlo. Por ejemplo, ninguno de nosotros ha querido gastar dinero en cosas lujosas como limusinas, hoteles caros o ropa”
(Margo Timmins)

Tras veinticinco años, seguís los cuatro juntos. Nadie ha abandonado el barco, pero ninguno de vuestros colaboradores habituales se ha incorporado al grupo. ¿Hicisteis algún pacto al respecto en 1986? Sí. Cuando empezamos a firmar contratos ya decidimos que solo seríamos los cuatro. Hay muchas decisiones sobre cómo repartir el dinero, en qué gastarlo, cómo pagar las deudas... Todo eso lo decidimos al principio y sumar gente al grupo podría complicarlo. Por ejemplo, ninguno de nosotros ha querido gastar dinero en cosas lujosas como limusinas, hoteles caros o ropa... Hay músicos para los que estas cosas son importantes y necesarias para ir de gira. Y, si añades a tu círculo a alguien que no comparte tu visión, pueden empezar las peleas. El dinero destruye grupos constantemente.

¿Cómo han variado vuestros objetivos como grupo? Antes de firmar con una discográfica, nuestro objetivo era perdurar como banda el tiempo que quisiésemos sin dejarnos destruir por influencias externas: vendiésemos discos o no, tuviésemos contrato o no, hiciésemos dinero o no... Cuando estábamos en grandes discográficas hubo mucha presión para grabar tal o cual canción o para que yo llevase faldas más cortas. Que hubiese vestido más sexy tal vez hubiese ayudado a vender más, pero no habríamos durado tanto. Ese plan de hacer música que nos hiciese felices no ha cambiado.

¿Qué ha cambiado, entonces? Cuando volvimos a trabajar con sellos independientes, esa presión disminuyó, pero apareció la presión financiera. Antes no me preocupaban las finanzas del grupo, pero hoy necesito dinero; no mucho, pero debo pagar el alquiler, comprar un skateboard para mi hijo... No es fácil porque ninguno de nuestros discos vende demasiado, pero sigo negándome a llevar faldas cortas. Además, ¡ahora ya es tarde!

Esto de las faldas, ¿es una broma o realmente te lo proponían? En los ochenta había miles de cantautoras, y las discográficas intentaban separarme de la banda para lanzarme como solista. ¡Una vez hasta me aconsejaron operarme la nariz! Desde un punto de vista empresarial, una cantante es una lata de sopa. Su trabajo es venderme y, como yo vestía faldas largas y el sexo vende, entiendo que quisieran hacerme parecer sexy creyendo que así vendería más. Seguramente tenían razón, pero a mí no me interesaba.

Imagino que esas propuestas para lanzarte como solista las harían cuando Michael y Pete no estaban cerca. ¿Cómo reaccionabas? Corría a casa, se lo contaba a ellos y reíamos mucho. Recuerdo una entrevista con el sello Elektra. El tipo me decía: “Serás una estrella, venderás millones de discos...”. Yo le respondí: “Todo eso está muy bien, pero ¿con quién voy a cenar en Nochebuena? Me estás pidiendo que plante a mis hermanos y que decepcione a mi familia”. El tipo se quedó inmóvil. No entendía lo que yo le decía. E insistía: “¡Pero serás rica y famosa!”.

 
COWBOY JUNKIES, Todas las cenas de Nochebuena

Su obstinada discreción les ha permitido publicar más de veinte referencias y siguen en activo con la misma intención y alineación.

 

Ahora Cowboy Junkies no ocupa todo vuestro tiempo. Al tener familia, invertís menos esfuerzo y recibís menos compensación. Supongo que os habréis replanteado vuestra vinculación con el grupo. Claro, porque ha cambiado otra cosa. En los viejos tiempos necesitábamos las veinticuatro horas del día para trabajar en la música porque no teníamos técnica. ¿Recuerdas el puente que hay en “Sweet Jane”? ¡Trabajamos semanas en ese cambio de acordes! Éramos incapaces de cambiar todos a la vez. Ahora, si tengo una idea, la expongo a los chicos y podemos abordarla al instante. Será más o menos acertada, pero no tenemos que pasar veinticuatro horas al día ensayándola. Y eso es fantástico; yo ya no tengo una semana para encerrarme en el estudio por solo una canción.

¿Cómo valoras la evolución del grupo? Vuestra popularidad ha ido decayendo, habéis pasado de multinacionales a sellos independientes y hoy resistís con vuestra empresa. La gira de nuestro último disco con una multinacional –“Miles From Our Home” (Geffen, 1998)– fue terrible. Yo ya no me divertía, pero no sabía cómo decírselo a mi hermano. Un día, íbamos los dos sentados en un avión y saqué el tema. Le dije: “No soy feliz y no sé si puedo seguir en este negocio”. Michael respondió: “A mí me pasa lo mismo, pero tengo algunas ideas”. Recordaré ese vuelo toda mi vida porque ese día vi con claridad el fin de Cowboy Junkies.

“Como músicos, queremos señalar a nuestro público las canciones y artistas que más han significado para nosotros. Si algún día Bob Dylan entra en el camerino, gritaré como una niña igual que lo hubiese hecho hace veinticinco años. El mayor cumplido que me puede hacer alguien es decirme que conoció a Townes van Zandt o a Vic Chesnutt escuchando una versión nuestra”
(Margo Timmins)

Y unos meses después, ya editasteis “Rarities, B-Sides And Slow, Sad Waltzes” (1999) en vuestro sello Latent Recordings. Obviamente, Michael llevaba tiempo dándole vueltas al tema y ya había planeado cómo seguir por nuestra cuenta y hacerlo económicamente viable. Cambiamos por completo la estructura y, en cierto modo, empezamos de nuevo. Debo reconocer que añoro los grandes cheques que llegaban cada mes, pero fue muy excitante. En nuestra primera gira sin un sello grande, tuvimos que aprender cosas como hacer camisetas y cruzar la frontera con ellas para venderlas en otros países porque hasta entonces eso lo hacía otra gente. Yo misma me encargué de lo de las camisetas y aún las hago ahora.

En vuestra web, Michael celebra que por primera vez seáis un grupo libre de contrato. ¿Cómo percibís esa libertad? En un sello grande, la rutina es sacar un disco de estudio en el que inviertes un año y luego salir de gira. Si, de repente, nos apetecía entrar dos días en un estudio y grabar un disco de versiones de Bob Dylan para venderlo en las salas, en la discográfica nos miraban como si estuviéramos locos y nos decían que eso comprometería las ventas del disco de estudio. Y, si Lyle Lovett me invitaba a cantar en su disco, ellos se negaban, porque era un cantante de country y no era aconsejable que nos asociasen con el country. En tantos años hemos tenido toneladas de ideas, pero siempre decían que no. Cuando dejamos de tener contrato, vimos que, al fin, podíamos hacer lo que quisiéramos. Ahora, el problema es que hay muchas ideas y no podemos concretarlas todas. No hay tiempo para todo y todo cuesta dinero.

Un buen día Michael tuvo otra idea: editar cuatro discos en dieciocho meses bajo el epígrafe “The Nomad Series”. “Renmin Park” (2010) nació de los tres meses que pasó en China (allí adoptó dos niños) y de los sonidos que registró durante su estancia en un pequeño pueblo del interior. “Demons” (2011) es una colección de versiones de su difunto amigo Vic Chesnutt. Al caer está “Sing In The Meadow”, donde darán rienda suelta a su faceta más eléctrica, ácida y psicodélica. “Es un disco muy sucio”, anuncia Margo, que reconoce que le cuesta más encajar su suave voz en ese terreno. Y el cuarto será “The Wilderness”, con un sonido “tranquilo, poca instrumentación y mucho espacio”. Este ya huele a auténtico disco de Cowboy Junkies.

En estos vienticinco años habéis grabado docenas de versiones. Muchos grupos evitan interpretar canciones ajenas para no delatar sus influencias. ¿Por qué os han interesado tanto a vosotros? Antes de ser músico has de ser fan de la música; o eso es lo ideal. Mi padre, en cuanto llegaba a casa, ponía un casete. Y cuando crecimos nos animó a tener tocadiscos en la habitación. En Navidad, a los pies del árbol, todos los regalos eran discos. Como músicos, queremos señalar a nuestro público las canciones y artistas que más han significado para nosotros. Si algún día Bob Dylan entra en el camerino, gritaré como una niña igual que lo hubiese hecho hace veinticinco años. El mayor cumplido que me puede hacer alguien es decirme que conoció a Townes van Zandt o a Vic Chesnutt escuchando una versión nuestra.

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