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CRISTINA LLISO, Una sorpresa

Casi tres lustros después, un retorno sin prisas.

Foto: Alfredo Arias

 
 

ENTREVISTA (2012)

CRISTINA LLISO Una sorpresa

Cristina Lliso volvió a encontrar su voz. La excantante de Esclarecidos debutó en solitario tras catorce años sin cantar. No cantaba en la ducha, ni en los largos viajes en coche ni cuando veía por la tele a otras como ella. Parecía haberse perdido una de las voces más consistentes del pop español. Lo fue con Esclarecidos, grupo fino y exigente que brilló en la década de los ochenta y que dejó tantos versos aprovechables que echamos mano de algunos de ellos para presentar “Si alguna vez”. César Estabiel la entrevistó.

“Se puede correr sin sudar / y perder sin llegar a jugar” (“Una sorpresa”)

Cristina Lliso no echaba de menos el mundo que dejó. Esclarecidos habían agotado su gasolina en los últimos metros de su ruta. En “La fuerza de los débiles” (1996) ya se habían desprendido de toda esa elegancia con que los medios recibieron en los ochenta a un grupo que nada quería saber de las posturas de la fama. Costaba imaginar nuevos retos con el depósito ya en reserva. ¿Qué podía ser Esclarecidos, además del grupo de pop más elegante instalado en la nueva ola? Dejaron la respuesta poco a poco en manos de Suso Saiz, músico avanzado y amigo cercano a aquella familia que fue Esclarecidos. Entraron en los noventa con un ánimo más experimental, lo que no convencería a todos los implicados. Como causa de su muerte se certificó cansancio.

“Era más bien vértigo. Volverme a poner en la opinión de los demás me preocupaba, porque igual lo que yo quería contar no tenía ningún interés o no alcanzaba la forma en que a mí me apetecía hacerlo”

La voz de “Arponera” (podríamos sustituir esta canción por otras trece o quince y el impacto sería el mismo) ha tenido quien la vele durante esta larga ausencia. Ocurrió una noche, de reunión con la vieja guardia. Allí estaba Alfonso Pérez –su marido, letrista y fundador de Grabaciones Accidentales, una de las primeras compañías independientes nacionales–, su hermano Nacho –insustituible el saxo– y el inseparable Saiz. “Me preguntaron si lo echaba de menos. Es una pregunta que me han hecho muchas veces y a la que siempre respondí de igual manera. Pero aquella noche fue un ‘tal vez’”.

El verano de 2009 dejó Madrid para irse al mar. Suso Saiz le insinuó que aprovechara la huida para trabajar, una nueva e inesperada rutina. “Jamás había escrito letras, así que me compré una libreta y empecé a escribir lo que se me iba ocurriendo. A cada verso le iba buscando un camino; no había idea sin una melodía en mi cabeza”. Regresó a casa después del verano, con la libreta llena y el miedo asomando. “Era más bien vértigo. Volverme a poner en la opinión de los demás me preocupaba, porque igual lo que yo quería contar no tenía ningún interés o no alcanzaba la forma en que a mí me apetecía hacerlo”.

Era consciente de haber perdido voz. “Fumo muchísimo”, dice. Tenía dudas de si sus cuerdas vocales serían capaces de ejecutar las melodías imaginadas. “Las nuevas canciones surgen mentalmente en la playa o las compongo en mi casa de Madrid, con mis hijos al lado estudiando, quejándose del ruido que hacía. Así que las componía en un tono muy tenue, muy grave. Pensaba que podía llegar un poco más arriba, pero no lo descubrí hasta entrar en el estudio con Suso”. Ella, que nunca había dado un paso sin el abrigo de sus Esclarecidos, se encontraba sola ante el peligro, ante la forma física de su voz. Quiso probarse. Quien pierde es el que no juega.

 
CRISTINA LLISO, Una sorpresa

“Si alguna vez” es un disco sin tensiones, y el primero en que Lliso canta sus propias letras. Foto: Alfredo Arias

 

“Hay veces en que un huevo es igual a una castaña” (“¿Cuál es la diferencia?”)

“Si alguna vez” (GASA-Warner, 2012) es un disco sin tensiones, llamado al reencuentro con una misma cuando hay que buscar significados al paso del tiempo, más allá de la acumulación de arrugas. También un disco útil que da con soluciones a situaciones cotidianas. Y el primero en que Lliso canta sus propias letras. Y aquí llegaba el gran reto, porque Esclarecidos fueron más que grandes esquivando los tópicos sin rendirse a los manierismos de la época. La destreza de Alfonso Pérez podía hacernos ver un huevo como si fuera una castaña.

“Al comienzo no nos preocupaba lo que dijeran de nosotros, pero a medida que fuimos sacando discos la opinión de la prensa hacía presión. Nos habían encasillado en un mundo ‘cool’, medio intelectual, y primero sentimos que teníamos que dar la talla. Más adelante, nos vimos obligados a reaccionar contra esa imagen”

“Recuerdo la época de Esclarecidos, cuando Alfonso cogía un papel, empezaba a escribir y al rato nos lo entregaba. ‘Ya está la letra’, decía. Siempre hablábamos entre nosotros de los lugares comunes, cómo esquivarlos si nos sorprendían. Alfonso y yo tenemos formas distintas de escribir. Yo recurro a más lugares comunes que él, pero no es algo que hayamos hablado realmente. Lo que he hecho ha sido ponerle mis letras delante y esperar que fuera crítico. Lo ha sido. Me decía que aquella palabra era especialmente obvia, o que la manera de enlazar una frase con otra no tenía ningún sentido o que había repetido sistemáticamente tres o cuatro conceptos en las canciones. Esto último a Alfonso le altera mucho, mientras que yo sí que suelo repetirme para reforzar la idea del disco”. El pragmatismo lírico de Alfonso contra la espontaneidad a veces obvia de Cristina. En el combate pierde el lugar común. Todavía confundimos felizmente el huevo con la castaña.

“No tengo ningún interés en leer del revés mientras viajo en camión” (“Las hormigas”)

Escuchar en su día a Esclarecidos podía traer la vaga idea de un grupo de diletantes a cobijo del alcohol –recurso en muchas de sus canciones– empeñados en intelectualizar la vida y hacer alta cultura del pop. La realidad era bien distinta con su imagen en la mano: una pandilla de amigos de aspecto funcionarial en años en que lo diferente, además de serlo, tenía que parecerlo. Esclarecidos no tuvo más pretensiones que una exigencia autoimpuesta sobre las letras y el sonido. Les llamaban intelectuales y ellos, desde “Esclarecidos 2” (1985), se enfrentaron al primero de los tópicos componiendo canciones más frívolas o bailables. “Al comienzo no nos preocupaba lo que dijeran de nosotros, pero a medida que fuimos sacando discos la opinión de la prensa hacía presión. Nos habían encasillado en un mundo ‘cool’, medio intelectual, y primero sentimos que teníamos que dar la talla. Más adelante, nos vimos obligados a reaccionar contra esa imagen”.

 
CRISTINA LLISO, Una sorpresa

La voz de “Arponera”.

Foto: Alfredo Arias

 

Cristina vivía agarrada a un escudo invisible que protegía su vida privada de cualquier mirada. Aborrecía lo que llama “la farándula”. Toda la imagen de Esclarecidos la dio ella “porque el resto del grupo tenía una vida más complicada profesionalmente que yo”. Horrorizada cuando la identificaban en la farmacia, escondió el grupo a sus tres hijos, todos ellos presentes en su retorno. Jacobo, el mayor, se ha encargado de algunas fotos interiores. Lucía vive en “No viajas sola” o el miedo de una madre cuando su hija le dice que se marcha a la India y no sabe siquiera si volverá. Y a Mónica le debe la fantasía de “La duna de Pyla”. Los tres se extrañaron cuando su madre les dijo que volvía a cantar. “Se fueron a internet y descubrieron a Esclarecidos. Incluso algunos amigos les decían si no conocían una canción que se llamaba ‘Apostar’. Y eso que el mayor tiene 30 años, pero siempre intentamos mantenernos alejados de la farándula, de la estupidez. No aporta nada cuando no deseas educar a tus hijos en la anormalidad. Sabían que sus padres habían tenido un grupo, pero nunca le habían dado la mínima importancia. Fue sorprendente anunciarles que volvía a cantar. ‘¿Pero qué vas a hacer?’. Pues cantar canciones. ‘¿Tú? ¿Canciones?’”.

“No aporta nada cuando no deseas educar a tus hijos en la anormalidad. Sabían que sus padres habían tenido un grupo, pero nunca le habían dado la mínima importancia”

Y aunque no tenían ningún interés en leer del revés al viajar en camión, la propia inercia creativa sorprendió a Esclarecidos cuestionando lo que mejor sabían hacer. Todo empieza con “Rojo” (1992), un disco lineal que rompía con la variedad estética de los anteriores, en los que la gran balada convivía sin traumas con una pieza latina o un himno nuevaolero. En la última canción de aquel disco mandaron las buenas maneras a tomar por saco. “Era un disparate aquel ‘Todos mienten’. Ahora lo piensas y comprendes aquel ruido como un revulsivo ordenado por el subconsciente. Con aquel disco llegaron las discusiones al grupo. No todos estaban de acuerdo en que las melodías de ‘El tren azul’ o ‘La cena’ fueran un poco por libre”. Estaban quienes seguían sin interés por leer del revés y los que justificaban su inocencia por andar con los pies. El rigor creativo empujaba a unos a probarse nuevos modelos traídos por Suso Saiz (el último fue Lliso, breve proyecto de 1998 donde Cristina se despide) mientras el resto mantenía que la imagen de grupo cool y elegante aún no estaba del todo explotada.

Fueron años de decisiones rápidas. Justo lo que menos echaba en falta Cristina cuando decidió volver a colocarse delante de la opinión. “No tengo prisa”, les dijo a sus músicos antes de afrontar la grabación. Y tuvo que acordarse de aquellas palabras cuando el destino le puso el último obstáculo. “Cuando el disco ya estaba grabado, tuvimos un accidente informático que lo borró del ordenador. No había copias de seguridad. Fue un momento duro en el que pensé abandonar. Pero... no tenía prisa”.

 

ESCLARECIENDO EL FINAL DE LOS OCHENTA

CRISTINA LLISO, Una sorpresa

En los años de la nueva ola madrileña, Esclarecidos eran vistos como un grupo adulto. Quizás por su esfuerzo por ser cada vez mejores y no caer en la broma obvia, ni en la pena fácil, ni en los lugares comunes de la entonces modernidad. Sus tres primeros LPs (dejamos al margen el estreno en formato mini-LP, “Esclarecidos”, de 1983) radiografían la superación de aquel sonido nuevaolero que marcó una época hacia un discurso nítido con el que sacar el máximo jugo a las palabras. Diez o doce de sus canciones merecerían estar en cualquier antología del pop español.

CRISTINA LLISO, Una sorpresa

“Esclarecidos 2”
(GASA, 1985)

Habían firmado en el libro de la nueva ola con un minielepé llamado como el grupo. Pero querían ser mejores, componer más allá de la diversión. Solo tardan dos años en conseguirlo. Paco Trinidad les produce un disco que contenía la balada reina del pop español (“Arponera”), uno de los mejores retratos de un músico (“Miles, Miles, Miles”) y pop con saxo guiado por el frío, inesperado protagonista de sus mejores temas. Disco escogido por Rockdelux en su lista de los 100 álbumes españoles del siglo XX publicada en el número del veinte aniversario de la revista.

 
CRISTINA LLISO, Una sorpresa

“Por amor al comercio”
(GASA, 1987)

Trinidad repite en la producción consolidando un repertorio con estilo dentro de un sonido desenfadado. La pandilla de los Esclarecidos aprende el oficio de escuchar música para absorber ideas. El acento latino ya se había instalado en el pop post-movida, pero los aplausos más largos se los repartieron entre el grupo de Cristina Lliso y Radio Futura. La balada sigue cotizando al máximo (“Por amor al comercio”).

CRISTINA LLISO, Una sorpresa

“De espaldas a ti”
(GASA, 1989)

Gonzalo Lasheras les abre la penúltima puerta. Tan memorable como los anteriores, su cuarto disco triunfa en su pelea contra la pedantería y el aburrimiento del sonido adulto. Nada tiene que ver Joni Mitchell con la nueva ola, pero hay más frescor en estas canciones armadas de saxo y paciencia que en la broma infinita de parecer siempre joven. Una cosa es trabajar en serio y otra muy distinta tomarse a uno en serio.

 
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