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DANIEL DARC (1959-2013)
DANIEL DARC (1959-2013)

Sin rastros de la ambigua belleza de sus años mozos. Su cuerpo, un campo de batalla donde lo turbio le ganó el pulso a lo angelical.

 

La noticia saltó la tarde del 28 de febrero: el cuerpo de Daniel Darc había sido hallado en París, muerto por sobredosis de alcohol y barbitúricos. Le habíamos dado por perdido otras veces y siempre se las arregló para volver, cada vez más magullado y con más tinta sobre la piel. Por eso se hace difícil creer que en esta ocasión no, que a partir de ahora solo volverá a hablar cuando nosotros lo invoquemos escuchando sus discos.

Nacido en la capital francesa el 20 de mayo de 1959, para Daniel Darc (de nombre real Daniel Rozoum) la música era peligrosa o no era: serán pocas las semblanzas escritas hoy que pasen por alto la ocasión en que se rajó las venas encima del escenario, actuando como telonero de Talking Heads. Era 1979 y hacía poco más de un año que Darc ejercía de cantante en TAXI GIRL junto a Mirwais Stass (guitarra), Laurent Sinclair (teclado), Stéphane Erard (bajo) y Pierre Wolfsohn (batería). El grupo, que operaba en la esquina donde el synthpop era inquietado por la onda fría, conocería el éxito en 1980 con el single “Cherchez le garçon” y grabaría un único álbum (descontando EPs, recopilatorios y directos), “Seppuku”, producido en 1981 por el Strangler Jean-Jacques Burnel. Por aquel entonces la formación ya había sido diezmada por la marcha de Erard y la muerte por sobredosis de Wolfsohn, marcando a Taxi Girl con el hierro del malditismo. No obstante, eso no impediría que se les considerase un capítulo relevante de la música gala.  

En 1987 Daniel Darc iniciaría su carrera en solitario con “Sous influence divine”, trabajo que seguía conectado a la new wave merced a su productor, Jacno, pero donde el cantante consolidaba su aura de alma punk e ilustrada, con una voz progresivamente pendenciera y que empezaba a raspar como la de Iggy Pop. Entre sus momentos álgidos, la mirada hacia un tema de Serge Gainsbourg popularizado por Françoise Hardy, “Comment te dire adieu” y la canción “Le seul garçon sur terre”, que deletrea una única palabra: rock.

 
DANIEL DARC (1959-2013)

Darc se sumió en una pelea con la vida y con sus adicciones.

 

Un año más tarde firmaría con Bill Pritchard “Parce que”, trabajo febril realizado en apenas siete días, pero su segundo LP, “Nijinsky”, no llegaría hasta 1994. Las guitarras quedaban ensombrecidas por la súplica de “Le feu follet” (“si soy tu amigo / quiéreme tal como soy”), una de las mejores piezas del parisino, pero el álbum no obtuvo la resonancia esperada. A continuación, el abismo: Darc se sumía en una pelea con la vida y con sus adicciones y daba con sus huesos en la cárcel. Su nombre se fue olvidando hasta reducirlo a la condición de un paria del que ya nadie esperaba nada (como mínimo, nada bueno). En 2003, [PIAS] decidió exprimir lo poco que quedaba de él lanzando un best of con visos de entierro en vida.

Pero en 2004 Daniel Darc volvió a alzar la cabeza. La estampa que presentaban las fotografías impresionaba: apenas quedaban rastros de la ambigua belleza de sus años mozos, su cuerpo parecía un campo de batalla donde lo turbio había ganado el pulso a lo angelical; los brazos eran más negros que blancos, cubiertos de tatuajes. Sin embargo, la gran sorpresa estaba en “Crèvecoeur”, el disco del retorno: las canciones emergían envueltas con delicadeza e imaginación por Frédéric Lo, atemperando con lo mínimo –el piano incesante y repetitivo de “Inutile et hors d’usage”– unos textos que buscan vorazmente salir al exterior. “Crèvecoeur” restauró la reputación de su autor y fue aclamado como una cumbre, quedando como uno de los discos importantes de la pasada década (puesto 75 en la lista de los mejores discos de los 2000 publicada en Rockdelux 278). En 2005 pasó por Barcelona para actuar en el Primavera Sound; un concierto único que, maldita la gracia, pertenece ya a la leyenda.

El tándem Darc-Lo repitió en “Amours suprêmes” (2008), obra desacomplejada y abierta a homenajes (el título es un transparente guiño a John Coltrane) y colaboraciones: participan Robert Wyatt, Steve Nieve y Alain Bashung, con el que Darc canta a dúo el recitado de clichés rockistas “L.U.V.”. Escucharlo hoy equivale a quedarse helado con “La vie est mortelle” (título sombrío, sonido exultante) y, sobre todo, “J’irai au paradis” (“cuando muera iré al cielo / ya he pasado toda mi vida en el infierno”). El notable “La taille de mon âme” (2011) sería el tercer vértice de su resurrección artística, y la oración final susurrada en “Soit sanctifié”, su truncado testamento.

 

“La pluie qui tombe”, una de las joyas de “Crèvecoeur” (2004), el gran disco del retorno hecho con la ayuda de Frédéric Lo.

 
Publicado en la web de Rockdelux el 1/3/2013
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