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DANNY TENAGLIA, Inclonable

Ilustración: Martín Tognola

 
 

ENTREVISTA (2001)

DANNY TENAGLIA Inclonable

Documento Rockdelux en honor de este gran DJ. Danny Tenaglia siempre ha sabido mezclar, con elegancia y excelente técnica, house emocional con rítmica tribal, como demostró en una calurosa noche de verano de 2001. En una velada estelar, Danny Tenaglia pinchó durante más de cinco horas en La Terrrazza de Barcelona (y con warm up del ya desaparecido Sideral). Recuperamos el reportaje que en aquel momento publicamos en la revista. Nando Cruz entrevistó a Danny Tenaglia y Llorenç Roviras siguió su sesión minuto a minuto. El DJ de DJs estaba entonces en la flor de la vida. Después de veinticinco años de oficio, sus escapadas de Nueva York le estaban sirviendo para comprobar que su fama y su prestigio eran interestelares. Únicamente se le planteaba un problema: según él, se editaba demasiada buena música.

“Dice que le rasca”, exclama un técnico de La Terrrazza. Y el que se queja es Danny Tenaglia. No van a rodar cabezas, pero, desde luego, hay que solucionarlo. El DJ neoyorquino lleva dos horas probando sonido y aún no está satisfecho con el resultado. Es la primera vez que pincha en Barcelona, y no piensa dejar que una ecualización inadecuada afecte su sesión. Al cabo de veinte minutos suelta la frase más esperada: “It's OK”. Alegría contenida entre el personal de la sala. Tenaglia sale de la cabina, hace un movimiento sexy de caderas y de un salto se planta en la pista.

“Si amas la música, no debería ser problema pilotar un viaje de ocho o nueve horas. Yo estoy en el cielo en esos momentos y podría seguir fácilmente cinco o seis horas más porque estoy haciendo lo que más amo en el mundo”

Cuando un DJ con veinticinco años de carrera y prestigio internacional pisa por primera vez Barcelona, cabe la posibilidad de que ya se haya transformado en una estrella de vuelta de todo o, peor todavía, en un funcionario harto de su oficio. Ni lo uno ni lo otro. Tenaglia sigue hecho un chaval. Según informa su acompañante y preparador físico, viene de triunfar en Buenos Aires. “Había tres mil personas a primera hora, y las mismas tres mil cuando cerramos por la mañana”, asegura. Y anuncia: “Danny está creciendo; pronto dará el salto al circuito de las estrellas de rock”.

El entorno de Tenaglia ya está trabajando en ese empeño. Su web se está reforzando para ofrecer paquetes con entrada, billete de avión y habitación de hotel a los fans que deseen seguirle en sus sesiones por el planeta; algo que ya hacen algunos por su cuenta. Por otra parte, en febrero edita su nuevo disco, el tercero con material propio, tras “Hard & Soul” (Tribal, 1995) y “Tourism” (Twisted, 1998). Quizá para entonces también haya finalizado el montaje de un documental en clave de road movie sobre sus giras y para el que ya hay más de cincuenta horas filmadas. Hasta enero, cuando se irá de vacaciones a Hawái, su calendario laboral sigue atado al club Vinyl de Nueva York, cuya residencia semanal, los viernes, le impide combinar otras actuaciones fuera del país.

Tenaglia solo libra un viernes al mes y es entonces cuando atiende sus compromisos en Europa y el resto del mundo. Pero incluso pinchando en Nueva York se las apaña para hacer algún doblete. “Puede pinchar de diez a cinco de la madrugada en el Vinyl, tomar un avión, empezar en Miami a las tres de la madrugada y acabar a las cinco de la tarde del domingo”, relata su preparador, sin pestañear. Con la dieta que sigue –muchos zumos de fruta– y los ejercicios físicos que realiza, puede aguantar cuarenta y ocho horas sin dormir. Estupendo, pero ¿no va siendo hora de empezar a reducir las sesiones a dos horitas y dejarse de maratones?

 
DANNY TENAGLIA, Inclonable

“Este oficio no desaparecerá porque la gente seguirá necesitando liberarse con la música. La música es entretenimiento y ahora son los DJs quienes entretienen al público”, aseguraba Danny Tenaglia en 2001.

 

“Nunca, eso no es nada para mí. No me sirve ni para entrar en calor. Me pondría a pinchar tres horas antes de que abriesen la sala. Si amas la música, no debería ser problema pilotar un viaje de ocho o nueve horas. Yo estoy en el cielo en esos momentos y podría seguir fácilmente cinco o seis horas más porque estoy haciendo lo que más amo en el mundo”. Lo de Tenaglia es pasión, sí, pero todo tiene su origen. “Hace 25 años yo era un DJ residente en Nueva York, y entonces podías dejar los discos en la sala, cerrar la puerta de la discoteca, irte a casa, volver al día siguiente, dar la luz y encontrarlo todo como lo dejaste la noche anterior. El DJ residente empezaba y acababa la noche”.

Para el autor del sensacional “London” (Global Underground, 2000)“mis veinticinco años como DJ condensados en dos CDs”, lo realmente agotador es el trabajo previo a esas nueve horas “en el cielo”. Porque en el suelo se amontonan semanalmente entre cincuenta y cien discos nuevos. “Y el problema actual es que casi todo es bueno. Diría que el 70% de lo que recibo me gusta. Solo un 30% son cosas muy pop como Christina Aguilera o Ricky Martin, que acabo regalando a los amigos”. Una vez más, buenos tiempos para Tenaglia: “Años atrás, gran parte de lo que me llegaba no me gustaba; era muy trance, a 150 bpm; no era para mí. Ahora los sonidos más tribales y ‘soulful’ están resurgiendo. Si puntúo los discos del uno al diez, la mayoría tienen de seis o siete para arriba”. Por eso no tiene otro remedio que hacer sesiones de nueve horas.

“Cuando era residente en el Twilo, una noche se acercó mi mánager y me dijo: ‘¿Oyes esos gritos en medio de la pista? Es Bono, de U2’. Me lo trajo a la cabina y se me abrazó diciendo que era la mejor sesión que había oído”

Era 1979 cuando aquel joven de origen italiano pisó el Paradise Garage de Nueva York por primera vez, y 1988 cuando visitó el Spectrum de Paul Oakenfold en plena explosión del acid house. (Demás datos biográficos, en el camaleónico Dancedelux 2001). Dos fechas en las décadas de los setenta y los ochenta marcaron su carrera y su vida de forma irrepetible. Pero no parece que en los noventa haya sufrido otro shock musical de este calibre. “Ir al Garage fue el mayor impacto inicial; quería llevarme la cama de mi casa y mudarme allí. La única sensación de dimensión similar quizá haya sido viajar por el mundo y ser bien recibido, un signo que es el reflejo de mi huella en el mundo. Es increíble el respeto que despierto en los lugares a los que voy, donde hay gente que dice sentirse inspirada por la música que pincho”.

Así, transcrito fríamente, suena pedante. Pero hay que ver la cara que pone cuando lo explica. Veinticinco años después de decidirse a suplir el rol de aprendiz por el de maestro, Danny Tenaglia sigue sorprendiéndose por el respeto que genera en el prójimo y agradeciéndolo como un regalo inesperado. “Cuando era residente en el Twilo, una noche se acercó mi mánager y me dijo: ‘¿Oyes esos gritos en medio de la pista? Es Bono, de U2’. Me lo trajo a la cabina y se me abrazó diciendo que era la mejor sesión que había oído. Yo llevaba un maxi de ‘Lemon’ con una remezcla de David Morales y le dije que si volvía a la pista se la ponía para él. Ya no lo volví a ver porque no vino a despedirse, pero me envió una botella de champán, un ‘pack’ con seis Guinness y una tarjeta que decía ‘Gracias’. Este tipo de cosas me emociona”.

Sabido es que el DJ solo vive el presente. Esa es su arma y su cárcel. Solo los más afortunados tienen un pasado. Tenaglia, como pincha en una roller disco: “Quizá no ponía toda la música que me gustaba, pero para mí significaban tres ensayos semanales y al menos estaba detrás de los platos, no haciendo hamburguesas”. Pero ¿y el futuro? ¿Qué es el futuro para un DJ? También él evita pensar en el suyo y se escuda en profecías sobre la escena de baile. “Este oficio no desaparecerá porque la gente seguirá necesitando liberarse con la música. La música es entretenimiento y ahora son los DJs quienes entretienen al público”. Nando Cruz

 
DANNY TENAGLIA, Inclonable

Danny Tenaglia: “¡La Terrrazza, sé tu misma!” (parafraseando el nombre de sus sesiones en el club neoyorquino Vinyl, Be Yourself).

 

CINCO HORAS CON DANNY

Barcelona, La Terrrazza, 26/7/2001. La luna está en cuarto creciente sobre las luces de la “fuente mágica” de Montjuïc. Típico calor húmedo del verano barcelonés. Son las doce de la noche. La cola en el acceso del Poble Espanyol donde está la taquilla de La Terrrazza es considerable. Hay gente del país y turistas, muchos de ellos americanos. Salvo los pocos afortunados que tienen invitación, todos están desembolsando 3.500 pesetas para pasar una larga noche –el DJ hace sesiones maratonianas, a la manera neoyorquina– con Danny Tenaglia.

Es la primera vez que Tenaglia actúa en Barcelona, de modo que es una ocasión especial. Dos días más tarde estará en el Florida 135 de Fraga y a la mañana siguiente en el Space de Ibiza. La sesión se presenta como todo un acontecimiento: “DJ de DJs”, reza la publicidad de La Terrrazza. Y lo mismo repiten todos los medios de comunicación que se hacen eco de la noticia. Y un cartel en la puerta advierte: “Prohibido entrar con cámaras de vídeo o fotos o grabadoras por exigencia del artista”. Todo esto hace que se te erizen un poco los pelos de los brazos.

Entramos. Sideral, no precisamente un DJ de DJs, sino más bien un DJ de público, está pinchando. No le cuesta nada calentar el ambiente. La gente está más que predispuesta a dejarse seducir. En las tarimas no cabe ni un alfiler más. Los chicos y chicas bailan con absoluta sensualidad y con los cuerpos muy juntos unos de otros. Esto parece la orgía de “Eyes Wide Shut”. Sideral ha puesto la sala a punto de caramelo. Para acabar, suelta “Slave To The Rhythm” de Grace Jones: música y letra más que adecuados para la ocasión y quizás un guiño a su sucesor en la cabina, que es autor de una remezcla de la contorsionista cantante. Es la 1.20 h. Danny se pone a los mandos, pero no sin dejar entre disco de Aleix Vergés y disco suyo una pequeña pausa, separación obligada para todo artista que se precie.

1.22. Un acorde, un golpe rítmico y la pista vuelve a enloquecer. La noche ha alcanzado su pico hace rato y todo apunta a que se mantendrá así hasta el final. Tenaglia empieza con dos o tres temas tipo Salsoul, entre salsa y disco, de ritmo marcado y regusto ochentero. A la que puede sale de detrás de la mesa e ilumina al público con un foco. Pronto el enfoque musical empieza a cambiar. Ahora la percusión es más seca, tribal. De repente deja ir un tema de garage. Los cuerpos en la sala serpentean como algas agitadas por corrientes en el fondo del mar. Esta temporada se ha puesto de moda, en este y en algunos otros clubes, bailar de modo muy espasmódico y exhibicionista, con pasos que parecen coreografiados.

1.56. Entra un bombo potente, acompañado de orquestación al completo. Es el delirio. Empieza un house estándar que rápidamente deriva a otro menos convencional, con mucho de high energy. Temas vocales, instrumentales, clásicos, electrónicos. A las 2.41 Tenaglia coge el micro y enardece la sala con la consigna “¡La Terrrazza, sé tu misma!”, que parafrasea el nombre de sus sesiones en el club neoyorquino Vinyl, Be Yourself. Este grito de guerra es la señal que nos da para avisarnos de que ahora va a atacar con toda la artillería. Efectivamente, la sesión llega al súmmum. El lleno en la sala es total, hay incluso demasiada gente. Hace mucho calor.

3.29. Se confirma que Tenaglia es fan de Larry Levan. No puede mantenerse durante más de cinco temas en el mismo estilo, aunque por otro lado agota las canciones hasta el final. Aunque esté pinchando hasta las seis de la mañana, acabará poniendo menos temas que Jeff Mills en dos horas. Ahora le entra la vena progresiva. Aparece una melodía planeadora, que se mantiene durante los seis minutos de rigor. El DJ recupera pronto el ritmo, aquí entendido en sentido literal. Pero antes de recuperarlo en sentido figurado, se pierde durante un buen rato en las aguas procelosas del progressive y del trance. ¿Es Danny Tenaglia un DJ que interacciona con el público? No estoy seguro, pero creo que sí. A las 3.56 se da cuenta de una relativa pérdida de presión en la respuesta de la gente y se mete de lleno en el hard house y, alternándolo con tribal, ya no lo soltará hasta el final de la sesión. Ha superado el impasse con relativa rapidez.

El final llega con un tema disco a las 6.30, después de un primer aviso a las 5.52. Han sido poco más de cinco horas con Danny. Cinco horas de excursión por distintos estilos. El guía nos ha conducido con mano segura, pinchando básicamente con CDs y seleccionando temas irreconocibles, nada de hits. No hemos vivido una historia con desarrollo dramático (introducción, nudo y desenlace), sino en presente continuo. Aun así, me sigo preguntando si ciertos sueldos y el mismo star system de los DJs de baile están justificados. Me lo he pasado bien, pero no ha sido mejor que lo que le pido a cada noche y a cada DJ. Tenaglia es un DJ técnicamente hábil, con criterio y con días más inspirados que otros. Ni más ni menos. Dejémonos de una vez de reyes de reyes, de God is a DJ y de gurús de la fiesta. Llorenç Roviras

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