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DELOREAN, Extrañas compañías

Ekhi, Guillermo, Igor y Unai: experimento y raíces.
Foto: Alba Yruela

 
 

ENTREVISTA (2018)

DELOREAN Extrañas compañías

Delorean han grabado su disco más libre y personal partiendo de un material casi sagrado: 
las canciones de Mikel Laboa (1934-2008). El resultado es un álbum complejo que consigue casar el lado más experimental del cantautor donostiarra con la electrónica esquinada y cuidadosamente enciclopédica de unos nuevos Delorean. Fuera del discurso principal de ambos, pero coherente con los dos. Historia viva –y bailable– del folclore vasco. Quique Ramos habló con el cuarteto sobre el proyecto “Mikel Laboa”.

Delorean nunca ha sido un proyecto miedoso. Es fácil darse cuenta si se escuchan seguidos su primer disco, “Silhouettes” (Underhill, 2001), y el penúltimo, “Muzik” (Phlex, 2016). Al principio era una banda de la escena hardcore con un sonido atípico que bebía de fuentes como The Cure o New Order. Hoy es un grupo de baile que se debate entre el éxtasis y la melancolía. Cambiaron sus herramientas varias veces por el camino –las guitarras y la batería por ordenadores, samples y máquinas– e incluso se atrevieron a desdibujarse para firmar remezclas tan memorables como sus versiones de “Sunshine” de John Talabot o “Islands” de The xx. No resulta extraño que hayan acabado grabando un disco como “Mikel Laboa” (Elkar, 2017), donde se encargan de hacer suya una parte de la obra del cantautor vasco, uno de los mayores tótems de la música estatal del pasado siglo.

“El proyecto surgió como un encargo. En 2014 se iba a organizar un homenaje a Mikel Laboa para concederle el premio Adarra. Ese evento lo montaba Sergio Cruzado, un promotor de Donosti que suele tener ideas un poco locas. Sin tener muy claro qué podía surgir, nos contactó para hacer algo. Nos pilló por sorpresa, pero nos dijimos: ‘Es un reto que nos saca de nuestra zona de confort, así que vale’”
(Igor Escudero)

“El proyecto surgió como un encargo. En 2014 se iba a organizar un homenaje a Mikel Laboa para concederle el premio Adarra. Ese evento lo montaba Sergio Cruzado, un promotor de Donosti que suele tener ideas un poco locas. Sin tener muy claro qué podía surgir, nos contactó para hacer algo. Nos pilló por sorpresa, pero nos dijimos: ‘Es un reto que nos saca de nuestra zona de confort, así que vale’”, cuenta Igor Escudero, batería de la formación que completan Ekhi Lopetegi, Guillermo Astrain y Unai Lazcano. La decisión estaba tomada; solo faltaba encontrar cómo concretarla. (Unai): “Nos propusimos realizar unas adaptaciones, o unas remezclas. Nunca nos hemos planteado cómo definirlo. Todo era muy libre. No estaba claro si sería un concierto completo o qué podíamos hacer, pero no queríamos aparecer con una versión techno de Laboa”.

Para ello, el grupo encontró la complicidad del equipo de Laboa: desde Marisol Bastida, su viuda y mano derecha, hasta Elkar, su discográfica de toda la vida, que les dio acceso a las pistas originales de los discos del cantautor para poder extraer samples. (Guillermo): “Se tomaron la molestia de desempolvar las bobinas y digitalizar todas las pistas para enviárnoslas sin pedir nada a cambio. La primera vez que nos reunimos con ellos nos dijeron que teníamos total libertad para sacar el álbum por otras vías si queríamos, pero en cierto modo nos cuadraba. Nos parecía que meternos en este universo musical que hasta ahora había sido algo distante en nuestra carrera de alguna manera le daba al proyecto mucha más coherencia. Eso nos llevó también a implicar a Marisol y a José Luis Zumeta, quien diseñaba las portadas de sus discos, y a darles la misma libertad que ellos nos dieron a nosotros. Lo que mas ilusión nos hace es que todo el equipo que trabajaba con Laboa se ha vuelto a coordinar para sacar esto adelante; cada uno desde su humilde postura o papel, pero desde una perspectiva de sumar. Ha habido una implicación muy natural por todas las partes”.

El matrimonio, sobre el papel, era algo marciano. Delorean siempre fue un grupo de música anglosajona, así que no debió ser nada fácil tratar con un material como el de Laboa, quien no solo recuperó y popularizó la canción tradicional vasca, sino que la amplió y fijó para las siguientes generaciones. (Igor): “Es verdad que siempre hemos consumido mucha música anglosajona, pero a medida que te vas haciendo mayor también te vas liberando de ciertos corsés que te has ido imponiendo. A veces te autodefines con lo que te gusta y no te atreves a salir de ahí. Pasados los años, tenemos una relación mucho más relajada con el folclore vasco. No sé decirte si este proyecto se hubiese podido llevar a cabo de habérnoslo propuesto hace diez años. Igual sí estamos en un punto más abierto, pero es que al final somos vascos y, aunque no hayas escuchado a Laboa hasta mayor, lo has hecho indirectamente en versiones, en fiestas populares, en la tele... Es alguien omnipresente en la cultura vasca”.

 
DELOREAN, Extrañas compañías

“Si Laboa estuviera aquí le encantaría esto y estaría en el estudio cacharreando y preguntando para qué sirve cada cosa. Le gustaba mucho el trabajo de estudio”. Foto: Alba Yruela

 

 








“Es un disco especial con un tipo que hacía cosas especiales. Le veíamos como un cantautor con voz y guitarra y, de repente, te encuentras con alguien que tenía una valentía enorme e intentas pillar algo de eso, lo admiras al momento. Estamos aquí, andando con pies de plomo, pensando si hacemos el movimiento correcto y... de repente, ves que lo correcto es moverse”
(Igor Escudero)

Esa omnipresencia habría amilanado a cualquiera, pero no fue así en el caso de Delorean, que aprovecharon la oportunidad para llevar su sonido lo suficientemente lejos y convertirse en un grupo nuevo. (Igor): “Lo planteamos como ‘esto no es Delorean, es otra cosa’. Puede que en el disco se reconozcan algunos tics, pero, en general, nos hemos dejado llevar un montón. Ahora nos sentimos como si fuésemos otra banda. Como Modeselektor cuando se convierten en Moderat. La intención era romper con la idea que la gente pueda tener de Delorean para realizar algo más libre. Creemos que es superenriquecedor”. (Unai): “Además, por la parte de Mikel Laboa tampoco queríamos hacer los ‘hits’ reconocibles, sino algo que estuviese separado de ambos”. En ese sentido, fue clave descubrir el lado más experimental del cantautor, que ha acabado ocupando la mayor parte de las reinterpretaciones. (Guillermo): “Todos teníamos claro que no queríamos darle una energía que no encajase. A pesar de hacer algo que, en principio, no estaba contemplado en su música, nos preocupamos de que no hubiese un choque generacional muy bestia, sin una conexión. Cuando profundizamos en su lado experimental, nos relajamos al saber que no estábamos pervirtiendo nada; simplemente estábamos interpretando a nuestra manera una parte más libre de su repertorio”. Ahí encontraron un filón: partes de guitarra, txalaparta, sintetizadores y pistas raras como ruidos de pasos se convirtieron en una base sobre la que trabajar sin tener que preocuparse en exceso de la obra de ninguno de los dos. (Unai): “Hay mucho sampleo y troceado, pero todo se ha hecho con máquinas, usando sintetizadores y muestras de audios. Para la parte electrónica hemos grabado pistas originales nuestras, y los ruidos, guitarras y voces son suyas”.


El resultado acaba llevando por nuevos caminos a Delorean sin dejar de lado la emoción primigenia de las canciones de Laboa, como en “Dialektikaren laudorioa (Lekeitio 3)”. (Igor): “Ese tema en concreto lo hemos ido cambiando bastante; incluso podría llegar a recordar un poco a Kraftwerk. Pero al final fue evolucionando y ahora suena un poco a Detroit. Tiene un punto casi a lo Underground Resistance, pero sin bombo, en abstracto”. A pesar de eso, mantiene en primer plano la pista vocal de Laboa para que podamos entender el texto, adaptación de un poema de Bertolt Brecht que la ha convertido en la canción más política del grupo hasta la fecha: “Con paso firme se pasea hoy la injusticia / Los opresores se disponen a dominar otros diez mil años más. / La violencia garantiza: ‘Todo seguirá igual’. / No se oye otra voz que la de los dominadores”, canta Laboa de forma premonitoria. (Unai): “Cuando la escucharon tanto la gente de Elkar como su viuda nos dijeron que iba muy bien con los tiempos que corren”. Unos tiempos a los que la banda no es, en absoluto, ajena a nivel personal –Ekhi forma parte del colectivo “Espai en blanc”, una apuesta por el pensamiento crítico cuya publicación ‘El pressentiment’ podría haber albergado perfectamente el texto de Brecht–, pero cuya alusión se había mantenido hasta ahora algo más escondida en las letras de Delorean.

Quién sabe si todas estas puertas seguirán abiertas en sus próximos pasos. (Igor): “Ahora estamos supermetidos en este proyecto y cuando acabemos decidiremos qué hacer. La gente se espera algo de Delorean. Si te gusta el grupo ya sabes que nos movemos en ciertos parámetros, pero creemos que estamos en un momento en que podemos hacer lo que nos dé la gana. Este es un proyecto paralelo, de alguna manera. Lo hacemos con nuestro nombre porque somos lo que somos. Es un disco especial con un tipo que hacía cosas especiales. Le veíamos como un cantautor con voz y guitarra, y de repente te encuentras con alguien que tenía una valentía enorme e intentas pillar algo de eso, lo admiras al momento. Estamos aquí, andando con pies de plomo, pensando si hacemos el movimiento correcto..., y de repente ves que lo correcto es moverse”.

 

El Laboa experimental

Además de su labor recuperando el folclore vasco, Mikel Laboa tiene una importante vertiente experimental que alcanzó la cima en sus “lekeitios”, repartidos por toda su discografía y recopilados por Elkar en 1988 en “Lekeitioak”, reeditado en un doble CD con más temas en 2007. (Igor): “Lekeitio es un pueblo de Bizkaia y lo de 'lekeitioak' se refiere a un dialecto de ese lugar. Pero luego en esas canciones no dice nada realmente, es un idioma inventado”. (Unai): “Para él la voz era un instrumento. Marisol –la viuda de Laboa– nos contó que le encantaban los coros en alemán de Bach, su melodía, pero, cuando entendía lo que decían, ya no le gustaban. Por eso él creaba sus propios lenguajes, simplemente porque quería usar la voz como melodía”. Para ello, inventó variaciones del italiano, acentos mexicanos imposibles, o palabras como si estuviese jugando al gibberish. Pero no solo se ceñía a los idiomas hablados.

En los “lekeitios” encontramos estructuras abiertas, con instrumentos impropios de un cantautor tradicional, más cercanas a librepensadores como Harry Partch o Robert Wyatt, músicos de vanguardia que toman elementos de distintas tradiciones para elaborar discursos únicos y libres. Esta inquietud lo llevó a trabajar con músicos de free jazz o con grupos jóvenes supuestamente tan alejados como Lisabö –su batería, Aida Torres, colaboró en “Xoriek 17” (2005)–, así que el de Delorean no habría sido un matrimonio tan extraño. (Igor): “Su viuda nos dijo que estaban viendo ese primer concierto –durante el acto de entrega del premio Adarra en 2014 en el que participó Delorean– y comentaba con sus hijas: ‘Joder, ¡qué loco estaba vuestro padre!’”. (Unai): “Si estuviera aquí le encantaría esto y estaría en el estudio cacharreando y preguntando para qué sirve cada cosa. Le gustaba mucho el trabajo de estudio”. Ojalá un Delorean real lo llevara al estudio de la banda en Poblenou.

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