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DESTROYER, La vida adulta

Canadiense de padre granadino. Foto: Ted Bois

 
 

ENTREVISTA (2011)

DESTROYER La vida adulta

Cuando no anda envuelto en los discos de The New Pornographers o Swan Lake, Dan Bejar se concentra en terminar las canciones de Destroyer, llenándolas de letras esquivas y un pop barroco y sugerente. Lleva quince años haciéndolo y hace dos estuvo a punto de dejarlo. Por suerte, las dudas lo pillaron en medio de la grabación de “Kaputt”, un disco llevado por ritmos, guitarras, saxos y otra forma de cantar con el que Bejar destapa los recuerdos de su adolescencia. Uno de los álbumes más recomendables de 2011 y uno de los más significativos para definir los parámetros de sonido de un cierto revival de los ochenta.

“Kaputt” (Merge-¡Pop Stock!, 2011) podría ser el último álbum de Destroyer. No es solo que el título sea algo profético, sino que Merge, el sello que ha editado todos los discos del proyecto personal de Dan Bejar desde “This Night” (2002) –y reeditado los cuatro anteriores–, apuntó en la hoja de prensa de “Archer On The Beach”, el doce pulgadas que salió el año pasado, que “Grief Point”, uno de los dos temas contenidos en él, era la primera canción que Dan había hecho después de decidir que nunca volvería a grabar. “Terminé ‘Grief Point’ mientras estaba con ‘Kaputt’. Me llevó ocho minutos grabar mi voz para ese tema. Me costó veinte meses más terminar el álbum. Aunque la idea de hacer algo totalmente distinto a lo que suena en el disco o de dejar de hacer música existiera solo durante esos ocho minutos, lo cierto es que existió. Hace dos años que no escribo una letra. Dicho esto, en unas semanas estaré viviendo con otras nueve personas en un autobús, tocando las canciones de ‘Kaputt’ por América. No es el típico colapso creativo, eso desde luego”. Y es que Bejar tampoco es el típico cantautor. La visión del pop con la que este canadiense de padre granadino, “medio comunista y medio norteamericano”, se ha reflejado en los espejos deformantes de discos como “Streethawk: A Seduction” (Misra, 2001; reeditado por Merge en 2010) o esa especie de opereta MIDI que es “Your Blues” (Merge, 2004) le ha devuelto en “Kaputt” imágenes del pasado, del suyo y del sonido que iluminó los discos con los que creció.

“Las letras de ‘Kaputt’ son contrarias a la forma en que escribí los otros discos de Destroyer, donde partía de una imagen muy concreta para perderme al escribir, sobrecargándolo todo con descripciones e intentos de poesía

En la letra de “Grief Point” reconociste que las críticas tan tibias de “Trouble In Dreams” (Merge, 2008) te hicieron creer que la gente ya no tenía ganas de escuchar más canciones de Destroyer. Lo que quise decir en “Grief Point”, aunque solo fuera por un momento, es que no importa lo que hagas o digas con tu música, que lo que de verdad cuenta es si eres capaz de dotarla de una personalidad. Lo importante es la expresión de tu música, no la música en sí misma. “Trouble In Dreams” era una colección de canciones, nada más, y quizás falló en eso, no lo sé. Sin embargo, “Kaputt” no tiene nada que ver.

A diferencia de casi todas tus canciones anteriores, que tenían un componente poético muy fuerte, las letras de los temas de “Kaputt” parecen menos forzadas y más impulsivas. Las letras del disco son muy concretas, pero no sabría decir de dónde salieron. Son cosas que me vinieron a la cabeza, sin saber por qué, y que moldeé para ser capaz de cantarlas delante de un micrófono. No tienen descripciones ni son un intento de poesía, quitando “Bay Of Pigs”, que es una anomalía dentro del disco, o “Suicide Demo For Kara Walker”, que no escribí solo. De hecho, las letras de “Kaputt” son contrarias a la forma en que escribí los otros discos de Destroyer, donde partía de una imagen muy concreta para perderme al escribir, sobrecargándolo todo con descripciones e intentos de poesía. Todavía estoy asimilando el cambio. No fue algo consciente. No fue una decisión.

 
DESTROYER, La vida adulta

Las dudas infinitas de Mr. Bejar.

 

Si hay un tema que sobrevuela todo lo que aparece en las letras del disco es, de un modo u otro, la vida nocturna. Puede ser, sí. Supongo que en realidad tiene que ver con volver la vista atrás a las partes de tu vida que ahora te parecen ajenas. Diría que es por hacerme mayor. Es como caer en la cuenta de que has cambiado y tener la sensación de que alguien o algo te ha apartado de un mundo que ya no te pertenece. Por su sonido, el disco es “La dolce vita”; por sus letras, es “Ocho y medio”.

“En 2006 empezó a interesarme mucho la música instrumental por primera vez. El jazz de los sesenta, puede que incluso anterior, como en el caso de Miles Davis o algunas cosas de la Costa Oeste, y los primeros discos de ambient: Brian Eno, Harold Budd, Jon Hassell. También las bandas sonoras. Es curioso, pero mientras que mi amor por las canciones y por su formato ha crecido, mi interés personal por trabajar con esa tradición se ha evaporado casi por completo”

¿Cómo ha cambiado tu forma de entender las canciones en los últimos años? Lo primero que cambió es que dejé de tocar instrumentos. Ahora escribo las melodías sin tener las manos ocupadas con una guitarra porque la idea de aferrarme siempre a los mismos acordes me pone enfermo y sé que siempre acabo sucumbiendo ante los mismos cambios de acordes cada vez que cojo una guitarra. El piano es distinto, me ayuda a salir de esos acordes, pero tampoco demasiado. Hace diez años no era capaz de soltar la guitarra. Componía tocando, y a veces me venían también las letras, pero normalmente las escribía aparte y lo que hacía era tratar de imponérselas a la canción, hacer que parecieran musicales. Ahora solo incluyo las palabras que se me ocurren al pensar en una melodía. Escribo diez veces menos de lo que solía escribir, así que me aferro a la idea de que todo lo que escribo lo hago por una razón en vez de dejarme llevar por el impulso de escribir compulsivamente. Lo cierto es que nunca he intentado escribir una canción en serio y creo que eso me está pasando factura. No es algo que domine o sobre lo que haya aprendido más de lo que sabía antes. Por otro lado, en 2006 empezó a interesarme mucho la música instrumental por primera vez. El jazz de los sesenta, puede que incluso anterior, como en el caso de Miles Davis o algunas cosas de la Costa Oeste, y los primeros discos de ambient: Brian Eno, Harold Budd, Jon Hassell. También las bandas sonoras. Es curioso, pero mientras que mi amor por las canciones y por su formato ha crecido, mi interés personal por trabajar con esa tradición se ha evaporado casi por completo. Desprecio las series de acordes, pero todavía me encantan las canciones de Rodgers y Hart, los Beatles o la Velvet. Así que no tengo ni idea de cómo va a acabar esto.

Lo cierto es que cada vez te acercas más a sonidos más ambientales, como los de Loscil o Tim Hecker en “Archer On The Beach”, o en algunos detalles de la producción de “Kaputt”. Sí, son dos buenos amigos. Siempre he admirado mucho su trabajo, y el año pasado decidí hacerlo desde cerca. Lo que más me interesa de colaborar con alguien ahora mismo es cederle el control de la música por completo para limitarme a cantar.

 
DESTROYER, La vida adulta

Bejar no es el típico cantautor. Foto: Ted Bois

 

Leí que lo único que trataste de conseguir con “Kaputt” fue grabar un disco de pop. ¿Cómo lo hiciste? Intenté mantener un tono uniforme de principio a fin, que es algo bastante importante en la música pop. Traté de cantar menos, algo que también es importante en el pop. Intenté parecer vacío, pero sin perder intensidad. Quería que mi voz funcionase menos como una personalidad propia y más como un servicio de reparto de palabras, teniendo mucho cuidado con las emociones que encierran esas palabras. Soy consciente de que en el pasado usé mi voz como un elemento disonante y desagradable, pero pensé que sería interesante probar a hacer todo lo contrario en este disco.

“Supongo que simplemente pensé en los sonidos de mi juventud. Cualquier canción que hubiera podido escuchar en los veranos que pasé con mis primos en la Costa Brava o cosas de las que era muy fan, como New Order o aquel primer disco de Electronic. Me adentré en las cosas que asociaba con el momento en que la música invadió mi vida, como el sonido de Manchester”

¿Te gustan Prefab Sprout? Sí, soy muy fan de Paddy McAloon. Y lo cierto es que John Collins, que coprodujo “Kaputt” y se encargó de casi todos los sintetizadores y de las mezclas, es muy fan del sonido de Thomas Dolby en las producciones de Prefab Sprout.

Hay muchas coincidencias entre “Kaputt” y un puñado de discos de principios de los ochenta, tantas que parece un homenaje a ese sonido. Supongo que simplemente pensé en los sonidos de mi juventud. Cualquier canción que hubiera podido escuchar en los veranos que pasé con mis primos en la Costa Brava o cosas de las que era muy fan, como New Order o aquel primer disco de Electronic. Me adentré en las cosas que asociaba con el momento en que la música invadió mi vida, como el sonido de Manchester. Eran discos que había dejado aparcados por culpa de Pavement o Guided By Voices cuando empecé a tocar. Me obsesioné con los ritmos de “Avalon” de Roxy Music y con la idea de crear “pads” de sintes a partir de saxos, trompetas y bucles de guitarra, con construir las canciones en el estudio. Al final, los ritmos y los solos del saxo y las guitarras acabaron ganando terreno.

La artista Kara Walker te ayudó a escribir la letra de una de las canciones. Fue cosa de mi sello. Ella tuvo que escuchar buena parte del catálogo de Merge porque seleccionó material para uno de sus recopilatorios y por alguna razón los discos de Destroyer le llamaron la atención. Me pasó algunos textos y los adapté para hacer la letra. Traté de evitar que la canción hablara de Kara, pero creo que no lo conseguí.

Dices que la música ya no te parece el mejor lugar para tus textos, ¿por qué? No es que piense que la música de ahora es menos literaria que la de antes ni nada parecido. No es un problema generacional. La pérdida de interés y de fe es algo completamente personal. Puede que haya cientos de canciones que son el colmo de la buena poesía, pero yo no las he escuchado. No creo que sea culpa de las canciones o de quienes las escriben, sino de la forma en que las percibo o de lo que estoy dispuesto a escuchar. Prefiero centrarme en lo musical de la música y en lo literario de la literatura.

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