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DEXYS, Puro teatro

Lucy Morgan, Big Jim Paterson, Kevin Rowland, Pete Williams, Mick Talbot y Madeleine Hyland: el lento retorno. Foto: Chiko Ohayan

 
 

ENTREVISTA (2012)

DEXYS Puro teatro

Tardaron casi tres décadas, pero los Dexys volvieron. Kevin Rowland, alma del grupo y única constante en el tiempo que lo mantuvo activo a lo largo de la primera mitad de los ochenta, había anunciado el advenimiento de “One Day I’m Going To Soar” (2012), su cuarto álbum, durante más de un lustro. Y cuando por fin se publicó, Dexys lo tocaron entero en un show brillante parco en clásicos. Marta Salicrú entrevistó a Kevin Rowland antes de que se confirmase el que, después de tantos años, fue el debut de la banda en escenarios españoles: magnífico concierto en el Primavera Sound 2013.

Kevin Rowland habla como en los fragmentos recitados de las canciones de Dexys Midnight Runners: deprisa, nervioso, casi espasmódico. En su discurso es tan intenso como cuando interpreta su música, y tiende a decir dos veces seguidas lo que considera importante, en un ansia comunicativa que refuerza con muletillas constantes para comprobar que sigues allí, sin perderte nada.

“No sabía cómo saldrían, porque era algo que no habíamos hecho nunca, y porque hacía tiempo que no tocábamos en vivo. Estaba muy nervioso, no sabía si mi voz aguantaría dos horas cantando cada noche. Así que antes de la gira viví como un monje, y después de cada concierto no hablaba, cuidaba mis cuerdas vocales, me guardaba la voz. Pero funcionaron”
(Kevin Rowland)

 

Nuestra conversación de casi cuarenta y cinco minutos a propósito de “One Day I’m Going To Soar” (BMG, 2012), el regreso después de veintisiete años de los Dexys –lo de Midnight Runners se ha quedado por el camino–, empieza con buen pie. Rowland se confiesa emocionado cuando le cuento que los vi en directo en mayo en Glasgow, en uno de los conciertos con los que el grupo avanzó el disco: media docena de exclusivas citas en el Reino Unido –después de un par de calentamiento en Suecia– en los que los Dexys interpretaron de arriba abajo el entonces aún inédito nuevo álbum. Dos horas de concierto con menos de la mitad del repertorio dedicado a recuperar clásicos. El balance fue espectacular. Tanto que el grupo repitió la experiencia en una docena de actuaciones más en septiembre, también en Inglaterra. “No sabía cómo saldrían, porque era algo que no habíamos hecho nunca, y porque hacía tiempo que no tocábamos en vivo –admite Rowland–. Estaba muy nervioso, no sabía si mi voz aguantaría dos horas cantando cada noche. Así que antes de la gira viví como un monje, y después de cada concierto no hablaba, cuidaba mis cuerdas vocales, me guardaba la voz. Pero funcionaron”.

Rowland suena conmovido de verdad por mi peregrinaje a Glasgow, y se interesa por mí como fan. Me pregunta qué otra música me gusta. “Ahora tengo curiosidad”, dice. Y es que pese a ser uno de los grandes de la historia del pop británico, su ego es frágil. Llegar a lo más alto con “Too-Rye-Ay” (Mercury, 1982), segundo álbum de los Dexys que incluía el hit global “Come On Eileen”, y ser linchado por su continuación, “Don’t Stand Me Down” (Mercury, 1985) –ahora reivindicado–, le pasó factura en forma de adicción, miseria y retiro. Desbandó a los Dexys y publicó “The Wanderer” (1988), un álbum en solitario del que nunca estuvo satisfecho por no superar su exigente control de calidad. Y no se supo nada de él hasta 1999, cuando el agonizante sello Creation le publicó “My Beauty”, un disco de versiones de temas que lo habían acompañado en la lucha contra la adicción, en el que Rowland aparecía con vestido y medias en la portada. Fue masacrado por la crítica. Después, de nuevo silencio, hasta que en 2003 reformó a los Dexys para una gira.

 
DEXYS, Puro teatro

Mick Talbot (teclados) y Pete Williams (bajo), protegiendo al gran Kevin Rowland: “old school”. Foto: Chiko Ohayan

 

“Te voy a contar lo que pasó. En 2003 necesitaba dinero para una cosa que en ese momento parecía una buena causa, y pensé que la mejor manera de conseguirlo era con los Dexys. No estaba demasiado interesado en el grupo en ese momento; creo que ni siquiera estaba haciendo música, pero necesitaba dinero, así que lo reformé. Sin embargo, en el momento en que me metí en ello, empecé a involucrarme de verdad y dejó de ser solo una cuestión de dinero, y la música se convirtió en lo importante de verdad. Lo que pasó después es que el motivo por el cual necesitaba el dinero desapareció –según cuenta, a causa de su interés renovado por la música–. Y lo triste es que al final no ganamos nada”.

“En 2003 necesitaba dinero para una cosa que en ese momento parecía una buena causa, y pensé que la mejor manera de conseguirlo era con los Dexys. Sin embargo, en el momento en que me metí en ello, empecé a involucrarme de verdad y dejó de ser solo una cuestión de dinero, y la música se convirtió en lo importante de verdad”
(Kevin Rowland)

Aún tendría que pasar casi una década hasta la publicación del nuevo disco de los Dexys. “Creo que lo que sucedió después de esa gira es que yo pensaba que montones de compañías me llamarían pidiéndome que hiciera un disco. Pero no fue así –reconoce–. Creo que pasé una temporada compadeciéndome porque nadie nos quería. Entonces me di cuenta de que tenía que hacerlo yo mismo”. Pese a que la banda de “One Day I’m Going To Soar” –que incluye a los miembros originales Big Jim Paterson (trombón), Pete Williams (bajo) y Mick Talbot (teclados)– tenga los cimientos en esa gira de retorno, Rowland no piensa que “lo que ocurrió en 2003 tenga relación alguna con el nuevo álbum”. “No creo que entonces estuviera listo para hacer un disco. Después de esa gira quería trabajar en unas canciones, aunque estaba muy lejos de poder hacer un disco”. Según cuenta, no es hasta 2007, de regreso a Londres después de once años viviendo en Brighton, cuando el álbum empieza a tomar forma. Hace maquetas de los temas y cuelga una de ellas en su Myspace, “It’s O.K. Johanna”, que llegará al nuevo disco como “It’s O.K. John Joe”. “Entonces alguien mencionó a Mick Talbot –fundador de The Style Council al lado de Paul Weller, que se convertiría en su mano derecha–. Y reunimos el grupo”.

No era cuestión de apresurarse. Después de casi treinta años sin publicar un disco, no había motivo para no dedicarle todo el tiempo necesario. “Para mí era muy importante hacer esto bien. No puedo vivir si hago algo que no me gusta lo suficiente”. Trabajaron por etapas, siguiendo un método al que Rowland atribuye los buenos resultados del álbum. “Ensayamos dos canciones cada día, después descansamos tres semanas durante las cuales escuché los ensayos con Mick y hablamos de ellos, y tres semanas después volvimos a ensayar aplicando algunos cambios. Descansamos tres semanas más, volvimos a escuchar las cintas, y tres semanas después grabamos. Si hubiésemos grabado el disco de una sola tacada, cuando hubiese tenido que tomar decisiones no habría sabido qué responder. Sin embargo, como me tomé tiempo para escuchar, me ponía los ensayos mientras hacía la colada, en momentos en que mi mente estaba clara, libre, sintonizada hacia la música y no neurótica; entonces era evidente qué decisiones tenía que tomar”.

 
DEXYS, Puro teatro

Los estupendos Dexys 2012, sin la energía soul del debut “Searching For The Young Soul Rebels” ni el histrionismo celta de “Too-Rye-Ay”. Foto: Chiko Ohayan

 

“One Day I’m Going To Soar” suena confesional y autobiográfico, pero a la vez es narrativo. “Todas las canciones están basadas en mi experiencia personal –admite–, pero, si bien no lo concebí así, hace unos cinco años me di cuenta de que si ponía las canciones en este orden contaban una historia”. La suya, aunque no lo reconozca. También es un disco adulto, sin la energía soul del debut “Searching For The Young Soul Rebels” (EMI, 1980) ni el histrionismo celta de “Too-Rye-Ay”. “Hacer la misma música que hacía treinta años atrás sería terrible”, afirma Rowland, pero acepta que sí comparte la madurez clásica de “Don’t Stand Me Down”, su favorito entre los tres primeros discos de los Dexys. “Creo que es el mejor”.

“¡Estoy tan satisfecho de las nuevas canciones y a todo el mundo le gusta tanto el concierto! Es un buen show, y querría que todo el mundo lo viera. Además, no hemos tardado todo este tiempo en volver para vendernos. Hemos vuelto con un disco del cual estoy muy contento, y con un show del cual también lo estoy, y espero que a la gente le guste”
(Kevin Rowland)

 

Otra de las características que define el nuevo álbum es su teatralidad. Más que cantar, Rowland interpreta las letras de las canciones, como el actor de un musical. “No sé hacerlo de otro modo –dice–. Me entrego al sentimiento en cada canción, pienso qué estoy cantando y a quién se lo estoy cantando”. En “One Day I’m Going To Soar” esto viene reforzado por la forma de diálogo que toman canciones como “Incapable Of Love”, que Rowland canta junto a la actriz Madeleine Hyland, incorporada también al directo del grupo. Y en los conciertos, Pete Williams deja el bajo para asumir el rol de sideman y darle la réplica a Rowland. “La gente dice que es como un espectáculo del West End –explica orgulloso–. En los conciertos de 2003 Pete y yo hacíamos los dos de cantantes y actuábamos mucho en el escenario, y trasladar esto al disco era algo que tenía en mente desde hacía mucho tiempo”.

De momento, el grupo no tiene cerrada ninguna fecha que nos permita ver el espectáculo, ni en España ni en el resto de Europa, pero su agente está trabajando en ello. “Me encantaría venir, de verdad que me encantaría, pero somos una banda muy grande y los promotores tienen que pagarnos lo suficiente –lamenta–. Cuando tocamos en Suecia perdimos dinero. No estuvo mal, porque eran los primeros conciertos, pero, aunque podamos plantearnos no ganarlo, no nos podemos permitir perder dinero”.

Si acaban viniendo a nuestros escenarios –Rowland pinchó en 2008 en el segundo aniversario de La [2] de Nitsa, una sala gestionada por el mismo equipo que programa el festival Primavera Sound–, los Dexys no tienen previsto cambiar el modelo de concierto que han estado haciendo hasta ahora, en el que tocan entero “One Day I’m Going To Soar”. “¡Estoy tan satisfecho de las nuevas canciones y a todo el mundo le gusta tanto el concierto! Cuando tocamos en Londres, todo el público se puso de pie para aplaudir en el momento que acabamos con el repertorio del álbum, antes de los temas antiguos. No paraban de aplaudir. Yo quería tocar la siguiente canción, que era ‘Old’ –de “Too-Rye-Ay”–, y no podía, porque no paraban de aplaudir. Es un buen show, y querría que todo el mundo lo viera. Además, no hemos tardado todo este tiempo en volver para vendernos. Hemos vuelto con un disco del cual estoy muy contento, y con un show del cual también lo estoy, y espero que a la gente le guste. Esto es lo que hacemos; o lo tomas o lo dejas”.

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