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EELS, Cosas que deberías saber

Mr. E: cumpliendo con la vida. Foto: Rocky Schenck

 
 

PORTADA ROCKDELUX (RDL 287)

EELS Cosas que deberías saber

Por Pablo Gil

E se impuso como terapia personal escribir su biografía. Tras cuatro años consagrados casi por entero a “Cosas que los nietos deberían saber”, libro con buenas críticas y aún mejores ventas, recuperó el pulso musical con tres discos de Eels publicados en catorce meses entre 2009 y 2010, una trilogía de los sentimientos que culminó con “Tomorrow Morning” y su primera gira en un lustro. Fue el instante en que Pablo Gil charló con él en Londres, entrevista que fue motivo de portada en el Rockdelux 287 (septiembre 2010). Otra portada de Eels en Rockdelux, aquí.

Reside en un barrio tranquilo de Los Ángeles. Allí las palmeras, altas como fuegos artificiales, rompen el cielo azul claro casi blanco. Las carreteras serpentean por las colinas, obligando a reducir la marcha e invitando a echar vistazos a la interminable ciudad de luces parpadeantes. Esa área que ha sido descrita como un oasis en esa jodida ciudad de locos se llama Los Feliz. Y, bueno, eso tiene gracia. Gracia, si tienes el sentido del humor de Mark Oliver Everett, claro. Su vida ha sido una caca y él ha aprendido a reírse como si siempre tuviera un gajo de limón metido en la boca. Ácida y mordaz sonrisa.

“En los tres discos he querido que la música vistiera el tema que surgía en mi cabeza. En ‘Hombre Lobo’, el tema principal era el deseo y yo asocio eso con el sonido de la guitarra eléctrica. La temática de ‘End Times’ me sonaba a guitarra acústica. Pero ¿a qué podía sonar la redención y la obtención de una segunda oportunidad? No me apetecía hacer un disco cálido como metáfora de la celebración de la vida y de las cosas hermosas...”
(Mark Oliver Everett)

Aunque su funesta biografía es la crónica de un hombre empeñado en no pegarse un tiro, ahora le gusta decir que se siente satisfecho y afortunado. “Soy en general mucho más optimista de lo que la gente cree”, afirma detrás de unas gafas de sol que no se quitará durante nuestro largo encuentro en una amplia y agradable habitación de hotel en Londres, junto a un ventanal con vistas a los magníficos jardines de Kensington, donde la gente, como si todo formara parte de un musical, realiza actividades que transmiten optimismo y alegría de vivir. También le gusta decir que nunca hizo planes, que las cosas fueron saliendo así, y asá, y que hoy disfruta de una “situación envidiable” que le permite sacar adelante todos los proyectos que se propone... Bueno, quizás “le gusta decir” sea una expresión algo exagerada. Habla rápido y de manera muy concisa, sin evitar ningún tema, como buen paciente de terapia, pero no es precisamente alguien a quien le agrade explicarse. Mark Oliver Everett, E, prefiere componer y cantar. Y de ese modo ha destilado su vida, su imaginación y su capacidad de observación en nueve álbumes de estudio como Eels, seis en directo y uno de rarezas durante quince años de frenesí creativo y expiación personal, oficiados desde su casita en Los Feliz.

Entre 2009 y 2010 han aparecido tres álbumes de Eels, “Hombre Lobo. 12 Songs Of Desire” (E Works-Vagrant, 2009), “End Times” (E Works-Vagrant, 2010) y “Tomorrow Morning” (E Works-Vagrant-Nuevos Medios, 2010). De ese modo remontaba cuatro años sin material nuevo, el mayor lapso de su carrera, etapa durante la cual dirigió el documental “Parallel Worlds, Parallel Lives” (2007) sobre Hugh Everett III, eminente físico y su distante padre, coordinó un best of y un disco de rarezas de Eels y escribió su autobiografía, “Cosas que los nietos deberían saber” (editada en 2008 y traducida en España por Blackie Books en 2009). “Aquellos cuatro años fueron duros para mí, porque estaba muy ocupado y casualmente todo lo que hacía tenía que ver con mi pasado. Y no soy una persona a la que le guste mirar al pasado”, explica. “De algún modo, estoy orgulloso de todo aquello y me vino muy bien pero no querría volver a hacerlo”.

Por eso la reacción, y E es hombre de reacciones, fue hacer un disco completamente alejado de su vida, un disco sobre el deseo sexual (y alguna que otra frustración), que ha tenido continuidad con trabajos de nuevo impúdicamente personales (como asegura, sin entrar en detalles) que sintió arrastrado a hacer. “End Times” es un álbum de divorcio tal cual, mientras “Tomorrow Morning” pone música a su recuperación. “Son muy diferentes entre sí, pero hay un hilo que los une. Todos parten de emociones humanas universales: el deseo, la pérdida del amor y la redención. No es que los tres formen un círculo, pero sí me gusta la idea de que el final está en el centro, en el segundo de esos discos, y que el tercero supone un revivir”.

“En los tres discos he querido que la música vistiera el tema que surgía en mi cabeza”, afirma. “En ‘Hombre Lobo’, el tema principal era el deseo y yo asocio eso con el sonido de la guitarra eléctrica. La temática de ‘End Times’ me sonaba a guitarra acústica. Pero ¿a qué podía sonar la redención y la obtención de una segunda oportunidad? No me apetecía hacer un disco cálido como metáfora de la celebración de la vida y de las cosas hermosas... A eso se unió que quería quitar las guitarras y grabar con bastante electrónica, con instrumentos que imaginarías saliendo de una fría habitación de Berlín”.

 
EELS, Cosas que deberías saber

Rockdelux 287 (Septiembre 2010)
Foto: Rocky Schenck
Diseño: Nacho Antolín

 

Esta catarata creativa ha dejado a nuestro lobo hombre “exhausto”, con ganas de salir de gira de una vez y olvidarse por un tiempo de la composición. Con todo, se muestra encantado de haber sacado de debajo de la (descuidada) barba cuarenta canciones en catorce meses. “Solía ser así en los años sesenta, ¿no? Luego la industria de la música cambió radicalmente, de una manera negativa en mi opinión, y todo pasó a formar parte del marketing. Decidieron que la salida de un disco debía ser algo relevante, y por eso se convirtió en norma sacarlos cada dos años y medio. De todos modos, yo tengo otra teoría. En esa época todo el mundo, como los Beatles, estaba tomando ‘speed’, y así podían hacer en un año dos discos, una gira mundial y una película. Luego cambiaron de drogas, empezaron a consumir LSD y marihuana, y todo se ralentizó”. Conclusión: Mark Oliver Everett se ha estado poniendo de speed hasta las trancas. “No, no, qué va, ¡solo café! (Sonríe). En todo caso, a mí me resultó más sencillo porque no dependo de las agendas de otras personas para grabar y, además, decidí no actuar”. Tampoco concedió entrevistas con “End Times”. “Era un disco tan personal que no me podía ni imaginar hablando sobre él”, explica. “No tenía nada que contar que no estuviera en las canciones. Sentí que tenía algo dentro que podía ofrecer al mundo, nada más; hablar de ello me habría hecho sentir tonto e incómodo”.

“Lo hice como un experimento para mí; ni siquiera cuando la acabé tenía la certeza de que fuera a poder editarse, pues no había firmado ningún contrato ni nada. Si yo hubiera podido leer un libro así cuando era más joven, me habría dado alguna esperanza ver cómo un chaval completamente perdido, que sufre un montón de experiencias aterradoras, termina saliendo de ello”
(Mark Oliver Everett)

La imagen de E se ha cimentado en buena parte en su fascinante capacidad para catalizar su vida en canciones clarividentes que no dejan de ser pop bien entendido, sumando a su club de fans a Aimee Mann, Elliott Smith, Joni Mitchell, Pete Townshend (The Who), PJ Harvey, Lisa Germano, John Sebastian (Lovin’ Spoonful) y Patti Smith. Él mismo reconoce que asimila las malas experiencias haciendo canciones sobre ellas. “Es en buena medida el motivo por que hago música, me siento muy afortunado de haber encontrado ese mecanismo para superar las cosas”. Más aún, valora la honestidad como algo esencial. “Incluso si no estoy escribiendo algo autobiográfico, intento apartarme de los hechos secundarios y plasmar su auténtica realidad, la verdad absoluta. No importa cuán lejos tenga que ir, siempre me esfuerzo para que funcione”. Pero como experto en la doctrina del quizá, y haciendo buena la máxima de su amigo y también fan Tom Waits de que la honestidad es la virtud más sobrevalorada, resta importancia al hecho de que las canciones estén basadas, “realmente”, en experiencias propias. “A la gente le gusta pensar que todo es una historia real, porque eso lo hace más creíble en su imaginación, pero yo diría que es un error”. Sin respirar, sentencia: “Lo verdaderamente importante en una canción es si creas una buena historia”.

Y para buena historia, la suya. Nació macho y heterosexual hace 47 años en Virginia y desde entonces su existencia se forma por una sucesión de calamidades tan fortuita que ni el pulpo Paul podría haberla predicho. Con sus padres y su hermana a dos metros bajo tierra, su estabilidad psicológica como una montaña rusa y sin haber conocido la autoestima, E escribió su autobiografía. “Lo hice como un experimento para mí; ni siquiera cuando la acabé tenía la certeza de que fuera a poder editarse, pues no había firmado ningún contrato ni nada”. Sumando una carambola más en su destino, el libro fue un éxito de crítica y ventas en varios países. E tiene una explicación. “Si yo hubiera podido leer un libro así cuando era más joven, me habría dado alguna esperanza ver cómo un chaval completamente perdido, que sufre un montón de experiencias aterradoras, termina saliendo de ello”.

“Cosas que los nietos deberían saber” (humorada: E no tiene hijos siquiera) se ha convertido, efectivamente, en una especie de libro de autoayuda, además de ser bastante interesante en lo musical por sus comentarios sobre la expresión artística y la industria de la música. Le pregunto si alguna vez una persona se le ha acercado para decirle que el libro le cambió la vida. “Me pasa a todas horas. No sé si cambiarles la vida, pero que ha ayudado a muchas personas, sí. Es algo que ha sucedido de manera accidental, pero que es maravilloso. Con las canciones pasa lo mismo. Las haces lo mejor posible, pero no piensas si van a hacer más feliz a la gente; solo intentas tú ser más feliz, sin embargo a veces provocas que la gente sea más feliz. Y eso es precioso, la verdad”.

 
EELS, Cosas que deberías saber

Corriendo hacia la felicidad.

Foto: Rocky Schenck

 

El estilo de escritura no es el de un diario, sino el de una persona intentando comunicarse con los demás, algo relevante en la medida en que el autor se confiesa poco sociable. “Para mí era importante establecer un estilo conversacional, porque quería que diera la sensación de que se trataba de algo hablado más que escrito. Yo quería compartir mis experiencias, por eso también tenía muy claro que debía ser directo y sencillo, no con una escritura florida o pretenciosa. Algo así me habría parecido... una gilipollez, una pérdida de tiempo, intentando parecer, no sé, ‘poético’”.

“Pensé, de manera muy naíf, que escribir sería sencillo porque solo dependía de mí“, explica. “Desde luego, pronto descubrí que iba a ser todo lo contrario y que ha sido el proyecto más difícil en que he trabajado. Escribir es absolutamente solitario y doloroso, y a eso se sumó el tema en sí mismo, que me obligaba a volver a hechos del pasado que eran muy duros para mí”. Por supuesto, no ha vuelto a escribir ni espera, dice sonriendo, “tener que volver a hacerlo”.

“Jamás he pasado por un período de bloqueo. Probablemente mi problema ha sido el contrario; a veces me he tenido que obligar a parar. Una vez decidí pasar todo un año sin componer, pero fue con trampa porque estaba de gira. Creo que la mayoría de los artistas tienen tendencia a ser obsesivos, y yo desde luego estoy entre ellos” (Mark Oliver Everett)

¿Y queréis saber qué libros o autores usó este escritor novel? Pues ninguno. Así, por las buenas. “Hice toda mi lectura en la juventud, un poco lo típico que lee todo el mundo, pero desde hace bastante tiempo ya no leo nunca”. Solo una referencia. “La autobiografía de Ray Charles, ‘Brother Ray’ –1978; publicada en España por Global Rhythm en 2007–. La leí cuando era un adolescente y me dejó de piedra, me alucinó su estilo conversacional, parecía que Ray te estaba hablando. Me provocó un enorme impacto, me pareció tan honesto y cándido”.

La insularidad, esta cualidad de alimentarse de sí mismo en vez del exterior, no se limita a su lectura, también domina su música. “La mayoría de mis influencias proceden de los discos que escuchaba en mi juventud. A veces oigo cosas actuales, pero no muy a menudo. Tampoco mis propios discos; de hecho creo que algunas veces me he repetido en alguna idea y no me he dado cuenta”. Sin embargo, matiza: “Al mismo tiempo pienso que para un artista es importante ser de su tiempo. Hay muchos grupos geniales que suenan a la antigua, únicamente a la antigua. Son grupos para coleccionistas de discos, no para artistas”.

Aunque su factótum viva en unos referentes de los años sesenta y setenta, Eels sí forma parte de su tiempo, hasta el punto de que ha sido considerado un ejemplo del rock indie. A él no le desagrada, y se ve a sí mismo entre dos vertientes. “Aparentemente soy un ‘singer-songwriter’, pero me gusta pensar que también hago rock’n’roll”.

Con un centenar largo de canciones publicadas y un millar compuestas, calcula, E ha pasado media vida dando vueltas a las combinaciones de la estructura de pop y a los sonidos en una partida de ajedrez sin final. De ese modo, además de recordar a perdedores emblemáticos como Harvey Peckar (“American Splendor”) o George Constanza ( “Seinfeld”), es como el maestro Luzhin de “La defensa” (1930) de Vladimir Nabokov, un genio solitario incapaz de ceder unas tablas con el mundo exterior.

“Jamás he pasado por un período de bloqueo”, dice. “Probablemente mi problema ha sido el contrario; a veces me he tenido que obligar a parar. Una vez decidí pasar todo un año sin componer, pero fue con trampa porque estaba de gira”. Entre los 20 y los 30 años, componía todos los días sin excepción. “Creo que la mayoría de los artistas tienen tendencia a ser obsesivos, y yo desde luego estoy entre ellos”, sentencia. “De joven, obsesionado con escuchar música; y, de mayor, con hacerla”.

Trabajando con el mismo círculo reducido de colaboradores, grabando la mayor cantidad posible de instrumentos y produciendo sus discos, E siempre tiene una nueva canción que componer, aunque sea tan jodida como “Mansions Of Los Feliz”, incluida en el álbum “End Times”. “Podría salir por ahí, pero no veo para qué / Soy feliz viviendo en la oscuridad, en el borde de mi mente / No es algo que le preocupe a nadie / más que a mí, a mí mismo y a los secretos que viven entre las paredes / de las mansiones de Los Feliz”.

 

DIEZ MUESTRAS DE FRENESÍ CREATIVO

EELS, Cosas que deberías saber

“Beatiful Freak”
(DreamWorks, 1996)

A principios de la década de los noventa, firmó dos discos como E –”A Man Called E” (1992) y “Broken Toy Shop” (1993)–, aunque no pasó gran cosa y Polydor se deshizo de él. Sin embargo, “Beautiful Freak”, su primera referencia con el apelativo de aspecto grupal Eels (Anguilas), no pudo ser más exitosa comercialmente y sonada en lo artístico. “Novocaine For The Soul” fue un hit alternativo y el álbum, cuyo título bien podría servir para definir a su autor, fue considerado uno de los mejores del año por muchos medios. El Top 1 fue de manera casi unánime “Odelay” de Beck, un músico con el que tanto se iba a comparar a E por su tesitura de voz y su gusto por las texturas de sonido.

EELS, Cosas que deberías saber

“Electro-Shock Blues”
(DreamWorks, 1998)

Por primera vez grababa con Jim Lang, quien también coordina los arreglos de cuerdas y vientos. Es su mano derecha hasta hoy. E había triunfado en el peor momento de su vida, cuando su hermana se suicidaba tras toda una vida anunciándolo y su madre se preparaba para morir, dolorosamente, de cáncer. El blues del electrochoque documenta todo eso y más de un modo estremecedor. Confesional hasta niveles obscenos, este raro disco de pop puede poner los pelos de punta y dar ganas de bailar al mismo tiempo.

 
EELS, Cosas que deberías saber

“Daisies Of The Galaxy”
(DreamWorks, 2000)

Pop orquestal liviano, amable en el mejor sentido, y dotado de un cautivador romanticismo de tragicómico perdedor. Tiene piezas redondas (“I Like Birds”, “Flyswatter”, “Grace Kelly Blues”, “Tiger In My Tank”, “Mr. E’s Beautiful Blues”), un instrumental coescrito por Peter Buck (R.E.M.), una balada con violines llamada “It’s A Motherfucker” (“Es un cabronazo”) y una producción detallista que convierte la cascada de ingeniosos arreglos en protagonista. El hombre una vez conocido como Mark Oliver Everett (como se acredita) lo hizo casi todo, salvo tocar las baterías y la sección de viento.

EELS, Cosas que deberías saber

“Souljacker”
(DreamWorks, 2001)

Bullicioso y provocador como un moscardón hambriento, el señor E decide que es hora de rocanrolear. ¡Adiós trovador tragicómico, hola cínico cabroncete! Le acompañó en el cambio (parcial: no todo el disco es fiel a esa mutación) una banda básica en la que sobresalen las enfurruñadas guitarras eléctricas. La chispa que encendió todo este fuego es una historia verdadera, la de un asesino en serie que creía apropiarse de las almas de las personas que mataba. El mangante de almas. Humor negro, aullidos de chacal y riffs machotes. Invitados: John Parish (produce y coescribe), Joe Gore y Kool G Murder.

 
EELS, Cosas que deberías saber

“Shootenanny!”
(DreamWorks, 2003)

En el folk de Estados Unidos, una “hootenanny” es una fiesta o concierto improvisado. Introduces el juego de palabras con el verbo “shoot” (golpear, disparar) y aquí tienes un disco de canciones desnudas y directas, poco arregladas y que no renuncian a la contundencia. Gore y Murder se confirman definitivamente como escuderos para un repertorio ufano, algo irregular, pero poblado de interesantes personajes como la chica que dice tacos (“alguien a quien poder creer”) o los que se cuelan en la fiesta de los premios de la moda (“nos volaremos las cabezas de desesperación”). Y todo ello infectado de blues.

EELS, Cosas que deberías saber

“Blinking Lights And Other Revelations”
(Vagrant, 2005)

Noventa minutazos de pop agrio envuelto de americana, con arreglos de vientos y cuerdas y el letargo melancólico, preciosista y apacible de los sonidos acústicos. E regresa a su pasado (a los fantasmas de su madre y su hermana se une en esta santa compaña yanqui su padre, fallecido en 1982) y repite un logro artístico fabuloso. En su web oficial dijo que se trataba de un disco sobre “Dios y todas las cuestiones relacionadas con el tema de Dios”. Es un profuso y rico doble álbum que en directo presentó con un cuarteto de cuerda y dos multinstrumentistas, como documenta el mejor de sus seis discos en directo, el CD y DVD “Eels With Strings. Live At Town Hall” (Vagrant, 2006). Colaboran, entre otros, Tom Waits, Peter Buck y John Sebastian.

 
EELS, Cosas que deberías saber

“Useless Trinkets. B-Sides, Soundtracks, Rarities And Unreleased 1996-2006”
(DreamWorks, 2008)

Otro aluvión de música palpitante, aunque este grueso volumen con cincuenta canciones y memorabilia surtida compila rarezas (caras B, inéditos, grabaciones alternativas y canciones de bandas sonoras) que se remontan a 1996. E coordinó el álbum, que se publicó paralelamente a “Meet The Eels. Essential Eels Vol. 1 1996-2006”, un estupendo lo-mejor-de igualmente supervisado por nuestro hombre.

EELS, Cosas que deberías saber

“Hombre Lobo. 12 Songs Of Desire”
(E Works-Vagrant, 2009)

El lacónico Everett se abandona a la lujuria; un giro sorprendente, algo de lo que seguro él mismo era consciente. Cordero con piel de lobo, se aleja lo más posible de sí mismo como reacción a varios años de terapia biográfica. El deseo sexual impregna las letras de “Hombre Lobo. 12 Songs Of Desire”, aunque la música no revela explícitamente ese bombeo emocional. Bonita portada que imita una caja de puros Cohiba, extensión oblicua del título en español.

 
EELS, Cosas que deberías saber

“End Times”
(E Works-Vagrant, 2010)

El impulso a hacer ficción duró un suspiro. Menos de medio año después de que se publicara “Hombre Lobo. 12 Songs Of Desire” salía de repente y casi sin anunciar un nuevo disco de Eels. ¿Otro recopilatorio, un directo, una rareza? Pues no, no, y no. Catorce nuevas canciones grabadas en la intimidad, nada más ser compuestas. Tema: una ruptura amorosa. Su ruptura amorosa. Pulsas play y aparece un señor tocando su guitarra acústica y cantando con el corazón en la mano sobre sentirse abandonado, sobre errores cometidos y una soledad lacerante y bien merecida.

EELS, Cosas que deberías saber

“Tomorrow Morning”
(E Works-Vagrant, 2010)

Un renacer, motivos para la esperanza: mañana será otro día. Esa luz al final del túnel suena en la cabeza de E a ritmos y teclados, a máquinas en vez de guitarras, y a estilos muy diversos, desde la canción de autor intimista hasta el aullador gargantual y ahumado que es en sus momentos más airados. Incluso hay sitio para un alegre gospel que, afirma, es su canción preferida de todas las que ha creado a lo largo de su vida.

 
 
EELS, Cosas que deberías saber

“Podría salir por ahí, pero no veo para qué / Soy feliz viviendo en la oscuridad, en el borde de mi mente / No es algo que le preocupe a nadie / más que a mí, a mí mismo y a los secretos que viven entre las paredes / de las mansiones de Los Feliz”.

 

Un hombre llamado E en la industria musical

Tres álbumes en solo catorce meses, uno de ellos sin promocionar, y ninguna actuación durante ese período. Queda demostrado que Eels es el tipo de grupo que ninguna discográfica o mánager quiere a su lado. Tampoco las butacas de las discográficas o mánagers son el lugar de reposo preferido por el inquieto culo del Señor E, como deja claro en “Cosas que los nietos deberían saber”. En el libro, describe las penosas vicisitudes que rodearon la publicación de algunos de sus álbumes, particularmente “Souljacker” y “Blinking Lights And Other Revelations”.

Buen conocedor del negocio de la música por su vasto bagaje, escribe que hace diez años se produjo un cambio trascendental. “Cada vez era más evidente que habían quedado atrás los días en que me estrechaban la mano y me daban las gracias por presentar un disco como ‘Electro-Shock Blues’, reemplazados por la imperiosa necesidad de centrarse en lo que de verdad importaba: la pasta (...), y a paseo con la calidad y el arte”.

Hoy su visión de la industria no ha mejorado, como explica: “Parece que está muriendo cada día un poco más. Se han producido aspectos positivos, como que los músicos ya no necesitamos sellos para sacar los discos; pero, por otro lado, la gente a la que le preocupan esos discos está desapareciendo”. Y concluye: “Realmente, nadie puede asegurar que dentro de diez años esta industria siga siquiera existiendo”.

Pero como demuestra su libro, la vida es un sindiós que guarda siempre una nueva cabriola en cada vuelta de la esquina, y hoy E reconoce que su situación, grabando para Vagrant, es “muy agradable” y, más importante, que puede “hacer lo que quiera”.

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