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EELS, El aprendizaje emocional

Nuestro “beautiful freak”, tímido guerrero de la honestidad emocional.

 
 

PORTADA ROCKDELUX (RDL 326)

EELS El aprendizaje emocional

Después de un desnudo integral, ya no hay marcha atrás. En sus magníficas y tragicómicas memorias (esparcidas por su pop confesional), E expuso al escrutinio público las partes más íntimas de su aflicción. Tras un período de asueto emocional en el que trató de disfrutar del rock, Eels volvió en 2014 con el trabajo más difícil, pero también el más ejemplar: “The Cautionary Tales Of Mark Oliver Everett”; en primera persona y con arreglos orquestales. Ruben Pujol lo entrevistó y fue el tema de portada del Rockdelux 326 (marzo 2014). Otra portada de Eels en Rockdelux, aquí. El 6 de abril se publicará su nuevo álbum: “The Deconstruction”.

Acercaos, oh incautos, y escuchad la palabra de E. Trae historias con voluntad pedagógica, relatos que os servirán de enseñanza en vuestro azaroso caminar por la vida. Como los cuentos de los hermanos Grimm o los gin-tonics, E ha pasado a formar parte del folclore, de modo que sus historias han de escucharse como fábulas –con o sin animales antropoformizados– con tragicómica moraleja final, agridulces fragmentos de su trasiego emocional del que todos podemos beneficiarnos en sabiduría emocional.

El nuevo volumen de su obra, transitando los dolientes recovecos de su autobiografía para extraer verdades universales sobre el alma del hombre, se llama “The Cautionary Tales Of Mark Oliver Everett” (E Works-Vagrant-[PIAS] Iberia & Latin America, 2014) y es un disco magnífico y óptimamente titulado, uno de esos trabajos que dejan huella en el creador y le obligan a realizar un esfuerzo que va más allá de lo artístico: “Lo comenzamos antes de ‘Wonderful, Glorious’ (E Works-Vagrant, 2013), pero todo el proceso me hacía sentir muy incómodo, así que decidí tomarme un descanso. Unos cuantos meses después nos juntamos de nuevo y grabamos ‘Wonderful, Glorious’, mucho más divertido de hacer. Aquel fue un álbum realizado de una forma más colaborativa y espontánea, en el que básicamente nos dedicamos a experimentar. En este sentido, ‘The Cautionary Tales...’ ha sido mucho más tedioso, aunque al final, si el resultado te gusta, lo que parece que es el caso, entonces merece la pena”.

“Tengo la sensación de que, si lo que hago no me resulta incómodo de algún modo, no me parece suficientemente real. El álbum lo grabamos en el estudio que tengo en el sótano de casa, como hacemos desde hace varios años, pero esta vez ha sido un proceso muy difícil. No solo en el aspecto emocional, sino también en el logístico” (Mark Oliver Everett)

Para un hombre que está acostumbrado a desnudar su alma, a cantar su trágica historia familiar y estructurar sus fracasos sentimentales en forma de estrofa-estribillo-puente-estribillo, resulta sorprendente que todavía haya asuntos sobre los que le resulte difícil tratar en sus canciones, aunque nuestro beautiful freak, este tímido guerrero de la honestidad emocional, también se sabe con derecho a un descanso. “Las de ‘The Cautionary Tales...’ son canciones muy pensadas, escritas durante un largo período de tiempo. Todo lo que rodea el disco estuvo muy planificado, con muchos arreglos y bastante producción. Al final se convierte en un proceso muy fatigoso y, además, la temática de las canciones me hacía sentir algo incómodo. Después de la gira de ‘Wonderful, Glorious’ retomé lo que habíamos hecho y me di cuenta de que más o menos la mitad de lo que teníamos seguía haciéndome sentir incómodo, aunque en el fondo no tanto para desecharlo. Así que decidí eliminar la mitad de las canciones y escribir unas cuantas nuevas”, explica.

Un disco difícil de hacer, tanto a nivel emocional como a nivel técnico, pero ya se sabe que si no hay dolor, si el parto es con anestesia, programado y por cesárea, tal vez no merezca ser llamado por ese nombre. “Tengo la sensación de que, si lo que hago no me resulta incómodo de algún modo, no me parece suficientemente real”, reflexiona. “El álbum lo grabamos en el estudio que tengo en el sótano de casa, como hacemos desde hace varios años, pero esta vez ha sido un proceso muy difícil. No solo en el aspecto emocional, sino también en el logístico. Para mí esta forma de crear música no es la más divertida”.

No es divertida, a pesar de que en la grabación, e incluso en la composición y en los arreglos de los temas, E contó con la asistencia de otros miembros de lo que podría considerarse la banda Eels, músicos de confianza, todos ellos con curiosos nombres que parecen sacados de la serie “The Wire”, como The Chet, Koool G Murder, P-Boo, Knuckles y Professor Snatch: “Por el título puede parecer que se trata de un trabajo en solitario, pero es una obra de grupo”. Solo o en compañía, para E existe una diferencia fundamental entre hacer música, lo que sería escribir canciones, y los discos. “Lo que menos me gusta de todo este proceso es que después tienes que sacarlo a la luz. Me ocurre a menudo: hago uno y después lo dejo en un cajón simplemente porque no me parece el momento adecuado para publicarlo. A veces algunas de las canciones acaban yendo a parar a otro disco o vete a saber dónde”, explica.

 
EELS, El aprendizaje emocional

Rockdelux 326 (Marzo 2014)
Foto: Piper Ferguson
Diseño: Nacho Antolín

 

E atiende la entrevista por teléfono desde su casa en Los Feliz –el destino es irónico y juguetón–, en el condado de Los Ángeles. Son las nueve de la mañana y, ahora que ya ha entregado el álbum a la discográfica y se ha puesto en marcha la maquinaria promocional, E se siente atrapado en un trabajo de oficina que resuelve de manera profesional, pero sin demasiado entusiasmo: “Me resulta un tanto reiterativo. Todo lo que tengo que explicar sobre mí ya está en mis canciones o en mi libro”.

Así, “The Cautionary Tales Of Mark Oliver Everett” incide en esa cualidad narrativa y testimonial que, desde la publicación de sus bellas y tristes memorias, “Cosas que los nietos deberían saber” (2008; Blackie Books, 2009), resulta abrumadora e imposible de ignorar. Si antes aún podíamos interpretar su discografía como una expresión artística abstracta, una poética de corazones rotos y tormento psicológico, ahora que conocemos de primera mano su historia personal, la realidad y el dolor detrás de esa belleza musicada se han hecho carne y hueso (y abundante vello facial). Ese striptease emocional, esa empresa de honestidad brutal en la que E se ha embarcado puede hacernos creer que lo conocemos a través de sus canciones. “Reconozco que a veces no es fácil enfrentarte a desconocidos cuando eres consciente de que ellos saben detalles tan íntimos de tu vida. Probablemente me conozcas tú mejor que yo a mí mismo”, me dice.

“En este caso, lo que he hecho ha sido un inventario sobre mi vida. Gran parte de ese análisis sobre mi pasado se encuentra en la canción ‘Mistakes Of My Youth’; habla de despertar de una vez, de alejarme de esa pauta en la que he estado atrapado tanto tiempo, cometiendo los mismos errores sistemáticamente”
(Mark Oliver Everett)

En cualquier caso, sin recurrir a la retórica ni a elaboradas metáforas, en su último trabajo E ha tratado de ser lo más honesto posible, y tal vez por ello le resultó tan difícil terminar un álbum que arranca con una canción titulada “Where I’m At”, sigue con “Where I’m From” justo en la mitad y acaba con un “Where I’m Going”. ¿Un disco de transición o de autoevaluación? “En este caso, lo que he hecho ha sido un inventario sobre mi vida: cómo he llegado hasta aquí y adónde quiero ir a partir de ahora. Gran parte de ese análisis sobre mi pasado se encuentra en la canción ‘Mistakes Of My Youth’; habla de despertar de una vez, de alejarme de esa pauta en la que he estado atrapado tanto tiempo, cometiendo los mismos errores sistemáticamente. Algo que, en cierta medida, supongo que hacemos todos”.

Errores, desgracias, la imposibilidad casi genética de ser feliz. Hay mucho en la vida de Mark Oliver Everett por considerar, motivos fundados para sentirse objeto del infortunio más arbitrario, así que lo fácil habría sido buscar la culpa en otro lado. Pero en un sano ejercicio de autopsicoanálisis y madurez, E ha tratado en su nuevo álbum de dar un paso adelante: “En la primera versión del disco que hicimos, antes de ponernos con ‘Wonderful, Glorious’, tenía la sensación de que me dedicaba a señalar culpables, y cuando regresé a él me di cuenta de que no me estaba echando las culpas a mí mismo tanto como debía. Entonces fue cuando comencé a tener la sensación de que estaba creando algo válido, cuando empecé a escribir canciones sobre mi parte de culpa en lo que me ocurre. Así que pensé en llamarlo ‘Cautionary Tales’; tal vez así la gente podría aprender algo a partir de mis errores”.

Y con ese noble y didáctico propósito, después de veinte años refugiándose detrás de unas negras gafas de aviador y una barba frondosa o caóticamente-frondosa-estilo-asceta-ruso, según la época, E aparece en la portada de su álbum mostrando con más claridad que nunca su verdadero rostro y ostentando su largo nombre de reminiscencias aristocráticas: Mark Oliver Everett. “He intentado hacer las canciones lo más transparentes posible. Y, ya puestos, pensé que debía continuar con esa implacable honestidad hasta sus últimas consecuencias. Hasta la portada”, explica E. “No ha sido un proceso fácil, y no me gustaría tener que pasar por eso otra vez. Pero me alegro de haberlo hecho. Ahora soy mejor persona”.

 

Everett III en la playa

 
EELS, El aprendizaje emocional
 

Mr. E, enamorado. Foto: Piper Ferguson


“Me duele el cerebro. Ahora mismo me gustaría estar en casa tocando la guitarra”. Así es como reacciona E cuando un científico intenta explicarle los rudimentos de la física cuántica. Se trata de una de las primeras escenas del documental “Parallel Worlds, Parallel Lives” (2007), producido por la BBC (se puede ver aquí), y en el que durante una hora E deja de ser el barbudo y desgarbado hombre detrás de Eels y se convierte en Mark Oliver Everett, el hijo de Hugh Everett III.

Quienes hayan leído su libro “Cosas que los nietos deberían saber” o se hayan interesado mínimamente por su vida ya sabrán de la tragedia que informa la educación sentimental de E: criado en un suburbio de Virginia en un entorno familiar poco dado a las expresiones de afecto, su padre era, literalmente, un discapacitado emocional, una presencia para su hijo equivalente “a la de un mueble”, permanentemente refugiado en sus lecturas y fórmulas matemáticas. En la película, E recuerda cómo cuando apenas contaba con 19 años de edad fue él quien lo encontró muerto sobre su cama, aún vestido con el traje de tres piezas que era su único uniforme. “Creo que aquel fue el momento de mayor intimidad física que tuve con mi padre”, dice E. Glups.

Años más tarde, y tras media vida perseguida por la sombra de la depresión, su hermana mayor se suicida. Poco después, su madre enferma y muere de cáncer. Es entonces cuando E, instalado en Los Ángeles y convertido ya en Eels, comienza a interesarse por la historia familiar. Descubre que su padre había sido un reconocido físico, autor de la Teoría de los Universos Paralelos, una aportación a la ciencia que algunos académicos consideran ahora a la altura de la Teoría de la Relatividad de Einstein o la Ley de la Gravedad de Newton, además de fuente inagotable de posibilidades para la literatura y el cine de ciencia ficción. Y decimos “ahora” porque en el momento en que Everett padre publicó su teoría, la comunidad científica le dio la espalda y el entonces joven y prometedor físico se encerró en sí mismo y abandonó por completo el ámbito de la investigación para ponerse a sueldo del Pentágono.

En la película, E –o, mejor dicho, Mark– se dispone a seguir el rastro de su padre el ausente, el prodigio agraviado. En cuanto a la teoría, Mark apenas alcanza a comprenderla de manera vaga, más o menos hasta donde llegaríamos la mayoría de nosotros: en el universo de lo cuántico, donde las partículas son tan pequeñas que no rigen las leyes físicas conocidas, es posible para un átomo estar en más de un lugar a la vez. De este modo, formula Everett III, no se puede descartar la hipótesis de que existan múltiples universos paralelos, realidades desdobladas donde ocurre lo que no se ha dado, por elección o por azar, en esta en la que vivimos usted y yo. Esta metateoría –es decir, una teoría de teorías– la acompaña Everet III de una serie de complejas demostraciones matemáticas. En la película se ve a E hojeando el manuscrito en los archivos de la Universidad de Princeton. “La primera frase la entiendo”, dice divertido. “Luego llega un punto en que es completamente impenetrable. Y luego viene todo ese lenguaje científico que es como blublublublu, como un alfabeto distinto”, concluye.

E parece hasta compungido por no haber heredado ni un átomo del talento matemático de su padre. Pero ¿acaso no es también la música un lenguaje distinto? ¿No habíamos convenido en que la música eran matemáticas? Pero si yo he visto numerosas fotografías de Albert Einstein tocando el violín, y hasta pueden encontrarse en la red grabaciones suyas de la Sonata para piano n.º 13 en si bemol mayor de Mozart. “Supongo que en cierto modo son dos talentos que pueden estar conectados”, explica E por teléfono. “La madre de mi padre era poeta, así que a lo mejor el gen de las matemáticas se saltó una generación”.

Pero a Mark la física cuántica solo le atrae en cuanto a camino para conocer a su padre. Así, mientras los antiguos compañeros de universidad y físicos que hoy estudian sus teorías se afanan por glosar la estatura intelectual de su progenitor, él no hace más que interesarse por cómo era aquel hombre a quien apenas conoció. “¿Cuál era su habitación?”, pregunta cuando le muestran la residencia universitaria donde vivió. “Así que esto es para los científicos como los estudios de Abbey Road para los fans del rock”, comenta.

“¿Alguna vez te habló mi padre de lo decepcionado que estaba conmigo por mi absoluta incapacidad para las matemáticas?”, le pregunta a un antiguo colega. “Creo que si tu padre hubiera dispuesto del vocabulario emocional necesario, habría estado encantado con tu música”, le contesta. “Ese momento casi me hace llorar”, me confiesa. Aunque se habla poco de la música de Eels, el documental es un fiel reflejo de su forma de mirar el mundo. Sardónico, emotivo, un poco triste, pero recurriendo siempre al humor como la mejor defensa ante la adversidad. “De hecho, todo el documental puede resumirse en que me paso dos semanas con un equipo de rodaje que intenta hacerme llorar”, concluye. Spoiler: no lo consiguen.

Una mala idea

 
EELS, El aprendizaje emocional
 

Mr. E, abandonado. Foto: Piper Ferguson


“¡Música rock! ¡Muerte! ¡Locos! ¡Amor!”. Así se publicitaba, en una de esas pegatinas plantadas en la portada, el libro de Mark Oliver Everett en su edición original. “Bueno, creo que es un resumen bastante acertado”, dice E. Las efectistas estrategias del marketing promocional no parecen molestarle en exceso. O tal vez es que ya se ha acostumbrado.

El desequilibrio emocional como reclamo funciona y, aunque lo del dolor psicológico como desencadenante del talento (y viceversa) se ha convertido en un cliché, no puede ignorarse que la creación artística a menudo es como un paliativo al dolor. Así se entiende la producción constante y siempre fiable de Eels, o la producción compulsiva y algo irregular de Daniel Johnston, a quien E ha versionado en más de una ocasión. De hecho, E concibe la música tanto más como terapia que como carrera, hasta el punto de que no descarta una opción de hurañía y aislamiento del mundo al estilo J. D. Salinger: “Una idea que me ronda la cabeza es hacer discos y no publicarlos jamás”.

En otros casos, como el de Mark Linkous (1962-2010), de Sparklehorse, o el de su amigo Elliott Smith (1969-2003), ni siquiera la música es capaz de salvarlos de sí mismos, de esa idea pésima que se instala en la mente de las personas y, literalmente, no les permite seguir viviendo.“Elliott y yo éramos vecinos, compartíamos discográfica y aprendimos juntos cómo funcionaba el negocio de la música. Fue duro para los dos, pero él no fue capaz de soportarlo”, explica.

En este sentido, E cree que la poética del perdedor, el romanticismo inherente en la infelicidad, puede llegar a salvarte la vida: “Gracias a Dios que existe ese lado romántico de la tristeza”.

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