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EILEN JEWELL, Expresividad relajada

Mujer con raíces.
Foto: Liz Linder

 
 

ENTREVISTA (2011)

EILEN JEWELL Expresividad relajada

Lenta pero segura, sin levantar la voz pero con las ideas muy claras. Así es Eilen Jewell, quien, poco a poco, ya ha construido una exquisita carrera discográfica que la sitúa sin problemas entre lo mejor de las “mujeres con raíces” de la música norteamericana. Se atreve con el cancionero de Loretta Lynn y sale victoriosa. Se balancea en el swing y no vacila. Se zambulle en el country y flota sobre campos de algodón. No lo duden: la de Idaho es una joya. Ramón Fernández Escobar la entrevistó.

“Una de las cosas que escucharás a todo volumen a través de las ventanillas de mi coche será ‘Heartache Boulevard’, de Eilen Jewell”. Lo decía Tom Hanks en los albores veraniegos, interrogado por ‘Entertainment Weekly’. Este año, su summer list de propósitos musicales, además del álbum más pasable de The Dandy Warhols y una colección de Booker T & The MG’s, incluía el EP que Eilen Jewell publicó en 2007. Anecdótico, sí, pero pista al fin y al cabo de cómo esta treintañera emerge en la roots music estadounidense. Y eso que Hanks podía haber recurrido al nuevo largo de la dama, “Queen Of The Minor Key” (Signature Sounds-Karonte, 2011), cumbre de la aventura de Jewell desde su debut en 2005 con “Nowhere In No Time”, una demo en directo. Ella es veloz componiendo e hiperactiva en la carretera: “Mi banda y yo hacemos entre ciento cincuenta y doscientos bolos al año, sin contar los shows de radio o las apariciones en tiendas”, cuantifica, a punto de pasearse de nuevo por España.

“De gira me cuesta mucho encontrar tiempo y energía para componer. Esta vez me aislé en una cabaña en Idaho, el estado donde nací, sin agua corriente ni electricidad”

Y seduce su consistencia: cualquiera de sus discos resulta más que potable, y en este parece ampliar, si cabe, el muestrario. No hablamos solo de una country girl. Eilen juega una rayuela con casillas en múltiples estilos: del folk al blues y al rhythm’n’blues, con paradas en el gospel y el rockabilly (Big Sandy canta con ella un tema). Todo con pátina personal. “Mi objetivo como escritora es mejorar siempre. Pretendo que cada disco sea más verdadero, más sentido. No repetir logros siguiendo una fórmula, pero tampoco cambiar por cambiar. Más bien llevar el proceso creativo a un nuevo territorio, sin pasarme de novedosa”, resume. ¿Y cómo se apaña en la vorágine? “De gira me cuesta mucho encontrar tiempo y energía para componer. Esta vez me aislé en una cabaña en Idaho, el estado donde nací, sin agua corriente ni electricidad”.

El tono noir que exuda el álbum no era un punto de partida: “Los arreglos surgieron orgánicamente, conforme dábamos cuerpo a la música en el estudio. Las canciones me dicen dónde quieren ir, no les damos tantas vueltas. Aunque Dave Sholl, el saxofonista, es un experto en conseguir ese sonido sucio, a la manera de los cincuenta”. A él recurrieron para el toque vintage de los metales, porque no forma parte del trío que siempre acompaña a Jewell: su marido y batería Jason Beek, el contrabajista Johnny Sciascia y las guitarras con deje surf de Jerry Miller. “Además de por Link Wray, Jerry está muy influido por George Harrison y Scotty Moore. Me encanta mi banda y no me imagino haciendo esto con nadie más”, sentencia Eilen, que coproduce sus discos con el grupo. “Pienso que podría resultar demasiado obvio y, más que nada, promocional, recurrir a T Bone Burnett u otro productor estrella. Nos lo han sugerido, pero hasta que no veamos la necesidad, lo más probable es que sigamos solos”.

 
EILEN JEWELL, Expresividad relajada

“‘Radio City’ representa un tributo a Madrid y a una de las mejores tiendas de discos del mundo. Y ‘Kalimotxo’ es un homenaje divertido a nuestros amigos de Bilbao y a los vascos”.
Foto: Liz Linder

 

La guitarra acústica de Eilen acarrea un pequeño tesoro en forma de autógrafos: “Todo empezó con la firma de Loretta Lynn. Pensé que sería suficiente, hasta que conocí a Lucinda Williams, después a Mavis Staples, Wanda Jackson, Emmylou Harris... Creo que es importante celebrar las vidas y la contribución de artistas llenas de fuerza, algo que ya se hace a menudo con los hombres”. Y con Loretta nos damos de bruces, después de que Jewell le rindiera su anterior largo, “Butcher Holler. A Tribute To Loretta Lynn” (Signature Sounds, 2010): un pleno de versiones de la hija del minero, a la que considera infravalorada. “Su escritura resulta una inspiración, aborda cosas con las que ninguna otra se atrevió en los sesenta: la liberación femenina, la píldora, pegarse literalmente por tu hombre... Adoro su humor”. Ya puestos, Eilen se lanza: “Creo que Jack White podría haber suavizado los excesos guitarreros en sus producciones para Loretta Lynn y Wanda Jackson. Parece importarle que se le oiga a él tanto como al artista al que produce”.

“Creo que Jack White podría haber suavizado los excesos guitarreros en sus producciones para Loretta Lynn y Wanda Jackson. Parece importarle que se le oiga a él tanto como al artista al que produce”

El propio título del álbum (y de la canción homónima), “Queen Of The Minor Key”, encierra una humorada, admitiendo su tendencia a lo melancólico y oscuro y dándole la vuelta a una supuesta limitación: “Es cierto que compongo más canciones en tonalidades menores que la mayoría. Encuentro algo magnético en su cualidad espeluznante”. Regresos, tristezas y amores peligrosos pueblan el disco (aunque en “Bang Bang Bang”, donde Cupido lleva pistola, resurja la coña), y el lirismo bien entendido, por ejemplo, se adueña de “Santa Fe”, la ciudad de Nuevo México donde vivió su etapa universitaria. “No me faltan recuerdos agridulces de entonces: los colores del atardecer, el olor de la madera de pino ardiendo, la comida, amigos muy preciados... pero no sentía que pudiera quedarme allí. Había un mundo enorme llamándome y no me arrepiento de haberme marchado”. De ahí, a Los Ángeles, donde pasó todo un verano tocando en la calle, y, enseguida, Massachusetts, el centro operativo de su carrera. “Boston es una gran ciudad musical, donde pude formar mi banda y despegar”.

En años recientes, le ha cogido el gusto a visitarnos, hasta el punto de abrir y cerrar el álbum con sendos instrumentales dedicados a sus experiencias peninsulares. “‘Radio City’ representa un tributo a Madrid y a una de las mejores tiendas de discos del mundo. Si no fuera por ellos –promovieron su primera actuación– quizá nunca habríamos ido a España. Y ‘Kalimotxo’ es un homenaje divertido a nuestros amigos de Bilbao y a los vascos. En Boise, mi ciudad natal, hay una población vasca significativa. Existe hasta un Bar Gernika. Introduje a mi banda en el calimocho en una habitación de hotel de Austin, en 2007. Se ha convertido en nuestra bebida mascota”.

Jewell funciona igual de bien sonando a vocalista lounge o a cantante de honky tonk. La voz siempre relajada, casi perezosa, muy expresiva: “Simplemente, canto como creo que mis canciones deben ser oídas, aunque Billie Holiday supone una gran inspiración para mi estilo vocal. No me impresionan los cantantes que meten diez notas donde solo debe haber una”. 

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