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La industria discográfica, Su futuro, un enigma

Ilustración: Pepo Pérez

 
 

INFORME (2013)

La industria discográfica Su futuro, un enigma

Piratería, Spotify, iTunes, cierre de tiendas de discos... En los últimos años la industria musical está cambiando a ritmo vertiginoso y, si quiere sobrevivir, deberá adaptarse al nuevo escenario. Para valorar el presente y el futuro del sector, David García Aristegui conversó con diversos representantes de sellos y distribuidoras: Gerardo Cartón, Miguel Ángel Sancho, Elena Cabrera, El Rancho y Mark Kitcatt. Pasen y lean...

Recuerdo perfectamente cuáles fueron mis dos primeros discos en propiedad y, además, que me los regaló mi padre: “Enamorado de la moda juvenil” (1980), de Radio Futura, y “Makoki” (1983), de Paraíso. Cuando era pequeño, acompañaba a mi padre los fines de semana por un itinerario que tenía como paradas obligatorias Del Sur, Escridiscos, Madrid Rock y Discoplay. Prácticamente toda la cultura musical que tengo la adquirí escuchando los discos de mis padres y en tiendas de discos. Pero todo ha cambiado: ahora mi padre compra todos sus discos a través de Amazon, desde casa.

“En el consumidor musical está fuertemente arraigado el procedimiento de primero escuchar o descargar y luego comprar. Si el consumidor de música pop se ha precarizado, como el resto de consumidores, por mucho que le guste el disco no se gastará lo que le cuesta un metrobús para viajar una semana si lo tiene gratis”
(Elena Cabrera)

El motivo de este reportaje es intentar hacer una fotografía a una industria musical cuya realidad social ha mutado a un ritmo vertiginoso, y en donde ni la propia industria tiene claro su futuro o cómo poder reinventarse. Y esto se produce, precisamente, en el momento en que la música está más presente en la vida de la gente en una internet ubicua, por obra y gracia de los dispositivos móviles, y con las tiendas de discos teniendo prácticamente todo en contra.

En el contexto de la caída libre en las ventas de los soportes físicos, descargas masivas de música a través de internet, los retornos inverosímiles en festivales y la plaga de los conciertos de grupos-homenaje, entrevistamos a Gerardo Cartón (de [PIAS] Iberia & Latin America), Miguel Ángel Sancho (de Produccions Blau, Discmedi y Xocolat), Elena Cabrera (de Autoreverse y periodista musical), El Rancho (discográfica de Pony Bravo, que respondieron colectivamente) y Mark Kitcatt (de Popstock!-Everlasting).

Sus interesantes respuestas, propuestas y reflexiones quizá nos permitan vislumbrar algo del futuro de la industria musical.

¿Qué pensáis del eco que suelen tener en los medios los estudios académicos, financiados directa o indirectamente por empresas como Google, que plantean que la piratería no solo no hace descender las ventas, sino que las aumenta? (Gerardo) (risas): El mercado discográfico ha caído en España un 75% en los últimos diez años. Y cada año sigue bajando entre un 10 y un 15% con respecto al anterior. (Mark): Si Google financia un estudio sobre hábitos de consumo en ese sentido, ya sabes el resultado que va a dar. Ahora mismo las grandes empresas tecnológicas, por inercia y por necesidades del modelo, tienen que socavar el valor de todo lo que se pone por delante, y Google es probablemente la más voraz de todas. (Elena): Mi opinión es que este argumento se ha quedado viejo. Nos servía hace cinco o diez años, cuando aún creíamos que el soporte legítimo para la música debía ser el CD. En el consumidor musical está fuertemente arraigado el procedimiento de primero escuchar o descargar y luego comprar. Si el consumidor de música pop se ha precarizado, como el resto de consumidores, por mucho que le guste el disco no se gastará lo que le cuesta un metrobús para viajar una semana si lo tiene gratis. (El Rancho): Estamos de acuerdo. Nosotros también notamos que se venden más discos si permites que la gente lo oiga antes, ya sea a través de descargas legales o a través de copiar el disco, como siempre se hizo con las casetes. Un aficionado a la música lo quiere todo: bajarse el disco y oírlo, lo primero; luego, si le gusta, comprárselo en formato físico, y acudir a un concierto si puede.

 
La industria discográfica, Su futuro, un enigma

La música está más presente en la vida de la gente en una internet ubicua, por obra y gracia de los dispositivos móviles, y con las tiendas de discos teniendo prácticamente todo en contra.

 

¿Hubo una “burbuja” con los CDs? ¿Con precios más razonables y/o ajustados el desplome de las ventas hubiese sido menor? (Mark): Sí, hubo una burbuja. Se vendían más álbumes que nunca en la década de los noventa, y se vendían muchísimos más CDs que cualquier otro formato, a pesar de ser el más caro. Pero quizá se tendría que haber tomado la decisión de reducir el precio de los discos y manejar una transición a la venta digital controlada por los mismos actores: sellos, tiendas, editoriales... Los productores financiaban las giras, las grabaciones, el diseño de los discos, la publicidad en todos los medios. Las tiendas de discos florecieron y los beneficios de los artistas de éxito financiaban el lanzamiento de artistas nuevos, y eso lo permitían los márgenes que proporcionaba el CD. Por otro lado, los sellos y distribuidores pequeños éramos capaces de encontrar también un sitio donde funcionar. (Miguel Ángel): En los inicios del CD y durante años, efectivamente, hubo un abuso por parte de las multinacionales en los PVP (precio de venta al público) de las reediciones de producciones ya amortizadas. Hoy en día, esto ha cambiado y existen las series medias, reediciones o fondos de catálogo a precios muy ajustados. De todas formas, mientras la contrapartida sea la bajada no legal, a coste cero, poco se puede hacer en este sentido. (Elena): El CD ha sido uno de los grandes timos de la historia de la música. Y lo triste es que nos ha costado mucho darnos cuenta, deslumbrados por sus brillos futuristas y su tamaño reducido. Lo pienso siempre que camino por una calle y los veo colgando en los balcones, reluciendo bajo el sol para asustar a los gorriones. Yo también me asusto. (El Rancho): El formato CD fue un paso previo a la digitalización de la música y al uso de ordenadores e internet. Desde ese punto de vista ha sido un formato útil, pero siempre se inflaron los precios. Es un formato abusivo, barato de fabricar pero que se vende caro; un formato, además, cutre visualmente, que no permite que se vea el “artwork” de un álbum como en un vinilo. (Gerardo): El desplome hubiese sido menor, y esto se puede demostrar: cuando se hacen campañas con ofertas, la gente vuelve a comprar CDs, es compatible con la gente que utiliza el iPhone o Spotify; si eres fan de un grupo, te gusta tener algo físico. Pero la industria ha estado mucho tiempo estafando al consumidor y, de hecho, lo siguen estafando. Yo, cuando veo novedades a 20 euros, alucino en colores. ¡20 euros por un disco!

“Las operadoras telefónicas son los nuevos intermediarios que manejan el tráfico por internet y quienes se han aprovechado de la bajada no legal de música y cine para vender sus productos. Han creado la dependencia y, seguramente, en breve, después de haber arruinado a la industria discográfica, serán quienes marquen las pautas, así que con ellos se tendrán que diseñar los proyectos. Un panorama más que patético”
(Miguel Ángel Sancho)

Ahora se habla constantemente del mito de que internet elimina intermediarios y de nuevos procesos de “desintermediación” en la cultura. ¿Qué pueden ofrecer, hoy por hoy, compañías y distribuidoras en el nuevo contexto digital? (Elena): Las compañías, precisamente esto: compañía. Pero yo entiendo que esto no puede durar y que lo lógico es que sigamos trabajando en un sistema de colectivización del proceso musical y que “la compañía” sea, en verdad, un miembro del grupo. Las compañías deberían dejar de ser empresas y la empresa debería ser el grupo. (Gerardo): Estamos en un proceso de reestructuración. Ya no somos empresario y asalariado, compañía y músico; ahora somos socios. Yo soy socio de Dorian y socio de Intromúsica, que es su “management”; somos socios, además de ser amigos. ¿Qué pone cada uno, qué hace cada uno? Lo que ponga y haga cada uno será el baremo para saber qué es lo que se llevan grupo, “management” y compañía, además de hacerse un reparto previo en lo que tiene que currar cada uno. (Miguel Ángel): Las operadoras telefónicas son los nuevos intermediarios que manejan el tráfico por internet y quienes se han aprovechado de la bajada no legal de música y cine para vender sus productos. Han creado la dependencia y, seguramente, en breve, después de haber arruinado a la industria discográfica, serán quienes marquen las pautas, así que con ellos se tendrán que diseñar los proyectos. Un panorama más que patético. (Mark): Con el soporte físico ha desaparecido el sistema de financiación de la música y no ha aparecido otro, de momento. Lo que difícilmente puedes tener ahora son artistas de clase obrera que puedan dedicarse a hacer música grabada “difícil”, inquietante, a desarrollar la expresión en direcciones nuevas... llámese The Beatles, The Fall u Ornette Coleman. Y encima, con sus derechos de autor difíciles de ejercer, hasta el punto de ser casi como si no existieran; en estas condiciones no podrán crear.

¿La gente quiere comprar música pero no tiene dónde hacerlo, y por ese motivo acude a sitios como Megaupload o a las redes P2P? (Gerardo): No me lo creo, existen iTunes y Spotify. Matthew Herbert hizo hace poco unas declaraciones que me encantaron: el noventa por ciento de los discos que hay en iTunes no se han bajado ni una sola vez, hay ahí un cementerio de elefantes de canciones. Debería haber métodos de suscripción como en un videoclub. El precio por canción o precio por álbum sigue siendo válido en el soporte físico; en el digital, ya no es válido. (Elena): No es cierto. Uno de los acontecimientos más destacables y aplaudibles es la aparición de Bandcamp. Se están vendiendo muchas descargas digitales a precios asequibles mediante Bandcamp, muchísimas más de las que yo hubiera esperado. (Miguel Ángel): Argumentos para recurrir al “todo gratis” no sobran. Si es este el problema, que solo se descarguen “gratuitamente” lo que no encuentran, y asunto solucionado. (El Rancho): Es verdad que hay discos que solo puedes encontrar en internet, o documentales, libros, que no han sido editados en nuestro país en formato físico, pero este hecho no puede servir de excusa para todas las descargas ilegales. Hay más alternativas que nunca y están creciendo, pero hay que seguir porque todavía son muy pocas. Internet no es gratis. (Mark): Claramente hay mogollón de servicios “online”, con licencia, baratos o gratuitos, para comprar o escuchar música. La música pop necesita ser barata y también poder llegar a la gente sin que pasen por caja. Es una función que siempre han cumplido la radio y la televisión o simplemente tocando en casa con familia o amigos. Y cuando alguien te da “música gratis” es porque te están vendiendo algo con ella. Y allí es donde entra el deber de pedir permiso al creador por usarla.

 
La industria discográfica, Su futuro, un enigma

Ilustración: Pepo Pérez

 

Las librerías, ahora mismo, se están reciclando hacia la “gestión cultural” en sentido amplio. ¿Qué futuro tienen las tiendas de discos? (Miguel Ángel): La gran baza del soporte físico es la calidad que, en estos momentos, no da la descarga “online”. Sigue habiendo compradores que distinguen, aprecian y respetan el trabajo de los creadores, intérpretes, técnicos y sellos que buscan la calidad de sus productos. El potenciar este tipo de aficionado y el educar a la gente a saber disfrutar de la música sin pasar por el túrmix del mp3 o similares es una de las funciones de las tiendas de discos que queden. En nuestro caso, hemos adecuado un lugar en Palma, Espai Xocolat, que, a modo de cafetería, ofrece conciertos en directo, proyecciones, presentaciones. (Mark): La situación del mundo del libro dista mucho del momento en que se encuentra la música... Hay un estudio de hábitos de consumo del Instituto Autor que estima el valor del “lucro cesante” en el negocio de los libros en un 5% del valor total del negocio, y en el de la música ¡en un 360%! Pero hay tiendas de discos que funcionan, todavía. Cumplen esa labor de ser un lugar de reunión para fans, donde escuchar, recomendar y que te recomienden. El problema es que la media de edad de sus clientes debe ser veinte años mayor de lo que fue en los setenta o los ochenta, y eso se nota en el tipo de artistas que salen. Está por ver si, entre músicos, sellos y tiendas, podemos atraer a los “nativos digitales”, estos que ahora tienen 13 años, que es la edad que tenía yo cuando empezaba a comprar discos. (El Rancho): La solución para las tiendas de discos o librerías clásicas está quizá en adoptar un modelo en que el espacio no es solo un sitio donde comprar, sino también donde asistir a un concierto o sentarte a leer una revista y charlar; puede ser una vía para dar fuerza a esas comunidades de buscadores de vinilos, cómics, libros, pósteres... (Elena): No creo que las tiendas físicas solo de música tengan ningún futuro, por mucho que me duela. Creo que lo más lógico es que pueda comprar un disco en el mismo sitio donde compro un libro y escucho un debate. Aún se pueden ensayar diferentes tipos de pequeño negocio en relación con la música. Pequeños locales con conciertos diurnos y venta de instrumentos, discos y “merchandising”, por ejemplo. Pequeñas escuelas no solo de composición y ejecución, sino también de formación en producción y comunicación que sirvan también de estudios de grabación. Locales de ensayo abiertos al público. (Gerardo): El libro barato se sigue vendiendo, y con los CDs pasa lo mismo. Nosotros vivimos del fondo de catálogo, con precios en torno a 5 euros, no de las novedades: las novedades son las que todo el mundo se baja. Lo barato, el fondo de catálogo, todavía tiene mucho tirón. Creo que la tienda de discos pura y dura no va a sobrevivir. Se están reconvirtiendo, van a acabar siendo sitios como centros de reunión, que en realidad es lo que eran las tiendas de discos. Es más importante la música que el formato; si no, estaríamos locos.

“Yo quiero un Netflix musical. Es un ejemplo perfecto, ya que de Spotify no cobramos nada. Veníamos de una situación desastrosa y por eso se firmó en esas condiciones con Spotify... mejor esto que nada, que es el gratis total. Ahora hay un 20% de tarifas premium en Spotify; si se duplicaran, Spotify empezaría de verdad a ser una fuente de ingresos a tener en cuenta”
(Gerardo Cartón)

¿Hay planes para poder negociar con gigantes como Google-YouTube, Amazon, iTunes o Spotify de manera coordinada? (Miguel Ángel): Existen varias asociaciones en la industria discográfica que están uniendo fuerzas en este sentido. No es bueno ni para el creador ni para la industria ni para el consumidor dejar en manos de pocos la oferta musical. En España, desde la UFI (Unión Fonográfica Independiente), que reúne a la mayoría de los sellos conocidos como “independientes”, se están diseñando medidas de presión para evitar que unos pocos manejen el sector y que, únicamente, establezcan tratos y condiciones con las “majors”. (Mark): Ya negociamos juntos como Merlin. Lo montamos desde Impala y asociaciones locales como UFI. Es una asociación no lucrativa que trata a todo sello o productor independiente de la misma manera, con las mismas condiciones, y negocia con servicios digitales en nombre de todos para conseguir las mejores condiciones para el conjunto. Recomiendo a cualquier productor pequeño o artista autoproducido buscarlo en la web, enterarse de cómo funciona, y ponerse en contacto. (Gerardo): Yo quiero un Netflix musical. Es un ejemplo perfecto, ya que de Spotify no cobramos nada. Veníamos de una situación desastrosa y por eso se firmó en esas condiciones con Spotify... mejor esto que nada, que es el gratis total. Ahora hay un 20% de tarifas premium en Spotify; si se duplicaran, Spotify empezaría de verdad a ser una fuente de ingresos a tener en cuenta. Por otro lado, YouTube, de aquí a tres años, va a ser la mayor fuente de ingresos musicales, o estará entre las tres primeras, pase lo que pase con los discos: van a llegar las Smart TVs. Sin hacer prácticamente nada, nuestros ingresos digitales vía YouTube han pasado de un 3% a un 12% en menos de un año, solo por la propia evolución de YouTube. En las Smart TVs va a haber música e ingresos por ella, pero va a estar todo trufado de anuncios. ¿Prefiere esto la gente a la situación anterior? (El Rancho): Contra las grandes empresas se puede luchar si la gente quiere; si no, los pocos que lo hacemos casi siempre saldremos perdiendo... lo de siempre. El consumidor de música pasivo y flojo seguirá tirando de las grandes compañías: hay que cambiar también esa mentalidad y ver la música como algo por lo que merece la pena el esfuerzo. La cultura no es solo una mercancía, es algo mucho más complejo y el consumidor también tiene una parte de responsabilidad. Las licencias “copyleft”, la autogestión, el “crowdfunding”, el DIY, el asociacionismo entre grupos, festivales, salas, tiendas de discos, al final son lo de siempre: activismo y cooperativismo en contra de empresas opacas que solo buscan lucrarse y generar productos culturales, que para nosotros no es lo mismo que generar cultura.

 

 
La industria discográfica, Su futuro, un enigma
 

El nuevo escenario

La historia de la industria musical sufrió un giro inesperado en el siglo XXI con Napster, la primera gran red P2P de intercambio de música. Napster llegó a tener más de 26 millones de usuarios y, desde entonces, la inmensa mayoría de la gente escucha música a través de todo tipo de dispositivos.

Sin embargo, ese mayor acceso a la música se produce en formatos de peor calidad: los vinilos sonaban mejor que los CDs, y los CDs mejor que los ficheros en formato mp3. Paradójicamente, la iTunes Store de Apple tiene 26 millones de canciones disponibles, pero el noventa por ciento de las canciones no se han descargado ni una sola vez. Y, a pesar de la recesión económica y de que se pinchara (también) la burbuja de los festivales en este país, continúa habiendo oferta de música en directo, en donde apenas aparecen grupos nuevos.

Después de fomentarse desde la industria y las instituciones marcos culturales y discursos inocuos e irrelevantes políticamente –de los que el mundo de la música tampoco se libró–, el intercambio masivo de archivos en internet acaba con el modelo de negocio tradicional de las compañías discográficas.

Se abre un nuevo escenario donde sigue habiendo mucha gente con la necesidad de expresarse a través de la música, en un contexto de libertad de expresión sin precedentes: hemos pasado de la suspensión del programa de TVE ‘Caja de ritmos’, en 1983, por la emisión de “Me gusta ser una zorra”, a la portada de ‘Mongolia’ llamando hija de puta a una Infanta en 2013. Pero lo que no está nada claro es cómo van a poder trascender el amateurismo y las escenas locales las nuevas propuestas musicales.

Que el cartel de los festivales sea como una máquina del tiempo a los años noventa no es más que la punta del iceberg de un problema mucho más profundo. Con las compañías sin dinero para promoción y con el cierre de casi todas las tiendas de discos y de revistas especializadas, el acceso a la música ahora está mediado por nuevos actores corporativos ajenos a la industria musical tradicional. La música será esponsorizada, o no será.

En los nuevos canales gratuitos se da un aumento exponencial de la publicidad –YouTube y Spotify son los ejemplos perfectos–, quedando lejísimos aquella provocación de Sigue Sigue Sputnik en “Flaunt It” (1986), donde insertaron spots de L’Oréal o del Kensington Market... ¿De qué manera afectará a los nuevos estilos musicales el que las canciones suenen de manera irremediable entre anuncio y anuncio?

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