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EL GUINCHO, El gran salto

Pablo Díaz-Reixa también milita en Coconot y Giulia y Los Tellarini, además de colaborar con Extraperlo y Albaialeix.

Foto: Óscar García

 
 

PORTADA ROCKDELUX (RDL 265)

EL GUINCHO El gran salto

Desde su habitación al mundo, Pablo Díaz-Reixa ha demostrado con creces que es posible triunfar sin traicionar el talento que se fragua en la soledad de la experimentación casera. “Alegranza” (2007), uno de los discos españoles más sorprendentes de los últimos años, fue, de hecho, solo la punta del iceberg de un inquieto mundo interior que sigue desoyendo los cantos de sirena del éxito y sigue abogando por una continua exploración en la encrucijada del pop. El Guincho, con esta entrevista de Jaime Casas, fue la portada y la imagen de entrada al informe sobre la nueva escena de Barcelona publicado en el Rockdelux 265 (septiembre 2008).

La agitación que ha levantado El Guincho a su paso ha tenido consecuencias inesperadas. La aceleración que ha vivido Pablo Díaz-Reixa y su entorno es inversamente proporcional a esa desaceleración económica que sufrimos el resto; de hecho, hasta ha sido correlativa en el tiempo. De ser un miembro más, aunque muy activo, de la heterogénea escena independiente barcelonesa –Pablo también milita en Coconot y Giulia y Los Tellarini, además de colaborar con Extraperlo y Albaialeix–, ha pasado a figurar en la prensa generalista nacional e internacional, a liderar carteles en ambos hemisferios y a provocar una unánime reacción de asombro que, a veces, ha creado más confusión que otra cosa. En su momento, Ramón Ayala ya explicó en estas páginas –ver Rockdelux 258– los pormenores de “Alegranza” (Discoteca Océano, 2007) y El Guincho, pero ahora, medio año después, se antoja necesaria una recapitulación de todo lo acontecido. Díaz-Reixa ha abierto la puerta que podría colocar el nuevo underground nacional en un circuito internacional que busca sin descanso nuevos reclamos para engrandecerlos. Pero por el camino se ha creado y magnificado a un personaje.

“Se ha hablado mucho de la recuperación de la música tropical, se ha loado mucho, pero, bueno, y ¿qué hizo Santiago Auserón? Yo, en el fondo, desde siempre he tenido muy claro que estaba sampleando, reproduciendo algo ya hecho. Reconozco la copia abiertamente y las estructuras están sacadas de Armando o del house de Chicago"

“Ha llegado un punto en el que El Guincho hasta me cae mal”, confiesa Pablo Díaz-Reixa, quien no es otro que El Guincho. La contradicción es enorme, pero entenderán el sentido de tan arriesgada declaración a medida que vayan leyendo este artículo, que, más que redundar en el contenido musical de “Alegranza” y en los incendiarios directos del personaje, pretende mostrar quién se esconde tras la imagen de despreocupación que se intuye a primera vista en ese chico habitualmente ataviado con pantalones de pitillo rojos y tocado con una capucha de chándal.

“Soy una persona confusa, que habla de forma desordenada. A veces no me explico bien. Quizá debería haber respondido a las críticas, pero en el fondo pensé que hacerlo hubiera sido cometer un error. Aunque puede que haya caído en la vulgaridad de no haber realizado una reflexión pública más crítica de lo que hago”, comenta. Lo cierto es que no ha caído en esa vulgaridad; Pablo, antes que músico con talento, es una persona de una inteligencia sorprendente, con una mente muy clara y una madurez impropia de la gente de su edad –recuerden, 24 años; es joven–. Como es lógico, la modestia, sincera y constructiva, las reflexiones de unos meses locos y, sobre todo, el análisis de lo que cuenta, la música y su proceso compositivo, centran la conversación con El Guincho, el proyecto que surgió debido a la “frustración” que sintió al no poder desarrollar “esqueletos más armónicos” desde el seno de Coconot. “Me sentí limitado”, confiesa sin acritud, “tenía ganas de cantar canciones y en Coconot me resultaba difícil. Lo intenté con un timble canario, para emular un poco las polcas canarias de Totoyo Millares, añadí otra caja a la batería, pero sonaba todo muy barroco, hasta que me di cuenta de que lo que tenía que hacer era quitar y no añadir más elementos”.

De la reducción nació El Guincho, pero las explicaciones vienen dadas, de hecho, por la visión crítica que imprime sobre su único álbum. “Nunca nadie me ha preguntado si me gusta el disco que he hecho”, asegura. Haberlo hecho debería haber sido obligatorio en cualquier entrevista, porque esa es la clave para entender de qué va la sugerente y distintiva mezcolanza de sensaciones y sonidos que tantos tópicos tropicalistas y étnicos han generado en los análisis de esta colección de canciones, muy original pero limitada.

 
EL GUINCHO, El gran salto

Rockdelux 265 (Septiembre 2008)

Foto: Óscar García

Diseño: Nacho Antolín

 

En “Alegranza” es más importante lo que no se ve que lo que se observa a primera vista. Por ejemplo, no son pocos quienes han acusado a Díaz-Reixa de hacer algo sencillo, de darle al play y tirar millas, de la fiesta por la fiesta. “Si la gente supiera lo innecesariamente difícil que es lo que hago en directo, se sorprenderían”. Y aclara: “Todos los sonidos que se escuchan los estoy lanzando en tiempo real con el sampler. No tengo nada loopeado, nunca”. A pesar de que haya recibido una lluvia de elogios, las críticas llegaron por parte de quienes no entienden que esto no es un proyecto sampledélico al uso. “Las críticas frontales no me las tomo en serio porque son fruto de la pasión, como los elogios, pero creo que, de todas formas, la mayoría han sido un poco naíf, muy ingenuas. Ya te lo he dicho antes, nadie me ha preguntado si me gusta el disco, cuando lo cierto es que hay muchas cosas de ese álbum que encuentro vulgares y que ya están superadas”.

El hecho de que lo que se intuye sea lo que da valor a El Guincho es lo que empequeñece a lo más comentado: la recuperación tropicadélica y latina. Lo que ha gustado a la gente, al público y a buena parte de la crítica es lo mismo que productores como Carlos Niño o Daedelus llevan años haciendo sin pena ni gloria, al menos fuera de la escena que los cobija. “Soy muy fan de Daedelus y he sido comprador de discos de Ninja Tune en esa onda. He aprendido de esos lenguajes”. Ahí es donde estriba la vulgaridad de “Alegranza”, en juzgar el collage de un modo estético, no argumental. “Se ha hablado mucho de la recuperación de la música tropical, se ha loado mucho, pero, bueno, ¿y qué hizo Santiago Auserón? Yo, en el fondo, desde siempre he tenido muy claro que estaba sampleando, reproduciendo algo ya hecho. Reconozco la copia abiertamente y las estructuras están sacadas de Armando o del house de Chicago: ese cambio en mitad de los tres minutos, ese bombo que se convierte en cuatro bombos en medio del compás...”.

“Nunca he valorado la dificultad en la música. Aprender a tocar bien un instrumento me desengañó. Lo que me emociona en la música no está en lo que no puedo hacer, sino en lo que puedo hacer. Lo que me maravilla es la investigación entre, por ejemplo, el muro de sonido, que no aciertas a saber cómo se hace, y, otro ejemplo, Beat Happening, algo que todo el mundo puede hacer”

Entre la armonía del pop, el trasfondo latino y tropical y la extravagancia del sampler, Pablo ha dado forma a un contenido que está en constante enfrentamiento. “Nunca me he planteado ser un artista del sampler. Lo veo un discurso limitado, lo que me apetece es hacer canciones, conservo esa ingenuidad. Utilicé el sampler sin saber usarlo, de una forma pervertida, pero lo que quería era hacer canciones”. El proceso compositivo, fácil o difícil, esa no es la cuestión, lo es todo, y ahí estriba la fascinación que puede suscitar El Guincho en el futuro. “Nunca he valorado la dificultad en la música. Aprender a tocar bien un instrumento me desengañó. Lo que me emociona en la música no está en lo que no puedo hacer, sino en lo que puedo hacer. Lo que me maravilla es la investigación entre, por ejemplo, el muro de sonido, que no aciertas a saber cómo se hace, y, otro ejemplo, Beat Happening, algo que todo el mundo puede hacer”. Lo importante es desenmarañar lo no evidente y aplicarlo a lo que salta a la vista. Eso es El Guincho.

Son muchas las apreciaciones que se han hecho a propósito de su enorme proyección mediática, algo que ha sorprendido a la propia empresa. No esperaban, como dicta la lógica, que un disco hecho bajo mínimos “y sin mayor aspiración que pasarlo bien” pudiera tener semejante repercusión internacional. Y debo reconocer que en este punto también yo me equivoqué: sugerí a Félix Ruiz, su mánager y responsable de su sello, si ya estaba preparado para perder mucho dinero; lógicamente no ha sido así. Hasta tal punto que El Guincho ha acaparado la atención de todos los medios y se ha convertido en un personaje. “Pero lo veo como un personaje distinto a mí, no me siento identificado con esa imagen que se ha vendido. Lo que me gusta es estar en mi habitación haciendo música, no todo lo demás”. La presión ha sido muy fuerte, tanto que ha decidido detenerse y apelar a la reflexión, anulando una gira veraniega por Estados Unidos y media Europa con compromisos importantísimos. “No podía más. Estaba saturado, necesitaba parar y volver con ganas”. Porque sus canciones, de la manera como las conocemos, ya no le motivan. El futuro inmediato de El Guincho pasa por un teclado, dos baquetas y un bajo, pasa por ser un grupo de pop, una suerte de Gary Numan visto por Arthur Russell –“lo de Numan, seguro”, y se ríe–. No lo duden, lo que está por venir es mucho mejor que lo que ya hemos visto. Aquí bullen ideas y de las buenas.

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