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ÉL MATÓ A UN POLICÍA MOTORIZADO, Noise-rock para después del fin del mundo

Él Mató A Un Policía Motorizado son de La Plata, la capital de la provincia de Buenos Aires, una ciudad universitaria a 56 kilómetros de Buenos Aires.

Foto: Paco y Manolo

 
 

ENTREVISTA (2010)

ÉL MATÓ A UN POLICÍA MOTORIZADO Noise-rock para después del fin del mundo

Emblemas del rock indie argentino, los platenses Él Mató A Un Policía Motorizado siguen con su imparable estrategia para posicionarse en el panorama del rock español con su cancionero tóxico y melódico. Fans de Los Planetas, en este artículo de Nando Cruz puedes comprobar que esa relación de admiración y respeto viene de lejos. Aquí explican la experiencia que supuso para ellos pasearse por el Primavera Sound 2010 en compañía de J.

Para cinco extranjeros perderse en un pueblo de los Monegros puede ser una aventura; hasta una pesadilla. Para los argentinos Él Mató A Un Policía Motorizado fue eso y, también, un motivo de celebración. Venían de actuar en el festival Primavera Sound e iban a Madrid, donde tenían otro bolo. Estaban bien perdidos en Bujaraloz, sí, pero ahí estaban, disfrutando su primera experiencia transatlántica. Y la acumulación de tantas sensaciones positivas puede minimizar ese y cualquier otro contratiempo.

Santiago Barrionuevo (alias Santi Motorizado; voz y bajo) y Willy Ruiz (alias Doctora Muerte; batería) han aprovechado su segunda escala en Barcelona para consumar esta entrevista. Mientras, los guitarristas Manuel Sánchez (Pantro Puto) y Gustavo Monsalvo (Niño Elefante) y el nuevo teclista van a comprar cinco billetes de avión para Inglaterra, donde han apañado unos shows más. Están en una nube. Iban a dedicar el verano a grabar el nuevo disco y aquí están, improvisando su primera gira europea.

“Muchos amigos nos decían que nos quedaríamos con la mitad de discos bajo la cama. Lo decían de buena onda. Esa mentalidad de pueblo de La Plata te quita urgencia y te permite hacer un arte más libre, pero, en otro punto, muchas bandas geniales quedan perdidas”
(Santi Motorizado)

La euforia llama a la nostalgia y Santi y Willy recuerdan hoy el día que se conocieron en un ciclo extraescolar de artes al que los apuntaron sus padres con 10 años. “Él no se acuerda, pero el primer día yo le pregunté si quería ser mi amigo”, dice Santi. “Y ahora me trata mal”, denuncia Willy. “Ahora soy un tipo grandote y malo”, exagera Santi. Y ríen a placer. Parecen Steve Buscemi y Guillermo del Toro despellejando un guión imposible. Recuerdan también que con 14 años formaron su primer grupo de punk ramoniano: Terapia. Aneurisma, el segundo, ya sería más grunge.

Él Mató A Un Policía Motorizado (o Él Mató, como se les suele abreviar) son de La Plata, una ciudad universitaria a 56 kilómetros de Buenos Aires. “Al ser una mezcla de ciudad y pueblo, con un clima más relajado, te permite buscar una personalidad sin la urgencia de la capital”, distingue Santi. Pero sin tiendas especializadas ni giras extranjeras, Napster ha sido su escuela de indie rock. Allí conocieron a Guided By Voices y Pavement, grupos que han definido su actitud lo-fi (“como forma de arte, no como paso previo a una grabación profesional”, remarcan) y cuya impronta integrarían con el poso de bandas locales: Suárez, El Otro Yo...

En 2004 consiguieron lo que no pudieron con sus bandas anteriores: publicar un CD. “Muchos amigos nos decían que nos quedaríamos con la mitad de discos bajo la cama. Lo decían de buena onda. Esa mentalidad de pueblo de La Plata te quita urgencia y te permite hacer un arte más libre, pero, en otro punto, muchas bandas geniales quedan perdidas”, lamenta Santi. “Él Mató A Un Policía Motorizado” (Laptra, 2004) aún no da toda la medida de su potencial, pero ya esboza sus mejores armas: guitarras en bucle, ritmos repetitivos, pocos versos y muy visuales y unos ambientes catárticos y carnosos que generan salvajes pogos. Ellos hablan de punk espacial, krautrock campestre... Desde España es fácil acordarse de Los Planetas.

 
ÉL MATÓ A UN POLICÍA MOTORIZADO, Noise-rock para después del fin del mundo

Santi, en el centro, con camiseta roja, durante el Primavera 2010.

Foto: Paco y Manolo

 

Envalentonados por la reacción positiva de público y crítica, trazaron un plan más ambicioso: la trilogía de epés “Navidad de reserva” (Laptra, 2005), “Un millón de euros” (Laptra, 2006) y “Día de los muertos” (Laptra, 2008). “Me había bajado discos de Brian Wilson y Elvis Presley con versiones de villancicos y me gustaba la idea de hacer un disco sobre una Navidad más realista, más argentina”, dice Santi. “Como teníamos otras canciones, las dividimos en grupos: unas sobre Navidad –el nacimiento–, otras sobre la vida y otras sobre la muerte. Nos gusta mucho el tema del fin del mundo y nos apetecía escribir cosas apocalípticas mezclando religión y películas de clase B”.

“Recorrimos el Primavera Sound con J, viendo a Wire, a Wilco... Nos decía cosas increíbles: hablaba de nuestras canciones, de frases que le gustaban mucho, cantaba trozos... Luego pensé que estuvimos demasiado tímidos. Pero fue una situación irreal, como de ‘Perdidos’”
(Santi Motorizado)

En el tercer EP, el mejor, Mad Max convive con esas profecías mayas que anuncian que el 22 de diciembre de 2012 se acabará el mundo. “Pero no explosiona y no queda nada, sino que la humanidad va a tener una nueva conciencia. Por eso jugamos con lo fatal del fin y lo romántico de un nuevo comienzo”, ilustran. Y quizás por eso sus letanías noise-rock sugieren un apocalipsis casi agradable. Hay angustia y color, violencia y psicodelia, vísceras y pop, terror y estribillos. Trasladan lo arty y místico a un plano físico y llano. Debieran sonar distantes pero son tremendamente cercanos.

En 2008 J ya me habló de ellos. Los vio en Buenos Aires y quedó prendado. Y los argentinos, fans de Los Planetas, todavía no dan crédito. “Recorrimos el Primavera Sound con J, viendo a Wire, a Wilco... Nos decía cosas increíbles: hablaba de nuestras canciones, de frases que le gustaban mucho, cantaba trozos... Luego pensé que estuvimos demasiado tímidos. Pero fue una situación irreal, como de ‘Perdidos’”, compara Santi. “Sí, como si se te presenta Jacob y te empieza a explicar cosas”, añade Willy. Y por decimocuarta vez se parten de risa.

Sentados en torno a la mesa de un bar, parecen unos eternos aficionados, bonachones, sin ambiciones: unos platenses más. Pero demuestran unas ideas muy claras. “Tener una banda como hobby es desperdiciarla. Un hobby es manejar un avión a control remoto sin pensar en nada. Es mucho mejor sumergirte de lleno en algo como el arte. Está la realidad y, al lado, el arte: un lugar abstracto, intenso y con sentimientos de todo tipo. Es un lugar único y no hay que desperdiciar ese momento de juntarte con otras personas y llevar algo a un punto espiritual. Aún vivo con mis padres y a menudo pienso que dentro de unos años seré un ‘border’, pero quiero seguir dedicando toda mi energía a esto. Hasta que se gaste”, suspira Santi.

En una entrevista en la edición argentina de ‘Les Inrockuptibles’ lo hiló aún mejor: “Todos deberían tener una banda o un proyecto artístico con cierto grado de compromiso. Hay que entrar de lleno, volverse loco, eufórico, estúpido, romántico y violento. Mi sueño es que la gente se cruce por la calle y se pregunte: ‘¿Y el trabajo? ¿Y la familia? ¿Y la banda?’”.

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