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ELASTIC BAND, Pop total

Pablo y María: sampler a dos. Foto: Alfredo Arias

 
 

ENTREVISTA (2018)

ELASTIC BAND Pop total

Ser original a toda costa se suele pagar caro. Lo saben bien Elastic Band, quienes han atravesado un desierto de frustración hasta llegar a “Fun Fun Fun”, su obra más luminosa, completa y optimista. Un oasis de pop pluscuamperfecto con numerosas capas de lectura, que primero abruma con toneladas de información y después atrapa por completo.

 





“Empecé como aficionado al rockabilly, pero de ahí fui pivotando a otros géneros, del bluegrass a la electrónica, el swing o el jazz. Y siempre me ha gustado indagar qué se ha ido haciendo en cada época, en cada década”
(Pablo Román)

Las canciones de Elastic Band se caracterizan por sus numerosas capas de sonido, como una cebolla musical que se desgrana con gusto y que pone a prueba al oyente, quien puede entrar en el juego de descubrir qué samples se incorporan a cada una de ellas. “No me gusta decir qué partes de otros temas se integran en cada uno de los nuestros porque, en el fondo, no tienen nada que ver con los originales; es una forma de transformar elementos que ya existen en algo totalmente diferente”, comenta Pablo Román, mitad del dúo que completa María Sánchez y principal impulsor del proyecto. “Yo doy mi opinión, pero al final el que manda y tiene la última palabra es Pablo”, confiesa ella sin tapujos. Él pasa por ser el líder porque, de los dos, es el que tiene absolutamente claro cómo debe sonar Elastic Band. No en vano, estamos ante un músico con una larga experiencia. Román comenzó a despuntar en la escena del rock granadino junto con su hermana Estrella en una de las reestructuraciones de Cecilia Ann, muy a finales de los noventa, aunque el pop no fuera su primera opción referencial. “Empecé como aficionado al rockabilly, pero de ahí fui pivotando a otros géneros, del bluegrass a la electrónica, el swing o el jazz. Y siempre me ha gustado indagar qué se ha ido haciendo en cada época, en cada década”, admite. Su afán es ser capaz de ponerse el traje estilístico que mejor siente a cada canción. “No tengo el tiempo suficiente para escuchar todo lo que querría y aplicarlo a nuestra sonido, porque para asimilar un estilo tengo también que entenderlo musicalmente”, relata con indisimulada pasión.

El nuevo álbum de los granadinos, “Fun Fun Fun” (Everlasting, 2018), es un compendio de unas filias que rememoran especialmente el pop psicodélico y barroco de los sesenta. “El anterior“M oo D” (Chesapik, 2011)– fue una especie de experimento, en el sentido de que era un intento de encajar en nuestra música lo que nos atrae de los ochenta. Este nuevo se basa más en lo que realmente nos gusta y que más conocemos”, comenta María. “Podríamos decir que nuestro primer disco“Boogie Beach Days” (Rock On, 2008)– era más setentero, el segundo más ochentero y este es más a los sonidos de las décadas de los cincuenta y sesenta. Lo de utilizar las décadas como fuente de inspiración es porque nos gusta jugar con la idealización de lo bonita que pudo ser una época pasada. Por ejemplo, hubo un período en el que me apasionaba el bluegrass. En mi imaginación, Nashville era un lugar mágico. Cuando finalmente pude ir, me di cuenta de que la idea que me había formado en mi cabeza era infinitamente más romántica que la realidad. Aquello es un infierno de centros comerciales”, remata Pablo.

Vídeo de “Barry W.”, realizado por la propia banda, uno de los temas de "Fun Fun Fun".




“Estamos ya acostumbrados al típico comentario de ‘lo que hacéis está muy bien, pero es muy raro’. Al final del trayecto del segundo álbum terminamos muy quemados porque no se cumplieron nuestras expectativas, y tuvimos que replantearnos qué hacer
(María Sánchez)

Pertenecientes a la generación de los noventa, Elastic Band vivieron de cerca el auge y la estandarización del indie, y hoy conocen de primera mano la precariedad de la independencia de verdad. “Empezamos a grabar el disco en casa, pero tuvimos problemas con los vecinos y la gente de la compañía nos ofreció un espacio en sus oficinas para poder continuar”, cuenta Sánchez. “La primera opción siempre es trabajar en un estudio, pero para mí es muy estresante y me siento fuera de lugar. No somos una banda al uso porque empleamos muchos ‘samples’, y eso significa que necesitamos tiempo para poder grabar tantas veces como sea preciso una misma cosa”, relata Román.

Los siete años que han pasado entre “M oo D” y “Fun Fun Fun” han supuesto un paso atrás para tomar impulso frente al reto de asumir una nueva aventura discográfica. La originalidad la han pagado cara. “Estamos ya acostumbrados al típico comentario de ‘lo que hacéis está muy bien, pero es muy raro’. Al final del trayecto del segundo álbum terminamos muy quemados porque no se cumplieron nuestras expectativas, y tuvimos que replantearnos qué hacer. La opción de abandonar se nos pudo pasar por la cabeza, pero después de todo decidimos intentarlo otra vez”, confiesa Sánchez. Afortunadamente, de todo ello ha surgido un gran disco cargado de optimismo. La respuesta a la contrariedad ha sido el trabajo duro, echar el resto. “‘Fun Fun Fun’ ha sido una forma de escapar de un hoyo depresivo y chungo. Habla de cómo salir de ello con rabia, pasándolo bien y con energía. Es un ‘vamos, que podemos superar esto, que mañana amanece otra vez, y si esto te ayuda, adelante’. Hemos tenido muchos factores en contra porque hemos atravesado una crisis económica, hemos sufrido problemas personales que nos han afectado... Un grupo necesita que alguien le apoye con una mínima estructura, alguien que crea en el proyecto. Porque es fácil perderse en esto que llaman la industria musical. Las dudas surgen porque no sabes nunca si lo estás haciendo bien o si te estás equivocando. Nos ha costado sudor y lágrimas, pero el puto disco ya está ahí”, remata Román, sonriente, con un puñetazo en la mesa.

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