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ERYKAH BADU, Más allá del fantasma de Billie H.

A Erykah Badu no le cuesta nada autoproclamarse “mensajera del renacimiento espiritual y artístico”.

 
 

ARTÍCULO (1998)

ERYKAH BADU Más allá del fantasma de Billie H.

El “Baduizm” (1997) de Erykah Badu fue un disco que sirvió para redefinir el soul en los noventa. Desde entonces, una carrera estricta y a su aire, barnizando el pasado clásico con pinceladas de actualidad. La esencia del soul, la cadencia del hip hop y el embriagador arañazo del jazz han recorrido siempre la médula espinal de esta tejana, extravagante y misteriosa, que con su álbum de debut y una filosofía de la vida nada complaciente ya se ganó un pedacito de cielo junto a las glorias de la música negra. Miquel Botella escribió este artículo en 1998, cuando la incipiente carrera de Erykah Badu prometía todo lo bueno que después ha conseguido.

Silencio: dejemos que hablen los expertos y descubrámonos ante la sabiduría de los articulistas del diario ‘ABC’: “Erykah Badu se está afianzando como la gran estrella femenina de la música negra del fin de siglo, esa que se encuentra entre la frontera entre el soul y el rap. Hasta ahora solo conocíamos cantantes masculinos como D’Angelo, Maxwell o Chuz (sic) D. Esta joven vocalista empezó su carrera bajo el nombre MC Apple con la mismísima Billie Holiday”.

Aunque cuesta reprimirse ante semejante retahíla de imprecisiones espacio-temporales e incluso ortográficas, el “sabio” del rotativo madrileño no deja de dar en el clavo al recurrir al estigma que perseguirá eternamente a Erykah Badu: su identificación con el fantasma de la desaparecida cantante de jazz. La industria del disco (y también la crítica, no nos engañemos) ha recurrido a lo más evidente: compararla con Lady Day por su timbre de voz, su fraseo y su cadencia. Pero Erykah no es la nueva Billie Holiday, como D’Angelo tampoco es el nuevo Marvin Gaye. “La gente siempre me ha dicho que canto como ella. Es el mayor de los cumplidos, pero no es algo intencionado. Billie era capaz de llegar a lo más profundo del alma de una persona. Y si yo lo consigo, está bien”.

En la voz de Erykah, cortante y metálica a veces, herida y triste en otras, los más avezados también encuentran las huellas de Ella Fitzgerald, Sarah Vaughan, Nina Simone, Diana Ross y hasta Sade. Pero en contraposición a las opiniones generalizadas, Badu prefiere hablar de otros artistas como modelo a seguir: “¿Aparte de Chaka Khan? Solía imitar el sonido de un instrumento de viento: eso vino tras escuchar a Miles Davis, Charlie Parker y Al Jarreau con mi tío. Stevie Wonder es otra persona que he intentado emular”.

“Aunque la música es mi trabajo, sé que la industria no va a pacificar mi espíritu. Así que tengo que hacerlo: enciendo una vela en el escenario, me relajo, cierro los ojos, los abro de nuevo, y ya estoy bien... Soy un ser espiritual, pero estoy en contacto con la realidad y con el aspecto de negocio de la música. Conozco los mecanismos del éxito”

Nacida en Dallas en 1971 bajo el nombre de Erica Wright, esta cantante que lleva siempre consigo una foto de Marvin Gaye empezó su educación musical muy pronto: “Desde el vientre materno. Mi madre escuchaba a Stevie Wonder, Chaka Khan y James Brown”. Considerando este preludio prenatal, no sorprende que añada: “Nací artista”. En el instituto, despertó su conciencia afroamericana y decidió cambiar su nombre: según una versión, Badu es un homenaje al scat; y según otra, significa “manifestar la verdad y la luz” en árabe.

Aunque actualmente reside en Brooklyn, Erykah reconoce las ventajas de crecer en el sur: “Tener la libertad de ser un artista sin límites ni modelos, sin seguir modas. Pude tener mis propias normas”. En la ciudad de J.R. Ewin, Badu asistió a la prestigiosa Escuela de Artes Magnet High, entre cuyos alumnos estaba el trompetista de jazz Roy Hargrove. En este centro cursó estudios de danza y teatro, una situación que documenta su condición de artista total y que ella misma resume de forma categórica: “Necesito actuar, está en mi sangre”.

Como ocurre con todos aquellos que saltan a la fama, Badu no ha escapado de ciertos rumores sobre su vida privada, los que hablan de un padre en la cárcel y una madre loca. Y luego está ese aura misteriosa que desprende, fundamentada en un vestuario más bien extravagante, entre princesa nubia y Whoopi Goldberg como Guinan en “Star Trek. Next Generation” o como la protagonista de “El color púrpura”, esa puesta en escena que incluye su irrupción con un misterioso bolso (“es solo un monedero”) y las velas de incienso. Todo ello ha contribuido a que algunos la tilden de “bruja”. La explicación es más sencilla y, aparentemente, menos esotérica: antes de cada actuación Badu realiza un ritual para alejar cualquier ansiedad. “Aunque la música es mi trabajo, sé que la industria no va a pacificar mi espíritu. Así que tengo que hacerlo: enciendo una vela en el escenario, me relajo, cierro los ojos, los abro de nuevo, y ya estoy bien”. Esto no significa que sea una excéntrica que viva en un mundo de fantasía: “Soy un ser espiritual, pero estoy en contacto con la realidad y con el aspecto de negocio de la música. Conozco los mecanismos del éxito”.

Aunque ha triunfado con su soul sofisticado, con un pie en el jazz y otro en el hip hop, Badu empezó como rapper (domina el freestyle), y en su época de estudiante en la Escuela de Artes era conocida como MC Apple: sus primeras actuaciones tuvieron lugar en clubes de Dallas, junto con su primo Robert Bradford, en el grupo Erykah Free. La suerte le echó un cable cuando teloneó a D’Angelo en la ciudad tejana: Kedar Massenburg, primer mánager del cantante, quedó impresionado por la voz de Erykah, y así se convirtió en la primera artista de su recién creada compañía Kedar Entertainment, “el hogar del soul neoclásico”.

 
ERYKAH BADU, Más allá del fantasma de Billie H.

“Quiero ser la partera de un nuevo sonido”, aseguró Erykah Badu.

 

Massenburg distribuyó diez mil casetes entre los asistentes a los Soul Train Music Awards y envió dos mil quinientas copias en vinilo de “On & On” a emisoras y clubes. El productor persuadió a D’Angelo para que grabara con Erykah el dúo “Your Precious Love”, una versión del clásico de Marvin Gaye y Tammi Terrell para la banda sonora de “High School High” (1996), y para que contara con ella en su vídeo “Lady”. Semanas después, Massenburg le consiguió un bolo de cuatro noches en el Soul Cafe, un restaurante de moda de Manhattan. Tras el primer concierto, el boca a boca funcionó y llenó las siguientes noches.

El empujón definitivo llegó con su primer álbum, “Baduizm” (Universal, 1997), un trabajo donde Erykah pretendía difundir su filosofía (el “baduizm: la unión orgánica de música, movimiento y el aumento resultante de conciencia y conocimiento”) y donde hablaba de temas como la política, el pensamiento positivo, la espiritualidad, la inteligencia y la “matemática”, entendida no desde el punto de vista aritmético, sino como una referencia a las enseñanzas de Clarence 13X, miembro de Nation Of Islam y, posteriormente, fundador de la Five Percent Nation: “No formo parte de la organización porque no creo que ninguna organización pueda definir tu relación con el Creador, pero conozco sus conceptos y los uso cada día, como también utilizo proverbios y textos cristianos, islámicos y budistas, todo lo que me sirva para aprender sobre mí. Mi religión, si tengo una, es probablemente el arte”.

“No formo parte de la organización (Five Percent Nation) porque no creo que ninguna organización pueda definir tu relación con el Creador, pero conozco sus conceptos y los uso cada día, como también utilizo proverbios y textos cristianos, islámicos y budistas, todo lo que me sirva para aprender sobre mí. Mi religión, si tengo una, es probablemente el arte”

En “Baduizm”, Badu componía todos los temas (excepto una versión de “Touch A Four Leaf Clover” de Atlantic Starr), se doblaba en los coros, tocaba teclados, programaba ritmos y hasta ejercía de productora, además de contar con colaboradores de la talla de The Roots y el contrabajista de jazz Ron Carter. Con sus canciones sutiles, Erykah creaba instantáneas de los momentos íntimos que enmarcan su generación (“todo sobre lo que canto procede de lo que he aprendido del mundo o de mí misma”), al mismo tiempo que se situaba a años luz de otras artistas afroamericanas que basan su éxito en exhibir su cuerpo y cantar obscenidades.

El éxito de “Baduizm”debió alentar a Badu a editar un prematuro y previsible “Live” (Universal, 1997): aparte de reproducir las canciones de su debut, la tejana dejaba entrever algunas de sus influencias (covers de Chaka Khan, Roy Ayers y un medley de Heatwave y The Mary Jane Girls), además de incluir dos temas nuevos. Si de algo sirve “Live” es para demostrar que Erykah no es un invento, que en directo potencia los aspectos más jazzísticos de su estilo, y que pasa con naturalidad del rap al scat, aunque sea a costa de alargar en exceso la duración de las canciones.

Además de sus propias grabaciones, Erykah ha intervenido en diversos proyectos: a las bandas sonoras de “Hoodlum” (1997), con “Certainly”, y “Eve’s Bayou” (1997), con el inédito compuesto y producido por Curtis Mayfield “A Child With The Blues”, junto al músico de jazz Terence Blanchard, hay que añadir su colaboración en el disco de Busta Rhymes “When Disaster Strikes...” (1997), en el tema “One”. Además, en verano del 97, formó parte de la gira Smokin’ Grooves, junto a Cypress Hill, Foxy Brown, George Clinton y The Roots.

Al igual que D’Angelo o Maxwell, Badu es una representante del nu soul, sonido que bebe del soul y lo actualiza con cadencias hip hop y pinceladas de jazz. “No pienso que sonemos igual, solo vibramos al mismo nivel. Tenemos la misma edad y procedemos del sentimiento soul de los setenta: eso es lo que entendemos como música”.

Más allá de erigirse como portavoz de un nuevo estilo, Erykah pretende contribuir a cambiar lo que ella llama la “naturaleza monótona” del rhythm’n’blues contemporáneo (“quiero ser la partera de un nuevo sonido”) y no le cuesta nada autoproclamarse “mensajera del renacimiento espiritual y artístico”. Esta actitud no la aleja de la cruda realidad que vive la comunidad afroamericana, especialmente desde el asesinato de Tupac Shakur: “El gobierno nos está matando. Estoy indignada con el sistema escolar, porque deberíamos tener más información; indignada con las iglesias; indignada de que la gente que tiene el poder para informar no nos cuente nada. Debemos sobrevivir, pero hay muchas cosas que necesitamos saber y no sabemos”.

Con su carácter complejo, entre la fuerza indomable y la completa vulnerabilidad, y su talante renacentista, Erykah Badu tal vez no conseguirá cambiar el mundo, pero sí nos habrá regalado algunos de los mejores momentos del soul contemporáneo.

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