En “Baduizm”, Badu componía todos los temas (excepto una versión de “Touch A Four Leaf Clover” de Atlantic Starr), se doblaba en los coros, tocaba teclados, programaba ritmos y hasta ejercía de productora, además de contar con colaboradores de la talla de The Roots y el contrabajista de jazz Ron Carter. Con sus canciones sutiles, Erykah creaba instantáneas de los momentos íntimos que enmarcan su generación (“todo sobre lo que canto procede de lo que he aprendido del mundo o de mí misma”), al mismo tiempo que se situaba a años luz de otras artistas afroamericanas que basan su éxito en exhibir su cuerpo y cantar obscenidades.
El éxito de “Baduizm” debió alentar a Badu a editar un prematuro y previsible “Live” (Universal, 1997): aparte de reproducir las canciones de su debut, la tejana dejaba entrever algunas de sus influencias (covers de Chaka Khan, Roy Ayers y un medley de Heatwave y The Mary Jane Girls), además de incluir dos temas nuevos. Si de algo sirve “Live” es para demostrar que Erykah no es un invento, que en directo potencia los aspectos más jazzísticos de su estilo, y que pasa con naturalidad del rap al scat, aunque sea a costa de alargar en exceso la duración de las canciones.
Además de sus propias grabaciones, Erykah ha intervenido en diversos proyectos: a las bandas sonoras de “Hoodlum” (1997), con “Certainly”, y “Eve’s Bayou” (1997), con el inédito compuesto y producido por Curtis Mayfield “A Child With The Blues”, junto al músico de jazz Terence Blanchard, hay que añadir su colaboración en el disco de Busta Rhymes “When Disaster Strikes...” (1997), en el tema “One”. Además, en verano del 97, formó parte de la gira Smokin’ Grooves, junto a Cypress Hill, Foxy Brown, George Clinton y The Roots.
Al igual que D’Angelo o Maxwell, Badu es una representante del nu soul, sonido que bebe del soul y lo actualiza con cadencias hip hop y pinceladas de jazz. “No pienso que sonemos igual, solo vibramos al mismo nivel. Tenemos la misma edad y procedemos del sentimiento soul de los setenta: eso es lo que entendemos como música”.
Más allá de erigirse como portavoz de un nuevo estilo, Erykah pretende contribuir a cambiar lo que ella llama la “naturaleza monótona” del rhythm’n’blues contemporáneo (“quiero ser la partera de un nuevo sonido”), y no le cuesta nada autoproclamarse “mensajera del renacimiento espiritual y artístico”. Esta actitud no la aleja de la cruda realidad que vive la comunidad afroamericana, especialmente desde el asesinato de Tupac Shakur: “El gobierno nos está matando. Estoy indignada con el sistema escolar, porque deberíamos tener más información; indignada con las iglesias; indignada de que la gente que tiene el poder para informar no nos cuente nada. Debemos sobrevivir, pero hay muchas cosas que necesitamos saber y no sabemos”.
Con su carácter complejo, entre la fuerza indomable y la completa vulnerabilidad, y su talante renacentista, Erykah Badu tal vez no conseguirá cambiar el mundo, pero sí nos habrá regalado algunos de los mejores momentos del soul contemporáneo. 