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EVARISTO, De La Polla Records a Gatillazo

“Me repito, y a mucha honra: los problemas de los últimos treinta años no están resueltos”, aseguró el mítico Evaristo, ex La Polla Records, desde su grupo Gatillazo (en la foto, en el centro).

 
 

ENTREVISTA (2013)

EVARISTO De La Polla Records a Gatillazo

Evaristo fue la voz de La Polla Records, grupo que marcó época mientras el rock radikal vasco campaba por sus respetos en la década de los ochenta. Desde 2004, ejerce en Gatillazo, donde sigue lanzando filípicas en perpetua guerra contra todo. En esta entrevista de Víctor Lenore hecha para la antigua sección de Rockdelux Truco o Trato, Evaristo hizo un repaso al patio sociopolítico desde su perspectiva de estrella punk sin prejuicios y sin pelos en la lengua.

“Me llamo Evaristo Páramos, nací en 1960 en Tui, Galicia. Crecí en un pueblo de Álava que se llama Salvatierra. Que yo sepa, no hay artistas en mi familia; tampoco les gustaba mucho la música. Bueno, mi vieja ponía la radio mientras hacía la comida. Recuerdo que una vez tocamos en el quiosco de la plaza del pueblo, a veinte metros de casa. Se cambiaron de cuarto para estar lo más lejos posible. Mi padre preguntaba por qué no nos llamábamos Los Inútiles o Los Desgraciaos. Visto ahora, no son malos nombres para un grupo punk. Querían que yo siguiera la evolución de la especie: de obrero a explotador de obreros, con un puesto de empresario o abogado”.  

“La Polla Records empezó por aburrimiento. En el pueblo solo había bares de viejos. Fumábamos aquella jena a la que llamaban costo. Agotamos las gafas de sol de los años cincuenta que trajo la mercería. Las más caras valían cien pesetas. Nos llevamos hasta las achinadas de Marilyn Monroe. La Polla Records fue un grupo de garage: todos currábamos reparando coches. El horario iba de lunes a sábado al mediodía. Por la noche ibas a la discoteca para ver el ‘ganao’. El domingo te

ponías como un cristo a base de vermús. Luego, a comer en casa con vino. Por la tarde llegaba el Cointreau, el Licor 43 y todas esas otras bebidas asquerosas que tanto daño hicieron. Me vi jugando al mus con una copa en la mano y de repente pensé que ese no era el futuro que buscaba”.

“Mi educación política comenzó cuando La Polla tenían un par de discos. Al acabar los conciertos, siempre venía un estúpido palizas de mierda a tocar los cojones con las supuestas incoherencias de mis letras. Me decía: ‘Tú eres anarquista por esto y comunista por lo otro’. Le respondía que yo era Evaristo, que es un chiste que hace gracia, pero no te deja a gusto. Había cretinos que decían que yo no era punk porque llevaba botas camperas. Y eso que las tenía llenas de imperdibles. Para algunos nos saltábamos el reglamento. Siempre fuimos un grupo sospechoso porque no éramos de una zona industrial deprimida. Tenías que venir de Londres, Bilbao o Barcelona. En Salvatierra hay campo para andar y eso no es del todo punk. No nos había explotado Margaret Thatcher”.

 
 
EVARISTO, De La Polla Records a Gatillazo

“Siempre fuimos un grupo sospechoso porque no éramos de una zona industrial deprimida. Tenías que venir de Londres, Bilbao o Barcelona. En Salvatierra hay campo para andar y eso no es del todo punk”, afirmó Evaristo de su etapa en La Polla Records.

 

Ayer estuviste en el programa de radio ‘Carne cruda’. Contabas que, al ver las primeras imágenes del 15-M, te vino a la cabeza la palabra “churrería”. Sinceramente, me suena a caricatura. Fue un pensamiento automático. Puede estar influido por el enfoque de los medios. Parece que me pongo chulo y les acuso de flojos. No es exactamente eso, pero hay mucho folclore. El punk fue una reacción al hippismo: no me gusta ver a gente haciéndose la pacífica. Pacifista, pacifista creo que no es nadie. (Iñaki, colega de Evaristo, interviene en la conversación): Mira, mi padre trabajaba en la comarca de Llodio en 1983. Allí los obreros cerraron una fábrica y bloquearon el acceso. Tuvo que venir la Guardia Civil con tanquetas para reabrirla. En Madrid salís 50.000 a la calle y no pasa nada. ¿Eso es revolución? Si todo lo hacéis por Twitter. Quemar bancos es algo que tiene que salir del corazón. Yo he visto sacar los ordenadores del Banco Bilbao Vizcaya, romper todo, como en la toma de la Bastilla. El 15-M está de puta madre, pero hay que quemar Génova o lo que sea. El 15-M margina a la gente capaz de organizar la respuesta, como los RSA (asociación antifascista) o los Bukaneros (grupo de militantes seguidores del Rayo Vallecano). Esos sí que dan miedo a los que mandan. (Evaristo): El poder se ríe y se mea en el 15-M. Al negar la posibilidad de lucha violenta, estás negando que exista violencia por parte del sistema. 

Entre otras cosas, el 15-M se enfrenta a los desahucios y ha sentado a Rodrigo Rato en el banquillo. ¿No habría que respetar eso? Hay gente que ha hecho cosas válidas, pero son los mismos que trabajaban en los barrios antes del 15-M. No puedo olvidarme de ese “indignado” que salió en la tele diciendo a un policía “únete a nosotros”. Conmigo que no cuenten para eso. Un sistema que se basa en la violencia no puede acabar con flores. Los hippies fueron derivando en yuppies y hoy controlan Wall Street. Mira, pegarse me parece una mierda: yo he tenido cinco peleas en mi vida y todas las he perdido. Eso no quita que el sistema sea una máquina de matar. Los que mandan solo respetan la democracia cuando ganan. Somos enemigos de Gadafi hasta que reparte petróleo y dejamos de serlo. Todo el poder del mundo lo tienen cuarenta familias de mafiosos. Como los Soprano, pero a lo grande. ¿Van a entregar su poder a besos? Me parece que no.

¿Cuál ha sido el mayor problema que has tenido con la policía? Muy pequeños. Cosas como que te impidan el paso a un local o tener que aguantar las maneras de chuloputas que gastan. Bueno, algún tortazo también. Nada que no haya sufrido el resto de la gente. Nunca nos han torturado en comisaría, que es algo habitual en España. Habría que tenerlo más presente. Cuando pones ‘El intermedio’ hacen chistes sobre ETA, que me parece muy bien. Sacan la escena de la mesa, con los tres encapuchados, metiendo la voz de Chiquito de la Calzada. Nos reímos mucho con el ‘jarl jarl jarl’, pero no denuncian nunca al otro lado, que es un policía o un guardia civil torturando a un detenido. Hay que ser más riguroso. Lo digo con pena porque laSexta es la única cadena que veo. Eso y el fútbol. Mea culpa. Soy futbolero. Del Celta. 

¿Has militado en alguna organización? Me parece útil, pero no me veo. Me picaría con todos. Vigilaría que nadie tomase decisiones por su cuenta. Pediría asambleas hasta para ir a cagar. No sería práctico. Tuve mi corazoncito con la CNT, pero en cuanto hubo movidas me desapunté. También con CGT, y ya ves cómo han acabado todos estos, en juicios miserables y lamentables. Cuando no bailaba el agua a la CNT para ir a tocar gratis o barato el día que ellos decían, había tensión. Me trataban de tramposo. Hablaban como si ellos siempre hubieran sabido que lo era. No sé para qué me llamaban. Respeto sobre todo a personajes como Lucio Urtubia, un analfabeto de Cascante (Navarra) que es muy bueno falsificando. Hizo los papeles que libraron de la cárcel al de Els Joglars, que ahora es fascista o algo así. Urtubia nunca faltó al trabajo. Hicieron un documental sobre él, “Lucio” (Aitor Arregi y Jose Mari Goneaga, 2007), cuyo lema era “Anarquista. Atracador. Falsificador. Pero sobre todo... albañil”. Tenía a la policía encima, pero cumplía su jornada. Luego, ya se ponía a imprimir cheques de viaje para ETA, IRA, las Brigadas Rojas y los tupamaros. No era partidario de las organizaciones porque “enlentecen las cosas”. Como dice un amigo: “Este tío es más grande que un camión de paja”. Propuso a Fidel y al Che falsificar dólares. Le contestaron que no. Es una pena, porque llegó a tener placas para hacer dólares verdaderos y obligó al First National Bank a negociar. Lucio decía que el Che era un pincho (chulito) y yo le creo. Me queda más cerca uno de Cascante que uno de Cuba. 

Bajando a lo familiar, supongo que alguna vez te habrás encontrado en posición de ejercer la autoridad. Por ejemplo, en tu condición de padre. ¿Cómo lo manejas? Los niños me salieron típicos. Al chaval le gustaban los soldados y a la chica, las Barbies. Mi idea era educarlos en la izquierda radical. Si te vas más al extremo de lo que yo quería, aparece el barranco por el que se cae el Coyote cuando persigue al Correcaminos. La realidad te obliga a hacer cosas que no quieres. Una tarde mi hija se puso cabezona. Estaba empeñada en jugar con la pelota en el asfalto en vez de en el jardincito. No quiso ser un buen perro. Entonces aparece un fitipaldi y casi la atropella. Me puse nervioso y le di un azote que la mandé a las plantas. Por suerte, estaba de culo y le di en el pañal. Desde entonces, solo les he pegado para separarlos, cuando llegan a las manos entre ellos. Les daba un coscorrón de los que pican. Con la mano izquierda, que tengo menos fuerza. 

¿Qué le faltó a La Polla para triunfar a lo grande? ¿Hacer canciones de amor tipo Extremoduro? Podíamos haber vendido más. A los dos nos clasifican como grupos de rock. Alguna de “Salve” (1984) llegó a sonar en los 40 Principales, creo que “Los siete enanitos”. Desde entonces, metemos un juramento cada poco para que no las puedan pinchar enteras. Veo diferencias gordas con Extremoduro: no es lo mismo cantar algo “transgresor” que algo “subversivo”. Supongo que se me entiende.  

¿Cuál es el reproche que te hacen con más frecuencia? Que me repito. Contesto que “a mucha honra”. Con Gatillazo canto lo mismo que con La Polla porque los problemas de los últimos treinta años no están resueltos.

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