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FAT WHITE FAMILY, Adiós heroína, hola ketamina

Ruido con fondo.
Foto: Sarah Piantadosi

 
 

ENTREVISTA (2019)

FAT WHITE FAMILY Adiós heroína, hola ketamina

Lias Saoudi, el líder carismático y polémico –ha sido acusado de nazi, racista... todo mentira– de esta banda maldita de la nueva escena del rock alternativo británico, reconoce que tocaron fondo por el abuso de heroína. Su plan para grabar “Serfs Up!”, un disco donde Fat White Family amplia su paleta sonora, ha consistido en sustituirla por ketamina, porros, vino y otras sustancias “más creativas”. Esta semana estarán de gira por España (ver aquí).

Lias Saoudi tenía un plan para que su grupo Fat White Family –completado por su hermano Nathan Saoudi (teclados), Saul Adamczewski (guitarra y voces), Adam J Harmer (guitarra), Sam Toms (batería), Adam Brennan (bajo) y Alex White (saxo)– pudiera desintoxicarse de la heroína. Alejarse de los vicios de Londres. Alquilar una casa en Sheffield, un lugar donde no conocían a nadie. Montar un estudio para componer canciones. Fumar marihuana, beber vino y tomar algo de ácido, unas setas alucinógenas, quizá un poco de cocaína y experimentar con la ketamina. Pero nada de heroína. “Todo iba bien hasta que Nathan enloqueció justo el día antes de que empezáramos a grabar. Le entraron unas paranoias horribles. Decía que Saul nos iba a matar y a robarnos la banda”.

“En la dinámica de una banda tienes que compartir ideas y estar en la misma línea creativa. ¿Cómo vas a hacer eso si hay un tío tumbado en la esquina de la habitación incapaz de moverse?”
(Lias Saoudi)

Lias es el cantante, compositor y líder de Fat White Family, uno de los grupos más temidos de la escena británica, acusado de racista y nazi, famoso por sus conciertos, donde se lían a puñetazos con el público. El tipo que está enfrente de mí recostado en el sofá de un hotel en Madrid es amable, toma un café a sorbitos y se gasta una verborrea que hipnotiza. Él y su hermano Nathan vienen de un original cruce de culturas: la madre es británica y el padre de Argelia, y los dos crecieron entre Irlanda del Norte y Escocia hasta que se mudaron a Londres para hacer algo relacionado con el arte.

Saul, el tipo que en la paranoia de Nathan los iba a matar, es uno de sus más estrechos colaboradores y amigos desde que formaron el grupo en 2011 en una casa okupa. “Serfs Up!” (Domino-Music As Usual, 2019) es su nuevo disco, el resultado de ese clima de locura y el primero que consiguen grabar sin heroína. “Es una droga que te deja muerto, no tiene sentido. En la dinámica de una banda tienes que compartir ideas y estar en la misma línea creativa. ¿Cómo vas a hacer eso si hay un tío tumbado en la esquina de la habitación incapaz de moverse?”, explica Lias.

Es difícil encasillar a Fat White Family. La prensa británica cita al hablar de ellos el rock arty en la onda de The Velvet Underground y la actitud de neodandismo de The Libertines, además del espíritu punk de The Fall. “Serfs Up!” habita en varios universos simultáneos; los teclados y las melodías de Nathan han jugado un papel esencial esta vez y la variedad de registros es apabullante: del pop lisérgico vía The Flaming Lips (“Vagina Dentata”) a la oscuridad de Joy Division (“I Believe In Something Better”). Hay rock de guitarras, voces de nanas a lo Albert Pla, ruido claustrofóbico...

Vídeo de “Feet”, uno de los temas de “Serfs Up!”, dirigido por CC Wade.

Lias es famoso por sus improperios contra otros colegas (Mac DeMarco, Arctic Monkeys), pero hoy solo tiene elogios para... Kanye West. “Jamás le había escuchado, me parecía un imbécil. Pero oí que Lou Reed recomendaba ‘Yeezus’ (2013) y le di una oportunidad. Me voló la cabeza esa mezcla de caos y esquizofrenia; es justo lo que yo busco en la música. Ha sido nuestra principal inspiración junto con sonidos del desierto africano como los del recopilatorio ‘Music From Saharan Cellphones’ (2011).

“Vivimos en la era de la hipocresía social, y fenómenos como el Brexit y Trump son consecuencia de ello. El año pasado en ‘Pitchfork’ me acusaron de racista por un ‘post’ irónico que subí a nuestra web” 
(Lias Saoudi)

A falta de heroína, la ketamina sí ha jugado un papel esencial, en este caso. “El secreto está en saber parar antes del KO. Entonces llegas a un estado de seminconsciencia que puede ser realmente creativo. A mí me sirvió para grabar algunas de las mejores voces de mi carrera en canciones nuevas como ‘Feet’”, reconoce el cantante.

Se refiere al primer single del álbum, cuyo videoclip muestra a unos tipos armados con el uniforme de una dictadura distópica persiguiendo a un hombre desnudo y moribundo entre ruinas. “Está inspirado en ‘Un cautivo enamorado’ (1986) de Jean Genet, que se ambienta en la crisis de los refugiados palestinos en los años setenta y tiene cierta carga erótica. Toda mi escritura es una excusa para analizar las cosas que no entiendo de mi cabeza. No importa que en mis canciones hable de Goebbels, Kim Jong-un o quien sea. En realidad soy yo explorando los claroscuros que hay en mi interior”.

Basta con hablar un rato con él para comprender que las acusaciones de homofobia, nazismo y demás injurias que han vertido sobre él son basura. “Es un problema de corrección política. Vivimos en la era de la hipocresía social, y fenómenos como el Brexit y Trump son consecuencia de ello. El año pasado en ‘Pitchfork’ me acusaron de racista por un ‘post’ irónico que subí a nuestra web. ¿De verdad un tío blanquito de clase media alta desde un ordenador en su oficina de Nueva York me va a decir a mí sobre qué puedo opinar?”

Respecto a la leyenda negra de sus conciertos, no corrige ni una coma. “Cuando empezamos supongo que era un chico joven con demasiada rabia. Quería asesinar al público, sentía que el escenario era una guerra mundial. Con la nueva gira todo será distinto porque el disco tiene mucha más instrumentación que antes: electrónica, flautas, saxofón, cuerdas... Hay que aprender a controlar el caos si quieres seguir muchos años en esto”.

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