En años siguientes, atrapé al vuelo LPs de Fela en Londres, en París, en Nueva York. Milagro, milagro: antes de que inventaran los cajones de la world music, aquellos discos solo se encontraban en tiendas periféricas, en almacenes que alardeaban de poseer un stock profundo. Todo resultaba muy desconcertante: cada uno salía con un sello diferente. Las portadas eran tan feas y tan perfectas como las de Pedro Bell para George Clinton. Las letras se mostraban igualmente impenetrables, se cantaran en yoruba o en el inglés pidgin de Nigeria. Pero la música, ah, la música te subía a una alfombra mágica de cuerpos sudorosos.
En 1979 Fela se volvió a cruzar en mi camino. El año anterior, acompañado por Africa 70 y toda la tropa de bailarinas/esposas, había actuado con todos los honores en el Festival de Jazz de Berlín. Grabado en vídeo, el macroconcierto llegó a TVE, donde yo entonces hacía ‘Popgrama’. El director de musicales era un realizador de transmisiones deportivas que se quedó boquiabierto ante la cinta y me preguntó si era interesante. Cómo no, esto es glorioso, nadie lo va a olvidar. Pero el buen hombre no se atrevió a emitirla: “Es que las negras van... ¡casi desnudas!”. La España oficial era así...
Y la España moderna, no mucho mejor. En 1980 desembarqué en Onda Dos, la FM madrileña que tanto tuvo que ver con el despegue de... eh... “la movida”. Mi programa se llamó ‘Primera Línea’ y tanto los directivos como los locutores imaginaron que iría de reggae, ya sabes, ritmos simpáticos. Pero esa no era exactamente mi película; se trataba de dar salida a mil barbaridades no toleradas por la ortodoxia new wave. Entre la oferta, orgullosa negritud desatada. Es decir, Fela; todavía recuerdo las miradas de consternación de algunos compañeros ante aquellos temas que duraban diez, quince, veinte minutos. Igual que a sus descendientes indies, aquellos platos les resultaban demasiado intoxicantes. ‘Primera Línea’ fue eliminado en la siguiente reestructuración de programas, aunque aún me encuentro con gente que recuerda mis torpes intentos de explicar los mensajes o las razones de que Fela Ransome Kuti se rebautizara como Fela Anikulapo Kuti.
¡Última hora! A ver cómo explico esto, que suena francamente truculento. Un compañero me cuenta que ha conocido a ¡una hija de Fela! Una belleza que está, uh, “haciendo la calle” en la Casa de Campo madrileña. Asegura que volvía de Prado del Rey y que paró en la carretera de Rodajos (no encaja) y que solo (¿uh?) habló con ella. Que le explicó que vino a España engañada –“yo soy bailarina”– y que está atrapada por una pareja de proxenetas que le exige el reembolso de los gastos más intereses. No me creo nada, pero mañana iremos a intentar localizarla. 