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FLEET FOXES, La calma

Pecknold (derecha) y el grupo tranquilo. Foto: Autumn de Wilde

 
 

PORTADA ROCKDELUX (RDL 295)

FLEET FOXES La calma

Tres años después de su álbum homónimo de debut, uno de los más aclamados de la pasada década, el grupo de Seattle regresó en 2011 con “Helplessness Blues”, donde reincideron en su folk pastoral y psicodélico aunque con un tono aún más sosegado y melancólico. Antes de presentarlo en el Primavera Sound 2011, en lo que fue su primer concierto en España, David Saavedra habló en Londres con su barbudo líder, Robin Pecknold. La cita fue casi tres meses antes de que se editase “Helplessness Blues”. La entrevista fue motivo de portada en el Rockdelux 295 (mayo 2011).

Una mañana cualquiera de finales de febrero en Londres. Los rigores del invierno todavía no han decaído, pero, refugiados en un pequeño y cuco hotel en las estribaciones de la City, parte de los componentes de Fleet Foxes anticipan la primavera que llegará con su esperado segundo álbum. Hace tan solo unas semanas que Robin Pecknold (voz y guitarra), Skyler Skjelset (guitarra y mandolina), Christian Wargo (bajo, guitarra y voces), Casey Wescott (teclado y voces), Josh Tillman (batería, voces y arreglos) y el recién incorporado multinstrumentista Morgan Henderson han finalizado la grabación de “Helplessness Blues” (Sub Pop-Bella Union-Music As Usual, 2011), un trabajo brumoso, melancólico y psicodélico, más meditabundo que su aclamado debut, “Fleet Foxes” (Sub Pop-Bella Union, 2008), aunque anclado en las mismas raíces folk y ese sabor a hierba, árboles y humedad con psicofonías de Fairport Convention, Crosby, Stills, Nash & Young y The Zombies. No obstante, Pecknold ha declarado que la mayor inspiración de cara a este trabajo la obtuvo del álbum “Stormcock” (1971), del mito folk británico Roy Harper, también muy reivindicado recientemente por Joanna Newsom.

“Algunos británicos me dicen que sonamos muy americanos (risas). Yo siempre pensé que tenía una influencia del folk inglés muy marcada. Tenemos elementos, sobre todo, de Fairport Convention, especialmente en ciertas partes acústicas a las que intentamos dotar de una cosa vocal así como mágica"
(Robin Pecknold)

El joven Robin, de 25 años, respiró la música desde la cuna ya que es hijo de Greg Pecknold, componente del grupo de soul de los sesenta The Fathoms. Su hermana Aja, por su lado, es una reputada activista musical en su ciudad, Seattle, donde se ha dedicado al periodismo y la promoción de conciertos. Ella es la mánager de Fleet Foxes y la culpable de que Sub Pop y otros prebostes de la ciudad se fijaran en ellos. De rubísima melena, tranquila y afable, parece la perfecta encarnación de un sueño hippy. Feliz de que alguien haya volado desde España interesado en entrevistar al grupo, me introduce a un igualmente agradecido y bastante tímido Robin, quien se muestra especialmente ilusionado de tocar en la próxima edición del Primavera Sound en la que será su primera actuación en nuestro país. No obstante, deja clara su voluntad de regresar más adelante para ofrecer conciertos en salas. “Creo que mi amigo Damien Jurado toca mucho allí, ¿verdad? ¡Siempre me dice que tenemos que ir de gira por España!”, afirma entre sorbo y sorbo de té.

Vuestro primer álbum, además de copar casi todas las listas de lo mejor de 2008, se vendió muy bien. ¿Os sorprendió mucho ese éxito? Sí, sí. Es algo ante lo que hemos tenido que reaccionar constantemente. No tengo ni idea de la cifra que hemos vendido, pero durante año y medio hemos sentido que todo eso escapaba a nuestro control. De repente íbamos a tocar a una ciudad donde nos decían que las entradas se habían agotado muy rápidamente... Así que espero que esta vez sea todo un poco más pequeño (ríe), o se mantenga igual, como mucho, para que nos sintamos menos apabullados.

La mayor aceptación la habéis tenido en el Reino Unido, donde llegasteis al Top 3 en la lista de ventas. ¿A qué crees que se debe? ¿Quizás a que la anglofilia de vuestro sonido hace que sea mejor captado en ese país? Sí, aunque, bueno, algunos británicos me dicen que sonamos muy americanos (risas). Yo siempre pensé que tenía una influencia del folk inglés muy marcada. Tenemos elementos, sobre todo, de Fairport Convention, especialmente en ciertas partes acústicas a las que intentamos dotar de una cosa vocal así como mágica. Hay lugares donde han abrazado nuestra música con más fuerza, no sé si porque abordamos géneros que les dicen algo más. En realidad, se me hace difícil encontrar las razones.

 
FLEET FOXES, La calma

Rockdelux 295 (Mayo 2011)

Foto: Autumn de Wilde

Diseño: Nacho Antolín

 

La naturaleza que describís en vuestras canciones también tiene un bucolismo que se antoja muy británico, más allá de las referencias concretas. ¿Os soléis inspirar en lugares reales? Sí, hay algo, digamos, evocador, sobre todo en el primer álbum, ya que en “Helplessness Blues” es todo más directo, con canciones que se sitúan en Big Sur o en el noroeste del Pacífico. En “Fleet Foxes” era todo más metafórico, con referencias a Albión y ese tipo de mitos.

¿Qué buscáis con vuestra música? ¿Que sirva como un refugio? ¿Tal vez preservar la sensación de misterio? Supongo que lo primordial es expresarte tú mismo. Cada persona es diferente. (Piensa durante un rato). Creo que, básicamente, intento hacer la música que yo considere que sea buena, que alguien la escuche en una tienda de discos o donde sea, que gire la cabeza y diga: “¿Qué es esto?”. Pero creo que todo lo que hago tiene una cualidad como de búsqueda, perseguir unas respuestas y, realmente, no obtenerlas. Eso sucede tanto con mis letras como con mi música.

 

“Mis hermanos mayores estaban muy metidos en la música, y recuerdo ir a las tiendas de discos con 7 años o así y ver grabaciones piratas de Nirvana antes de que todo aquello estallara. Creo que la forma en que más impactó aquello en Seattle fue dejando ver que todo el mundo podía hacer música y que a mucha gente le podía importar. Ya no tenías que ser de Nueva York o Los Ángeles o Washington D.C.”
(Robin Pecknold)

Seattle es una ciudad que musicalmente se asocia todavía a nivel popular a la explosión grunge de los noventa. A ti te pilló de niño. ¿Cómo viviste todo aquello y hasta qué punto es posible para una nueva banda deshacerse de todo ese influjo ambiental? Creo que ahora la música, en general, se está volviendo cada vez menos original. La región de la que provengas cada vez es menos importante, porque ahora es internet el nuevo lugar para irrumpir en la música, es donde sucede todo y donde intercambias ideas. Ya no creo que podamos hablar de escenas específicas en zonas concretas. Cuando era niño, el grunge en Seattle era imponente. Mis hermanos mayores estaban muy metidos en la música, y recuerdo ir a las tiendas de discos con 7 años o así y ver grabaciones piratas de Nirvana antes de que todo aquello estallara. Creo que la forma en que más impactó aquello en Seattle fue dejando ver que todo el mundo podía hacer música y que a mucha gente le podía importar. Ya no tenías que ser de Nueva York o Los Ángeles o Washington D.C. Aún recuerdo estar viendo la CNN cuando informaron de que Kurt Cobain se acababa de suicidar. Aquello había sucedido a diez minutos de mi casa. Supongo que todo eso te ayuda a hacer música en un contexto más realista.

¿Ha sido muy diferente la forma de enfocar la composición y grabación de este segundo álbum con respecto al primero? Yo creo que sí en bastantes cosas. Ha sido similar en el sentido de que hemos partido de ciertas canciones para que marcasen el rumbo del resto del disco. También invertimos un tiempo muy parecido, nueve meses. Creo que nos hemos centrado menos en la composición y los arreglos y más en las letras, que son para mí un factor muy importante. Quise dedicar más tiempo a las palabras, escribí mucho para que se acomodasen bien a las melodías y evocasen lo mismo que estaba transmitiendo la música. Creo que hay un reflejo de un conjunto de ideas diferente, aunque en el fondo los dos álbumes forman parte de lo mismo.

¿Sentíais la presión? Sí, pero una presión personal, queríamos hacerlo mejor. En mi caso, yo deseaba escribir buenas letras, cantar todas las canciones bien, dar lo mejor de mí. En el primer álbum, no estoy muy contento de cómo canté en algunas de ellas.

¿No te gustas? (Expreso sorpresa). No (ríe tímido). Creo que todavía no había desarrollado una voz de hombre. Pero sí, ha habido mucha presión, sobre todo en el sentido creativo y técnico, no tanto en lo que fuese a decir el público o la prensa. Al final, cada uno tiene una opinión diferente, y no te puedes quedar pensando durante un año de trabajo en lo que dirá la gente sobre ello.

¿Es cierto que grabaste las voces a la primera toma? La mayor parte. Pero, en realidad, no tanto a la primera toma como en una sola, en plan: “¡Esta es la buena, la tenemos!”. Afronté la grabación de muchos temas como si fuesen míos en solitario, cantando y tocando la guitarra al mismo tiempo.

 
FLEET FOXES, La calma

Comuna en armonía hiperactiva. Foto: Autumn de Wilde

 

La construcción de vuestras canciones parece, sin embargo, muy compleja. ¿Cómo se elaboran normalmente? Cada una surge de un modo diferente. Puedo concebirla como un tema en solitario y hacerla en quince minutos. Algunas de las más largas o más complicadas se componen de secciones diferentes. Por ejemplo, en una de las nuevas, “Lorelai”, el puente de la canción proviene de otro tema que había compuesto y había grabado en la maqueta. Así construimos una canción nueva completa con las mejores partes de otros temas. Eso lo solemos hacer mucho, combinar fragmentos de varias composiciones previas. Es un largo proceso de grabar maquetas, componer, canibalizar las canciones y ensamblarlas de nuevo de un modo que tenga sentido.

No sueles escribir canciones de amor, la temática más común en la música popular. Prefieres hacerlo sobre personas, los amigos, la familia... ¿Por qué? Supongo que por la misma razón que acabas de mencionar: todos hemos escuchado ya muchas canciones de amor, es algo demasiado común. Me suele disuadir de esa idea el pensar que si compongo una me gustaría que expresase un sentimiento único. Algunas de las que he hecho expresan culpa por estar demasiado preocupado por ti mismo cuando te encuentras en medio de una relación. En este disco hay varias así, no son de estas de “oh, nena, te deseo”, sino que vienen de otra parte, expresan de otro modo el amor que siento por otra persona, pero sin centrarme en el sexo o el romance.

“No somos modernos pero tampoco una réplica del pasado. Nunca he sido de esta gente que va en plan: ‘¡Oh, cómo me gustaría vivir en los años sesenta!’. Ni tampoco de los de: ‘¡Eh, esto es lo más nuevo que acaba de salir!’. Solamente quiero componer canciones que suenen bien, con arreglos intemporales”
(Robin Pecknold)

Se puede decir que Fleet Foxes no intenta sonar moderno pero tampoco revivalista. ¿Es esa vuestra principal intención? Así es, exactamente. No somos modernos pero tampoco una réplica del pasado. Nunca he sido de esta gente que va en plan: “¡Oh, cómo me gustaría vivir en los años sesenta!”. Ni tampoco de los de: “¡Eh, esto es lo más nuevo que acaba de salir!”. Solamente quiero componer canciones que suenen bien, con arreglos intemporales.

Phil Ek ha vuelto a produciros este álbum. ¿Qué parte de responsabilidad tiene él sobre vuestro sonido? ¿Aporta muchas ideas? Él no es de esas personas que te dice: “Deberías hacer esta melodía o tocar esto de esa manera”. No coge una guitarra y dice: “¿Qué os parece esto?”, sino que, si tenemos tres ideas diferentes, él nos dice cuál le parece mejor. Su opinión nos importa, pero al final acabamos haciendo siempre lo que queremos hacer, aunque él forma parte del proceso.

En este disco hay más calma, melancolía y nostalgia que en “Fleet Foxes”. ¿Os ha influido ese sentimiento de morriña que se produce al haber pasado tanto tiempo de gira y siendo, especialmente, algo que experimentabais por primera vez? Creo que lo que sucedió con el primer álbum definitivamente ha afectado a este trabajo. No en el sentido de que nos quisiésemos apartar de él o nos obsesionásemos por no repetir lo mismo. No pensábamos en términos de reaccionar contra él, yo no sentía esa necesidad, pero sí veía que todo podía llegar a ser un poco alienante: la gente empieza a tratarte de forma diferente, ya no eres otro tío de Seattle más. No es que no desee que esto haya sucedido, pero quizás hubiese preferido que tardase unos años más en ocurrir. Quiero tener tiempo para vivir mi vida y cosas así. Parte de eso creo que se refleja en el clima del disco, como si todo fuese una especie de defensa involuntaria.

Uno de vuestros mayores ídolos es Neil Young, con quien tocasteis en Hyde Park en 2009. ¿Cómo vivisteis aquella situación? Fue una locura. Lo recuerdo como un concierto demencial. Le veíamos desde el escenario interpretando “Rockin’ In The Free World”, y estábamos repitiendo el estribillo una y otra vez mientras la gente abajo estaba (pone gesto de espectador flipado en un concierto de rock), “¡yeeeeeeeeh!”, perdiendo su cabeza. Tocamos también en su festival, el Bridge School Benefit, ese mismo año. Nos invitó a cenar en su casa y nosotros nos mirábamos como pensando: “¡Oh, si este es el puto Neil Young!”, el tipo al que teníamos en pósters en nuestras habitaciones. Realmente, nunca llegamos a tener una conversación sobre música, pero nuestro tour mánager habló bastante con él, incluso Neil le mostró una foto de su perro en su teléfono móvil (risas). Esa fue la mejor parte.

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